11 noviembre 2009

Doña Manolita

- Entonces, hija, ¿la semana que viene irás a Madrid, no?

- Sí, mamá, a primera hora tengo una reunión.

- Ah, pues mira, ya que estás ahí...

Guardé silencio, para ver por dónde salía mi madre...

- ...podrías comprar lotería en Doña Manolita. Sólo necesito cuatro décimos...

Ahhhhhh... Era eso. Entonces me vino a la mente la cola enormísima que había la semana pasada, que era escandalosa. Recuerdo que aluciné pensando en la gente que perdía su tiempo en comprar lotería de Navidad, y más concretamente, en esa administración. Pues ahora el Universo me daba en todos los morros.

- Mamá, la reunión la tengo en las afueras. Tan en las afueras que casi la tengo en Cuenca, y la Doña Manolita esa está en el centro, me pilla lejísimos... Casi me pilla mejor ir a Sort, fíjate lo que te digo...

- Bueno... Snif... Entonces nada...

- Pues sí, olvídalo, porque vamos: imposible.

______________

La conversación resuena en mi cabeza una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez... mientras voy en un taxi que atraviesa Madrid a una velocidad endiablada.

Toma ya.

Había acabado la reunión, había salido pitando a Chamartín para cambiar el billete de tren, lo que me dejaba un tiempo razonable que podía invertir tranquilamente en leer un libro, ojear una revista, escuchar música o simplemente estar allí, como el resto de los viajeros, esperando a que el tren estacionara en la vía.

Pero no. En lugar de eso, he cogido un taxi (previo abandono de mi maletita en consigna) y me dirijo a la Gran Vía número 31, para conseguirle a mi madre sus décimos de Doña Manolita. Amor de hija, lo llaman.

El taxi frena bruscamente, pone las luces de emergencia, yo pago un precio abusivo por la carrera, y salto del taxi con el corazón que se me sale por la boca porque encima seguro que está a punto de cerrar porque es hora de comer. Afortunadamente (no me lo puedo creer), hay poca cola, por lo que sólo espero veinte minutos antes de llegar a la taquilla.

- ¡Buenas! Aceptan pagos con tarjeta, ¿verdad?

- No.

Oh-oh. Miro en mi cartera. Sólo llevo 40 euros y dos o tres monedillas sueltas, no me da para los cuatro décimos de marras. ¿Qué hagooooooooooooooooooo?

- Bueno, pues déme dos...

Salgo de la administración con los dos décimos en la mano, como una posesa. Miro a mi derecha. Miro a mi izquierda. ¿Dónde hay un cajero automático, por favor?

- Cariño, estoy en la Gran Vía, en lo de Doña Manolita. ¿Dónde hay un cajero? Sí, sí, sí, me doy cuenta de que tú estás a 300 kilómetros de aquí, pero seguro que sabes dónde hay uno...

- En la acera de enfrente, un poco más abajo, tienes un cajero de los tuyos.

- ¡Gracias!

¡Ése es mi chico! Resolutivo incluso a esa distancia, y sin dudar ni medio segundo. Efectivamente: veo a lo lejos un cajero, así que le cuelgo tras despedirme atropelladamente y bajo corriendo la calle (sin olvidar que obviamente llevo mi disfraz de trabajo y los tacones me están matando, faltaba más, así que correr por la Gran Vía -correr, a secas- es lo que menos me apetece en ese momento).

Espero impaciente al muñequito verde que me permita pasar, y luego asalto el cajero. Error de conexión, es decir: que no me da pasta. Así que entro en la sucursal, guardo cola otra vez, y saco más dinero. Deshago mi camino y acabo otra vez en la cola (qué condena) de Doña Manolita, esta vez algo más larga pero ni de coña como la otra vez que daba la vuelta por Alcorcón, casi. Es un consuelo.

Otros veinte minutos más tarde (a punto de darme un chungo), acabo en la misma ventanilla que antes.

- ¡Hola otra vez! ¿Me podría dar otros dos décimos de este número que me vendió antes?

- Pues de ese número ya no me quedan...

Genial. En ese momento, toda la tensión de ir corriendo a por los malditos décimos de marras se condensó en forma de lagrimillas. Por supuesto que no iba a llorar allí. ¿Seguro? ¿Por qué no? Porque no soy una histérica. Bueno, en realidad sí. I'm a drama queen...

- ...ah, no, espera, que no he mirado aquí... Toma.

Salgo a la calle con mis cuatro décimos del mismo número, y siento como si que hubieran quitado una losa de los hombros. Más relajada, levanto una mano a lo Carrie Bradshaw y paro un taxi que me lleve de vuelta a la estación. Me siento realmente satisfecha de mí misma, así que llamo a mi madre para darle la sorpresa.

- Mamá, ¿a que no adivinas? ¡Ya tengo tus décimos de Doña Manolita!

- ¿Y por qué? Hija, no tenías que haberlo hecho. Si me daba igual, ya he comprado aquí...

Ten madre para esto.

15 comentarios:

  1. En realidad es un relato de cariño hacia esa madre que te dio la vida y estuvo pariendo durante horas!!! Y tu te quejas por unas carreritas a Doña Manolita...ten hijos y que te crujan a cuchilladas ajajajj

    Eso es una hija de las buenas lecheeees

    Besootes
    ResponderSuprimir
  2. Estoy segura que a tu madre le hizo ilusión igualmente, y más porque no lo esperaba. Ahora sólo falta que toque!!

    Recuerdo cuando fui este verano a Madrid y mis padres me pidieron también un décimo de Doña Manolita... la cola en pleno agosto era terrible :$ De hecho, me fui sin ninguno!!

    Besazos por ser tan buena hija :P
    ResponderSuprimir
  3. Jajaja. Mis padres hacen lo mismo, ellos incluso van a Sort, hasta han hecho amistad con el dueño!!! En el fondo creo que sueñan con poder deshipotecarnos algún día...
    ResponderSuprimir
  4. "Mamá, la reunión la tengo en las afueras. Tan en las afueras que casi la tengo en Cuenca, y la Doña Manolita esa está en el centro, me pilla lejísimos... Casi me pilla mejor ir a Sort, fíjate lo que te digo..."

    Con el mapa de España en la mano, del párrafo anterior sólo tengo que decir que es genial XD

    ¡Un besazo, guapa!
    ResponderSuprimir
  5. O_o

    No puedo hacer menos que aplaudir tu esfuerzo, chica. Probablemente yo también hubiese acabado yendo hasta allí... pero teniendo dinero sólo pa dos números, pues me hubiese llevado esos y listo.
    Tiene mérito, ya no sólo el pegarse la carrera hacia el cajero y todo eso, sino sobretodo lo de volver a hacer otra vez la misma cola :S
    ResponderSuprimir
  6. Estas madres...

    La verdad es que eres buena hija, pero de las grandes, yo ya tengo convencida a la mia y le compro lotería de Madrid en general, y de Doña Manolita ni de broma.

    De todas maneras es bueno saber que a medio día está un pelin más libre la cola XD

    Saludines,
    YoMisma
    ResponderSuprimir
  7. Que bonito... y que chasco que te dijera que ya havia comprado. Però seguro que le hace ilusión. Explicale lo que has pasado para conseguirla.
    ResponderSuprimir
  8. YAS, jamía, qué drama. Desde luego las del parto son las horas más rentabilizadas del mundo: hasta los 30 estás haciendo cosas por tu madre por el parto que le distes. Jajajajajajajaja...

    ANNA, sí, se la hizo, pero vamos, el comentario último me dolío en mi corazoncito y en el juanete del pie. Yo me esperé porque la cola era razonable, y porque yo SOY UNA SANTA. ;)

    VERÓNICA, pues a ver si mi madre me deshipoteca, qué menos después de la aventura...

    SIL, jajajajajaja... Con el mapa en la mano le contesté eso, sí, para que fuera representativo. :p

    JB, el mérito realmente fue que, teniendo dinero recién sacado del banco, fui tan campeona de pasar por delante de una zapatería bien mona y no hacerles caso a unos botines que tenían mi nombre grabado. ¡Ése es el mérito!

    YOMISMA, esto no me vuelve a pasar, está claro. Si quiere décimos de Doña Manolita, el año que viene los compro por Internet y se acabó. ;)

    CORALINE, es que mi madre es asín, pero luego le brillaron los ojillos cuando le di los décimos. Y por supuesto que se lo expliqué, para que viera qué cosas tengo que pasar...

    ¡¡BESOTES!!
    ResponderSuprimir
  9. Mi madre, que lio para conseguir los décimos. Y claro, contestación tipica de madre: no hacía falta cariño. Pero tu olvidate de comprarlo y veras la que montan,jajjajaa

    Besitos
    ResponderSuprimir
  10. Jajajaajaj... bueno, si gana el número seguro que tu madre te convida ;-)
    ResponderSuprimir
  11. Suele pasar con las madres, son tan comprensivas, que en vista de que no tiene posibilidades su plan A, buscan uno alternativo, pero tranquila que seguro que valorará tus improbos esfuerzos por darle una alegría. Saludos.
    ResponderSuprimir
  12. El esfuerzo se vio recompensado finalmente. ¡Qué sol de hija!
    Besos.
    ResponderSuprimir
  13. ANA, pues sí, la verdad es que la situación no era fácil, precisamente. Oh, si no se lo llego a comprar, igual no me diría nada, pero me lanzaría "esa" mirada... :D

    BLACKBETTY, eso por descontado, vamos, lo que faltaba ya...

    RALPH, lo hace, lo hace, pero después de desinflarte cuando le cuentas lo que has hecho... :(

    TEJEDORA, sí, sí... Pero se verá MÁS recompensado cuando toque la lotería. Que conste. :D

    ¡¡BESOTES!!
    ResponderSuprimir
  14. Eso es una buena hija y lo demás son tonterías!!! Después de lo que te costó conseguir los 4 décimos espero que tengas suerte :)
    Besitos!!!
    ResponderSuprimir
  15. Sí, eso espero yo también, cada vez que recuerdo la aventurilla... Ufff... :D
    ResponderSuprimir