Hace poco me hice consciente de mi nueva manía inconsciente cuando estoy en el trabajo.
O sea, que dejó de ser inconsciente.
Mientras muevo el ratón con la mano derecha, la izquierda (que se aburre por lo visto), automáticamente hace un repaso por la parte inferior de mi cara. Es como si quisiera asegurarse de que mis labios siguen en su sitio, y se recrea en mi barbilla y mi mentón. No soy consciente de que me estoy toqueteando la cara hasta que SUCEDE.
Mis dedos encuentran un pelo de Elisa.
El pelo de Elisa es el típico pelillo que sale, aislado y solo, en tu barbilla (barbilla femenina, se entiende). Pero no un vello delicado y fino, casi invisible. No. Uno de esos gruesos y negros que parecen una púa de erizo.
Yo lo llamo así porque la primera vez que fui consciente de que a mí también me pasaba (porque esos pelos los he conocido yo de toda la vida de Dior como "pelos de vieja"), fue oyendo la voz monótona y aburridísima de una chica que es así: monótona y aburridísima. Para no dormirme mientras la escuchaba, cabeceaba rítmicamente y decía cosas como ajá, mmmm, sí, claro, por supuesto, and so on... a la par que me sobaba discretamente la cara, hasta que me encontré el primer pelo. Luego me fijé que cada vez que me topaba con esa chica, descubría uno nuevo (tócate los huitis con la punta de la nariz), así que quedaron bautizados oficialmente. No podía ser de otra manera.
Cuando las yemas de mis dedos detectan un pelo de Elisa, parece que salta una alarma y de repente, ya soy consciente de dónde tengo la mano y de que me he estado tocando la barbilla. Acto seguido se desencadena un auténtico Ataque de la Patata y debo eliminar el maldito pelo INMEDIATAMENTE.
Cosa que no es tan fácil porque el 100% de las veces estoy en el trabajo y no en casa, y no tengo pinzas de depilar.
Lo cual es muy frustrante porque debo lidiar con mi Ataque de la Patata hasta que consigo librarme del minúsculo pelo de Elisa, que normalmente sólo mide un milímetro (por lo que sólo puedo eliminarlo con unas pinzas), pero que a mí me parece que se puede ver a un kilómetro de distancia y me pone de los nervios. Porque además, me paso el resto de mi existencia hasta que me hago con unas pinzas moviendo el pelillo para un lado y para otro, obsesivamente.
Soy lo peor.
Pero desde hoy, seré mejor.
Porque para que nada de esto suceda, desde ahora ELISA vendrá siempre conmigo...

O sea, que dejó de ser inconsciente.
Mientras muevo el ratón con la mano derecha, la izquierda (que se aburre por lo visto), automáticamente hace un repaso por la parte inferior de mi cara. Es como si quisiera asegurarse de que mis labios siguen en su sitio, y se recrea en mi barbilla y mi mentón. No soy consciente de que me estoy toqueteando la cara hasta que SUCEDE.
Mis dedos encuentran un pelo de Elisa.
El pelo de Elisa es el típico pelillo que sale, aislado y solo, en tu barbilla (barbilla femenina, se entiende). Pero no un vello delicado y fino, casi invisible. No. Uno de esos gruesos y negros que parecen una púa de erizo.
Yo lo llamo así porque la primera vez que fui consciente de que a mí también me pasaba (porque esos pelos los he conocido yo de toda la vida de Dior como "pelos de vieja"), fue oyendo la voz monótona y aburridísima de una chica que es así: monótona y aburridísima. Para no dormirme mientras la escuchaba, cabeceaba rítmicamente y decía cosas como ajá, mmmm, sí, claro, por supuesto, and so on... a la par que me sobaba discretamente la cara, hasta que me encontré el primer pelo. Luego me fijé que cada vez que me topaba con esa chica, descubría uno nuevo (tócate los huitis con la punta de la nariz), así que quedaron bautizados oficialmente. No podía ser de otra manera.
Cuando las yemas de mis dedos detectan un pelo de Elisa, parece que salta una alarma y de repente, ya soy consciente de dónde tengo la mano y de que me he estado tocando la barbilla. Acto seguido se desencadena un auténtico Ataque de la Patata y debo eliminar el maldito pelo INMEDIATAMENTE.
Cosa que no es tan fácil porque el 100% de las veces estoy en el trabajo y no en casa, y no tengo pinzas de depilar.
Lo cual es muy frustrante porque debo lidiar con mi Ataque de la Patata hasta que consigo librarme del minúsculo pelo de Elisa, que normalmente sólo mide un milímetro (por lo que sólo puedo eliminarlo con unas pinzas), pero que a mí me parece que se puede ver a un kilómetro de distancia y me pone de los nervios. Porque además, me paso el resto de mi existencia hasta que me hago con unas pinzas moviendo el pelillo para un lado y para otro, obsesivamente.
Soy lo peor.
Pero desde hoy, seré mejor.
Porque para que nada de esto suceda, desde ahora ELISA vendrá siempre conmigo...

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