Puede que fuera la que nos vendió las entradas. O la chica de las palomitas. O quizá el chaval que estaba en la puerta recogiendo las entradas.
Pero ALGUIEN me echó un mal de ojo aquel Sábado.
La cosa empezó mal. Cuando entramos en la sala de cine, ya estaba a oscuras porque la película acababa de empezar. Se me ocurrió sacar el móvil para ver un poco por dónde nos movíamos, pero tenía las manos ocupadas. Por primera vez en mi vida eché de menos un acomodador (me acordé de ese anuncio que dice que nuestra vida no es mejor con menos gente empleada). Resolví fiarme de la visión nocturna de mi chico y lo seguí.
Y ahí empezó todo...
PRIMER ACTO:
Cometí el error de fiarme también de mi visión nocturna y subí unas escaleras fantasmas que no estaban allí, así que hice un movimiento rarísimo con los pies y casi me caigo. Dejé marcado el lugar de mi torpeza con unas cuantas palomitas del gigantesco paquete que llevaba en la mano.
SEGUNDO ACTO:
Aunque en principio no debía haber problemas puesto que nuestras butacas estaban al lado del pasillo, el ir arreando con un bolso, un paquete gigante de palomitas, y las piernas temblando por si tropezaba con alguna otra cosa no ayudaron nada. Me hice un lío al intentar bajar el asiento sólo con el culo, y me escurrí, y no tenía manos libres para hacer equilibrio o agarrarme o ALGO. Al final no llegó la sangre al río porque no sé como acabé sentada, pero sí llegaron más palomitas a mi regazo.
TERCER ACTO:
Tantas emociones en tan poco tiempo me dieron sed, y me incliné para coger el vaso de papel tamaño gigante lleno hasta los topes de Fanta que mi chico había dejado en el suelo porque no había otro sitio donde dejarlo. La combinación mi mano (considerablemente más pequeña que el envase) + humedad condensada en las paredes del vaso de papel + gravedad cruel = DESASTRE. La Fanta acabó esparcida por doquier, porque además no fue una caída elegante, no: salpicó todo lo salpicable. En aquella sala había mal karma o algo, estaba claro. Le pasé a mi chico las palomitas mientras intentaba que mi bolso no se pringara con el charco de Fanta del suelo, cosa que lógicamente no conseguí.
CUARTO ACTO:
Como me sentía la mujer más torpe del Universo por los numerosos incidentes acaecidos durante los créditos iniciales, quise coger la mano a mi chico para que me consolara un poco. Por supuesto, dí un estiloso manotazo al paquete gigante de palomitas -que a esas alturas ya iba medio sin haberlas probado-, y que fueron a caer al regazo del señor que se sentaba al otro lado, con el consiguiente gruñido.
ESCENA FINAL:
Una MUY AVERGONZADA InnerGirl se tiró tooooooda la película quieta en su asiento, sin probar ni las palomitas ni la Fanta (lo que quedara de ellos), sin moverse un milímetro, por si lo siguiente era romper el asiento, o pegarle una patada involuntaria a alguien, or whatever.
Buaaaaaaaaaaaaaaaaaa...
Pero ALGUIEN me echó un mal de ojo aquel Sábado.
La cosa empezó mal. Cuando entramos en la sala de cine, ya estaba a oscuras porque la película acababa de empezar. Se me ocurrió sacar el móvil para ver un poco por dónde nos movíamos, pero tenía las manos ocupadas. Por primera vez en mi vida eché de menos un acomodador (me acordé de ese anuncio que dice que nuestra vida no es mejor con menos gente empleada). Resolví fiarme de la visión nocturna de mi chico y lo seguí.
Y ahí empezó todo...
PRIMER ACTO:
Cometí el error de fiarme también de mi visión nocturna y subí unas escaleras fantasmas que no estaban allí, así que hice un movimiento rarísimo con los pies y casi me caigo. Dejé marcado el lugar de mi torpeza con unas cuantas palomitas del gigantesco paquete que llevaba en la mano.
SEGUNDO ACTO:
Aunque en principio no debía haber problemas puesto que nuestras butacas estaban al lado del pasillo, el ir arreando con un bolso, un paquete gigante de palomitas, y las piernas temblando por si tropezaba con alguna otra cosa no ayudaron nada. Me hice un lío al intentar bajar el asiento sólo con el culo, y me escurrí, y no tenía manos libres para hacer equilibrio o agarrarme o ALGO. Al final no llegó la sangre al río porque no sé como acabé sentada, pero sí llegaron más palomitas a mi regazo.
TERCER ACTO:
Tantas emociones en tan poco tiempo me dieron sed, y me incliné para coger el vaso de papel tamaño gigante lleno hasta los topes de Fanta que mi chico había dejado en el suelo porque no había otro sitio donde dejarlo. La combinación mi mano (considerablemente más pequeña que el envase) + humedad condensada en las paredes del vaso de papel + gravedad cruel = DESASTRE. La Fanta acabó esparcida por doquier, porque además no fue una caída elegante, no: salpicó todo lo salpicable. En aquella sala había mal karma o algo, estaba claro. Le pasé a mi chico las palomitas mientras intentaba que mi bolso no se pringara con el charco de Fanta del suelo, cosa que lógicamente no conseguí.
CUARTO ACTO:
Como me sentía la mujer más torpe del Universo por los numerosos incidentes acaecidos durante los créditos iniciales, quise coger la mano a mi chico para que me consolara un poco. Por supuesto, dí un estiloso manotazo al paquete gigante de palomitas -que a esas alturas ya iba medio sin haberlas probado-, y que fueron a caer al regazo del señor que se sentaba al otro lado, con el consiguiente gruñido.
ESCENA FINAL:
Una MUY AVERGONZADA InnerGirl se tiró tooooooda la película quieta en su asiento, sin probar ni las palomitas ni la Fanta (lo que quedara de ellos), sin moverse un milímetro, por si lo siguiente era romper el asiento, o pegarle una patada involuntaria a alguien, or whatever.
Buaaaaaaaaaaaaaaaaaa...
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