Últimamente soy un muermo.
Sí, lo sé, me levanto y me pongo en el centro de un círculo de personas desconocidas...
- Hola, me llamo Inner...
- ¡¡Hola, Inner!!
- ...y soy un auténtico rollo de persona.
Ya lo sospechaba, pero fui consciente ayer, mientras bebía a sorbitos una Fanta, y oía parlotear a mis amigas, que me ponían al día de sus aventuras. Las dejé hablar, y hablar, y hablar, y al final, se callaron y me miraron, haciéndome la consabida pregunta: ¿y tú, qué nos cuentas?
Repasé mentalmente mi vida de las últimas semanas, y dí otro sorbito a mi Fanta, sintiendo varios pares de ojos sobre mí. Pero si no tengo nada que contar...
A la que más le pesa es a mí, está claro. Después de escuchar los apasionados discursos de mis amigas, me sentía rara. Como si sus vidas fueran sobre las vías de un tren a toda velocidad y mi vagón estuviera parado en una estación -en el mejor de los casos- o estancado en una vía muerta de ésas -en el peor de los casos-. Sonreí y le eché un poco de humor al asunto, para que no sonara demasiado terrible que mi vida se ha reducido a trabajar, sentirme agotada/vencida/triste, llegar tarde a casa, hacer lo imprescindible para no morir sepultados por un aluvión de pelusas, y estar en el sofá con la mirada perdida. A lo sumo, salir a tomar algo con el piloto automático o ver algo en la tele que no exija pensar. Nada más. Bueno, sí: elaborar un plan para que la situación cambie, obviamente.
No sé cómo lo logré, que al final no debió sonar tan mal porque se rieron. Pero la realidad no es muy graciosa, en realidad. Me doy cuenta que ya ha pasado medio mes y yo casi no me he enterado, y no estoy como para perder días, no-no-no-no. De momento, voy a empezar a pensar en ganar unos días de vacaciones...
Sí, lo sé, me levanto y me pongo en el centro de un círculo de personas desconocidas...
- Hola, me llamo Inner...
- ¡¡Hola, Inner!!
- ...y soy un auténtico rollo de persona.
Ya lo sospechaba, pero fui consciente ayer, mientras bebía a sorbitos una Fanta, y oía parlotear a mis amigas, que me ponían al día de sus aventuras. Las dejé hablar, y hablar, y hablar, y al final, se callaron y me miraron, haciéndome la consabida pregunta: ¿y tú, qué nos cuentas?
Repasé mentalmente mi vida de las últimas semanas, y dí otro sorbito a mi Fanta, sintiendo varios pares de ojos sobre mí. Pero si no tengo nada que contar...
A la que más le pesa es a mí, está claro. Después de escuchar los apasionados discursos de mis amigas, me sentía rara. Como si sus vidas fueran sobre las vías de un tren a toda velocidad y mi vagón estuviera parado en una estación -en el mejor de los casos- o estancado en una vía muerta de ésas -en el peor de los casos-. Sonreí y le eché un poco de humor al asunto, para que no sonara demasiado terrible que mi vida se ha reducido a trabajar, sentirme agotada/vencida/triste, llegar tarde a casa, hacer lo imprescindible para no morir sepultados por un aluvión de pelusas, y estar en el sofá con la mirada perdida. A lo sumo, salir a tomar algo con el piloto automático o ver algo en la tele que no exija pensar. Nada más. Bueno, sí: elaborar un plan para que la situación cambie, obviamente.
No sé cómo lo logré, que al final no debió sonar tan mal porque se rieron. Pero la realidad no es muy graciosa, en realidad. Me doy cuenta que ya ha pasado medio mes y yo casi no me he enterado, y no estoy como para perder días, no-no-no-no. De momento, voy a empezar a pensar en ganar unos días de vacaciones...
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