Oh, vamos. Llevamos ya dos horas y media de reunión y no he escuchado ni una sola frase positiva. Todo está mal, mal, mal, mal, mal. El ambiente está bastante tenso, y yo estoy un poco harta.
Me echo para atrás en la silla mientras escucho. O finjo que escucho. Vuelvo a abrir mi dossier otra vez, y sigo sin entenderlo. Es decir: no hay ninguna cifra en rojo. Todos mis gráficos son ascendentes (y eso es bueno). La proyección anual ha mejorado. El plan que voy a presentar no es malo. Mi proyecto es viable. Entonces, ¿qué pasa aquí?
Pues no lo sé, pero es como un dèja-vú. Creo que ya he vivido una situación similar a esta...
Empiezo a plantearme a ver si es que no lo he presentado bien y se están llevando una idea equivocada de lo que intento decir... Me toco la nariz pensativa...
Y entonces ocurre.
Me toco un grano en la nariz.
EL HORROR.
De repente toda mi consciencia se concentra en un milímetro cuadrado de mi cuerpo: donde está el grano. Me paso un dedo disimuladamente por la superficie de la nariz otra vez. Es catastrófico: el grano tiene el tamaño de una pelota de ping-pong por lo menos. Miro a mi alrededor y parece que nadie se ha dado cuenta, pero es imposible, seguramente están disimulando, claro, éso debe ser. ¿Y cómo no me he dado cuenta antes? Si he ido al baño antes de empezar, y no me he visto nada cuando me he repasado el maquillaje. Es imposible que un grano se desarrolle en dos horas y media, ¿verdad? ¿Verdad?
No sé si he dicho esto último en voz alta porque de repente vuelvo a la realidad y resulta que siete pares de ojos me están mirando y todo el mundo está callado. Me tapo la nariz instintivamente. Es una pesadilla. Todo el mundo mira mi grano. Está tomando protagonismo. Quiero que me trague la tierra. Estoy en un edificio inteligente, por favor, debería darse cuenta que tiene que hacer que se abra una baldosa y que mi grano y yo desaparezcamos debajo por siempre jamás.
- ¿Y bien?
No sé de qué me está hablando la mujer que tengo enfrente. Se ha echado hacia delante y se está dirijiendo a mí, que estoy detrás del grano.
- Háblanos del volumen...
¿Del volumen de mi grano? Pues es obvio. Enorme.
- Enorme.
- Sí, eso es obvio...
Lo que yo decía. Salta a la vista.
- Pero háblanos de él. ¿Desde cuando lo estás gestando?
- Pu-pues no estoy muy segura... Supongo que desde esta mañana...
Esto es subrealista total. Estoy soñando. Seguro que es eso. No estoy en esta reunión. No estoy en esta reunión. Por eso me sonaba tanto. No es un dèja-vú. Es un sueño.
- ¿Desde esta mañana? Impresionante.
Yo diría más bien inoportuno, pero bueno...
- Pero por favor, necesitamos saber algo más de tu plan de desarrollo aunque lo hayas empezado a esbozar esta mañana. Saber de qué volumen de datos estamos hablando, por ejemplo.
Ah, vale.
Vale.
Vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaale.
No se trata del volumen de mi grano. Se trata de otra cosa más seria. Menos mal porque estaba a punto de echarme a llorar si realmente estaba en una reunión hablando de un grano. Estoy poniéndome malísima. Y debe notarse porque alguien amablemente me dice que si quiero un descanso antes de presentar mi plan. Digo que sí y voy al baño a deshacerme del grano de la nariz, mientras maldigo mi imaginación, mi paranoia, y mi todo. No me puedo creer la historia que se ha montado en mi cabeza en un momento...
Estoy como un cencerro.
En serio.
Necesito unas vacaciones a la voz de ya.
Me echo para atrás en la silla mientras escucho. O finjo que escucho. Vuelvo a abrir mi dossier otra vez, y sigo sin entenderlo. Es decir: no hay ninguna cifra en rojo. Todos mis gráficos son ascendentes (y eso es bueno). La proyección anual ha mejorado. El plan que voy a presentar no es malo. Mi proyecto es viable. Entonces, ¿qué pasa aquí?
Pues no lo sé, pero es como un dèja-vú. Creo que ya he vivido una situación similar a esta...
Empiezo a plantearme a ver si es que no lo he presentado bien y se están llevando una idea equivocada de lo que intento decir... Me toco la nariz pensativa...
Y entonces ocurre.
Me toco un grano en la nariz.
EL HORROR.
De repente toda mi consciencia se concentra en un milímetro cuadrado de mi cuerpo: donde está el grano. Me paso un dedo disimuladamente por la superficie de la nariz otra vez. Es catastrófico: el grano tiene el tamaño de una pelota de ping-pong por lo menos. Miro a mi alrededor y parece que nadie se ha dado cuenta, pero es imposible, seguramente están disimulando, claro, éso debe ser. ¿Y cómo no me he dado cuenta antes? Si he ido al baño antes de empezar, y no me he visto nada cuando me he repasado el maquillaje. Es imposible que un grano se desarrolle en dos horas y media, ¿verdad? ¿Verdad?
No sé si he dicho esto último en voz alta porque de repente vuelvo a la realidad y resulta que siete pares de ojos me están mirando y todo el mundo está callado. Me tapo la nariz instintivamente. Es una pesadilla. Todo el mundo mira mi grano. Está tomando protagonismo. Quiero que me trague la tierra. Estoy en un edificio inteligente, por favor, debería darse cuenta que tiene que hacer que se abra una baldosa y que mi grano y yo desaparezcamos debajo por siempre jamás.
- ¿Y bien?
No sé de qué me está hablando la mujer que tengo enfrente. Se ha echado hacia delante y se está dirijiendo a mí, que estoy detrás del grano.
- Háblanos del volumen...
¿Del volumen de mi grano? Pues es obvio. Enorme.
- Enorme.
- Sí, eso es obvio...
Lo que yo decía. Salta a la vista.
- Pero háblanos de él. ¿Desde cuando lo estás gestando?
- Pu-pues no estoy muy segura... Supongo que desde esta mañana...
Esto es subrealista total. Estoy soñando. Seguro que es eso. No estoy en esta reunión. No estoy en esta reunión. Por eso me sonaba tanto. No es un dèja-vú. Es un sueño.
- ¿Desde esta mañana? Impresionante.
Yo diría más bien inoportuno, pero bueno...
- Pero por favor, necesitamos saber algo más de tu plan de desarrollo aunque lo hayas empezado a esbozar esta mañana. Saber de qué volumen de datos estamos hablando, por ejemplo.
Ah, vale.
Vale.
Vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaale.
No se trata del volumen de mi grano. Se trata de otra cosa más seria. Menos mal porque estaba a punto de echarme a llorar si realmente estaba en una reunión hablando de un grano. Estoy poniéndome malísima. Y debe notarse porque alguien amablemente me dice que si quiero un descanso antes de presentar mi plan. Digo que sí y voy al baño a deshacerme del grano de la nariz, mientras maldigo mi imaginación, mi paranoia, y mi todo. No me puedo creer la historia que se ha montado en mi cabeza en un momento...
Estoy como un cencerro.
En serio.
Necesito unas vacaciones a la voz de ya.
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