No hace mucho yo misma decía que a veces me gustaría contestar algunos correos con la misma mala milk con la que se ha enviado, pero que no ganaría nada con entrar en el juego, absurdo por otra parte. Por poner un ejemplo. Aunque hay otros muchos en la vida.
Pero hay situaciones que, sencillamente, te superan.
Y no te puedes callar. Incluso no te debes callar. Entonces es cuando decides que ya está bien, que hasta aquí hemos llegado, y que ahora vas a tener voz, y bien alta además. Porque llega un momento en que ya da igual todo, estás tan harta que no te importa qué pueda pasar, la peor de las consecuencias es asumible y la victoria, si la hay, demasiado tentadora. Te lanzas de cabeza.
No sabes si saldrás bien o mal. Pero da igual. Porque lo que importa es que has actuado.
No tener nada que perder, o mejor aún: que no te importe, es algo peligroso (normalmente para tu adversario), porque te confiere fuerza y empuje, te permite hacer o decir cosas -vetadas hasta ese momento- sin ningún remordimiento. La típica expresión poner los cojones encima de la mesa (que, por otra parte, siempre me ha hecho gracia).
En eso estoy...
Pero hay situaciones que, sencillamente, te superan.
Y no te puedes callar. Incluso no te debes callar. Entonces es cuando decides que ya está bien, que hasta aquí hemos llegado, y que ahora vas a tener voz, y bien alta además. Porque llega un momento en que ya da igual todo, estás tan harta que no te importa qué pueda pasar, la peor de las consecuencias es asumible y la victoria, si la hay, demasiado tentadora. Te lanzas de cabeza.
No sabes si saldrás bien o mal. Pero da igual. Porque lo que importa es que has actuado.
No tener nada que perder, o mejor aún: que no te importe, es algo peligroso (normalmente para tu adversario), porque te confiere fuerza y empuje, te permite hacer o decir cosas -vetadas hasta ese momento- sin ningún remordimiento. La típica expresión poner los cojones encima de la mesa (que, por otra parte, siempre me ha hecho gracia).
En eso estoy...
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