Venga, va. Lo único que tenía que hacer es ir temprano, cuando no suele haber nadie. Coger a una dependienta por banda, contarle el rollo, aceptar sus sabias sugerencias, pagar, que me lo envuelvan y adiós-muy-buenas. Rápido e indoloro.
Eso lo tenía clarísimo.
Por eso estaba en la puerta cuando abrieron. Más temprano imposible. Pillé a una dependienta algo mayor, puse mi mejor carita de pena mientras le soltaba de carrerilla el discurso que tenía preparado.
La dependienta se hizo cargo, me guió por un pasillo y se giró. Esperé que me señalara justo lo que yo andaba buscando... Por eso me sorprendió tanto que me dijera que estaba muy ocupada y que estaba segura que me apañaría bien yo sola. ¡Y se fué la muy &)f%d%^*^/$!
¡Y me dejó allí sola!
¡En medio del HORROR!
¡En aquel solitario pasillo de una juguetería!
Vamos, vamos. ¿Yo qué sé qué se le puede regalar a unas niñas de dos y tres años, respectivamente? ¿Muñecas? ¿Un camión de bomberos? ¿El Cluedo?
No era capaz de decidirme. Veía juguetes que yo misma había tenido de pequeña (modernizados, claro), pero, ¿estarían bien para su edad? Por otra parte, ¿esos juegos, de hace casi treinta años, no están un poco pasados? Pero, ¿acaso no son un clásico? En ese caso, ¿no los tendrán ya? ¿Y serán adecuados para su edad? ¿Seré un rollo porque les regalo algo educativo que igual no es divertido? ¿No estoy emperrada en exceso en que sea algo educativo? ¿Me odirán sus padres si les regalo una guitarra de HelloKitty? ¿Los juegos de sonidos de animales no son para niños más pequeños? ¿Un peluche no será demasiado socorrido? ¿La lavadora de juguete no es un poco sexista?
Esas y otras cuantas preguntas más me iba haciendo (y sospecho que hasta incluso en voz alta) mientras recorría los pasillos una y otra vez como una chalada. La dependienta me miraba de vez en cuando con cara de preocupación, y los padres que poco a poco iban llenando la tienda -benditos ellos que iban al bulto y no perdían el tiempo- me miraban aún peor (¿como si fuera una pederasta?).
Y yo lo único que quería es que alguien me dijera esto está bien para una niña de dos años, en tal caso me lo llevaría en el momento sin rechistar y todo hubiera acabado.
Pero no pasó. Estuve UNA HORA en la maldita juguetería hasta que conseguí decidirme por un par de cosas que me parecieron aceptables.
¿Y qué pasará cuando yo sea madre y tenga que pasar por esto muuuuchas más veces?
Eso lo tenía clarísimo.
Por eso estaba en la puerta cuando abrieron. Más temprano imposible. Pillé a una dependienta algo mayor, puse mi mejor carita de pena mientras le soltaba de carrerilla el discurso que tenía preparado.
La dependienta se hizo cargo, me guió por un pasillo y se giró. Esperé que me señalara justo lo que yo andaba buscando... Por eso me sorprendió tanto que me dijera que estaba muy ocupada y que estaba segura que me apañaría bien yo sola. ¡Y se fué la muy &)f%d%^*^/$!
¡Y me dejó allí sola!
¡En medio del HORROR!
¡En aquel solitario pasillo de una juguetería!
Vamos, vamos. ¿Yo qué sé qué se le puede regalar a unas niñas de dos y tres años, respectivamente? ¿Muñecas? ¿Un camión de bomberos? ¿El Cluedo?
No era capaz de decidirme. Veía juguetes que yo misma había tenido de pequeña (modernizados, claro), pero, ¿estarían bien para su edad? Por otra parte, ¿esos juegos, de hace casi treinta años, no están un poco pasados? Pero, ¿acaso no son un clásico? En ese caso, ¿no los tendrán ya? ¿Y serán adecuados para su edad? ¿Seré un rollo porque les regalo algo educativo que igual no es divertido? ¿No estoy emperrada en exceso en que sea algo educativo? ¿Me odirán sus padres si les regalo una guitarra de HelloKitty? ¿Los juegos de sonidos de animales no son para niños más pequeños? ¿Un peluche no será demasiado socorrido? ¿La lavadora de juguete no es un poco sexista?
Esas y otras cuantas preguntas más me iba haciendo (y sospecho que hasta incluso en voz alta) mientras recorría los pasillos una y otra vez como una chalada. La dependienta me miraba de vez en cuando con cara de preocupación, y los padres que poco a poco iban llenando la tienda -benditos ellos que iban al bulto y no perdían el tiempo- me miraban aún peor (¿como si fuera una pederasta?).
Y yo lo único que quería es que alguien me dijera esto está bien para una niña de dos años, en tal caso me lo llevaría en el momento sin rechistar y todo hubiera acabado.
Pero no pasó. Estuve UNA HORA en la maldita juguetería hasta que conseguí decidirme por un par de cosas que me parecieron aceptables.
¿Y qué pasará cuando yo sea madre y tenga que pasar por esto muuuuchas más veces?
13 comentarios: