Salimos del restaurante un poco con la hora justa. Nos estábamos poniendo los abrigos y los bolsos y las bufandas, y entonces me preguntaron:
- ¿Vas a la estación en metro, no?
Las miré con los ojillos entrecerrados. Vale que me encanta el metro, pero POR-FA-VOR, yo tengo un prestigio: en horas de trabajo no cojo el metro. Me desplazo en taxi.
Vamos, faltaba más. Así que me despedí de ellas, muacks-muacks, me fui alegremente al borde de la acera. Los coches venían como locos, así que en cuanto ví un coche blanco con una lucecita verde, levanté elegantemente el brazo para llamarlo. Tal que así...
Bueno, igual no así exactamente, pero that's the spirit!
Oh, qué glamour. Me encanta hacer eso, por favor.
El taxi me vió, claro, así que puso el intermitente y se acercó a mí, sorteando el tráfico. Yo esperaba que aparcara suavemente delante de mí, como he visto que pasa siempre en las series o las películas. No me cabía otra cosa en la cabeza.
Peeeeeeeeeeero... No pasó así, claro.
No pasó porque para empezar, aquí la conducción es MUY distinta. Lo que yo imaginaba como una parada suave y elegante frente a mí en realidad fue un acercamiento temerario a una velocidad endiablada sin atisbo de aminorar la marcha.
Y para seguir, no conté con los charcos. Los inoportunos charcos. Por su culpa pasé de ser Carrie Bradshaw...
...a Bridget Jones en medio segundo...
A la porra el glamour.
Debí coger el metro.
- ¿Vas a la estación en metro, no?
Las miré con los ojillos entrecerrados. Vale que me encanta el metro, pero POR-FA-VOR, yo tengo un prestigio: en horas de trabajo no cojo el metro. Me desplazo en taxi.
Vamos, faltaba más. Así que me despedí de ellas, muacks-muacks, me fui alegremente al borde de la acera. Los coches venían como locos, así que en cuanto ví un coche blanco con una lucecita verde, levanté elegantemente el brazo para llamarlo. Tal que así...
Bueno, igual no así exactamente, pero that's the spirit!Oh, qué glamour. Me encanta hacer eso, por favor.
El taxi me vió, claro, así que puso el intermitente y se acercó a mí, sorteando el tráfico. Yo esperaba que aparcara suavemente delante de mí, como he visto que pasa siempre en las series o las películas. No me cabía otra cosa en la cabeza.
Peeeeeeeeeeero... No pasó así, claro.
No pasó porque para empezar, aquí la conducción es MUY distinta. Lo que yo imaginaba como una parada suave y elegante frente a mí en realidad fue un acercamiento temerario a una velocidad endiablada sin atisbo de aminorar la marcha.
Y para seguir, no conté con los charcos. Los inoportunos charcos. Por su culpa pasé de ser Carrie Bradshaw...
...a Bridget Jones en medio segundo...
A la porra el glamour.Debí coger el metro.
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