No sé cómo me las apaño, pero el caso es que tooooooodos los años me pasa lo mismo.
Siempre digo: esta vez NO compro Lotería de Navidad.
Y SIEMPRE acabo con unos cuantos números para el sorteo.
El tema es que en el trabajo, entre unos cuantos compartimos los décimos de todas las oficinas, porque, ¿cómo te vas a quedar fuera? No te apetece nada ser la única panoli que no celebre con cava que por fin ha tocado... En el hipotético e improbable caso de que tocara. ¿Quién quiere ser la anécdota de los telediarios del 22 de Diciembre? Desde luego, yo no...
Por otro lado, compramos unos décimos para regalarlos (una costumbre que no sé de dónde sale, pero que está ahí); y de vuelta tuvimos otros tantos números. Así que en el fondo es como si lo hubiéramos comprado nosotros...
Luego pasó lo de Doña Manolita. Tenía que quedarme al menos un décimo, ¡después de todo lo que pasé!
Claro, encima de vez en cuando te topas con alguien que afirma categóricamente que va a tocar, y genera así una oledada de gente que quiere ese número sólo porque lo han dicho con mucha seguridad. Es muy absurdo, pero confieso que me veo arrastrada por la corriente y yo también entro en el juego, porque, ¿y si resulta que toca?
Porque yo sé que el Universo es así de cachondo...
En definitiva: en casa tengo unos cuantos números (cuando mi intención era no tener ninguno), y cruzaré los deditos a ver si la suerte me guiña un ojo y al menos recupero lo invertido...
Siempre digo: esta vez NO compro Lotería de Navidad.
Y SIEMPRE acabo con unos cuantos números para el sorteo.
El tema es que en el trabajo, entre unos cuantos compartimos los décimos de todas las oficinas, porque, ¿cómo te vas a quedar fuera? No te apetece nada ser la única panoli que no celebre con cava que por fin ha tocado... En el hipotético e improbable caso de que tocara. ¿Quién quiere ser la anécdota de los telediarios del 22 de Diciembre? Desde luego, yo no...
Por otro lado, compramos unos décimos para regalarlos (una costumbre que no sé de dónde sale, pero que está ahí); y de vuelta tuvimos otros tantos números. Así que en el fondo es como si lo hubiéramos comprado nosotros...
Luego pasó lo de Doña Manolita. Tenía que quedarme al menos un décimo, ¡después de todo lo que pasé!
Claro, encima de vez en cuando te topas con alguien que afirma categóricamente que va a tocar, y genera así una oledada de gente que quiere ese número sólo porque lo han dicho con mucha seguridad. Es muy absurdo, pero confieso que me veo arrastrada por la corriente y yo también entro en el juego, porque, ¿y si resulta que toca?
Porque yo sé que el Universo es así de cachondo...
En definitiva: en casa tengo unos cuantos números (cuando mi intención era no tener ninguno), y cruzaré los deditos a ver si la suerte me guiña un ojo y al menos recupero lo invertido...

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