27 febrero 2009

Horribilis!!

Esta semana ha sido HORRIBLE.

Como consecuencia de eso, estoy cansada, malhumorada, irritable... Vamos, que soy adorable ahora mismo, sí. Lo único que me apetece es estar con un pijama calentito y dormir, y dormir, y dormir... Pero claro, no puede ser, porque tengo compromisos que cumplir que con total sinceridad, mandaba a tomar por cool muy tranquilamente.

No puedo negar que han habido esfuerzos titánicos por animarme...

Capitaneados por SúperPATO, que tiene su guarida secreta en mi ordenador del trabajo.

Seguidos por un recopilatorio de REM, para recordarme que el fin de mi mundo tal y como lo conozco, si llegara, me lo podría tomar con ritmo y un poco de optimismo...

Pero aún así...

...necesito tiempo para olvidarme de muchas cosas y volver a ser yo.

24 febrero 2009

Chocolate... ¡y cereales!

No, si yo debí verlo venir...

La otra tarde, mi grandísimo dilema moral era: ¿paso la tarde en la city o me quedo en casa?

Al final decidí ser buena chica y mantenerme alejada de las tiendas quedándome en casa.

Y ya para ser rematadamente buena, me encargué de ir a comprar unas materias primas para la cena.

Así que en el supermercado estaba, comprando cosillas para la cena, cuando me dió un antojazo tremendo de batido de chocolate (con cereales).

No se me ocurría ninguna razón para no llevarme un pack de tres batidos de chocolate (con cereales), aunque bien es cierto que cuando tengo un capricho y tardo menos de un minuto en concedérmelo, hay algo que no sale bien...

En fin, que alargo un brazo para coger el pack de tres batidos de chocolate (con cereales), y el envoltorio de cartón que los mantenía sujetos no los mantuvo sujetos y los tres botes de batido de chocolate (con cereales) cayeron al suelo estrepitosamente.

Y cedieron, claro.

Y como es fácil imaginar a estas alturas, salpicaron.

Llegados a este punto, he de hacer una reflexión: la mecánica de fluídos es MUY cachonda.

Porque ni una sóla ecuación matemática que describa el comportamiento de los fluidos puede explicar por qué un fluido -valga la redundancia- que es un batido de chocolate (con cereales) salpica SÓLO en dirección a mis vaqueros.

O sea, parecerá mentira, pero lo único que allí estaba manchado de batido de chocolate (con cereales) eran mis pantalones. Y no sólo los bajos, sino TODA la pernera -ambas, claro-. Ni una sola gota en los productos de las estanterías bajas. Sólo un charquito de batido de chocolate (con cereales) y por vergüenza, vamos.

Roja como un tomatillo cherry avisé a una chica para que viera el desaguisado que habíamos montado la fuerza de la gravedad y yo. La muchacha vino enseguida y miró con incredulidad mis pantalones. Debió pensar que si los escurría me podría beber un vaso de batido de chocolate (con cereales) extra... y luego volvió a mirarme con cara de que yo estaba loca cuando yo debí decir en voz alta que los cereales habían tenido la culpa de que el fluido chocolatil no siguiera su natural mecánica y me pringara a mí enterita.

En fin, lo que está claro es que por una cosa u otra, si yo me meto en un comercio, algo pasa... Jo.

23 febrero 2009

Lunes & Sueño(s) & Joyas

Jo, trabajar un día festivo es muy triste.

Para empezar, el silencio en la calle no ayuda nada a levantarte, porque ya desde que le pegas el primer manotazo al despertador eres consciente de que TODO el mundo está durmiendo tan a gusto en sus camas excepto tú que debes abandonar tus calentitas sábanas...

Cuando sales a la calle, la sensación te cae como una losa encima. No hay nadie a tu alrededor, en la calle sólo resuenan tus tacones y meter la llave en la cerradura del coche hace un ruido incluso insultante. No se ve ningún rastro de vida salvo tú misma, un guiñapillo somnoliento...

Al menos al llegar al trabajo ves más coches aparcados y te sientes un poco mejor. Mal de muchos es consuelo de tontos, y yo soy tonta rematada porque sí: me sentí mejor pensando que yo no he sido la única que afronta este Lunes como uno cualquiera.

El día ha pasado relativamente tranquilo. El volumen de trabajo es el mismo porque los festivos locales o autonómicos son transparentes en esta empresa; sólo se nos ablanda un poquito el corazón y se da un porcentaje un poco mayor del habitual en días libres, pero poco más.

Lo único que me animaba es que cada minuto pasado era un minuto que me tendrán que devolver cuando yo quiera y que me tendrán que pagar más caro, claro. Así que cuando he salido estaba triplemente animada...

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...incluso cuátriplemente, al acordarme de este estupendo premio que Amanda le ha otorgado a éste, vuestro blog.
Para ser merecedora de este pedrusco, tengo que seguir una serie de normas... Como son escribir ocho sueños, pasarle este premio a ocho blogs, dejar un comentario en el blog que me lo otorgó (eso ya está hecho) y avisar a los que yo he nombrado como blogs que son una joya.

Mis sueños son muy sencillitos: ser feliz (como todo el mundo, supongo), que la gente que quiero siga a mi lado siempre, saber disfrutar de mi tiempo, no dejar que los problemas me coman, ser capaz de reir en cualquier momento...

Eso en plan "La Paz Mundial", así que mis últimos sueños van a ser más de estar por casa: que el piso se autolimpiara solo y quedara reluciente con sólo chascar la lengua, que no tuviera que madrugar nunca más, que comer chocolate adelgazara y que las rebajas duraran más, jajajaja...

Bueno, me he pasado uno, soy consciente, pero como soñar es gratis...

Ahora, mis enjoyados bloggocolegas: TimelessChart, RandomHarvest, Hackett (¡a ver si actualiza más a menudo!), Sil, Txispas, MissMole, Ulyanov y ParaísosDesiertos.

22 febrero 2009

La Gran Decepción

Llevo desde que me preocupo por esto del cuidado de la piel leyendo en todas partes que la crema milagrosa que es la caña, la que todas las celebridades de Hollywood usan, la que es lo más de lo más se llama Eight Hour (8 Horas para los amigos), de Elizabeth Arden.

No había entrevista a actriz / cantante / modelo que no dijera que su crema fetiche era ésta.

No había recomendación de revista femenina que no la mencionara.

O sea, que se convirtió en mi primer pensamiento infiel a Clinique...

No podía ser de otra manera: una crema con fórmula semisecreta, ultra-hidratante, que combate las rojeces, la irritación, reduce espinillas, cierra y cura heridas y estrías, es también antiarrugas, calma el stress de la piel en los aviones, repara los labios, suaviza la piel... No le falta detalle.

En las perfumerías a las que voy (incluso en El Corte Inglés) no la tienen en stock, debían pedirla... Y nunca la encargué por si acaso.

Pero ayer por la tarde, dando una vuelta, la encontré: en un bonito neceser rojo (me pirran los estuches promocionales) ofertaban la crema milagrosa, su versión para manos y su versión labial por 30 euros.

Y eso que me esperaba que me costara medio sueldo...

Así que mientras la dependienta me contaba las dieciochomil maravillas de la crema mientras me enseñaba el estuche, cogí distraídamente la muestra y me probé un poquito del milagro en el dorso de la mano.

Primera alarma: yo me esperaba un líquido blanquecino y seductor, y me encontré con un pegote naranja que me recordó a esos bronceadores de zanahoria de antes que no tenían protección solar...

Segunda alarma: yo me esperaba una textura maravillosa que se absorbiera inmediatamente, y me encontré con una textura grasa y brillante que costó que se introdujera en la piel, así que recordé que originalmente esa crema era para los caballos...

Y tras estas alarmas, llegó la GRAN DECEPCIÓN.

La crema milagrosa HUELE MUY MAL.

Bueno, siendo rigurosos: a mí no me gusta cómo huele, y me horrorizaba la idea de que mi piel oliera así. No sabría describir el olor, era como si la crema estuviera pasada, muy raro... Así que discretamente le pregunté a la dependienta si ése era el olor de la crema, y me lo confirmó: sí. Entonces yo ya abiertamente arrugué la nariz, le dije que el olor me resultaba desagradable y que no me llevaba la crema.

Menos mal que la probé antes de llevármela...

Ahora, eso sí: en el dorso de mi mano están los dos centímetros cuadrados de piel más suaves de todo mi cuerpo.

No obstante, me he enterado que hay un clon de esta crema (que hace más o menos lo mismo, al parecer) que se vende en farmacias por algo menos de cinco euros. Se llama BIOPEL y quizá la pruebe sobre todo para los labios, suponiendo que los que la hayan formulado hayan hecho algo con el olor...

21 febrero 2009

Weekend!!

No me puedo creer que sea Sábado.

Yo pensaba que no iba a sobrevivir a esta semana laboral, pero al final ha llegado a su fin -valga la redundancia- con aplausos incluidos (pero eso es otra historia y será contada en otra ocasión). Así que ante mí se extiende un basto fin de semana...

...en el que no sé qué hacer.

Bueno, lo primero y eso está claro: nos quedamos en casa. Ni recuerdo el último fin de semana que nos quedamos aquí, así que tengo una ganas tremendas de no hacer una maleta o bolsa de viaje, de dormir un Sábado entre mis sábanas y todo eso.

Lo que me hace falta REALMENTE es desconectar un par de días de todo el torbellino laboral de estos últimos tiempos. Sí, ya lo sé: estoy muy pesada con esto, pero es que el tema está nada más que regular y ando bastante preocupada. Me he autoprometido que no pensaré más en eso (igual que me autoprometí que el tarro de Nutella iba a durar un tiempo razonable) pero mi susconsciente no capta las autopromesas y me ha tenido toda la noche soñando con marrones laborales (en lugar de con Nutella, que habría sido mucho más agradable, dónde va a parar).

Así que me centraré en TODO lo que no sea trabajo hasta el Lunes, y pasaré un buen fin de semana. ¡Ea!

19 febrero 2009

¿Quién anda ahí?

Dale a una paranoica un detalle y se subirá por las paredes...

Ya andaba yo mosca por aquello de que igual me habían encontrado por la red... Después de pensarlo, meditarlo, y luego olvidarlo, la cosa quedó en una simpática anécdota que sirvió para tenerme histérica un par de días un post.

Hasta que ayer, consultando el contador de visitas con identificación de IP, se me cortó la respiración: ¡¡UNA VISITA DESDE LA CITY!!

Oh-My-God-Oh-My-God.

¿Y quién? ¿Y cómo? ¿Y por qué? ¿Y me habrán reconocido? ¿Y desde dónde habrán llegado?

¿Y...?

¿Y...?

¿Y...?

Bien, calma. Que no cunda el pánico. Piensa, Inner, piensa. ¿Caras raras en el trabajo? Ninguna. ¿Risillas? Las de siempre. ¿Miradas a hurtadillas? Ummmm... No. ¿Cuchicheos varios? Cero.

Todo relativamente tranquilo.

Excepto alguien que ha tosido de forma extraña... Ummmmm...

Así que ya estaba yo en el sofá de casa, meciéndome hacia delante y hacia detrás como una loca de atar, pensando en quién me habría descubierto y en la mejor forma de eliminarlo, cuando entró por la puerta mi chico...

- ¡Hola! Jo, no me has contestado el comentario que te hecho en el blog...

- ¿Qué comentario?

Sí, ese hecho justo el día de la visita de marras, un minuto más tarde de la visita de marras. Incluso PODRÍA SER que el de la visita de marras fuera ÉL.

Sí... Manía persecutoria, lo llaman...

18 febrero 2009

Velas y Mentiras

Repetid conmigo: no se deben decir mentiras.

Y las mentiras piadosas, vale que son piadosas, pero son mentiras al fin y al cabo y no se deben decir...

...porque es posible que te arrepientas durante muuuuuuuuuuucho tiempo.

El primer día en que una amiga mía me regaló un bonito estuche de velas aromáticas, no debí sonreirle de oreja a oreja, soltar dos oooooooooohhhhes y otro par de aaaaaaaaaaahhhes, abrazarla efusivamente y decir ¡¡ME ENCANTA!!

Porque MENTÍ.

Es decir: el estuche en sí era bonito y haría las delicias de alguien a quien le gusten las velas. Pero yo, que las odio, no soy una buena destinataria. Me quedé mirando el estuche, y luego miré a mi amiga dispuestísima (¡lo prometo!) a decirle que me encantaba el detalle PERO... pero... pero... No fui capaz. Me miraba con una carita tan esperanzada que no me atreví a destrozarle su ilusión. Así que fingí la reacción anteriormente descrita.

Creo recordar que luego ella me dijo lo típico de ...si no te gusta, lo puedes descambiar... Es decir: encima tuve una puerta abierta para escapar del lío. Pero yo ya estaba tan metida en mi papel que debí contestarle algo parecido a: ¡Pero qué tonterías dices! ¡Si me ha gustado mucho!

En aquel momento no me pareció tan grave...

...pero hoy, con un nuevo estuche de velas aromáticas como regalo, me doy cuenta de que sí lo fue. Porque ya he perdido la cuenta de los regalos que he recibido que incluían de un modo u otro una dichosa vela (en el mejor de los casos). Supongo que mi supuesta "afición velil" se ha expandido como un virus y ése es el resultado.

¿Cómo lo arreglo?

¡Ya lo tengo! ¡Le pongo tooooooooodas esas velas a San Crispino o alguno de ésos para que nadie me regale nunca más una vela! ¡Y así mato dos pájaros de un tiro!

(Porque la otra opción de desarrollar una repentina alergia a las velas va directamente en contra de la primera frase de este post, ¿verdad?)

17 febrero 2009

MASquerosoMÓVIL

A mí, que me encanta la publicidad, se me ponen los pelos como escarpias cuando veo algunos anuncios...

Bueno... Anuncios por llamarles algo, porque el término es bastante generoso en algunos casos.

El anuncio que no puedo soportar por absolutamente repugnante es éste de MasMóvil (que no lo pongo por razones obvias, sólo lo enlazo). A estas alturas rara es la persona que no lo conoce...

Yo me pregunto: ¿a qué genial cabeza pensante se le ocurrió que a los posibles clientes de una compañía de telefonía móvil nos apetecería cambiarnos cuando viéramos a un señor vomitar encima de una factura? ¿Todos aplaudieron su idea y se congratularon de que muchos telespectadores podamos disfrutar de tan magnífica campaña mientras comemos o cenamos? ¿A que es maravilloso?

Sinceramente, yo creo que habría que poner una Comisión Reguladora (que están tan de moda hoy en día) contra el mal gusto. Vale que no pueden quitarlo de enmedio por sexista -como han hecho con algunos otros anuncios-, pero yo retiraría este antes que otros muchos.

Es verdad que, muy a mi pesar, han conseguido lo que querían: no dejar indiferente a nadie. Aunque en este caso, supongo -casi espero- que no se traducirá en un aumento de sus clientes... Porque que haya impactado (por lo negativo) no considero que se haya captado un cliente; es decir, el propósito final no tiene por qué haberse logrado.

¿No sería mejor buscar que los futuros clientes se acuerden de ti por un anuncio gracioso o porque te sientas identificado con una situación en concreto?

Hace ya tiempo me empecé a dar cuenta de que la educación se está perdiendo... Pero también se está perdiendo el respeto; y no me refiero (que también) a no ceder el asiento en el metro o el autobús, si no al respeto por los demás en general. A mí este anuncio me parece una falta de respeto, así, con todas las letras. Porque hiere mi sensibilidad. Porque agrede visualmente a cualquiera. Porque es asqueroso, en definitiva.

¿Qué os parece a vosotros?

16 febrero 2009

Otro Lunes más...

No puede ser...

Si es que sólo es Lunes y ya estoy laboralmente encabronada para el resto de la semana.

Que hayamos pasado el fin de semana a un montón de kilómetros ha ayudado momentáneamente a alejarme de los problemas. Sí, me lo he pasado bien y me he olvidado un poco de todas las movidas que tenemos en el trabajo. Me hubiera gustado prolongar esa sensación un día más pidiéndome el Lunes libre y quedándome en casa recuperándome del largo (y pesado) viaje en coche, pero teniendo en cuenta que teníamos visita de directivos, no quedaba muy bien que yo me quedara en la cama durmiendo.

Así que a lo crueles que son de por sí los Lunes, he aguantado como una campeona una reunión a deshoras que se ha traducido en ir a comer a las cuatro y media de la tarde... Aparte de otras cosas derivadas de la reunión, pero voy a intentar olvidarlas.

Así que no, no estoy más animada. Toda la energía positiva que pude tomar el fin de semana me he hecho falta para no acabar el Lunes debajo de un edredón...

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También esto ha ayudado...

MissMole ha tenido a bien acordarse de mí con este premio tan bonito...

Aunque todos los que me leéis os merecéis este par de rosas azules, sólo puedo entregalo a cinco personas, pues ahí van: Marian, Sandra, ACoolGirl, YNoSéK(+)Kontarte (nunca lo escribo bien) y BlackBetty.

P.D.: ¿Servirá esto para que me perdonéis por haber hecho uso del Botón del Pánico y no leer vuestras entradas pasadas...?

13 febrero 2009

Lovers' Day

Pues yo sí lo digo: a mí SÍ me gusta el día de San Valentín.

O el Día de los Enamorados, vaya.

Que sí, ya lo sé. Que es un día comercial. Que debían llamarlo San Corte Inglés. Que si estás enamorado lo demuestras todos los días del año. Que si no hace falta que sea 14 de Febrero para regalar algo a tu pareja...

...que si blablabla...

Todo eso ya lo sé.

También sé que ese día es un asco si no tienes pareja. Recuerdo, por ejemplo, que en el instituto se organizaba un servicio de entrega de rosas con notas secretas por los del último curso, y todos esperábamos que picaran en la puerta y nos dieran una flor, pero al final del día sólo unos pocos eran los elegidos...

Además, parece que ese día tooooooooooodo el mundo está megaenamorado. Sales a la calle y sólo encuentras parejas (y eres más consciente de eso si tú no lo estás o si tu pareja está lejos). Al final acabas por desear meterte en casa y que pase el día rápido.

Pese a todo eso, a mí sí me gusta el Día de los Enamorados.

Me encanta ver los escaparates engalanados, llenos de corazoncitos y cositas monísimas (que en otro contexto, léase "otra fecha del año" pasarían por cursis y ridículas). Peluchillos cucos. Tazas con mensajillos de amor. Ropita mona y muy roja, sobre todo la interior. Tartas románticas en forma de corazón. Estuches de perfumes con lacitos. En fin, todas esas chominaícas...

Pero este año, a pesar de tener todas las papeletas para que sea un día estupendo, resulta que estoy desinflada. Me noto con muy poca ilusión (con lo que yo soy). No tengo marcado el día 14 de Febrero, que para mí siempre ha sido especial -estuviera emparejada o no-, sino que es un día más...

¿El motivo? Pues no lo sé. Estoy baja de ánimo, sí. Cansada físicamente. Agobiada por todo lo que pasa en el trabajo. Desganada. Incluso un poco deprimida, por qué no decirlo. Supongo que también el tiempo influye: tantos días grises y tristones seguidos acaba por bajar el ánimo a la altura de los charcos... En cualquier caso, estoy bastante caída.

Me preocupa mucho que ni siquiera la expectativa de un Día de los Enamorados me anime...

12 febrero 2009

¿Y yo, qué leo? (XVI)

Como casi todos los fines de semana que nos quedamos en casa, éste último (hace dos, vaya) también lo aproveché para terminarme un libro de los de mi colorida colección. Éste se llama MIS NIÑAS, MI MARIDO Y LA MALDITA EX, de Francesca Clementis. El título es uno de estos casos en el que te planteas: ¿el traductor en qué estaba pensando? Porque el original se titula Mad About The Girls, así que alquien me cuente cómo de ése título original ha aparecido aquel otro...

En fin, al lío...
Todo lo que Lorna ha deseado en su vida es un marido y cuatro hijas, y esto es exactamente lo que tiene, si bien son el marido y las hijas de otra. No obstante, Robert y sus adorables hijas prácticamente le pertenecen. Después de todo, ya hace diez años que la esposa legítima se ha marchado de casa. Y tras enamorarse de Robert, Lorna estuvo encantada de llenar ese vacío. Ahora Lorna tiene cuanto una madre debería tener (salvo las estrías). Lo malo es que la esposa de Robert ha vuelto. Es una mujer guapa y segura de sí misma y busca el perdón. Pero, ¿sólo desea eso? Lorna no puede evitar pensar que esta familia no es lo bastante grande para las dos...
Cierto es que lo cogí con un poco de desgana este libro, el título mal traducido me llamaba poco (yo soy más bien de títulos cortos). Pero he de confesar que me ha gustado mucho lo que me he encontrado, porque ha sido más de lo que me esperaba.

Lorna es una chica sencilla que tiene una vida un poco complicada. Es la que le gusta, sí, pero lo cierto es que se ha conformado con menos de lo que realmente quería. Lo que ocurre es que en estos tiempos es una locura aspirar a todo con lo que soñamos, así que normalmente nos quedamos con lo poco bueno que tengamos... Pero si una tercera entra en discordia con la intención de quedarse con lo tuyo, hay que defender ese "poco" que es lo que te hace feliz. Lorna lo defiende a capa y espada, pero se da cuenta de que no todo es tan sencillo: ella pensaba que las cosas eran blancas o negras, pero la vida está llena de matices grises, y Lorna se entera de eso a golpe de dolor de cabeza y descubriendo que lo que está bien o está mal es relativo.

Pero no todo: al final siempre hay algo que sí está claro.

La historia ha sido bonita por lo sencilla que es. Porque lo que la protagonista quiere está claro y es honesto. Porque el amor verdadero no es tan fácil de descubrir (ni de conseguir). Porque simplemente es una mujer como cualquiera. Porque podría ser yo.

11 febrero 2009

Malo, malo...

Desde ayer a las seis de la tarde sabía yo que este día iba a ser MALO.

La culpa la tuvieron los platos sucios. Mientras los estaba fregando, hacía un repaso mental de las cosas que tenía pendientes para hoy y de los marrones que me había dejado en el trabajo.

Entonces se me empezaron a hinchar las narices.

Porque empecé a darle vueltas a los temas que no dependían de mí pero al final eran responsabilidad mía. (Chorreón de lavavajillas.) Enumeré los casos en los que de rebote me había tenido que ocupar, y eran unos cuantos. (Chorreón de lavavajillas.) Luego pensé en el mucho tiempo que perdía en ellos. (Chorreón de lavavajillas.) Después me acordé en las contestaciones que yo recibía pero que me tenía que callar una respuesta mordaz. (Chorreón de lavavajillas.) A continuación, me vino la imagen de que mi departamento es una gran y enooooorme alfombra que los demás departamentos levantan con más o menos disimulo para dejar la mierda debajo. (Chorreón INMENSO de lavavajillas.)

Así que entre una creciente espuma antigrasa con olor a limón lo decidí: ALGUIEN ME IBA A OIR.

No tenía muy claro quién, pero iba a ser mi Día Internacional de la Queja.

El quién ha sido mi jefe, claro (que por otra parte, es el único al que realmente me puedo quejar).

Aprovechando que me había llamado al despacho, empecé a decirle que había que ver, que no estaba de acuerdo con esto, que me parecía fatal aquello, que blablabla, porque no se podía aguntar otra cosa, porque para arriba, porque para abajo, porque la situación era insostenible, porque blablabla, porque todos estábamos muy tensos, porque aquello iba a estallar tarde o temprano, porque todos tenemos un límite, porque blablabla...

Y el pobre, escuchando.

...porque, claro, él no lo veía pero ya se lo decía yo que las cosas estaban regular, porque me parecía muy mal esto, porque estábamos todos para el arrastre, porque blablabla, porque hay que ver cuánta presión, porque esto no estaba bien ni aquello tampoco, porque blablabla...

Y el pobre, dándome la razón (encima).

Y cuando ya había soltado todo lo que tenía dentro, va él y me suelta otra bomba que me dejó muda, seguida de un ¡y no se lo cuentes a nadie! (Y no lo voy a hacer, claro, que me continúa la paranoia...)

Así que: SÍ, mi día ha sido MALO.

Lo único que me consuela es el regalo de mi chico, que sin saberlo acertó de lleno en lo que hoy necesito...

10 febrero 2009

¿Habrán llegado aquí?

El otro día me dió una súperparanoia.

Resulta que la otra tarde nos dió por tomarnos un descanso (la historia de mi empresa a partir de ese día se divide entre el antes y el después de que saliera a descansar), y nos fuimos al office. Allí había otros dos chicos y nos sentamos en la mesa de al lado.

Y yo, que no puedo evitarlo, puse media orejilla a ver de qué estaban hablando...

Resultó que estaban hablando de blogs.

Pensé: ¿habrán descubierto que tengo un blog?

Sí, vale, yo no soy el ombligo del mundo. Lo sé. Pero soy una paranoica.

Por eso puse discretamente la otra media orejilla porque además habían bajado la voz y ese hecho alimentó mi paranoia. Pero no, estaban hablando de un blog temático de viajes o algo así me pareció entender.

Aún así, empecé a rallarme un poco (¿o rayarme?). A ver, no pongo nada malo en el blog, cuando hablo de trabajo sólo me desahogo -salvo una vez que puse a caldo a una chica pero no le pillaría de sorpresa porque sabe que no la trago- y no digo nada comprometido... No obstante, no me gustaría que nadie de mi trabajo lo leyera. Me gusta la relativa intimidad que tengo en este blog.

Luego para tranquilizarme, pensé en qué opciones habría de que me encontraran. Muy pocas, la verdad. La dirección de GMail con la que tengo este blog no se la he dado a nadie de mi entorno (tienen la del Messenger y otra más "seria y oficial"). No menciono nunca el nombre de mi empresa, y ni siquiera la ciudad donde vivo. Mis datos de perfil de Blogger no dicen nada que pueda conectarse con mi realidad diaria.

Y luego... ¿Cuántos blogs hay? A patadas, con lo cual la posibilidad de que aterricen en el mío, PRECISAMENTE en el mío, es bastante escasa, ¿no?

¿No?

¿No?

¿No?

Eso espero...

09 febrero 2009

Hay que decir las cosas...

Pues sí, lo hice. A pesar de mis autopromesas de ser más comedida, la realidad es que no puedo callarme las cosas y acabo soltándolas...

Hace unas semanas ya, tuvimos una reunión en el trabajo. Maratoniana. A ella asistió mi jefe, que siempre entra con la intención de escuchar solamente y acaba metido hasta las trancas en los temas tratados.

Eso me parece bien, ojo. Creo que es genial porque así hay más transparencia, comunicación, fluidez... Todos esos adjetivos corporativos que puedan venirnos a la cabeza en un momento dado.

De mi jefe sólo tengo dos quejas: una es el pantalón vaquero que me trae a veces (debería madrugar y tirarlo) y la otra es la manía que tiene de no pensar las cosas en las reuniones. Vale que suelen ser tensas, pero me da igual.

A estas reuniones normalmente asistimos sobre unas veinte personas en una sala sólo a hablar sobre problemas, y al final, el resultado es el mismo: el equipo plantea medidas (o soluciones) para paliar la situación. Medidas (o soluciones) que ya me han planteado a mí anteriormente y que yo le he trasladado formalmente a mi jefe, bien documentadas y argumentadas. Y la respuesta por su parte ha sido que NO, porque si hubiera sido que sí ya estarían implantadas antes de la reunión...

Así que, en resumen, yo le planteo varias opciones sin éxito, pero cuando esas mismas opciones se las plantea alguien del equipo directamente a mi jefe (cara a cara en una reunión), su actitud es: se hace de nuevas y le parecen fantásticas y viables y promete que se implantarán.

Y yo me atraganto de la indignación porque:
a) Estaba informadísimo sobre esas propuestas.
b) Las ha rechazado porque no son factibles.
c) Sabe de sobra que no va a poderlas poner en marcha.

Pero él prefiere quedar estupendamente en las reuniones, aún a mi costa. Luego tendrá tiempo a decir que no desde su seguro y confortable despacho.

Pues bien, la semana pasada, ya en frío, razonablemente, le he dicho mi crudísima opinión sobre su actitud en esas reuniones (y particularmente en esta última). Que me parece estupendo que quiera dar una imagen positiva y que vean que está abierto a las propuestas que hacen, pero no por eso tiene que tener esa actitud. Si quiere dar esa imagen, puede decir la verdad, o al menos, una verdad en diferido: que está informado y que se puede volver a estudiar. El resultado es el mismo, pero al menos no agrede a nadie (en este caso a mí).

Lo hemos hablado civilizadamente y me ha pedido disculpas. La verdad es que va para cinco años que trabajamos juntos y lo conozco, sé que no es su intención, que muchas veces no piensa las cosas (y otras muchas realmente no se acuerda). No obstante le he pedido un esfuerzo. Él incluso me ha dado permiso a que le salte en plena reunión, pero no voy a hacerlo. También se lo he dejado muy claro: en las reuniones con más gente, más que nunca, es mi jefe, y por más confianza que le tenga, no haré nada que lo ponga en evidencia. Luego podremos discutirlo, como hemos hecho, pero en privado.

Hemos llegado a un pacto: él se pone un puntito en la boca y yo... yo no tengo que hacer nada.

Creo que lo cumplirá, pero en cualquier caso, yo me he quedado tranquila al decirle bien a las claras lo que pienso y me molesta. El poder hacerlo es una de las grandísimas ventajas de este trabajo ahora que él es mi jefe y no S.J., y es de agradecer.

No todo iba a ser malo, jo.

08 febrero 2009

Jo...

No, no, no.

Yo no tenía NINGUNA intención de comprarme nada.

Ni unos míseros pendientes, fíjate. Ya me había gastado una pasta importante en las rebajas (sí, que yo fuí de las que el día 2 de Enero estaba en la puerta de las tiendas intentando entrar), más las vacaciones, más mi cumpleaños, más los fines de semana fuera... Vamos, que mi economía estaba (ESTÁ) en crisis.

Si fui por el centro la otra tarde, fue simplemente para pasar el rato hasta que mi chico cerrara su tienda y luego fuéramos a hacer la compra semanal en un hipermercado...

¿Qué iba a hacer? Pues hacer tiempo dándome un sano e inocente paseo por el centro de la city...

Yo no tengo culpa de que en el centro de la city haya tiendas. Tampoco soy responsable de que estén de segundas, terceras o incluso cuartas rebajas.

Nadie me puede culpar de que esa tarde de Febrero lloviera e hiciera frío... Lo normal en esos casos (y más si no llevas paraguas como era mi triste caso) es ponerte a cubierto; y si lo único que hay a tu alrededor es comercio, comercio y más comercio... No tuve elección.

Sí, vale: ENTRÉ A UNA TIENDA DE ROPA.

Pero que no cunda el pánico, que sólo quedaban dos estanterías de artículos rebajados: lo demás era de nueva temporada. Prendas encantadoramente primaverales... (Aunque pensándolo bien, era para que cundiera el pánico.)

Pero me controlé. Fui una santa. Sólo miré con indiferencia unas perchitas de nada...

Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh... ¡Chaquetas a 12 euros! ¡Si sólo al peso la tela vale más! ¡Y camisetas a 7 euros! Grrrrrr... Me compré una como esa hace un mes y me costó el triple... ¡Camisas con transparencias a 9 euros! ¡Faldas con un 70% de descuento! ¡Pantalones piratas a 10 euros!

En fin... Que salí con dos bolsas. Pero en realidad me ahorré una pasta gansa, que conste...

06 febrero 2009

RollMilks

Estuve tooooooooooooooooda la tarde pensando en qué iba a merendar.

Sólo tenía cabecita para eso.

Cuando por fin salí del trabajo, mi mente pensaba en esos minibracitos de gitano que habíamos comprado hacía dos días. Estaban en promoción, así que compré un paquete de esos pastelillos rellenos de crema de leche (se llaman RollMilk, venían seis en una bolsa) y luego otro brazo de gitano más grande para mi chico relleno de chocolate (con el relleno de chocolate no me molan demasiado).

Así es el amor: 1.5 cosas para él, 0.5 cosas para mí.

Llegué a casa soñando con los RollMilk de marras. Dejé el bolso, me quité el abrigo y fui a colgarlo en el perchero cuando mis ojos se fijaron en la papelera que había al lado del escritorio.

No podía ser.

Era la bolsa de los RollMilk.

En concreto, una como ésta pero un pelín más arrugada...

Me dije, tonta ingenua de mí: seguro que se habrá comido uno o dos y habrá dejado los otros en la estantería, en sus correspondientes bolsitas.

No hizo falta ir a la cocina para verificar si mi teoría era cierta, bastó echar un mínimo vistazo a la papelera. Un envoltorio individual de RollMilk.

Dos envoltorios individuales de RollMilk.

Tres envoltorios individuales de RollMilk.

Cuatro envoltorios individuales de RollMilk.

Cinco envoltorios individuales de RollMilk.

Seis envoltorios individuales de RollMilk.

Eso dejaba CERO RollMilks para mí.


Así es el hambre: 6 RollMilks para él, 0 RollMilks para mí.

Sinceramente, prefiero el amor. Es menos cruel.

05 febrero 2009

Así comenzamos...

El otro día, fui alegremente a mirar mi correo.

En la bandeja de entrada de mi cuenta de HotMail, entre otros, había un correo de un amigo mío. Ver en el asunto las letras FW no me inspira nada de confianza, pero bueno, soy buena y les doy una oportunidad... Siempre hay tiempo de borrar el mensaje.

Este correo era un PowerPoint. Vaya. No es muy habitual que los abra, pero pruebo por si acaso. Normalmente aguanto un poco hasta que veo que es o un chiste malo o una chorrada de esas pastelosas en plan "eres mi mejor amigo"; entonces los cierro sin piedad. Pero sigo siendo buena y les doy una oportunidad... Siempre hay tiempo de cerrar la presentación.

Esta en concreto no tenía mala pinta. Se titulaba PILATES para el cerebro.

Pero en realidad se debía titular: PUÑALADA A TRAICIÓN.

Porque en la tercera diapositiva, me encuentro esto en mi pantalla...


Excuse me??

O sea, no. No, no, no, no.

Primero, que a los 30 no se empieza a perder memoria. Ni de coña. Además, yo juego mucho a ese juego... ¿Cómo se llama? Sí, este de la Nintendo DS, el que anuncian en la tele... Jo, lo tengo en la punta de los dedos... ¡Ah! ¡Brain Training! ¡Y tengo una edad cerebral estupenda! No me acuerdo exactamente qué edad, pero era asombrosamente joven. ¡Ja! Así que eso es una falacia, bulo, embuste, engaño, paparrucha, patraña, infundio... Una mentira, vaya (también juego a Mi Experto en Vocabulario).

Lo segundo: ¿cómo es que sigo teniendo un amigo que me manda semejante insulto powerpointero?

Y lo tercero: ¿por qué me pasa esto en plena CRISIS DE LOS 30?

El Universo me odia, está claro...

04 febrero 2009

Reflexión...

Es un efecto muy parecido a algo muy simple que a casi todos nos ha pasado alguna vez. Estás tranquilamente escuchando música con unos auriculares de cable. Están enchufados a un MP3 portátil, o a un equipo de música, o a un ordenador. La música te inunda los oídos, pero no aún así piensas en otras cosas simultáneamente. De repente, te acuerdas que tienes que coger una cosa (normalmente poco importante), y calculas mentalmente que el cable de los cascos tiene la suficiente longitud como para alcanzarla sin tener que quitarte los cascos. Los estiras, pero aún así no llegas a aquello que quieres coger. Entonces, en lugar de quitarte los cascos un momento e ir a recoger el chisme que quieres, como manda la lógica, te retuerces de manera increíble, alargas el brazo hasta los límites de la elasticidad y te das cuenta de que casi casi lo tienes... te faltan unos centímetros, y ya lo tienes...

Entonces el cable, que no da más de sí, tira de la clavija de tres y medio y se desconecta. Dejas de oir la música que atronaba tus oídos y sólo escuchas el silencio roto por el murmullo lejano de una música que no puedes reconocer. Normalmente te quedas parado mirando como los cascos cuelgan de cualquier manera, y por un segundo de olvidas que querías coger algo que no está en tu mano porque has centrado tu atención en que has dejado de disfrutar algo que te gustaba. Te quedas quieto, sin música en tus oídos y con las manos vacías.

Es entonces, en ese mismo instante, cuando te das cuenta de que todo tiene un límite, y que a veces, no se puede tener todo a la vez. Que tienes que saber qué límite tiene cada cosa, adaptarte a él, y que debes aprender a compaginar varias cosas a la vez o a renunciar momentáneamente a algo en pos de otra cosa que también es importante en un momento dado.

03 febrero 2009

¿Especialmente qué?

El Domingo mi chico se levantó especialmente hacendoso.

Sí, está genial, pero te hace sentir culpable si tú no lo estás. Así que decidí equilibrar el Universo haciendo yo la comida, y me dí cuenta de que yo me había levantado especialmente vaga.

Pero aún así, me metí en la cocina como una campeona. Fregué unos los cacharros y me dispuse a preparar un rico pastel de carne. Pero como no me había levantado especialmente hacendosa, el Universo me lo iba a poner difícil...

Me hice daño en un dedito contra el armario.

Ensucié una media de cinco cacharros por ingrediente del pastel.

Se me derramó medio vaso de leche.

No tenía queso para rematar mi pastel.

Casi rompo una fuente y dos platos.

Al final conseguí meter en el horno un pastel de carne que pudiera calificarse de decente, mientras mi chico estaba tan insultantemente activo, entrando y saliendo. Había planchado y todo (increíble pero cierto) y yo lo único que había hecho es un sucedáneo de pastel sin apenas queso para gratinar. Así que pensé en hacer una tarta de queso de verdad para compensar...

Craso error.

Se me descuajeringó la batidora y no se estrelló contra el suelo de milagro.

Se me cayó un huevo al suelo, por supuesto.

Me salpicó yogur en la ropa.

No se encajó bien el vaso de la batidora y se derramó parte de la mezcla.

Al verterla en el molde, éste se venció y se cayó más mezcla todavía en la encimera.

Finalmente, no sé ni cómo, conseguí meter el molde en el microondas y ponerlo a cocer. En ese momento, un olorcillo a quemado atrajo mi atención al horno con la comida dentro, pero menos mal que no había ocurrido ninguna catástrofe (se había churruscado algo sin importancia). Saqué la bandeja y me quemé los dedos, pero al menos ya estaba la mesa puesta y no podía suceder nada más.

Porque no pensaba mover un músculo en lo que quedaba de día.

Estaba claro que él se había levantado hacendoso, pero yo me había levantado especialmente gafe.

(Aunque es verdad que no es la primera vez que me pasa...)

02 febrero 2009

¿Y yo, qué leo? (XV)

Las pasadas mini-vacaciones de Año Nuevo estuve en casa haciendo algo que me gusta mucho: disfrutar del día sin preocupaciones y perderme en un buen libro. Rescaté de mi colorida colección de libros uno autorreferente: LÍOS, LIBROS Y MÁS LÍOS, de Jane Green. Me suena que tengo alguno más de esta chica, no sé...

Vale, vale, lo sé, he tardado como un mes en publicar la referencia... Pero lo importante es que al final lo he hecho.

Como siempre, aquí está el resumen que se puede encontrar en la contraportada...
Han pasado casi diez años desde que Cath y Portia, amigas inseparables en la Universidad, tomaron rumbos diferentes. Algo gordo sucedió entre ellas, y aquel grupo de amigos tan enrollados acabó disolviéndose después de graduarse.

Desde entonces, todos han estado buscando más o menos lo mismo, la pareja soñada o el trabajo ideal —las dos cosas a la vez sería demasiado pedir—, hasta que un buen día, por fin, se cumple el sueño de Cath: dejar su carrera de publicista para abrir un café-librería junto con Lucy, la mujer de su amigo Josh.

Pero como la felicidad nunca es perfecta, el día de la inauguración se presenta nada menos que Portia, en lo que parece un intento de reconciliación. Y como los problemas nunca vienen solos, la vida de Cath empieza a volverse la mar de entretenida: mientras se esfuerza en concretar una cita con James, su nuevo ligue, tiene que levantarle la moral a su amigo Simon —un eterno romántico que aún ansía encontrar el amor perfecto—, y al mismo tiempo vigilar de cerca el comportamiento de Josh, que parece muy interesado en la canguro de su hijo, Ingrid, una chica sin escrúpulos que a su vez les tiene preparada a todos una sorpresita de mucho cuidado. Ante semejante movida, ¡menos mal que existen los libros!
Una vez más, el resumen no deja mucho a la imaginación... A pesar de que conforme vas leyendo no te sorprende demasiado lo que ocurre, y casi en el capítulo cinco sabes con quién va a terminar la protagonista, en los capítulos finales la autora sí que ha sido capaz de sacar algo que no se esperaba (y no sólo porque no estaba en la contraportada, sino porque por el mismo ritmo de la novela no se preveía), lo cual es algo positivo.

A pesar de la traducción al español del título, los libros no tienen apenas protagonismo, así que si alguien va buscando algún referente, no lo va a encontrar. La chica protagonista abre un café-librería como podría haber sido una zapatería, es algo que no tiene mayor importancia aunque no lo parezca por el título.

No es la novela del año, tampoco es especialmente divertida (como ocurre con otros libros), pero creo que es una historia entretenida que no me arrepiento de haber leído. Es simplemente pasable, nada más. Si la leéis, bien, pero si no, no pasa nada...

01 febrero 2009

Moraleja Universal

Amaneció muy gris el día de mi 30 cumpleaños, y hacía muuuuuuucho frío. Mi primer pensamiento cuando puse un pie descalzo en el suelo fue: debería haberme pedido el día libre.

Bueno, creo recordar que ése fue el segundo, y el primero algo así como: cawentólfrío que hace.

Pero sí, no debería haberme levantado.

Aunque lo hice, claro, porque aún no he conseguido teletrabajar. Así que me preparé como todas las mañanas y bajé a la calle incluso pegando saltitos por las escaleras (por mí, que no quedara: yo iba a poner el buen humor).

Primera bofetada: un frío cortante que me da los buenos días, y yo con el pelo medio húmedo...

Segunda bofetada: la luna del coche helada, y yo sin agua para arreglarlo...

Aunque lo hice, claro, porque yo es que soy una chica Cosmopolitan. Así que solucioné ese pequeño inconveniente y luego hasta conseguí arrancar a la primera. Me puse en camino con precaución extrema porque no veía demasiado por los laterales de la luna.

Aún así, pude apreciar cómo un loco mañanero salía por mi izquierda como si fuera el único personaje que está despierto a esas horas. Lo esquivé escorándome perezosamente hacia la derecha, y miré por el espejo central por si se había dignado a frenar mientras escuchaba un pequeño ruidito de un golpe seco. Todo OK, así que seguí adelante.

Me paré en el semáforo de rigor (ése que detecta que me acerco y se pone automáticamente en rojo), mientras miraba con envidia a la churrería de mi izquierda, y luego a lo-que-fuera que había a mi derecha.

En ese momento, lo importante no era lo-que-fuera, si no LO QUE NO HABÍA.

El retrovisor derecho había desaparecido.

Desintegrado.

Eso no fue una tercera bofetada, sino una paliza completa.

Se me congeló la sangre, y no por el frío. ¿Pero dónde? ¿Qué? ¿Cómo? Y sobre todo, ¿POR QUÉ?

Pues porque el golpecito que había oído al parecer había sido que me acerqué demasiado a la derecha al esquivar al otro coche e imagino que le dí a otro espejo y el mío salió volando... Aunque lo cierto es que en el presunto lugar de los hechos no había ni un indicio de que eso fuera real. Quizá sólo se volatilizó...

Así que, por haberme levantado, estrené mis 30 años con un retrovisor menos, que unido a que iba con la rueda de repuesto porque el día anterior había pinchado, no es que ayude a afirmar algo positivo sobre mí como conductora, la verdad...

Ni como adulta responsable, ya que estamos...

En resumen, la moraleja es: si vas a cumplir 30, quédate en la cama todo el día. O por lo menos, no vayas a trabajar, ¡pídete un día L'Oreal!

And the winner is...

Tenía pendiente la realización del sorteo de vuetro regalillo. Al final había 10 aspirantes al cómic, que eran...

1. YNoSeK(+)Kontarte
2. Misia
3. Ulyanov
4. MissMole
5. Txispas
6. ACoolGirl
7. Sandra
8. Van Hessa
9. Marian
10. Nebulina

Pues el sorteo lo he realizado hace unos minutos (para mí los Domingos por la mañana no existen si me quedo en casa como en esta ocasión), y el número agraciado es el:

Así que la poseedora de la papeleta con el número 2 debe enviarme un correo a the.inner.girl@gmail.com con sus datos para que le pueda hacer llegar su regalo que espero que le guste y lo disfrute.

Por último, gracias a todos por haber puesto interés en esta iniciativa, me ha hecho MUCHA ilusión. ¡Siento no poder obsequiaros a todos!

 
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