A veces (bastantes) (muchas) (demasiadas) me pregunto qué heredé yo de mi señora madre.
El físico no, porque tooooooooda mi vida he escuchado que soy
enteretica mi padre.
No ha sido la paciencia y la "buena leche", yo soy todo lo contrario.
Por supuesto, no he heredado su buena mano en la cocina.
Tampoco ha sido el gusto y la maña para los quehaceres domésticos. Eso está claro.
Porque me revienta soberanamente eso de marujear, de poner lavadoras, limpiar el polvo, ordenar, planchar, volver a limpiar, fregar, higienizar, reorganizar, recoger otra vez, volver a limpiar. No entiendo cómo a mi madre le gusta tanto eso de ser ama de casa y yo lo tenga tan atravesado.
No obstante, le pongo voluntad al tema. Ante la ignorancia, precaución. Por ejemplo, como yo eso de los lavados no lo llevo muy bien, hago lavadoras por colores para que no me pase
lo que a Misia o
lo que a ACoolGirl, por poner unos casos así, al azar.
Eso tiene sus inconvenientes, claro, y nefastas consecuencias
fashion. En este caso concreto, pues tienes que dedicarte a ponerte ropa de los mismos colores para poder recopilar luego prendas con el fin de poner una lavadora a media carga, por ejemplo (nada de lavar a mano si Bosch está ahí para hacerme la vida más fácil). O llenar la cesta de la ropa sucia hasta límites insospechados.
Pero a veces una se cansa de esperar y decide poner una colorida lavadora de prendas variadas. Total, no creo que pase nada. En realidad, casi nunca pasa. Hoy en día los colores son sólidos, claro que sí, si no lo fueran, no podrían hacer camisetas de varios colores, ¿verdad?
Así que me cargo los brazos con una explosión de colores y ropa sucia, la meto en el tambor de la lavadora, selecciono el programa menos peligroso para el batiburrillo de prendas y dejo a mi adorada lavadora dando vueltas.
Al final del programa (dos horas después), abro despreocupadamente la lavadora y saco un calcetín que en un principio debía ser amarillo. Pero no lo es.
¿Cómo es posible que algo haya destintado?
¿Quién ha sido el culpable?
Pero volviendo al calcetín antiguamente amarillo, me fijo un poco más.
No está destintado.
Está lleno de pelusa azul.

¿Eing?
Una pelusa fina y mojada, agarrada cual garrapata al algodón de mis calcetines. Saco otro calcetín, en este caso supuestamente naranja, y está en la misma situación. Otro azul que está más azul todavía por la pelusa. Y un morado también con pelusa.
Más bien:
REPELUSA.
Y fijándome bien veo que toda la goma de la lavadora está recubierta de repelusa azul. Y toda mi ropa. Y el tambor de aluminio. Y mis manos. Y todo.
La repelusa azul es terca y una vez húmeda, se agarra a cualquier fibra (incluso la piel de mis manos o la goma de la lavadora) como una lapa y se extiende como la tiña. Saco TODA la ropa azul, y me consuelo un poco al pensar que pelusa no es tinte y que el desastre tiene arreglo.
Entre las prendas repelusadas saco la única que DEBÍA tener repelusa y claro, NO TIENE: una bufanda azul que se ha colado y que ahora es un guiñapo si pelusa suave porque se ha ido a vivir a mis calcetines... La culpable. La mala-malísima que se va a la basura directamente, porque ya ni es bufanda ni nada.
Tiendo una monocromática colada y dejo un reguero de repelusa azul por donde voy. Saco más repelusa azul del tambor de la lavadora. Me lleno el pelo de repelusa. Me pica la nariz por la repelusa. Odio la repelusa.
Y odio que me pasen estas cosas. Snif.