29 abril 2009

¿Y yo, qué leo? (XXI)

Hará una semana aproximadamente que terminé de leer UNA APUESTA PELIGROSA, la primera novela que leía de Jennifer Cruise. La compré más que nada porque la ví a 6 euros, la portada me atrajo bastante y servía perfectamente para paliar mi síndrome de los brazos vacíos una tarde que estuve paseando. No había escuchado nada de esta autora, así que decidí darle una oportunidad...

Lo que chivaba la contraportada era lo siguiente:
Minerva Dobbs es una treintañera con algunos kilos de más que piensa que la felicidad es un cuento de hadas. Cal Morrisey, por su parte, es un donjuán que detesta el compromiso y que la invita a cenar para ganar una apuesta. Cuando la cena termina, cada uno de ellos piensa que nunca volverá a ver al otro. Pero el destino tiene otros planes para ellos, y Minerva y Cal inician una relación casi involuntaria en la que median un ex novio celoso, unos padres impresentables, un gato demasiado inteligente y muchos donuts, y que concluye con la mayor de las apuestas: el amor verdadero.
Creo que no debí leer la contraportada demasiado bien cuando lo compré, porque leída una segunda vez, es el tipo de resumen que me tira para atrás.

Y hubiera tenido razón. Me costó bastante leerlo porque no me enganchó en absoluto. No sabría decir qué tiene la narración (o quizá la traducción), pero el caso es que me costaba seguir el ritmo, no notaba fluidez en las palabras -no sé explicarlo mejor-. En definitiva, la forma de escribir la historia ya de por sí me aburrió bastante.

La historia también. Demasiado típica: chica que se aparta del estereotipo de bombonazo se convierte de forma casual en el punto de mira del perfecto donjuán. En la página tres ya sabes que van a acabar juntos (vale: en todas las novelas chick-lit la parejita acaba junta, pero al menos no es taaaaaan obvio como esta vez, ni te presentan a los tortolitos en los tres primeros párrafos). A pesar de que ya sabes lo que te espera, lo demás son hojas y hojas de historietas varias donde la chica muestra que está segura de sí misma a pesar de sus kilos de más y lo demuestra con un mordaz sentido del humor, que utiliza como arma arrojadiza para placar los encantos del chico que, por supuesto, pasa del pivonazo que le va detrás porque se ha enamorado de la protagonista con todas sus imperfecciones.

Lo que más me gustó es el chico: su carácter me cautivó. Cada vez me caía mejor el chaval, creo que es de los personajes masculinos que más me ha gustado de todos los libros que he leído, y creo que el motivo ha sido porque se han presentado él y sus circunstancias, no solo "he aquí el chico guapo y encantador que sólo vale de trofeo al final del libro". No sé, definitivamente este chico ha salvado la historia.

Lo que menos me gustó fue cuando las amigas de la protagonista, sobre todo una de ellas, se puso a hablar con su amiga en plan serio y soltó una serie de chorradas sobre los cuentos de hadas. ¡Por favor! ¿Quién en su sano juicio pensó que una conversación así es creíble? Y la escena final es lo más absurdo del mundo, como si la escritora hubiera tirado la toalla y ni se molestara en que todo acabara de una forma más o menos realista...

Así que con este van tres libros seguidos que no me han gustado... Por eso voy ha hacer una pausa de chick-lit, a ver si cuando "vuelva" me sientan mejor.

28 abril 2009

La Maldita Raya

Sí, lo reconozco: la culpa fue mía.

AUNQUE (porque siempre se puede buscar una excusa), ese coche sencillamente no estaba ahí cuando empecé a maniobrar marcha atrás. A mi derecha había una gran y enorme NADA, y como contra la NADA no puedes chocar, me preocupé de ver dónde iba a parar el culo de mi adorada Olivita.

Y todo fue bien hasta que empecé a notar una ligera resistencia y un insistente pitido de coche que, francamente, no sé de dónde venía porque atrás no había nadie.

Pues venía de un coche gris que se había materializado a mi derecha y que contenía dentro un chico enfadado y su novia.

Total, que metí el coche otra vez y yo, luciendo una tremendísima seguridad en mí misma que servía para que nadie se diera cuenta de que me había asustado mucho y estaba bastante nerviosa, saqué de la guantera los papeles del seguro (que por cierto, me dí cuenta de que no tenía muy claro ni qué compañía tenemos, nervios aparte). Oculté bastante satisfactoriamente toda mi ignorancia: no tengo ni repajolera idea de qué hay que hacer en estos casos.

El chico señaló un enorme arañazo en la puerta de su coche mientras trasteaba con sus papeles del seguro y pedía un bolígrafo. Mientras, yo intentaba ocultar el temblor de manos que tenía, y qué mejor forma (y sobre todo coherente en la situación) que repasar con los dedos el arañazo.

Un momento.

Ahí había una raya que no era mía. De hecho, NO ERA una raya. Ummmmm... Empecé a rascar con la uña y la raya sospechosa resultó ser el filo de un plástico que cubría la zona dañada. Antes de que el chico me detuviera, tiré del plástico... Et Voilà!

Raya desaparecida.

Bueno, mermada: en la carrocería quedaban cuatro milímetros escasos de raya real, cierta y verdadera. Miré al chico y le dije que si pensaba dar parte para semejante chorrada (usando una expresión más educada, se entiende). Claro, dijo que no. Me disculpé de nuevo, le dí la mano, él dijo que qué mala pata y cada uno a su casa.

En cuestión de roces, ya he gastado toda mi buena suerte en una sola tarde. Tengo clarísimo que la próxima vez, seguro que la lío parda, no habrá plástico salvador. El Universo me ha dado un toque para que me espabile y al menos me aprenda qué seguro tenemos...

27 abril 2009

Post Desahogo

Llego a trabajar. De Lunes. Enciendo el ordenador. Descargo el correo. 178 mensajes este fin de semana, bastante bien. Se me bloquea el ordenador. Reinicio.

Abro un correo al azar. Intento leer un documento Word adjunto. Se me queda la pantalla en blanco. Reinicio.

Dejo en paz el correo. Abro un archivo Excell. Formulo una celda y arrastro la fórmula hacia abajo. El puntero se me convierte en un reloj de arena. Me canso de esperar a los diez minutos. Reinicio.

Vuelvo al correo. Leo uno que precisa respuesta. Pincho para responder a todos. Se abre el editor y cuando ya he terminado de escribir un magnífico correo, se me vuelve a colgar el ordenador. Reinicio.

Sólo hace tres cuartos de hora que entré a trabajar.

Abro otro ordenador libre que está peor que el mío y mando un correo para que me lo arreglen. Se llevan el disco duro, así que me quedo sin ordenador, sin correo, sin mir archivos del disco duro, sin compartida y sin nada.

Me dedico a grapar cosas.

Luego a ordenarlas.

O sea, a hacer una gran y enorme NADA en todo el día.

Que vale que no tenía muchas ganas de trabajar, pero esto ya es pasarse...

Así que en mi desesperación voy a ver si el chico ha podido arreglar mi ordenador, pero como tengo ahí gigas y gigas de cosas, pues a ver, tarda un rato. Lo entiendo. Me vuelvo a mi despacho y hago las pocas cosillas que puedo en otro ordenador que va fatal y con mi correo web.

Y un minuto antes de que acabe mi jornada laboral, veo un correo de mi jefe que entre otras cosas dice: "...pues tendréis que trabajar con más antelación..."

Tócate los huitis con la punta de la nariz.

Ni me digno a contestar. Si me dice algo, le recordaré sutilmente que no trabajo (ni con ni sin antelación) porque NO TENGO ORDENADOR. Y punto. Que hoy ya estoy un pelín hartita, y me voy a casa. Ea.

Pfffffffffffffffffff...

26 abril 2009

MeMe (III)

El otro día Sandra me endiñó pasó un MeMe de estos personales de preguntas y tal, con la particularidad de que cada uno de las víctimas personas que lo hagan aporten una pregunta más (por lo que agradezco que cuando llegara a mí no fuera infinito).

¿Un buen lugar para relajarse?
Pues depende el día, a veces me vale el sofá de mi casa y otras veces necesito estar en la orilla del mar en una playa desierta al anochecer. Pero de todas formas, mi comodín es una buena ducha caliente y me sirve bastante bien.

¿Te echas la siesta?
Normalmente no puedo. Sólo tengo las tardes libres los Viernes, algunos, y en ese caso, si la semana ha sido agotadora, me duermo un ratito, sí. Los fines de semana también cae alguna siestecilla.

¿Quién ha sido la última persona a la que has abrazado?
A mi niño, claro.

¿Tu plato preferido para la cena?
Creo que pizza: rápida y rica. Pero claro, eso no puede ser todos los días. O tostadas de pan con cosas: jamón, paté, queso... Ummmmmm...

¿La última cosa que te has comprado?
Jo, últimamente estoy de un aburrido con eso... Lo último-último fue un brazalete de piedrecitas rosas para combinarlo con una camiseta.

¿Qué escuchas ahora mismo?
Broken String, de James Morrison con ¿Nelly Furtado?

¿Tu estación del año preferida?
El Otoño, que por fin se ha ido el calor y seguramente tenga vacaciones...

¿Qué tienes en tu armario del baño?
Entre otras cosas, un mini-stand completo de Clinique, jejeje...

Dí algo de la persona que te pasó este meme.
Es la astillera más chispeante y vital de la BlogoSfera.

Si pudieras tener una casa totalmente amueblada gratis en cualquier parte del mundo, ¿dónde te gustaría que estuviera?
Ummmm... Pues no sé. Creo que cerca de un acantilado, para que cuando me asomara viera unas vistas preciosas...

¿Lugar favorito de vacaciones?
Afortunadamente no tengo un lugar favorito de vacaciones, de tenerlo creo que me sentiría un poco estancada.

¿Cómo tomas el café?
No lo tomo. No me gusta.

¿De qué te gustaría librarte?
De unos cuantos kilos. ;) De la hipoteca. De las canas. De los engaños.

¿Qué querías ser de pequeña?
Feliz.

¿Qué echas de menos?
Un montón de cosas, la verdad.

¿Qué estás leyendo ahora mismo?
A la izquierda puede verse, jejeje... Actualmente estoy leyendo mi regalo del Día del Libro: Los Hombres Que No Amaban A Las Mujeres.

¿Cuál es tu marca preferida de vaqueros?
No tengo una marca favorita. Para eso no soy quisquillosa, ahora, pregúntame por otra cosa y lo seré, jejeje...

¿Qué pieza de diseñador de ropa te gustaría tener (nueva o vintage)?
Pues no lo sé, pero seguramente un vestido impresionante negro, de diseño sencillo pero que me haga sentir sexy.

¿Vivirías tu vida de otra manera a como la vives ahora?
Podría ser, sólo para saber qué se siente, pero me gusta cómo es mi vida ahora, con lo bueno y también lo malo (no se puede tener todo).

¿Volverías a crear el blog?
Seguramente sí.

La pregunta de Nameji es: NO podrías vivir sin...
Realmente, cuando piensas que no puedes vivir sin algo, y lo pierdes, descubres que sí es posible seguir adelante porque no tienes otra opción.

La pregunta de María es: ¿Con que celebridad te identificas?
Con nadie, la verdad.

La pregunta de Adegea es: Físicamente, ¿quién es tu hombre ideal?
Ummmmmmmmmmm... Hay unos cuantos que se adaptan a mi idea de hombre ideal, ¡y son diferentes entre ellos!

La pregunta de Xocolat es: ¿Qué prenda (ropa, calzado o complemento) tienes en casa que tenga mucho valor sentimental para ti y explica por qué?
Realmente no tengo ninguna prenda que tenga un valor sentimental.

La pregunta de Madame de Chevreuse es: Tres cosas de las que te sientas orgullosa...
Pues no sé. Tendría que pensármelo mucho y he de acabar este MeMe.

La pregunta de Maba es: ¿Cambiarías algo de ti misma?
Por supuesto, ¿quién no lo haría? Aunque con el tiempo descubro que la larga lista se va acortando...

La pregunta de Sandra es: ¿Un sueño?
Me gustaría ser capaz de no hacer daño a las personas que quiero.

Y mi propia pregunta es: ¿Qué hobby te gustaría tener?

Seré buena y no nominaré a nadie, dejo el MeMe libre como el viento para que lo recoja quien quiera... ¿A que soy una chica estupenda?

25 abril 2009

Un dilema más...

La verdad es que es una tontería, lo reconozco, pero el otro día me asaltó la Duda del Año: ¿cartera grande o cartera monedero?

Yo siempre he sido de cartera monedero, de tamaño más reducido y por tanto más cómoda. Para llevar encima dinero, el carnet de identidad, el de conducir, la tarjeta sanitaria, la de débito de mi cuenta principal, y alguna cosilla más. Pequeña y práctica, cabe en cualquier bolso y siempre llevo a mano lo más necesario.

Aparte de eso, como yo soy una obsesiva de las tarjetas, en un tarjetero aparte tengo toooooooodos mis plásticos menos importantes. Como tarjetas de fidelización / socia, de ésas tengo unas cuantas: Club VIPs, FNAC, Alsa Plus, OCU... por mencionar unas pocas. Además, tengo varias tarjetitas más, como por ejemplo la de El Corte Inglés (so dangerous), mi tarjeta-carnet de estudiante, y varias tarjetas de débito de mis otras cuentas (las de emergencia). Todas, ordenaditas, en un tarjetero negro la mar de aburrido.

Porque, ¿para qué quiero ir cargando con tarjetas que sé con una seguridad del 99% que no voy a utilizar? Si planeo salir o algo pues ya me cojo el tarjetero o saco las que me vayan a hacer falta y las pongo en el pequeño que aún tengo espacio...

Peeeeeeeeeeero... El otro día me fijé con preocupación que todas mis amigas tiene una enorme cartera donde meten todas sus cosillas... Y claro, culo veo, culo quiero.

Pero vamos a ver... ¡Si es un rollo! Vas con un montón de cosas que casi seguro que no te hace falta la mayoría del tiempo, y encima es muy grande y te ocupa la mitad del bolso (si llega a caber). Por otro lado, la verdad es que es tremendamente chic y te hace preguntarte qué cosas kikiricosas tendrá la cartera de marras ahí dentro.

Así que ahora estoy en un dilema: ¿cartera grande o cartera monedero? Evidentemente: NECESITO COLABORACIÓN Y OPINIONES.

Y es más, comienzo un MeMe: ¿ME ENSEÑÁIS VUESTRAS CARTERAS? Aquí está la mía...



24 abril 2009

¿Y yo, qué leo? (XX)

Ya he terminado de leer este libro, LA REINA DE LA CASA, por Sophie Kinsella, el último de esta autora en edición de bolsillo de la Editorial Salamandra.

Lo que nos dice la contraportada es lo siguiente...
Emprendedora y eficiente abogada de la City londinense, Samantha no sólo adora su trabajo sino que vive para él. Adicta al estrés y la presión extrema, ha llegado hasta el punto de enviar y recibir e-mails durante las sesiones de relajamiento con su terapeuta. La adrenalina es su combustible y convertirse en socia de un prestigioso bufete su objetivo declarado.

Y cuando está a punto de conseguirlo surge la catástrofe en forma de un error garrafal que cae sobre ella como un meteorito. ¿Qué hacer? Pues huir, huir lo antes y lo más lejos posible, y tan lejos que en su ofuscación acaba ocupando el puesto de ama de llaves en una aristocrática mansión.

¿Cómo puede haberle ocurrido? Mientras Samantha dilucida el enigma, su encuentro con el hombre soñado en forma de jardinero cachas le abrirá nuevas perspectivas, hasta el punto de plantearse un cambio radical en su vida.
En definitiva: un rollo.

La historia pretende emular los otros éxitos de la autora (sobre todo la serie de Loca Por Las Compras), pero sin conseguirlo ni por aproximación. Esta nueva historia es alocada, poco realista, abrupta, con hechos metidos con calzador... Sólo calificable de descabellada. Lo único que la podría salvar es un poco de humor, y ni eso. Por lo menos a mí sólo me han hecho gracia dos o tres cosas de un libro de 316 páginas; una media malísima.

En otras ocasiones es verdad que comento algo de la trama, pero en este caso no me voy ni a molestar porque no puedo salvar nada, no ha habido ni una sóla situación con la que me hubiera podido identificar o sacar algo constructivo.

A mi entender, no merece la pena.

23 abril 2009

23 de Abril

Hoy es el Día de Sant Jordi.

¡Felicidades, Jorges y Jordis!

Hoy es el Día del Libro.

¡Felicidades, libros!

Por lo demás, un Jueves normal y corriente. Con los mismos ingredientes de siempre. Levantarme, trabajar, ir a casa a comer y encontrarme con mi chico preparando la comida...

Me abalanzo sobre él para darle un megaabrazo y sus koskas, esas que hace que salga huyendo de mí porque le hago "demasiadas cosquillas". Con un juego de cadera digno de un futbolista de primera división se escabulle y corre hacia el salón. Le sigo como un perro tras su frisbee. Le doy alcance, claro. ¡A mí se me va a escapar! Lo abrazo y le hago koskas para hacerle rabiar. Intenta zafarse de mí otra vez. Me pego como una lapa. Totalmente soba, lo sé.

- ¡¿Pero QUIERES mirar la mesa?!

Le pongo carita de perrillo triste (se me da genial) y miro a la mesa, esperando ver... No sé. ¿Los platos? ¿La comida? ¿Tanta hambre tiene? Jo.

Pero no es eso.

Soy una bocazas de pensamiento.

Oooooooooooh...

Luego me abalanzo a ver qué libro (eso es obvio, claro) es. Y entonces veo que ha acertado de pleno one more time.

Así que aparco las chick-lit un poco hasta que me termine este nuevo fichaje, que tengo que acabarlo para luego ver la película, claro. Después de la apasionante recomendación de un amigo, igual me lo termino en dos días, jejeje... Soy una devoralibros cuando me enganchan de verdad.

Espero que hayáis celebrado el día poniendo un ejemplar nuevo en vuestras estanterías. ¿A que emociona tener entre manos una nueva historia, nuevos personajes, nuevas tramas...?

22 abril 2009

No Soporto...

Llego tarde, lo sé, de esto ya se ha hablado largo y tendido, se ha opinado, criticado, abiertos grupos en FaceBook, blogs al respecto, y yo voy un pelín atrasada, jos... Pero no por ello me quedo sin expresar mi indignación sobre el tema.

Me gustaba El Hormiguero.

Y digo bien, ME GUSTABA. En pasado. Solíamos verlo mientras cenábamos, sin prestarle mucha atención, la verdad. Nos reíamos de algún chiste malo, alguna gracieta a los invitados, estaban bien algunas paridas que se decían. No es que fuera un programa brillante, ni de lejos, pero al menos me resultaba entretenido (lo cual de por sí es un logro en la televisión actual).

Pero no sé si es por sobredosis o que cada día de verdad es más insufrible, pero creo que lo estoy aborreciendo. Pablo Motos me resulta cada vez más egocéntrico, y sólo se hace gracia a sí mismo. Sólo hay que ver la cara que tiene en las fotos de la página web del programa... Los invitados que supuestamente van "a divertirse", a no ser que le pongan ganas (MUCHAS), pasan un mal rato de risas forzadas que se les nota en la cara. ¿Qué pensarán los invitados que vienen a España y les llevan allí, Oh-My-God?

No soporto al tal Jandro, ¿de verdad se cree gracioso? ¡Aún no he encontrado ni una sola de sus chorradas digna de una sonrisa que no sea de vergüenza ajena! Y Flipy... Ohhhhhhhh... No puedo con él. Y más cuando me acuerdo que el tal Enrique Pérez Vergara (su nombre real), es, entre otras cosas, productor (o sea: debe tener pasta para parar un tren), y ha salido en varios spots ya, que yo recuerde uno de Kinder Bueno (haciendo de ¿sex-simbol?) y por lo visto algún otro según leo por ahí. Me cansa Marron, he de reconocer que al principio su sección me gustaba, pero al final, es toooooooodos los días lo mismo y tengo un límite que ya pasó. Toño, con su "humor negro" (¿humor?) me pone mala, no puedo con él...

Al final, lo único que salvo el la sección de revistas, porque hay cada cosa... Con eso sí me río, tengo que reconocerlo. Los chicos se lo curran.

Creo que el desencadenante de mi cabreo fue la ¿entrevista? a Jorge García que le hicieron el Lunes. ¿Insinuaciones de que a un invitado le huele el aliento? No daba crédito a mis oídos. Ví la de Hugh Jackman (evidentemente), pero ese hombre es tan encantador, aparte de tremenda e increíblemente guapo, que salvó el programa, peeeeeeeeeeero... no siempre puede ser así. Y no lo es, un día tras otro. Este programa ya no tiene salvación.

...y yo me estoy volviendo una cascarrabias. Ups.

21 abril 2009

Ropa de Pochis

Cuando me pongo pochis (un resfriado, un dolor de tripa, un pie espachurrado, o simplemente la regla), hago algo de forma mecánica y prácticamente inconsciente: me pongo un chándal de mi chico.

No sé por qué lo hago, pero lo que sí sé es que me reconforta mucho vestir su chándal. Me siento cómoda y absurdamente protegida. Me encanta sentir sus prendas en mi cuerpo. Me gusta esa sensación.

Ya hemos determinado que su ropa de deporte, si la llevo yo, es ropa de pochis, y que si cuando él llega a casa me ve con ella vestida es que estoy pachuchilla. Es un indicador incluso más fiable que mi cara.

Así que estos días sobre mi pijama llevo su chaqueta del chándal.

A ver si así me siento un poquito mejor...

20 abril 2009

Estoy fatal...

Me he tirado todo el fin de semana en pijama. En la cama. Tosiendo. Con dolor de cabeza y de pecho. Sudando. Con fiebre. Tomando pastillas cada ocho horas. Una piltrafilla.

He perdido dos días y estoy a punto de perder un tercero. Esta mañana, después de una noche de perros, me he levantado pronto para llevar a mi chico al tren, que tiene una reunión en Madrid. Todas la células de mi cuerpo me pedían meterse en la cama otra vez en lugar de estar en una estación de tren pasando frío, pero el amor es el amor, qué se le va a hacer. Cuando he vuelto a casa, me ha costado ayuda no hacerles caso porque además la cama me llamaba a gritos, pero como una campeona he hecho tiempo antes de ir a trabajar...

No estoy loca: pedí cita en el médico para esta mañana, y mientras iré a hacer acto de presencia en el trabajo también para dar un poco de lástima. No sé si le pediré al médico una baja o qué (teniendo en cuenta la suerte que tengo yo con los médicos no las tengo yo todas conmigo), pero lo que está claro es que yo no aguanto en este estado hasta las seis de la tarde como mínimo en el trabajo.

Ay...

17 abril 2009

Dilema Maletil

Me pasé casi toda la tarde-noche de aquel Miércoles decidiendo qué narices meter en la maleta.

Aunque no era una maleta como tal, sino una bolsa que uso para mis desplazamientos de fin de semana. Al fin y al cabo, a Cádiz íbamos sólo tres días, casi un fin de semana.

Como dije, todo se complicó desde el www.inm.es, que lo llevaba consultando tres días y cada vez daba un tiempo distinto. Resolví que a las 20:17 sería la ULTIMÍSIMA vez que lo mirara. Y resulta que daba sol, nublado y lluvia en los tres días que íbamos a estar. Vamos, faltaba un huracán y una sequía en el clima de la zona...
Así que cuando en una maleta ya de por sí no muy amplia metes una toalla (porque a saber el estado de las toallas del sitio, y tuve razón), ropa interior, pijama estándar y bolsa de aseo en formato reducido, no te queda mucho margen de maniobra. Por tanto, no podría meter ni una cuarta parte de la ropa que había desperdigado sobre la cama, pensando en todas las situaciones posibles que se puedan dar en 72 horas.

Preferí tantear el terreno y llamé a mi amiga. Así, de pasada, como quien no quiere la cosa, le pregunté la capacidad en metros cúbicos o litros del maletero del coche que íbamos a llevar, y me dijo que POCOS. Ocupados también con su maleta, la del dueño del coche (claro), un equipo de música de por si acaso, además de que luego tendríamos que llevar la comida a la casa... Como si me adivinara el pensamiento, me dijo que mi amigo -el dueño del coche- NO pensaba ir desbordado y que bajo amenaza, debíamos tener cabecita.

Y la tuve, claro, sin más remedio, so pena de que me dejara en tierra. Así que descarté unos veinte modelitos y llené mi bolsa de viaje con prendas que cubrían todas las posibilidades meteorológicas, pero sin posibilidad de elegir prendas. Años de Tetris me valieron para meter bastantes cosas sin desperdiciar ni un poquito de espacio.

Por eso, a la mañana siguiente, estaba henchida de orgullo por mi proeza: no había llenado un maletón, había sido tremendamente prudente y comedida, adecuada a las circunstancias. Una chica que aprovechaba el tiempo y el espacio con eficiencia. Una chica Cosmopolitan total (y Vogue, Telva, InStyle, Woman y Glamour).

Cuando saqué de mi maletero mi equipaje para pasarlo al coche del chico (insisto: henchida de satisfacción), mi amiga soltó un grito un grito espeluznante:

- ¿No será ESA TU MALETA?

Miré mi maleta, confundida. Imposible, y digo: IM-PO-SI-BLE llevar menos cosas. Vale que mi talla es mayor a la suya, pero no es para tanto... Así me acerqué al maletero del chico para ver si es que en lugar de maleta había llevado algún artilugio comprimidor de prendas o algo.

Pero no. Llevaba una maleta que cuatriplica la mía en tamaño. Su Samsonite rígida que podría albergar tranquilamente una familia de inmigrantes chinos.

- ¿¿¿Pero no me habíais dicho que llevara lo mínimo???

- Y lo llevo. Pero, ¿y si llueve? ¿Y si hace bueno? ¿Y si vamos a la playa? ¿Y si salimos de excursión por unas marismas? ¿Y si alquilamos unas bicicletas? ¿Y si me mancho? ¿Y si vamos a algún sitio pijo? ¿Y si...?

- ¿Y si te estrangulo?

MORALEJA: JAMÁS-NUNCA-EN-LA-VIDA hagáis caso a nadie a la hora de hacer una maleta, meted lo que os venga en gana sin importar el tamaño que ya habrá apaño para llevarla donde sea, aunque sea atándola al techo de un coche o alquilando un burro. Ea.

16 abril 2009

Stay!

La decisión está tomada: no nos movemos.

Lo cierto es que no le dediqué demasiados esfuerzos a analizarlo todo, porque sólo fui capaz de encontrar un par de pros y numerosos contras.

La parte positiva era meramente económica y profesional: aumentar bastante mis ingresos mensuales (a la par que reducir gastos) a costa de estar en la otra punta del mundo y la posibilidad no escrita de otro ascenso a la vuelta. Que no está nada mal. Porque eso de la realización personal no existe: si fuera a otro país -sobre todo europeo- la cosa cambiaría, pero no es el caso. Lo único que me queda es la satisfacción de que han pensado en mí, cuentan conmigo, me ven preparada y una serie de blablablás que sí, me hinchan el ego un ratito pero poco más.

Eso, junto con el apoyo incondicional de mi chico, me habría bastando para coger el canasto y las chufas.

Peeeeeeeeeero... Es un año COMO MÍNIMO (y un año es muy largo). Además, la zona geográfica no es nada atractiva.

Luego pensé que estaría 365 días (como mínimo, insisto) alejada de mi madre, a la que adoro. Sin ver a mi abuelilla. Sin sus comidas caseras especialmente preparadas. Sin las partidas de parchís. Sin ver a los padres de mi chico ni al resto de nuestras familias. Ni a nuestros amigos.

Y no es sólo no verles, es pensar que nos separa una vasta extensión de agua llamada oceano. Que serían 15 horas de avión, más unas cuantas hasta casa: en total, un día completo (con jet-lag incluido) hasta llegar a casa hechos sendas piltrafillas.

Además, echaría de menos mi ritmo de vida. La calidad de vida que tenemos aquí no la tendríamos allí. Sería totalmente diferente. Me he informado y allí las cosas son muy distintas. Llamadme materialista, sí. Lo admito. Pero no me imagino estar un año (como mínimo, es que no pierdo de vista que podría ser más) alejadísima de la posibilidad de ir a un Corte Inglés, o a un StarBucks, o a una FNAC, o a mis tiendas preferidas... O ver una película de estreno... O ir a cenar a uno de nuestros restaurantes... O organizar una escapada con la Olivita... O pasear por mis rincones favoritos... Pequeños detalles que a mí me valen un mundo en mi día a día.

Es posible que encontrara otros restaurantes favoritos, otras tiendas favoritas, otros rincones favoritos... Pero sinceramente, no tengo ilusión por cambiarlos. Será que me estoy haciendo vieja.

Tampoco me haría gracia estar rodeada siempre de unas medidas de seguridad cuando menos, inquietantes: el hecho de que haya policía armada por las calles no te deja más tranquila, sino que te recuerda constantemente en qué país te encuentras y qué puede pasar en cualquier momento.

Por no hablar de la carga de trabajo, que ya bastante tengo como para aumentarla...

En fin, que con tantos contras, los escasos motivos para decir que sí apenas podían combatir la sensación de que no debíamos marcharnos, y por eso la decisión la tomamos con firmeza y tranquilidad. No creo que nos arrepintamos de quedarnos. Lo cierto es que ahora mismo me gusta mi vida y no la vamos a cambiar para irnos a la otra punta del mundo.

15 abril 2009

MeMe (II)

Más vale tarde que nunca. Yo esto de los memes los olvido bastante pronto... ¡Hasta que luego me despierto una noche de madrugada sobresaltada porque no los he contestado!

Bueno, no es así, soy muy exagerada...

El caso es que desde entonces tenía medio MeMe colgado y ya no podía ser.

Esta otra parte que tengo pendiente consiste en contar siete cosas inéditas de uno mismo. Teniendo un blog, la verdad es que pocas cosas no se saben (y si ya se han contestado varios memes, pues entonces las posibilidades se reducen bastante). Pero aún así, rebuscando dentro de mí misma, puedo sacar varias cosillas...

No tolero que nadie (excepto mi madre) me toque la ropa. Todo el proceso de lavado, tendido, recogido, planchado y guardado tiene que pasar exclusivamente por mis manos. Me da mucha rabia que alguien me toque la ropa... ¡No lo soporto! Y esa manía tan peculiar que me hace parecer un bicho raro tiene una explicación... que será contada en otra ocasión.

El regalo que más ilusión me hizo de pequeña fue un cómic. Era un tomo de diez capítulos del manga Candy-Candy. Creo que no he tenido nunca más cuidado con nada que con ese cómic. Se trataba de un tomo de Bruguera (de 1985, me parece), y era el segundo volumen. La historia que me sabía viñeta a viñeta no tenía un principio y se quedaba incompleta, pero me daba igual. Ahora de mayor estoy intentando encontrar los otros dos tomos, ya me falta uno.

Una de las cosas que más placer me dan son las caricias en el pelo. Me encantan, y nunca me canso de recibirlas. Me gusta que me tiren ligeramente del pelo si lo llevo recogido. Me vuelve loca que me hagan masajes capilares, o que simplemente me besen el pelo. Me recorre un escalofrío si alguien lo huele. Es uno de mis puntos débiles.

Odio que alguien me fotografíe o me grabe en vídeo. Siempre que puedo lo evito. Me supone un suplicio tener que hacerme alguna foto (para un carnet o algo así). Nunca me pongo delante de una cámara porque no me siento cómoda. Las fotos que me hice de estudio, ¡no sé ni cómo me dió la vena!

Tengo en general bastante paciencia con la gente, pero cuando ya le he dado unas cuantas oportunidades a una persona y sigue decepcionándome vez tras vez, soy bastante radical y suelo cortar el contacto en la medida de lo posible, y me suele costar muchísimo volver a confiar en esa persona.

A veces, lloro con algunas canciones. Me meto tan en la letra, que las siento dentro, mías, mi vida, mis experiencias, mis sentimientos, y antes de que me dé cuenta, las lágrimas me ruedan por las mejillas. Y luego me siento mucho mejor.

A pesar de que sé que en un momento dado puedo ser una chica Cosmopolitan, autosuficiente en muchísimos aspectos (menos en hacer una cena para diecisite, por ejemplo), la verdad es que a veces no me disgusta "depender" de alguien que realmente quiera ayudarme. Escrito así suena un poco raro... Quiero decir que me gusta saber que soy independiente, pero a veces no me parece mal "depender"; no me explico, lo sé, pero yo me entiendo...

Obviamente, no tiene caso pasar este semiMeMe, pero si alguien está interesado en contarnos siete secretillos, me parecerá perfecto.

14 abril 2009

DollHouse

Como parece que hoy es el Día Internacional de Hablar de Ello...

A través de algún blog de los que sigo (no me acuerdo dónde lo ví, palabra) me enteré hace ya tiempo del estreno de una nueva serie. Últimamente me faltaba material, he ido picoteando series pero entre las que no me llaman y las que me llaman que se cancelan y se quedan a medias, al final estaba un poco aburrida y buscaba algo nuevo.

Esta nueva serie se llama DOLLHOUSE. Como nos cuentan en www.pizquita.com, esta serie es la historia de un programa de alto secreto donde hombres y mujeres son programados para cumplir misiones específicas. Estas últimas pueden ser de orden romántico o físico pero también introducirles en la ilegalidad. Para que cumplan bien sus diferentes contratos, les programan cada vez con una nueva personalidad, capacidades y memoria diferentes. Después de cada misión, sus memorias son borradas y regresan al laboratorio secreto que se llama DollHouse. En este universo extraño, Eco, una joven doll, ve que su memoria se rehace poco a poco...

También, claro, tenemos a un agente del FBI que procura perforar el misterio del proyecto DollHouse y que esta un poco obsesionado con Eco (el guapo de toda serie, vamos). Más secundarios son Sierra y Victor, otros dolls. La doctora Claire Saunders, que supervisa todo el proyecto que le ha valido una cara deformada. Topher Brink, un joven genio de la programación encargado de manipular la memoria de los dolls. DeWitt, la que está a cargo de todo el cotarro. Boyd Langton, que es el guardaespaldas de Eco, que tiene como misión que el encargo de su doll salga bien y la organización no salga perjudicada.

Al principio pensaba que iba a ser una serie un tanto insulsa, pero dado que había generado expectación en expertos en la materia a los que sigo, decidí darle una oportunidad y ahora soy una fan oficial. No está al nivel de LOST, que eso ya es lo más, pero está bastante bien.

Lo que me gusta de la serie no es la trama principal, futurista pero no sé por qué, me resulta poco original. Es por el hecho de que a medida que avanza la trama, inconscientemente vas clasificando a los personajes en el bando de los buenos o de los malos, y cuando estás cómodamente situada, resulta que pasa algo que te descoloca totalmente y tienes que volver a plantear tu teoría. También me resulta atractiva que la trama principal tenga más peso que las "misiones" individuales de cada episodio, que es algo totalmente secundario.

Espero que no la cancelen porque realmente creo que merece la pena, aunque por lo visto está siendo un poco maltratada por los programadores puesto que la emiten los Viernes, uno de los días más difíciles para la audiencia al otro lado del charco. Realmente me gustaría que al menos acabara la temporada. ¿Alguien la apunta?

12 abril 2009

Escapada a Cádiz

Tooooooodo el día de hoy me lo he pasado vegetando. O en la cama o en el sofá. Recuperándome, porque en tres días he dormido sólo la mitad de lo que suelo hacer cada día.

El Jueves llegamos a la casa, que resultó ser exactamente como en las fotos, con dos puntualizaciones: el caminito que se ve al lado de la piscina se ha perdido entre la hierba y el cuadro de encima de la chimenea es más espeluznante en vivo y en directo. La casa a simple vista está bien, hasta que una obsesiva como yo empieza a fijarse un poco más en los detalles y se da cuenta de que podría estar mucho mejor... Pensamiento que me dura mientras no me acuerdo de que el fin de esa casa es ser alquilada por un grupo de como mínimo diez personas que quieren estar in the middle of the nowhere para poder desmadrarse bien a gusto sin más pretensiones; yo tampoco me molestaría en tenerla mejor.

Porque sí, la casa está exactamente allí: in the middle of the nowhere. No había nada alrededor salvo otras casas semejantes y tres bares. Para llegar allí pasamos el pueblo, luego un polígono industrial, luego un residencial, luego una marisma, luego otro polígono industrial, luego unos chalets aislados, luego otro trozo de campo, luego un grupo de ventas, luego una rotonda, luego un polígono industrial más, y creo que ya. No fue nada fácil encontrarla, y me empecé a desesperar un poco cuando después de dar unas cuantas vueltas paramos y llamamos al dueño para confirmar la dirección, bajo el sol abrasador de las tres de la tarde que nos pedía a gritos algo fresquito...

El sol abrasador sólo lo fue ese rato y creo que me lo pareció porque ya estaba un poco harta de viaje. En general tuvimos buen tiempo durante toda la estancia. Nos hizo sol, aunque alguna que otra nube también vimos, pero no hacía excesivo calor. Tampoco tuvimos la humedad que se espera si estás cerca de la playa, así que la verdad es que no me puedo quejar...

Por cierto: cuando nos fuimos descubrimos que la casa está cerquísima de la autovía, no sé qué hicimos pero el caso es que no salimos por "ESA" salida de la autovía...

Al llegar (por fin) a la casa hicimos recuento de personas para ver si no nos habíamos dejado a alguien en el camino, pero estábamos los doce...

...y comida para veintisiete durante cuatro días, y alcohol para abastecer a un regimiento durante un mes. Puede parecer que exagero, pero no lo hago ni un poquito. Y fue estupendo. Como volver atrás en el tiempo y recordar cuando vivíamos (casi) todos en la misma urbanización, y estudiábamos juntos, y salíamos de fiesta, y nos gastábamos bromas, y no pensábamos que ninguno de nosotros se iba a casar algún día y tendríamos que montar una despedida.

Siguen siendo los mismos. Y disfruté de ellos mientras comíamos una rica barbacoa al lado de la piscina, con el sol cálido sobre nuestras cabezas (aunque protegidas por las ramas de un árbol, claro, no era cuestión de pillar una insolación). Me reí mientras recordábamos anécdotas, y pensé que dentro de poco también compartiríamos esta.

Pero también salimos, faltaba más, para cubrir el expediente al menos. Estuvimos en Cádiz toda una tarde, paseando por el casco histórico e intentando esquivar procesiones, lo que fue bastante complicado, claro. Acabamos en el paseo marítimo, disfrutando del sol y la brisa salada. Cuando ví el reflejo del agua en el mar entendí por qué la llaman La Tacita de Plata. Bueno, entendí más lo de de plata, el tema de la tacita no lo tengo muy claro, para qué mentir...

Me gustó mucho La Puerta de la Tierra, y bueno, la catedral también está bien (para ser una catedral, claro). En eso mis amigos son como yo: la visita al templo duró creo que dos minutos, sólo para poder decir que estuvimos allí (just like me). Cuando tuvimos los pies llenos de cultura, volvimos a la playa, a La Caleta, donde la arena era fina y daban ganas de tumbarse allí hasta que anocheciera. Había oído que las playas de Cádiz merecen la pena precisamente por la arena, que se filtra entre los dedos de los pies al caminar descalzo sin miedo a clavarte alguna piedra. La vista de la ciudad a la orilla del Mediterráneo era simplemente fantástica...

En fin, la visita a la ciudad fue bastante estándar, pero qué se puede pedir teniendo en cuenta que fue sólo una tarde y que éramos un grupo de doce personas bastante heterogéneo... Para muestras, lo que apuntó el camarero (que flipó el pobre hombre) cuando nos sentamos a tomar algo cerca de la catedral: cervezas, tortillitas de camarones, un pulpo a la gallega (que ofendió al gallego de nuestro grupo), helados, chocolate caliente, Brugal con Coca-Cola, una tostada de roquefort, café con leche.

El resto del tiempo lo pasamos en la casa, pasándolo muy bien, bailando, tirando a la novia a la piscina, preparando piscolabis, haciendo turnos para la ducha, cantando, organizando la próxima boda, hablando de nuestras vidas, contándonos chistes, haciéndonos fotos, poniéndonos al día, y prometiéndonos que todos haremos más esfuerzos para juntarnos más a menudo y pasarlo también como esta Semana Santa, sin necesitar un evento o una excusa. Sólo porque sí. Por seguir siendo NOSOTROS.

11 abril 2009

www.obni.es

El otro día, tonteando por FaceBook, vi un banner publicitario de una página web de cosas cucas.

Me lancé de cabeza, por supuesto.

La página es www.obni.es (Objetos Bonitos No Identificados), y venden chominás de las que me gustan a mí.

Por ejemplo, venden unas pegatinas para ponerlas en casa, en plan organización (he visto unas para señalar un cajón que tenga calcetines, camisetas... cosas así), o simplemente pegatinas para decorar la agenda (¡me las he comprado!). También venden agendas, post-it molones (en esta categoría tienen un poquito de escasez), fundas para el pasaporte, unos tarjeteros que me han encantado...

La web es para echarle un vistazo si te gustan esas cosillas. A mí sí. Otra gente pensará que es una pérdida de tiempo (y de dinero también, claro), pero a mí me ha encantado la página y me he pasado un buen rato mirando los productos que tienen.

Especialmente me han gustado las pegatinas wall-decò (para acabar de decorar el piso, pero no lo veo yo muy claro), unas bolsas para organizar la maleta o la bolsa de deporte,

Los precios no están nada mal, pero te la meten doblada en los gastos de envío porque creo que no tienes opción a escoger cómo quieres que te lo manden: lo hacen a través de mensajería y eso sube bastante el precio. Bueno, la verdad es que yo no encontré la forma de modificarlo, por eso digo que creo que no se puede (por ejemplo en La Casa del Libro sí puedes pedir que te lo manden por correo, se tarda más pero los gastos son menores y a veces incluso te los regalan). También en algunos artículos el plazo de entrega es grande, supongo que serán cosillas de importación, porque las pegatinas a mí me llegaron en seguida. Es el único pero que le pongo a esta página, porque por lo demás está bastante currada y las cosas que ofrecen me parece muy monas.

08 abril 2009

Haciendo las maletas...

Aquí estoy, con el síndrome de la página en blanco pero en su versión viajera: el síndrome de la maleta vacía.

No debería ser tan complicado. Es decir: son sólo tres días realmente, mas varias horas de coche, así que tampoco se puede llevar a cuestas medio armario (¿no se puede?). El neceser debería tener un tamaño estándar, no se necesita arrear con todos los potingues milagrosos (¿no se necesita?).

Pero la realidad es que ahora mismo mi cama de dos metros está cubierta de ropa "posible" y mi neceser tiene el tamaño que en principio iba a tener mi bolsa de viaje en sí misma.

La culpa de todo la tienen:
  • El Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino porque llevo varios días visitando la página web del Instituto Nacional de Meteorología para hacerme una idea del tiempo que nos vamos a encontrar, y la predicción cambia cada dos horas. Ha pasado de estar previsto un sol radiente a unos nubarrones negros, la probabilidad de precipitación está entre un 5% y un 65%, la temperatura oscila entre los 15º y los 32º, y ya me he hecho tanto lío que creo que tengo que tener en cuenta desde el clima tropical hasta el siberiano: llevo el bañador y una parka. Ea.

  • La Cosmopolitan porque el último número (o el anterior) estaba dedicado íntegra y exclusivamente a hacer sentir culpables a las mujeres que se van de vacaciones olvidando en casa los tiránicos productos del día a día. ¿Cómo se nos ocurre pensar que podemos estar tres días sin antiojeras, o sérum revitalizante, o peor aún: SIN SECADOR DE PELO? Al final encontré un término medio, y es tirar de todas las muestrecitas gratuitas que me dan cuando compro algún potingue y llevo de todo en dosis pequeñísimas, aunque no he encontrado una versión de secador de pelo del tamaño de un cepillo de dientes.
Así que estoy en un sinvivir... Y pensando en el madrugón de mañana para salir temprano y ya comer allí. Aún no estoy todo lo entusiasmada que debería, pero sí es cierto que estoy más animada que ayer. Además, escribir este post la verdad es que me ha ayudado.

Por cierto, la casa a la que vamos tiene buena pinta. La página web donde la encontramos tiene estas fotos, que en principio hace pensar que la casa es muy molona, luego veremos si nos la han dado con queso... Habrá crónica al respecto, faltaba más. ¡Ah! Y sobra decir que si a alguien le gusta y quisiera alquilarla (si la dejamos en pie, claro), me lo comentáis y os mando los datos de contacto.








07 abril 2009

Buaaaaaaaaaaaa... Once Again!

La verdad es que estoy hecha una KK.

Todo es horrible.

No sólo estoy con la regla, que por fin se dignó a hacer acto de presencia ayer con un retraso considerable para ser ella (ya le vale), lo cual es catastrófico de por sí. Además, me sigue doliendo mi espachurrado piececillo (que actualmente tiene tonalidades verdes, moradas y amarillas): el pobrecito intenta recuperarse, pero todos los días le pasa algo, porque ahora es el receptor universal de golpes. No sé cómo me las apaño, que si tengo que darme un golpe, me cae en el pie lisiado. Es matemático.

Además, me pica la garganta. Todos estos cambios de tiempo (ahora hace un calor sofocante, luego diluvia, luego sale un sol radiante, más tarde graniza), se han instalado en mi garganta en forma de picorcillo que me molesta bastante al tragar. Y como eso es poco, además se me ha hinchado la encía alrededor de mi futura muela del juicio, y no sé si es que es una infección que de la muela se ha bajado a la garganta y no tiene nada que ver con el tiempo, o dos cosas independientes (la muela del juicio dando por saco y una infección gargantil). Sea lo que sea, estoy muy pochis.

Por todo esto, esta mañana me he levantado para ir a trabajar y ha sido imposible. Me dolía tantísimo la regla que apenas me pude duchar, y luego pensar en el día de perros que iba a pasar en la oficina me ha hecho volver directamente a la cama. Como me debían un día me lo he tomado para ver si mejoro algo, ya mañana volveré con las pilas cargadas (espero).

El tema de mi piel no está curado todavía. Está mejor, sí, pero aún sigue ahí mi irritación. Debería ir una quinta vez al médico, pero me da mucha pereza. Al final, si me decido, será para salir con un volante para el especialista porque ya está bien el cachondeo, pero no me apetece montar un follón. Al menos esperaré a no estar con la regla, porque así por lo menos me podré controlar...

Pasado mañana me voy a Cádiz con mis amigos a pasar el puente de Semana Santa. Debería estar entusiasmadísima con el plan: estar cuatro días con mis amigos (a algunos hace casi un año que no les veo), de fiesta, cachondeo, en una casa estupenda con piscina, cerca del mar... Pero la realidad es que no tengo ni pizca de ganas. Ni unas poquitas. Realmente lo que me apetecería es quedarme en mi casa. Aún no tengo ni pensado qué voy a llevarme, cuando a estas alturas, en condiciones normales, mi maleta debería estar casi hecha. Pero con estos ánimos...

A ver si se me contagia la alegría primaveral de una vez por todas, por favor.

06 abril 2009

Más sobre zapatos...

Cuando voy en metro, me vuelvo una obsesa del calzado. Supongo que todo empieza cuando miras al suelo por no mirar a otro lado, a la gente... Aunque si lo piensas, es una tontería. Pero siempre es menos embarazoso mirar al suelo.

Y en el suelo, obviamente, se ven zapatos. Siempre he tenido curiosidad sobre qué se pone la gente (sobre todo el personal femenino) para andorrear todo un día por la capital, calles arriba y abajo, subir escaleras, bajar escaleras, correr para coger el metro, saltar dentro del vagón, fuera del vagón...

Pues de todo, he averiguado. Aparte de que los estilos son muy dispares (me encantan los contrastes que brinda el metro, como el de una neopunk de pelo rosa y blanco junto a una ejecutiva júnior con traje sastre), yo me esperaba más practicidad en detrimento de los tacones. Pues para nada...

Soy una pijis del calzado, lo reconozco. Para mí es muy importante llevar un calzado adecuado, y no me duele invertir en zapatos cómodos (y bonitos). Me niego a comprarme unos zapatos con los que no pueda andar, por divinos y estupendos que sean. O son confortables o los dejo en la tienda. No entiendo cómo hay gente que se puede subir todo un día encima de unos taconazos de aguja, ¿de verdad resulta cómodo andar con ese tipo de calzado? Sinceramente, no me cabe en la cabeza una tortura así.

Así que cuando voy en el metro tomo nota mental de los estilos de la gente, descarto unos u otros según me parezcan cómodos y/o bonitos. Me lo tomo como un gran y enorme escaparate. Que ya tenía una pequeña obsesión lo sabía, pero me pregunto si me estaré volviendo una fetichista de los zapatos...

05 abril 2009

¿Y yo, qué leo? (XIX)

Este libro, LOS PATITOS FEOS TAMBIÉN BESAN, de Jane Green, me lo he leído en poco tiempo. Llegó a mi estantería a través de ese antro de perversión que es la FNAC, y por un error de la cajera me salió gratis...

En la contraportada viene esta introducción a la historia.
Jemima Jones está gorda, muy gorda. Sus delgadas compañeras de piso la tratan como a una criada y su maravillosa, delgadísima y guapísima jefa en el Kilburn Herald, mucho más tonta que ella pero mejor pagada, actúa como si Jemima fuera su sierva. Si a esto le sumas que está loca por su encantador, sexy e inalcanzable colega Ben, la conclusión es que la vida de Jemima necesita un cambio. Cuando conoce a Brad por Internet le llega la oportunidad de reinventarse: será la felina, guapa, gimnasio-adicta y glamourosa JJ. Su Romeo a larga distancia no tarda en pedirle una cita. ¿Qué hará Jemima para superar su adicción a la comida y convertirse en la atractiva modelo de sus correos electrónicos?

Con un argumento que nunca decae y un sorprendente final, esta novela es la crónica de una búsqueda: la de la mujer que Jemima siempre quiso ser; un viaje en el que aprenderá un montón de lecciones sobre la atracción, la adicción, el significado del verdadero amor y, finalmente, sobre quién es ella misma.
Estoy MegaSúperIndignada con esta historia.

Pero vamos por partes.

Lo primero que no me gustó es la forma de narración que tiene. Combina la narración en primera persona de la protagonista (que es la que prefiero en este tipo de literatura) y una especie de narración en off. Lo que ocurre que este último estilo se parece mucho a los narradores en off de las series infantiles, vamos, que no me costaba nada imaginarme al narrador de Pocoyo cuando leía esas partes.

Otra cosa que me ha irritado durante toda la historia es la manía de mencionar a los protagonistas indiscutibles con nombre y apellidos. Jemima Jones y Ben Williams, como si hubiera otra Jemima u otro Ben. Los que sólo se presentaban con nombres de pila ya estaba claro que no iban a tener mayor relevancia... También se nombraba con nombres y apellidos los supuestos "famosillos" que intervinieron en la historia.

Un detalle nimio es que la historia está escrita en 1998 (¡el siglo pasado!), y claro, para entonces era tope cool los chats tipo IRC, de donde surge gran parte de la trama. Me cuesta asimilarlo hoy, en la Era del FaceBook, pero bueno, se lo perdono...

Pero nada de eso es lo que me dejó indignada (y a continuación voy a reventar un poco la historia).

Si empiezas a leer un libro titulado LOS PATITOS FEOS TAMBIÉN BESAN (aunque vale, no es culpa de la autora porque ella lo tituló Jemima J y el traductor en esos momentos quiso hacerse el ocurrente), y el patito feo se supone que es la protagonista y es fea porque está gorda (¿no me digas? ¿sí?), se puede presuponer que al final va a besar a su Príncipe Azul. Pues no. Sólo consigue al chico cuando adelgaza espectacularmente y se tiñe de rubio. Así que la MORALEJA de este libro es: si estás gorda, olvídate de estar con un chico, sólo si eres muy delgada y rubia conseguirás comerte una rosca.

Además, la protagonista adelgaza espectacularmente en poco tiempo. En dos o tres meses pierde más de veinte kilos (eso no lo recuerdo exactamente) comiendo sólo lo básico e imprescindible y prácticamente viviendo en el gimnasio. Es decir: a base de sólo lechuga y cantidad de ejercicio. Obviamente, sin control médico. ¡Y eso es fantástico! Lo único que se menciona al respecto es que el entrenador personal de la protagonista está ligeramente preocupado y sospecha que no está muy sana. Pero esto se reduce a dos frases en un minúsculo párrafo, que esperé en vano que se desarrollara más adelante. No pasó. Así que la otra MORALEJA de este libro es: es sumamente aceptable (e incluso imprescindible si quieres comerte una rosca) que por tu cuenta vayas a un gimnasio, "sólo comas agua" y pierdas veinte kilos en 40 días.

Y no voy a hablar de Ben (Williams), que sólo se acuerda de Jemima (Jones) cuando cambia radicalmente de aspecto. Viva la belleza interior.

Así que, para ser honestos, este libro debía titularse realmente LOS PATITOS FEOS SE MUEREN DE ASCO Y SÓLO SI PESAS MENOS DE 55 KILOS BESARÁS A ALGUIEN. Por favor...

Y me lo he leído rápido no porque me apasionara, está claro, sino porque estaba ansiosa porque hubiera algo de cordura en la historia, pero no la encontré... Tan sólo un epílogo de media página donde la autora deja caer como quien no quiere la cosa que la chica ya no está obsesionada y ahora se quiere y está realizada como persona y bla-bla-bla.

A estas alturas, sobra decir pero lo digo: NO ME HA GUSTADO ESTE LIBRO en absoluto. Menos mal que, al menos, me salió gratis.

02 abril 2009

No Recomendado (Volumen I)

Yo soy una viajera de las pijas. ¿Qué quiere decir eso? Pues que yo no llevo nada bien eso de ir de viaje a un sitio, quedarme a dormir en una pensión y pasar la noche en blanco pensando, entre otras cosas y por poner un ejemplo, en la higiene de las sábanas (por ser discreta y comedida, pero en realidad seguramente estuviera pensando en posibles "habitantes" de la habitación).

Así que lo siento, pero yo voy a hoteles en condiciones, aunque me cueste más.

En el último viaje que hicimos, a Córdoba, lo hice mal. Muy mal. No sé por qué, me fui a una agencia a organizar el fin de semana. Es algo inusual en mí (en nosotros, vaya), porque tirando de Internet en general no necesitamos una agencia... Pero esta vez, o me volví vaga o loca o ambas cosas a la vez.

El chico de la agencia (que siempre tiene un ojo estupendo) me habló maravillas del hotel Hesperia Córdoba.

Que si estaba bien situado, que si era estupendérrimo, que si esto, que si lo otro, que para arriba, que para abajo... Me enseñó un plano y la situación es verdad que era inmejorable. Pero luego me enseñó una foto de una habitación y no me gustó. No podría decir qué es lo que no me gustó exactamente, pero ahí me llevé la primera punzada de que no había sido una buena idea. Pero aún así, reservé y pagué por una noche de hotel aproximadamente una quinta parte de la mensualidad de mi hipoteca (debía haber algún congreso allí o algo porque los hoteles en general estaban a rebosar y pedían una pasta por ese fin de semana). Pero todo fuera por la escapada romántica y tal.

Luego, en casa tranquilamente, visité la página web del hotel para quitarme el pellizquito. Pero no se me quitó, a pesar de que intenté que las fantásticas fotos de la piscina y las vistas fuera lo que se me quedara en la retina. Les escribí un e-mail derrochando simpatía y peloteo, para ver si me asignaban una habitación con vistas. La respuesta fue correcta (aunque en mi fuero interno a mí me parecía un pelín despectiva): me informaban que por el módico precio de 25 euros más IVA podría disfrutar de una habitación con vistas. Que se olvidaran.

Cuando llegamos, nos asignaron una habitación en la planta baja. Desde luego, era una habitación claramente mejorable e indigna totalmente del precio. El hotel es de cuatro estrellas y la habitación era de dos (tres siendo extremadamente generosa), y sé de lo que hablo que he estado en unos cuantos ya. Se me pasó por la cabeza pedir que nos cambiaran de habitación, pero la verdad es que no tenía ganas de follones, y no íbamos a estar mucho allí... Por cierto, si asomabas un poco la cabecita por la ventana, podías ver un trocito de la Mezquita, pero no lo hicimos mucho por si nos cobraban por sacar la cabeza.

Por la noche, descubrí que el pellizquillo que tenía desde la agencia tenía su razón de ser... La ducha era incomodísima: tres boquillas rígidas atascadas de cal, donde te daba el agua te había dado y si necesitabas mojar algún rincón de tu cuerpo en concreto tocaba hacer unas cuantas contorsiones (por no mencionar la excesiva presión del agua, difícil de regular). La puerta de la ducha dejaba escapar agua, así que por mucho cuidado que tuvimos, formamos varios riachuelos que a pique fueron los nuevos afluentes del Guadalquivir. De hecho, llamé al servicio de habitaciones para recoger el agua y que encima no nos abriéramos la cabeza: la de recepción fue bastante desagradable, aunque la chica que vino fue un primor.

La segunda parte fueron las camas: las más duras que he probado en mi vida, y las almohadas tenían el grosor de un salvaslip, aproximadamente; fui a coger otra (en la mayoría de los hoteles tienen en el armario otra almohada) y no había. Decidí no llamar a Recepción porque la íbamos a liar... Así que dormimos fatal y no descansamos nada; y de recuerdo un bonito dolor de cuello.

Lo único a favor del hotel, aparte de su situación, fue la variedad del desayuno buffet: es el único que he probado hasta el momento que contara con salmón ahumado, varias tortillas y verdura a la plancha, además de todo lo habitual. Un punto positivo que ni de lejos ayudó a mejorar la imagen pésima que me quedó del hotel.

De todas formas, le pusimos humor a la cosa. Después de hacer el check-out, nos pusimos a cantar en la puerta del hotel una parte de un bonito villancico (muy propio en el primer día de Primavera del año):

...y nosotros nos iremos... ¡Tururú! Y no volveremos maaaaaaaaaaas...

01 abril 2009

¿Y yo, qué leo? (XVIII)

Sucumbí a la tentación de probar una nueva novela de Sophie Kinsella, para ver si continuaba dándome buenos ratos a través de sus historias. Esta vez me decidí a NO TE LO VAS A CREER, para ver qué tal era esta nueva historia.

He aquí un resumen...
Después de asistir en Glasgow a una desastrosa reunión de trabajo y de tomarse un par de vodkas, ¿o fueron tres?, para infundirse valor, Emma Corrigan se sube por fin al temible artefacto volador para regresar a Londres. El vuelo resulta especialmente movido y Emma se agarra con desesperación a los brazos de su asiento. Presa del pánico, de su boca empiezan a brotar todos sus secretos, sus sueños más ocultos y sus deseos más inconfesables, que van a parar a oídos del silencioso pasajero que, inmutable, la escucha sentado a su lado.

Pero este mal trago no será nada comparado con lo que le espera el Lunes en la oficina, donde corre la voz de que el presidente de la megacorporación americana para la que trabaja se encuentra de visita en la sede londinense. En medio del nerviosismo general, Emma decide acercarse a la máquina de café del pasillo y se cruza con la comitiva que acompaña al gran jefe...
Lo cierto es que el listón estaba muy alto con la saga de Loca Por Las Compras (lo reconozco, pero no puedo evitar buscar ese salpichirri en sus demás libros). Aunque esta vez no me he reído tanto como con los otros libros, éste no me ha dejado mal sabor de boca.

El pretexto desde el cual surge toda la trama no tiene ni pies ni cabeza: ¿una chica con miedo a volar, cuando su avión pasa por una serie de turbulencias, en lugar de chillar como una histérica, se pone a contar tranquilamente todos los secretos inconfesables que tiene, uno a uno? Ya, claro, lo más normal del mundo...

Pero una vez aceptas esa roncambolesca excusa para que empiece la acción, lo demás es más fácil de digerir: tienes en tu vida metido a un desconocido que no sólo sabe absolutamente todo de ti, sino que además, resulta ser tu jefe... ¡Oh! ¡Eso no era un espoiler! ¿Acaso no estaba claro desde la contraportada?

Esta historia es digna de tener una oportunidad. Puede que guste (como a mí), puede que no, pero al menos merece el intento...