Con todo el sueño que llevo a cuestas me monté en el coche, gafas de sol en ristre por supuesto, a medio dormitar en el asiento del copiloto (mientras el piloto atropellaba una valla, pero que lo cuente él si quiere). Era taaaaaaan temprano, que era evidente que acababan de poner las carreteras, porque nos hemos encontrado con todos los camiones del mundo en la autovía... O eso, o los camiones duermen todos enjaulados y muy temprano alguien los suelta todos como pajaritos que salen a tropel ebrios de libertad y zZzzzzZZZZzzzZZzzz...
(¿Qué pasa? Tenía sueño y tan temprano mis pensamientos no son coherentes...)
En fin, el probable InnerCar lo habíamos visto en una página de segunda mano. No tenía mala pinta: un Clío con motor 1.9 o algo así (información irrelevante), y rojo (información básica). El caso es que tenía A/A (maravillosa abreviatura), que es lo importante. Lo básico, diría yo. Lo ÚNICO.
En vivo y en directo el coche seguía sin estar mal: el interior se le veía limpio y el exterior tenía los razonables arañazos y un bollito pequeño. El dueño parecía un chico majo y cuidadoso, que además nos contó la típica bola de los vendedores de coches de segunda mano para que te tragues que el coche no ha sufrido aunque tenga un montón de kilómetros hechos: es que este coche lo tenía una maestra que lo usaba para ir al pueblo donde la habían mandado. Todos los coches usados de España han pasado por las manos de maestras. Es una verdad universal.
Pero a lo que iba. El desencanto apareció en cuanto nos montamos para probarlo, y nos dimos cuenta de que:
a) Se podrían hacer cócteles sólo con sentarse dentro del coche y arrancar; sin necesidad de agitar coctelera, oigan. Eso no eran unas vibraciones, era un terremoto a pequeña escala.
b) El A/A era aire acondicionado, sí, pero sólo aire. Nada de fresquito. Es decir, que si el aire exterior está a 35º, ese será tu aire interior. En definitiva, el A/A era una KK.
c) Yo no lo sé porque conducía mi chico, pero por lo visto la dirección andaba pelín dura, o sea que necesitaría unos dos meses de gimnasio haciendo pesas si quisiera aparcar en un tiempo razonable.
De todas formas, en lugar de ser sinceros y decirle al chaval lo que pensábamos, mentimos descaradamente:
- Bueno, esta tarde vamos a ver otro coche y ya te decimos algo.
Y él, otra mentira igual de gorda (además de la de la maestra):
- Muy bien, de todas formas viene más gente a verlo...
Apretón de manos, dos besos y adiós-muy-buenas.
O sea, que al final madrugamos para seguir en el mismo punto: a la busca y captura de un probable InnerCar. Seguiré haciendo números a ver si puede ser uno nuevo... Que lo veo un pelín complicado pero bueno, mientras no perdemos nada por seguir mirando coches de segunda mano














