30 junio 2009

En busca de InnerCar...

Pues sí. Incrédibol but true. Hemos madrugado un montón para ir a la city antes del trabajo y probar un probable InnerCar.

Con todo el sueño que llevo a cuestas me monté en el coche, gafas de sol en ristre por supuesto, a medio dormitar en el asiento del copiloto (mientras el piloto atropellaba una valla, pero que lo cuente él si quiere). Era taaaaaaan temprano, que era evidente que acababan de poner las carreteras, porque nos hemos encontrado con todos los camiones del mundo en la autovía... O eso, o los camiones duermen todos enjaulados y muy temprano alguien los suelta todos como pajaritos que salen a tropel ebrios de libertad y zZzzzzZZZZzzzZZzzz...

(¿Qué pasa? Tenía sueño y tan temprano mis pensamientos no son coherentes...)

En fin, el probable InnerCar lo habíamos visto en una página de segunda mano. No tenía mala pinta: un Clío con motor 1.9 o algo así (información irrelevante), y rojo (información básica). El caso es que tenía A/A (maravillosa abreviatura), que es lo importante. Lo básico, diría yo. Lo ÚNICO.

En vivo y en directo el coche seguía sin estar mal: el interior se le veía limpio y el exterior tenía los razonables arañazos y un bollito pequeño. El dueño parecía un chico majo y cuidadoso, que además nos contó la típica bola de los vendedores de coches de segunda mano para que te tragues que el coche no ha sufrido aunque tenga un montón de kilómetros hechos: es que este coche lo tenía una maestra que lo usaba para ir al pueblo donde la habían mandado. Todos los coches usados de España han pasado por las manos de maestras. Es una verdad universal.

Pero a lo que iba. El desencanto apareció en cuanto nos montamos para probarlo, y nos dimos cuenta de que:

a) Se podrían hacer cócteles sólo con sentarse dentro del coche y arrancar; sin necesidad de agitar coctelera, oigan. Eso no eran unas vibraciones, era un terremoto a pequeña escala.

b) El A/A era aire acondicionado, sí, pero sólo aire. Nada de fresquito. Es decir, que si el aire exterior está a 35º, ese será tu aire interior. En definitiva, el A/A era una KK.

c) Yo no lo sé porque conducía mi chico, pero por lo visto la dirección andaba pelín dura, o sea que necesitaría unos dos meses de gimnasio haciendo pesas si quisiera aparcar en un tiempo razonable.

De todas formas, en lugar de ser sinceros y decirle al chaval lo que pensábamos, mentimos descaradamente:

- Bueno, esta tarde vamos a ver otro coche y ya te decimos algo.

Y él, otra mentira igual de gorda (además de la de la maestra):

- Muy bien, de todas formas viene más gente a verlo...

Apretón de manos, dos besos y adiós-muy-buenas.

O sea, que al final madrugamos para seguir en el mismo punto: a la busca y captura de un probable InnerCar. Seguiré haciendo números a ver si puede ser uno nuevo... Que lo veo un pelín complicado pero bueno, mientras no perdemos nada por seguir mirando coches de segunda mano que hayan pasado por las manos de alguna maestra. Aunque la próxima vez ya puede ser bueno el coche que merezca mi madrugón...

29 junio 2009

The Cajeras' Justice

Hoy presento una nueva entrega de...

LO QUE ME SACA DE MIS CASILLAS

...que se inauguró hace un tiempo porque estaba un poco de uñas... Este va a ser el logo oficial, así que si un post empieza con la siguiente imagen, es que siguen palabras de ofujkamiento en toda regla.

El tema de hoy no es otro que las cajeras de supermercado que pasan de ti mientras metes toda tu compra (un carrito lleno hasta los topes) tú solita en bolsas, te miran mientras lo haces o en su defecto a sus uñas y encima te ponen mala cara si tardas en efectuar el pago o firmar el recibo de la tarjeta.

Por lo visto hay más ejemplares de los que yo creía y de los que la Humanidad debería permitir.

Porque además, no entiendo su Justicia Divina, es decir, ¿cómo deciden a quién ayudan a meter artículos en bolsas? ¿Sólo a las buenas personas? ¿Realmente siguen un patrón? ¿O es una elección totalmente azarosa?

En mi momento de observación, no llegué a comprobar qué tiene que tener la persona que se vea agracidada por su gesto de magnanidad y vea como es ayudada a meter su compra en bolsas.

Pero situémonos. Eran las 18:14 de un Viernes por la tarde, 26 de Junio de 2009 para más señas, en la caja número dos en un supermercado de una importante cadena nacional. En el interior, la temperatura ambiente rondaría los 26º (las cajas están cerca de la zona de refrigerados), en el exterior hacía un día despejado, aproximadamente 36º, humedad relativa del 29%. A la cajera, llamémosle Manoli por poner un ejemplo totalmente al azar, se la veía un pelín harta de estar en la caja anteriormente mencionada, en lugar de en una terracita con sus amigas y un café con hielo.

En la cola había cuatro tipos de clientes:
  1. Mujer rondando los 40 años aproximadamente, con un atuendo veraniego y práctico, discreto a la par que sencillo, con un ligero maquillaje y peinado moderno. Su compra rondaba los 32 euros, y la composición mayoritaria de dicha compra era lácteos y zumos.

  2. Grupo de cuatro jovenzuelos (dos chicos y dos chicas), con un marcado look hiphopero de ropas oscuras, pelo tendente a la grasa, gomillas de la ropa interior a la vista, chicle más fuera que dentro de la boca. Su compra no superaba los 20 euros, y consistía exclusivamente en pizza y cervezas, supuestamente para la cena.

  3. Hombre cuya edad oscilaría entre los 60 y 65 años, callado, correcto y educado, con pantalón de raya marcada y camisa perfectamente planchada por, seguramente, su esposa. Su compra era inferior a 2 euros: lechuga tipo iceberg y paquete de sal.

  4. Mujer joven, atractiva, simpática, majérrima, radiante, bloggera para más señas, que además no necesita abuela, a la que se le iba hinchando la carótida según observaba a la tal Manoli. El importe de su compra superaba los 40 euros, y predominaba el caos total.
La pregunta que surge a continuación es: ¿a quién ayudó la cajera a meter sus enseres en las bolsas de plástico?

La respuesta es (seleccionar para ver): a los cuatro chicos.

(Qué tontería lo de seleccionar para ver porque a continuación queda claro...)

O sea, no lo entiendo. ¿Ayuda a los cuatro, a los que iban juntos y sumaban ocho brazos para meter un pack de cervezas y dos pizzas en dos bolsas? ¿Porque es poco, aunque más que la lechuga y la sal del señor? ¿Por las pintas, por si le rayan el coche? ¿Porque les recuerda a su juventud? ¿Porque sus 20 euros valen más que los 30 de la primera mujer o de la cuarta fabulosa chica? ¿Porque llevan pizza? ¿Eh? ¿Eh? ¿Por queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?

Así que yo y mi vena palpitante (ups, ¡me he descubierto!) metíamos con bastante mala leche la compra en las bolsas, con deliberada parsimornia mientras veía de reojo cómo me miraba Manoli, que ya había hecho la cuenta un plis -por supuesto- y estaba esperando a que le pagara.

Pues sí, ahora te esperas un poquito, guapa. Un pack de yogures a la bolsa. Manoli carraspea. Un paquete de pan de molde a la bolsa. Manoli tose. Un bote de aceitunas a la bolsa. Manoli tamborilea los dedos. Un kilo de tomates a la bolsa. Manoli suspira ruidosamente. Un paquete de cereales a la bolsa. Y así hasta cinco bolsas de cosas.

Lo siento, pero es que no puedoooooooooooo...

28 junio 2009

¿Y yo, qué leo? (XXIII)

Este libro, ¿QUIÉN DIJO QUE EL NOVIO ES IMPRESCINDIBLE?, de Julia Jewellyn, fue una adquisición impulsiva. Vamos, que me hizo gracia la portada. De todas formas, el anterior libro de esta autora que me leí no me disgustó, y quizá por eso lo cogí del stand.

De todas formas, la contraportada no me llamó mucho la atención...
Una luna de miel de cinco estrellas en Roma... ¿Qué más puede desear una chica?

En el caso de Amy... un marido, la verdad. Sin embargo, a pesar de las deudas que arrastra después de cancelar la boda, y sin posibilidad de que los números rojos desaparezcan de su cuenta durante la luna de miel, decide coger el avión para tostarse bajo el sol italiano.

El problema es que nadie la deja en paz. Cuando no es un huésped del hotel demasiado curioso, es un famoso actor, Hal Blackstock, que se siente despechado porque el amor de su vida se casará con otro y está desesperado por cambiar su suite con la de Amy.

¿Es posible que una estrella de cine se enamore de una chica normal y corriente?
En mi opinión, lo que podría ser una buena historia, se queda diluida en una trama absurda e insostenible que hace que al final, no me quede con tan buen sabor de boca.

La base, esa que se muestra muy poco a poco, está bien. Amy, una joven con los pies en el suelo, tiene una relación con Danny, un chico corriente y un poco aburrido que le ofrece bastante seguridad y un futuro con pocas sorpresas. Amy cree que en la vida debe haber algo más, y después de un tiempo en el que no se atreve a dar el paso por miedo, finalmente se arma de valor y deja a Danny... Por Doug, un chico que en principio representa todo lo que echa en falta en su anterior relación.

El problema viene después de un tiempo, cuando Amy nota que está madurando y que Doug se ha quedado atrás, empecinado en un sueño poco realista que le hace abandonar un trabajo "serio". Amy apoya a Doug, porque así es el amor, hasta el punto de financiar el 100% de su vida juntos, trabajando hasta tarde mientras Doug se divierte y aporta más bien poco.

Y Amy se pregunta si éso es lo que quiere para el resto de su vida, con una boda en ciernes que ha organizado y pagado ella sola, tirando del sueño que debía ser mutuo pero que en realidad, sólo es suyo. ¿Merece la pena seguir adelante con la esperanza de que todo cambie, o es mejor coger al toro por los cuernos y luchar por lo que realmente quieres, aunque sin garantía de encontrarlo?

Ésa es la historia que subyace en una ridícula serie de encuentros en Roma entre Amy y un famoso actor preocupado por un grano, obsesionado por una suite donde ya se alojó Victoria Beckham y pendiente de sí mismo. Amy se asoma a la vida de la farándula mientras Hal se asoma a la vida normal a pie de calle; y todos los acontecimientos van dirigidos a que se enamoren el uno del otro.

Mientras se desarrollan estos encuentros, como flashback se muestra la vida de Amy antes de viajar a Roma, todos sus miedos y problemas, que en mi opinión es lo más interesante de la historia, pero la autora pasa de puntillas sólo para explicar el motivo por el cual Amy está en Roma sola y no con Doug.

Al menos no me parece mal cómo acaba la historia de Amy (la de Hal es, sencillamente, aburrida y carente de interés).

Un libro con tantos altibajos de interés al final sale perdiendo, por eso es una lectura que no recomiendo especialmente, a pesar de que la revista Elle, por lo visto, la calificase de perfecta lectura de verano. Pues no estoy de acuerdo. La base estaba bien, pero la forma de contar la historia no me convence en absoluto. Así que sigo buscando una perfecta lectura de verano que recomendaros.

27 junio 2009

La Visita de I.M.

Yo, como fanática de LOST, soy consciente de que el Universo siempre corrige su curso. Si una cosa no ha de ser, no será...

Puede parecer que la introducción al post no tenga nada que ver con el hecho de que hace un par de Viernes estuvieron cenando en casa unos amigos con su hija. Al principio estaba algo preocupada, porque por la tarde estuve preparando la cena, y no se me ocurría qué le podía hacer a la niña (tendrá unos dos añillos, quizá algo más). Una vez más quedó patente que no tengo ni idea de niños, porque por ejempo lo sé ni qué come un niño -igual que no sé qué come una cobaya, por ejemplo-.

En fin, a pesar de lo que yo creía, tooooooooodo fue bien. La niña, que normalmente es bastante cortada, se la veía a gusto y nos lo pasamos bastante bien. Le hice unas minipizzas caseras con pan de molde que le gustaron. En definitiva, estábamos pasándolo en grande.

En esto que llamaron a la puerta.

¿Quién era?

Mi instinto maternal.

Nos presentamos, nos dimos dos besos (yo no lo conocía), y pasó al salón. Mi instinto maternal se puso cómodo y allí se quedó toda la velada.

Es decir: la niña estaba correteando por casa, sin contarse ni un pelo, riendo, saltando, curioseando todo, cogíendome la mano... Y yo detrás de ella, enseñándole lo que le llamaba la atención, dejándome llevar, hablando con ella, dejando que saltara como una loca encima de la cama... Haciendo lo nunca visto, en pocas palabras.

Sorprendentemente, si la cría pareció disfrutar, yo no me quedé corta. No me daba miedo acercarme, ni cogerla, ni levantarla, ni ayudarla a dar volteretas. No pensé que se me rompería. No sentí el típico recelo que me invade cuando hay un niño cerca. Me lo pasé genial.

Así que cuando nos fuimos a la cama, eran más de las dos, y a pesar de que deberíamos levantarnos a la mañana siguiente temprano, me fui a dormir con una sonrisa en los labios, por haber tenido esa experiencia hasta ahora desconocida.

Y por la noche, en sueños, el Universo me recordó que yo no sirvo para ser madre (al menos, quiero pensar que AÚN no). Me desperté empapada en sudor, porque había soñado que tenía un hijo al que olvidaba y no le daba de comer en tres días (con las inherentes consecuencias).

Mi instinto maternal había desaparecido de un plumazo.

Así que el Universo corrigió su error... A ver cuándo al Universo le da por ponerse de acuerdo con mi reloj biológico que entre los dos me están volviendo un poco loca.

25 junio 2009

Descuidada...

Sé que últimamente estoy descuidada. Mucho. Me lo noto, no hace falta que me lo digas, aunque lo más probable es que no lo hicieras.

No son excusas, pero este calor me está aplatanando (un poco como a ti) y no tengo ganas de hacer nada, a pesar de las pastillitas amarillas que a veces se me olvida tomar. Además, como sabes, en el trabajo estoy fatal (¡qué te voy a contar!), y llego a casa agotada tanto física como psíquicamente; y muchas veces con ganas de llorar y la autoestima por los suelos. Me tiro en el sofá intentando desconectar un poco, sin ganas de moverme de allí, disfrutando lo que puedo de no estar en la oficina. Con desgana hago algunas tareas de casa, pero siempre menos de las que debiera, lo sé. Así se me pasan, volando y totalmente improductivas, las escasas dos horas que estoy sola en casa hasta que llegas tú.

Y cuando abres la puerta, sólo tengo ganas de estar en tus brazos. También tú llegas cansado, me parece que como yo (estos calores los estamos acusando de mala manera, y más tú que en tu trabajo aún no tienes aire acondicionado todavía). No quiero ser pegajosa, porque además entiendo que necesitas tu espacio cuando en el salón el fresquito te da la bienvenida, pero estaría mirándote y abrazándote desde que giras la llave de casa.

Hablamos un poco de nuestro día, mientras te pones solícito a hacer la cena. A veces abrimos una cerveza o nos tomamos algo fresquito mientras decidimos qué cenar (¡el menor trabajo posible, por favor!). Después nos desplazamos al salón, apartamos todos los mandos de la mesa, y cenamos mientras zapeamos y nos quejamos de la programación. Mientras, me repantingo en el sofá, esperando a que te pongas cómodo para adaptarme a tu postura. Normalmente acabamos con un nudo de piernas. Automátiamente acaricias las mías y siempre pienso que me alegra tanto que estés conmigo...

No presto atención a la tele. A veces cojo un libro, pero la mayoría de las veces me limito a estar a tu lado, abrazándote a veces, o simplemente estando en contacto con tu piel. Entonces, y sólo entonces, empiezo a relajarme. Cierro un poco los ojos y sólo disfruto de ti.

Sobre las once me entra sueño (soy una dormilona, ya lo sabes), o a veces no, pero tengo la costumbre de irme a la cama. Y entonces llega la mejor parte del día, cuando empieza mi noche. Te vienes conmigo al dormitorio y te tumbas en la cama mientras yo voy al baño, pongo el despertador... Después me dejo caer a tu lado, con las luces apagadas. Me acaricias la piel, o el pelo, y yo me pongo traviesilla a veces, como aquella vez que se oía la música de la tele y empecé a bailar en la cama... ¿Te acuerdas?

Hablamos, nos reímos. Es lo mejor del día, siempre. Me encanta ver tu silueta, tus ojos brillar. En esos momentos me siento realmente feliz, y cuando por fin dices que te vas y me dejas dormir (siempre demasiado pronto para mi gusto), te intento retener en balde. Así que cuando dejas la cama me expando, como dices, para estar cómoda, pero también para abrazar tu lado de la almohada e intentar aspirar tu olor. Me quedo dormida con la mejor de las sonrisas, porque es gracias a ti.

Así que aunque esté descuidada, la realidad es que tú sigues siendo el motor de mi vida y te sigo queriendo cada día más.

24 junio 2009

Dilema Resuelto

Hace un par de fines de semana, ante El Gran Consejo (compuesto principalmente por mi madre), se decidió la cuestión candente que nos tenía en vilo durante estos últimos días.

¿Coche nuevo o de segunda mano?

Y el veredicto fué...

CULPABLE

Digooooooooooooooooooooooo:

NUEVO

Oh, sí.

He de decir en mi defensa que yo en todo momento me mostré excéptica y muy suiza (es decir: neutral), exponiendo pros y contra de ambas opciones con la profesionalidad que me caracteriza mientras comía jamoncillo -me pareció óptimo escoger el momento de la comida para plantear el tema-. Puse mi mejor cara de póker y creo que no me chisporrotearon los ojillos cuando mi madre afirmó que ya que nos metíamos en faena, lo hiciémos con un coche nuevo.

Y si lo dice una madre, no hay más que hablar.

Aunque hablamos, claro, lo hicimos largo y tendido para dejar bien claro que un coche de segunda mano nos haría bien el apaño (que, siendo sinceros, se reduce básicamente a no recocernos -sobre todo yo- en nuestro propio jugo con estas temperaturas, cosa que pasa actualmente con la Olivita). Mi madre contraargumentaba. Nosotros dábamos otra vuelta. Mi madre reopinaba de nuevo. Al final lo dejamos porque, no nos engañemos, me apetece (en presente) tener un coche nuevo.

Así que ya estaba yo soñando con el nuevo InnerCar.

PERO

Oh, sí. SIEMPRE hay un pero...

Lo malo vino cuando empecé a mirar coches y a que me gustaran unos cuantos. El presupuesto subía más de lo que yo había pensado (la maldita palabra DESDE en los anuncios de coches hace tanto daño...), y además, ya que estaba puesta, lo quería todo-todo-todo.

Miré tristemente las cuentas repasadas una y otra vez: si quiero el coche nuevo, SÓLO puede ser el coche nuevo. Nada de vacaciones, ni del proyecto de remodelación de la cocina, ni siquiera una mísera cortina de baño nueva, tampoco el aire acondicionado extra para el dormitorio o el estudio, así como bye bye a mis tardes de compras o a mis caprichos zapatiles. Y rezando, claro, con que no surga un imprevisto...

Por tanto, ahora estamos en el punto de buscar algún coche de segunda mano que merezca la pena y que sirva para que no me sublime (¿se dice así?) en el coche, que en el fondo es el quid de la cuestión, la verdad sea dicha. Pero ahora estoy desinflada y sin ilusión: lo confieso. No creo que tenga un flechazo con un coche de segunda mano.

Jo, cómo me gustaría ganar la lotería... O algo así...

22 junio 2009

La Trifulca del Helado

- Cariño, hablemos sobre el helado de chocolate que había en la nevera...

Mi chico me miraba fijamente, a ver qué efecto tenían esas palabras en mí. Creo que esperaba ver algún asomo de emoción en mi rostro. O culpabilidad, quizá. Pues iba listo. Mi cara reflejaba total tranquilidad.

Seamos sinceros, y analicemos fríamente los hechos.

HECHO 1: Sí, había una tarrina de helado en el congelador, de la cual quedaba, digamos, una cuarta parte, aproximadamente. El helado en sí era de tres chocolates, dato carente de relevancia pero no de interés, y había poco porque ya habíamos comido con anterioridad de ése helado, así que los dos lo habíamos probado.

HECHO 2: La tarde de autos yo salí de trabajar a las siete de la tarde. Como es habitual, no había merendado, y no recuerdo bien, pero es bastante probable que tampoco hubiera comido o lo hubiera hecho en un tiempo récord.

HECHO 3: La temperatura ambiente del día de autos sería unos 35º y mi coche, el que uso para llegar a casa, no tiene aire acondicionado, con lo cual, cuando llegué a casa, estaba frita y muerta de sed.

HECHO 4: No había nada líquido fresquito en la nevera, aparte de aburrida agua.

Así que, SÍ, saqué la tarrina, en la cual, insisto, tampoco quedaba TANTO helado, ésa es la verdad. Empecé con el chocolate blanco. Mmmmmmm... Luego seguí con el chocolate normal... Mmmmmmm otra vez... Y luego me dí cuenta de que debería dejarle algo a mi chico. Así que fui BUENA y le dejé helado.

- ¡Te dejé helado!

- Sí, pero la pregunta es, ¿cuánto?

- Pues un poquito, lo confieso. Pero TE DEJÉ HELADO.

- ¡Pero muy poco!

- Puede, pero yo te dejé más helado a ti que tú RollMilks a mí.

¡Ja!

Todo un golpe de efecto...

Por favor, ese episodio en nuestra vida me va a dar crédito para casos como estos hasta que se me olvide, y yo tengo muy buena memoria.

21 junio 2009

Qué calooooooooooooooor...

Ya he dicho alguna vez que no soporto el calor. No me gusta nada el Verano sólo por eso: porque es insoportable, hay momentos del día que casi no se puede salir a la calle y vas saltando de local climatizado en local climatizado y tiro porque me toca.

Además, estoy aplatanada todo el día y con un sopor constante. Como si estuviera sólo con un mínimo de batería (a pesar de estar supervitaminándome y mineralizándome).

Lo que peor llevo son las noches. No tenemos apenas oscilación térmica y no hay más remedio que dormir con las ventanas abiertas para que corra un poco de aire (no hemos instalado aire acondicionado en el dormitorio porque en principio no nos gusta la idea de dormir con el chisme encendido por aquello de los catarros, pero tendremos que plantearnos seriamente la opción). El problema principal es que yo estoy acostumbrada a dormir con todo cerrado y a oscuras, así que ahora que duermo con todo abierto y con la luz de la calle entrando a raudales, no descanso bien. Aparte, claro, del calor sofocante.

Sí, duermo porque tengo sueño y porque no puedo más, pero doy un montón de vueltas, me despierto a media noche... Pero me levanto como si sólo hubiera dormido cuatro horas. De mal humor y con cansancio acumulado.

Un desastre.

Yo quiero que llegue el fresquitooooooooooooo...

20 junio 2009

¿Y el jefe, qué?

Hace ya tiempo me topé de narices con un artículo en www.eleconomista.es (que nadie me pregunte qué hacía yo por ahí). Cuando lo leí, me pareció cuando menos, curioso.

Pero es que ahora, en mi nuevo contexto existencial laboralmente hablando... ¡Coño! Que parece que alguien me ha leído el pensamiento y ha escrito un artículo. Casi casi es plagio...

Como poco, es para pensar en "los jefes"...
Sin embargo, Sathnam Sanghera, en The Times, ofrece una reveladora visión acerca de este asunto: ser jefe no es ningún regalo.

Para empezar, un dato: según un reciente estudio, ser promocionado hasta una posición directiva se encuentra al mismo nivel en términos de la cantidad de estrés que un divorcio o la muerte de un ser querido. ¿Por qué? Sencillamente, porque tras acceder a este paraíso con plaza de parking asegurada es posible que pronto descubra que...

Ser jefe implica realizar mil oficios.

Si el Infierno son los otros, entonces dirigir a otros es un Infierno eterno. Un buen jefe tiene que actuar como psicoterapeuta, coacher, asesor financiero y mentor de personas que no sólo no conoce previamente sino que -y lo que es peor- puede que ni necesariamente le caigan bien.

A cambio, ellos sí que se quejarán constantemente no solo a usted, sino -y lo que es peor- sobre usted.

Y, por supuesto, mejor que no le pregunten cómo se encuentra en un día en el que parezca abatido. Si lo hace, será duramente amonestado en algún momento por sus colegas: recuerde que el buen directivo no es que trabaje solo, es que debe estar solo: ¿o es que no ha oído hablar del power distance?

La excitante realidad diaria del directivo.

La realidad diaria de un directivo es cualquier cosa menos excitante. En 1916, Henry Fayol, considerado padre de la teoría moderna operacional de los jefes, resumió la misma en el tedioso acrónimo POSDCORB.

Noventa años más tarde, las letras, que representan planificación, organización, gestión de personal -staffing-, dirección, coordinación, reporte y presupuestos -budgeting- todavía sigue siendo una foto fija bastante precisa del día a día de un directivo.

Con todo, cabría añadirle un par de letras: la P de papeleo y la R de reuniones, que son las otras dos grandes actividades rutinares de los jefes. Divertido, ¿no es cierto?

¿Seguro que es un cargo digno de admiración?

Lo sentimos mucho, pero no sólo la gente en general tiende a ridiculizar a los mandos intermedios, sino que incluso los propios jefes también lo hacen.

De acuerdo con un estudio del Financial Times, cuando a 50 estudiantes de un MBA se les pidió que definieran su cargo con una palabra, todos optaron por términos como "catalizador" y "agente del cambio". Obviamente, ninguno lo hizo sencillamente como "jefe", así que imagínese la popularidad que tiene esa palabra en nuestros días.

El talento nunca es suficiente.

¿Verdad que usted está convencido de que ha sido su talento el que le ha llevado a su actual puesto? Puede ser, pero nos tememos que no va a servirle de nada.

Un buen símil sería el de muchos ex-jugadores de fútbol metidos a entrenadores y que se han dado cuenta: ser jefe no tiene nada que ver con el trabajo que le sedujo en su momento y marcó su profesión actual. En conclusión: puede que no sepa hacerlo.

Dirigir requiere una amplia variedad de habilidades: capacidad de resolución de conflictos, de comunicación y de gestión del talento, entre otras. También tendrá que ser un maestro o una maestra en el arte de la seducción y de la actuación. Por ejemplo: deberá sonar entusiasta cuando no tiene ninguna confianza en planes que puede que le hayan impuesto implementar.

Despídase de tener una vida laboral normal.

¿Tiene usted una persona realista? Pues vaya pensando en utilizar esa faceta suya sólo en las reuniones con la cúpula directiva. O mejor, ni siquiera ahí. La dirección requiere una implacable y, en muchos casos, prácticamente ciega mentalidad positiva. Lo que significa que se acabó el primer -y uno de los pocos placeres de la vida laboral-: quejarse por todo y a todas horas.

Esto quiere decir que tendrá que ser más discreto en sus lamentaciones y, sobre todo, sobre qué se queja, así que nos tememos que esto lleva aparejado despedirse de otro -el segundo- gran placer de la vida laboral: entregarse el cotilleo. Lo sentimos, pero así es.

Se acabaron los tiempos del "ordeno y mando".

¿No ha quedado ya lo suficientemente claro que ser jefe es muy difícil? Pues aún hay más. Un ejemplo, ¿no recuerda cuando era un mero empleado y, tras mirar a su responsable, sonreía pensando en lo fácil que era realizar su trabajo? Pues bien, como habrá descubierto -o puede que se disponga a descubrir, quién sabe- eso no es verdad en absoluto.

Una vez que se accede al cargo bueno... Resulta que hay gran cantidad de tareas que pensaba que se realizaban automáticamente -posiblemente porque no las hacía usted o veía siquiera como se realizaban- y que ahora hay que hacerlas: tratar con clientes, 'luchar' con los proveedores, atender a los accionestas, a otros directivos, revisar los presupuestos, etcétera...

¿Y que queda del famoso poder que le atribuimos a nuestro jefes a la hora de decidir sobre nuestros destinos? Pues tampoco existe: de hecho, actualmente las cosas han cambiado. Y cómo. Pronto se dará cuenta de que no es tan fácil despedir a un empleado, por muy incompetente que sea.

Eso es: se acabó el "ordeno y mando". Así que si quiere que su gente haga cosas, deberá convencerlas en vez de instruirles. Es cierto que al final es más gratificante, pero le aseguramos que también es mucho más agotador...

El trabajo de los jefes es poco controlable.

Una gran verdad: los jefes no tienen ni idea de lo bien o lo mal que lo están haciendo. Imagínese que usted es un programador informático, por ejemplo. Al final de cada semana podrá revisar el código que ha escrito y sentirse, tras lo mismo, satisfecho -o desgraciado, según su capacidad de autocrítica-.

Sin embargo, como jefe, posiblemente el saldo final de su semana laboral apenas sean un par de cosas intangibles como un insorpotable dolor de cabeza y unas ganas incontrolables de huir al extranjero y no volver nunca.

¿Le parece triste? Pues eso es con suerte, ya que muchas veces el mismo feedback lo proporciona un despido ya que...

La primera cabeza en rodar siempre es la del jefe.

Si hay un cambio en la cúpula directiva, adivinen quiénes son los primeros en notarlo. Lo ha vuelto a adivinar: los jefes.

En una reestructuración suelen ser los primeros en caer. Y es que, seamos sinceros, despedir a un grupo de mandos intermedios no empuja a la plantilla a una huelga o, peor aún, puede que incluso la preventa. ¿Por qué? Vamos, ¿usted piensa que la plantilla va a interpretar como un signo de hostilidad que se despida a un grupo de personas con BMW de empresa? Sea realista...

Finalmente, llegados a este punto, la pregunta más lógica sería: ¿qué razones motivan a los jefes a seguir en su puesto? ¿Es porque no sabían donde se metían cuando aceptaron y ahora temen dimitir? ¿O quizás por el dinero y el poder que les reporta su cargo?

Puede. Pero no es menos cierto que en cualquier sondeo entre directivos esas dos variables puntúan más bajo que otras más intangibles. Como, por ejemplo, que si tu profesión no te ofrece retos lo suficientemente interesantes, dedicarte a gestionar a los tuyos puede ofrecerte un horizonte muy satisfactorio.

O, sencillamente, que si es lo que te gusta, trabajar con gente puede ser un auténtico placer. Pese a todo lo anterior.
Aquí el artículo original.

19 junio 2009

Hoy, en casa...

Al final, in extremis, ayer dije que hoy no iría a trabajar.

Y no he ido, claro.

Estoy en un proceso de semi-desconexión, pero algo es algo. Ya sólo con no madrugar me he sentido hasta mejor. De todas formas, fui realista y no pensé (como en otras ocasiones), que me iba a levantar como una moto y hacer millones de cosas. No las estoy haciendo. Para eso es un día de vacaciones.

Ahora, eso sí, al menos hoy vamos a comer algo más elaborado que lo que solemos comer entre semana. Vale, cierto, NO es muy elaborado porque entonces iría contra mi primer principio culinario (que es: no pases más tiempo en la cocina del necesario), pero estará recién hecho, me saldrá rico e inflará mi ego marujil.

¿Que qué he hecho de comer?
    INGREDIENTES:

    - Carne de cordero, preferiblemente chuletas sin palo largo.
    - Patatas blancas cortadas en trozos no muy grandes y bien lavadas.
    - Ajos pelados, al gusto, como mínimo una cabeza entera de ajos.
    - Dos pimientos verdes troceados.
    - Dos tomates maduros partidos a rodajas.
    - Aceite de oliva, sal fina, perejil picado y pimienta negra molida.
    - El zumo de un limón.
    - Medio vaso de vino blanco para cocinar.
    - Medio vaso de agua.

    ELABORACIÓN:
    • Antes de comenzar, se conecta el horno a 180º, con calor uniforme tanto arriba como abajo. Mientras se prepara todo el horno se precalentará.
    • En una lata para horno (pero no la bandeja de los hornos, esa es muy baja), se pone aceite de oliva en toda la base, hasta que la cubra sobradamente.
    • Sobre ese aceite, se coloca la carne, formando una "capa", y se sala al gusto. El aceite no debe cubrir la carne del todo, sino sólo unos milímetros.
    • Sobre la carne se pone pimienta molida y a continuación, la mayoría de los ajos picados.
    • Después, se ponen las patatas, sobre la carne, formando otra "capa". No importa que las patatas cubran la carne, pero lo que sí hay que procurar es que no estén demasiado apelotonadas.
    • Una vez puestas las patatas, sobre éstas se pone pimienta y perejil, y los pocos ajos picados que hayan sobrado.
    • Después, también sobre las patatas, se echa un chorreón fino de aceite, pero no demasiado porque en el fondo de la lata hay ya el suficiente.
    • La última capa será de pimiento verde y tomate en rodajas, colocándolo mezclado sobre las patatas.
    • Esta última capa también se rocía con aceite, como se ha hecho con las patatas.
    • Una vez finalizado esto, hay que añadir los elementos líquidos por encima de todo: el zumo de limón, el vino blanco y el agua.
    • Los líquidos habrán bajado hasta el fondo de la lata, mojando tomates, pimientos y patatas. Para homogeneizarlo todo, se sacude un poco la lata con cuidado para que se mezcle con el aceite.
    • Ahora, esta mezcla seguramente cubrirá la carne que hemos puesto en los primeros pasos: así es como debe quedar.
    • Se mete la lata en el horno que ya está caliente, y se deja metido así unas dos horas (el tiempo es aproximado, hay que vigilar el asado de vez en cuando).
    • En caso de que se observe que las patatas parezcan resecas mientras se está haciendo el asado, habrá que añadir un poco de agua con cuidado.
    • También hay que estar pendiente de que las patatas estén blandas, y eso se comprueba pinchándolas con un cuchillo. Cuando las patatas estén tiernas, se puede sacar el asado del horno, porque la carne también estará blanda.
    • Si se observa que el tomate y los pimientos comienzan a quemarse pero las patatas todavía están algo duras, hay que cubrir la lata con papel de aluminio hasta que se termine de hacer.

Esta tarde tengo algún que otro plan (de cosas serias que hay que hacer, nada de tirarse en el sofá a ver un maratón de Big Bang Theory), pero no sé, no sé... Hace taaaaanto calor... Y he sido ya taaaaaaaaan apañá metiéndome en la cocina esta mañana que no sé, no sé... No quisiera romper el equilibrio del Universo siendo tan sumamente eficiente y responsable...

18 junio 2009

A todos los vecinos...

Qué típicas son las escaleras de un edificio de pisos, con sus puertas que pegan portazos que retumban en todos los pisos, con sus buzones ahí puestos con rótulos cada uno de su padre y de su madre, con sus corchos con avisos varios para los vecinos...

Pero a veces te topas con un cartel NOT SO TYPICAL...

De verdad que no sé por dónde empezar...

Vamos, por fabol, ¿cómo a alguien no le da nada al escribir semejante aberración lingüistica / ortográfica? ¿Dónde están los correctores ortográficos cuando se les necesita? ¿Cómo alguien sabe escribir siguientes, pero pone linpia, así, a bocajarro? MadreMía, si me ha costado corregir tres veces porque mis dedos son genéticamente incapaces de escribir algo así... ¿Y esos es pacios con ejemplo incorporado?

No puedo, es que no puedo...
_______________________________________

P.D.: La foto está sacada con el móvil, de ahí la pésima calidad de la imagen.
P.P.D.: Juro y perjuro que este hallazgo NO es un montaje; es real, lo cual es aún más escalofriante.
P.P.P.D.: Lo único que me consuela es que no estaba en mi comunidad...
P.P.P.P.D.: Esto es un WTF con todas las letras, pero como aquí no publican nunca lo que les mando, pues se quedan sin esta perla. Pffffffff.

17 junio 2009

Sigo igual...

Me repito como el ajo, lo sé.

Soy consciente de ello.

Pero es que mi vida se reduce a eso y ya está.

Es decir: otra vez es Miércoles y estoy para el arrastre. Otra vez tengo las mismas circuntancias laborales, que me dejan físicamente agotada y mentalmente desquiciada.

Tengo un pellizco en el estómago permanente y constante.

La comunicación con la que ahora es mi jefa directa es, cuando menos, calificable de muy deficiente: me siento como si no supiera explicarme, como si tuviera una redacción pésima en mis correos e informes... Y verbalmente es peor: me hace sentir bastante ridícula en nuestras escasas conversaciones con unos silencios incómodos que me minan la moral, como si le estuviera hablando de otra cosa distinta al negocio que ella debería conocer a la perfección.

Así que cuando salgo de trabajar, normalmente después de regalarle a la empresa como poco una hora más y un rugido de estómago porque no me da tiempo ni de comer, caigo a plomo en el asiento del coche y sólo pienso en llegar a casa y quedarme allí, lo cual sé que no es sano.

Por eso, ayer por ejemplo, decidí que no podía ser y me fuí a la city, a tirar de tarjeta y comprarme ropa o algo que me hicera sentir mejor (GRAN terapia femenina, me dan igual los tópicos, ¿pasa algo?).

Pero nada.

Salí tarde, hacía un bochornazo importante, en el coche pasé un calor tremendo, había un montón de gente apiñada en los aires acondicionados de las tiendas, nada me quedaba bien... Ni siquiera el descuento del 30% que me hicieron en un par de prendas me animó. Luego fuimos a cenar algo y al cine, a la última sesión. Para entonces yo estaba con unas ganas locas de irme a casa a acostarme en lugar de entrar en una sala de cine las siguientes dos horas y media. Al menos la película me gustó, no fue un tostón, pero llegamos casi a las dos a casa y claro, esta mañana sigo cansada.

Me planteo seriamente pedirme un día suelto el Viernes, por ejemplo, sólo para levantarme una mañana "laboral" sin el familiar dolor de tripa que me asalta cada mañana al abrir los ojos...

14 junio 2009

Josefa y Torcuato (Primera Parte)

Tiene un mensaje nuevo.

Piiiiiiiiiiii...
Josefa, soy Torcuato. Llámame cuando puedas aquí a la casa, mujer. Es que resulta que algún gracioso ha vomitao en la papelera, ¿sabes? Mira, me da asco hasta de comentártelo, ¿sabes? Y lo hemos tapao y eso como hemos podío con papeles, pero a ver si se puede limpiar eso un poquillo, ha dicho Jose Carlos, ¿sabes? Dice, que no venga ná más que a eso, dice, si ayer le dí el día libre, dice, y fíjate, le doy el día libre, dice, y hoy viene un cipote, dice, y vomita ahí, ¿sabes? A ver si te puedes acercar un poquillo durante la mañana... No hace falta que sea ahora mismo, si quieres pues un poquillo más tarde cuando tú termines de hacer tus cosas, ¿vale? Venga, hasta luego.
Me encanta mi contestador automático.

13 junio 2009

El Hallazgo

Aunque seguíamos con el dilema abierto sobre coche nuevo sí o no, no nos hacía daño ninguno churretear por Internet algunos modelillos de coches...

Se podría decir que en ese sofá había dos personas con niveles de entusiasmo claramente diferenciados.

YO: ¡Vamos a ver coches NUEVOS!

ÉL: ...y de segunda mano...

YO: ¡Sí, pero primero nuevos!

ÉL: Vaaaaaaaaaaale... ¿Y en qué coche habías pensado?

YO: Mmmmmm... Me gusta el C2. Tiene que ser pequeñito y cuco.

ÉL: Pufff. Este apenas tiene motor, sólo sirve para ciudad.

YO: Ya, pero es muy mono.

ÉL: Cariño, pero si no tiene motor...

YO: ¿Cómo que no? Aquí dice que tiene casi uno y medio... ¡1,4!

ÉL: Pero eso es muy poco... Bueno, vamos a ver otro.

YO: ¡Un Micra Jordi Labanda!

ÉL: (Mirada asesina.)

YO: ¿Y un Chevrolet?

ÉL: No me fío. ¿Un Peugeot?

YO: No, que son un rollo. No son nada femeninos...

ÉL: (Mirada de desesperación.)

YO: ¡Ya lo tengo! ¡Un OPEL! ¡Como la Olivita!

ÉL: Bueno, vamos a verlos... Un Corsa no estaría mal...

Y entonces, lo ví...

YO: ¡YO QUIERO UN CORSA COSMO!

ÉL: Cariño, COSMO no es de Cosmopolitan...

YO: ¡Bah! ¿Y quién va a saberlo? ¡Es el complemento perfecto!

ÉL: (Mirada de incredulidad.)

YO: Mmmmmm... Seré una Chica Cosmo con todas las letras...

ÉL: (Mirada inquieta.)

YO: Ya lo has leído: la expresión del estilo más exclusivo.

ÉL: (Mirada recelosa.)

YO: Además, seguro que nos regalan los muñecos C'MON.

ÉL: (Mirada perdida.)

YO: ¡Quiero ese coche!

ÉL: ¿No íbamos a mirar también de segunda mano?

YO: ¡A la porra!

En serio, no entiendo el motivo de tan poquísimo entusiasmo por el tema...

Además, sólo estábamos mirando, digo yo que luego en un concesionario está bien que te muestres algo reservado, pero estábamos en el salón de casa, ¡y era un Corsa COSMO! Empiezo a sospechar que no buscamos lo mismo en un coche, y yo creo que soy bastante razonable: que sea pequeñito, cuco, femenino y estiloso (¡ah!, y con cinco puertas, no soporto los de tres). No sé, no sé... Pero sigo pensando que algo más de emoción podría haberle puesto al hallazgo, ¿no?

De todas formas, aún no está decidido nada, y seguro que esto se alarga en el tiempo (sospecho que así será), nos arrancamos a finales de Verano y como no hará calor, no me acordaré de que la Olivita no tiene aire acondicionado, decidiré que no hace falta y seguiremos como hasta ahora...

Pero mola tanto un coche nueeeeeeeeeevo...

12 junio 2009

Todo es horrible...

Esta semana ha sido HO-RRI-BLE.

Así, con todas las letras, en mayúscula y en negrita.

(Actualizo desde el trabajo, no digo más...)

El Martes estuve casi diez horas en el trabajo, sin comer, apenas sin descansar. Estaba agotada y con dolor de tripa. No pude cogerme los billetes porque las agencias ya no gestionan nada de Renfe, así que menos mal que mi chico me lo hizo todo (uso fraudulento de la impresora de su trabajo incluido). Para terminar el día, recogí la propuesta del asesor para pagar a Hacienda, que difiere en 200 euros de la que me hicieron cuando pedí cita, pero que al fin y al cabo me toca pagar y bastante. Como estaba de un humor de perros por todo eso y además podía dormirme de pie, evité (sí, sí, eso fue lo que hice) a mi amiga, aunque luego quedé con ella para otro día. Era eso o arriesgarme a pegarle una voz o a poner alguna cara o algo raro, así que preferí quedarme en casa debajo de una mantita de corazones y dormir, dormir y dormir...

El Miércoles fue el viaje a Madrid. Madrugar, ir a la estación, coger el tren (con lo poco que me gusta), las horas de viaje (que sí, vas sentada, pero cansa igualmente), la tensión del "a ver qué me espera", las prisas en la estación, pelearse por un taxi, el desplazamiento hasta el territorio enemigo, la reunión en sí, los nervios... Todo me dejó para el arrastre. En cuanto pude me escaqueé para tener un rato para mí sola: me fui a comer donde me apetecía, paseé por donde quise, me tomé un frapuccino... Me lo había merecido. Luego ya emprezó otra vez la pesadilla, porque el tren se atrasó, y luego empezaron los correos urgentes y las llamadas, la falta de cobertura, las prisas. Tanto me estresé que estuve a puntito de no bajarme en la estación correcta, ¡lo que me hubiera faltado! Sólo me relajé un poco cuando mi chico me recogió; estaba cansada y con mucho sueño... Cenamos de tapas y yo estaba deseando meterme en la cama y que el mundo se olvidara de mí un ratito.

Y el Jueves fue cuando ya la cosa se volvió dramática. En cuanto llegué a la oficina, ya tenía mensajes de las cosas urgentes que tenía para ese día (que era lo que me dejé el Martes por imposible más todo lo de el Miércoles). Me senté en la silla, me conecté a la red y ya no me moví de allí en toda la mañana. La chica del soporte no me dejó respirar ni un segundo, y además me daba la sensación de que no descansaba nada. Yo empecé a no enterarme de nada de lo que me decía y a contestarle de forma automática. Sólo esperaba que llegaran las dos y media de la tarde para irnos a comer con las de la oficina, que POR FIN habíamos logrado quedar para salir a un restaurante.

¿Y qué pasó a las dos y media? Que la chica del soporte se le olvidó de que tengo la absurda necesidad de comer... Me dijo que había que hacer de forma urgente una revisión que se tardaba diez minutos pero la realidad es que fué más de una hora. Las demás se fueron a comer y yo me quedé sola en la oficina, on-line, con hambre, llorando de pura rabia de que no podía ni irme a comer cuando a mí me diera la gana, y encima, sin enterarme de nada.

Como es fácil suponer a estas alturas, el resto de día fue de mal en peor. En mi cabeza se sumó toda esa rabia y encima proliferó todo lo que me molestaba (o creía que me molestaba). Estallé. Y como suele suceder en estos casos, lo pagaron mi chico, mi cabeza (que me dolía horrores) y mis ojos (que se hincharon hasta casi doblar su tamaño). De nuevo estar debajo de la mantita se me antojó la mejor solución.

Así que hoy me he levantado como si me hubieran pegado una paliza. Además he madrugado para venirme al trabajo una hora antes, con la idea de seguir terminando cosas urgentes que parece que no se acaban. Eso sí, tengo el firme propósito de salir a las 15:00 porque no creo que aguantaría ni un minuto más aquí.

Necesito un paréntesis.

(

09 junio 2009

A las 18:40 de este Martes...

Sí, sí.

Como os lo estoy contando, chicos.

Que he llegado a casa a las 18:40 sin haberme cogido hora de comer porque el tema que llevaba entre manos (laboral) no podía esperar. Y a mi "tutora" en el proceso de adaptación a mi nuevo puesto le ha parecido de lo más natural. Al menos me consuela que ella tampoco ha ido a comer (mal de muchos... ya sabéis lo que soy).

Que he merendado unas brochetas de pollo que recién hechas estarían buenísimas, pero ya no lo estaban tanto. No he podido comer nada más. Me dolía el estómago de algo que yo creía que era hambre, pero no. Porque he comido y el dolor sigue ahí.

Que aún no he comprado los billetes para ir mañana a Madrid a una reunión. Pensaba que tenía ganas pero me las he dejado por algún sitio. Mañana preferiría (y ojo a lo que voy a decir) ir a trabajar como todos los días, pero en lugar de eso iré a mi primera reunión importante sin alegría, y sin nada preparado, por supuesto.

Que ahora iré a una agencia de viajes a por los billetes porque paso olímpicamente de sacármelos yo por la página web. No sé qué me pasa, con lo autosuficiente que soy yo con una conexión a Internet...

Que una buena amiga me ha llamado porque esta tarde se pasará por aquí y quiere que nos tomemos un café (desde primeros de año no nos vemos) y presentarme a su hijito recién nacido, pero no tengo ganas. Hubiera preferido que fuera otro día, en otro momento. No hoy. Estoy demasiado harta de todo.

Que tengo la cabeza como un bombo y encima no estoy tranquila porque aún me quedan cosas que hacer y mañana no apareceré por la oficina y... Que soy tonta, como ya se ha visto en el primer párrafo. Que no sé desconectar... Ya lo sé. Ya lo sé.

En fin, a ver si salir a por unos billetes de tren me despejan un poco...

08 junio 2009

Dilema Transportil

Se me ha calentado el pico.

Jo, es que es difícil que no se caliente. Para lo poco que veo la tele, ya me he enterado por activa y por pasiva de un plan que fomenta la compra de coches nuevos más ecológicos, y de paso renovar el parque móvil puesto que debes entregar en el momento de la compra un coche de más de diez años. A cambio, se puede conseguir una rebaja de hasta 4000 euros si no recuerdo mal. Es decir: ahora es el mejor momento, con diferencia, para comprarse un coche...

Y claro, tras ver esos anuncios se me calienta el pico. No puedo evitar repasar las "carencias" de mi adorada Olivita. Por ejemplo, no tiene aire acondicionado; eso no es un problema hasta que vienen los calores y la temperatura media diurna supera los 35º, cosa habitual en verano por esta zona. Ése es el fallo principal más sangrante, aunque tiene otras cosas... Como por ejemplo que no tiene cierre centralizado, lo cual es muy malo para alguien despistado como yo, que tranquilamente me puedo dejar sin querer una puerta abierta toda la noche (y el coche se queda en la calle). Puedo vivir con eso.

También tiene subida manual de ventanillas, pero además la del conductor va muy dura desde que intentaron abrirla hace unos años, así que prefiero asfixiarme antes de dejarme el brazo intentando accionar la manivela (a veces ni siquiera soy capaz de hacerlo). Puedo vivir con eso.

Desde que tuvo un problema eléctrico, el panel de mandos no se ilumina, así que si conduzco de noche y quiero poner la calefacción o manipular la entrada de aire, tengo que hacerlo a tientas. Puedo vivir con eso.

En realidad, puedo seguir así mucho tiempo más, peeeeeeeeero...

...me hace ilusión tener un coche nuevo con todas esas cosas. ¿Y a quién no? Recuerdo el olor a nuevo del Seat León, la ilusión de aquellos días, y claro, me da envidia. ¿No es lógico?

O si no nuevo-nuevo, uno de segunda mano que tenga aire acondicionado, por favor...

Claro que luego me acuerdo de mi adorada Olivita, y recuerdo que mis primeros contactos con un coche fue con ella. Soportó con paciencia mis torpes intentos de conducir. Me perdonó un par de rayajillos que le hice sin querer esos primeros días (incluida la vez que me estrellé a un kilómetro por hora contra un coche porque me dió tanto miedo que no fui capaz de frenar). Conozco todas y cada una de sus vibraciones. Acaricio con ternura una "cicatriz" que tiene en el cambio de marchas. Reconozco todos sus sonidos. Es el único coche en el que detecto claramente el punto de fricción. Me responde a lo que quiero. Me aguanta los cambios de marchas que hago a lo mecagoendiez. Manejo sus pedales con total soltura. En definitiva: adoro ese coche, porque he llegado a tener una especie de simbiosis con él.

Así que mi corazón se debate entre dos aguas...

¿Qué hago?

07 junio 2009

El mundo a los pies...

Pues no, el fin de semana no fue como me lo había esperado.

No fue peor, no. Fue diferente. Y me lo pasé muy bien.

Por supuesto, no hubo piscina, porque la previsión meteorológica se cumplió y bien cumplida. Y aunque hubiéramos tenido buen tiempo, había un pequeño detalle: la piscina estaba en obras. Jo. Pero la verdad es que no me importó ni un ápice.

El hotel rural sigue igual de estupendo que siempre. El lugar perfecto para desconectar en medio de la sierra. Estábamos solos, y pudimos descansar bien, que es lo que a mí me hacía falta.

Pero para que no se pueda decir que estuvimos todo el fin de semana perreando, también fuimos a hacer alguna que otra excursioncilla...

Sí, subimos a un pico que está a 1809 metros de altura. Es un balcón natural de la sierra, y una estación de vuelo libre, aunque este fin de semana no había mucha actividad, debido a la previsión de lluvia (que afortunadamente no nos pilló allí arriba). Las vistas eran tremendamente impresionantes. Mereció la pena el ascenso -en coche, claro, andando me hubiese muerto- por una carretera que, aunque asfaltada, era tan estrecha que daba respeto, más que nada porque o bien a la derecha o bien a la izquierda había un barranco de los que quitan el hipo. Pero una vez arriba, parecía que estuvieras en la cumbre del mundo.



Eso sí, hacía un viento... Y bastante frío. Las nubes tapaban el sol y la temperatura bajaba, pero sospecho que de hacer un sol, el calor hubiera sido también digno de mención. Pero la verdad es que todo eso daba igual, sólo se podía pensar que estábamos en el punto más alto de toda la zona y que el valle estaba a nuestros pies... A veces, te sientes en la cima del mundo.

Llama la atención el pequeño charquito que se veía a lo lejos, que habíamos visitado hacía poco. El embalse, que parecía nada desde allí arriba, es en realidad bastante importante: tiene una capacidad total de 498 hectómetros cúbicos (es uno de los cinco pantanos más grandes de Andalucía) y andaba por el 65% de su capacidad...

Así que aunque los planes hayan cambiado un poco, he disfrutado un montón del fin de semana. Puede que las cosas no salgan como están planeadas, pero eso no tiene que ser algo negativo... Eso sí: me apunto lo de la piscina para otra ocasión, no lo perdono.

05 junio 2009

Que te crees tú eso...

O sea, no me jodas (perdón): NO ME FASTIDIES.

¿Cómo que 25º de máxima cuando hace tres días el termómetro de la farmacia marcaba 41º?

¿Cómo que 13º de mínima cuando ha habido noches que no se podía dormir del calor?

¿Cómo que un 50% de probabilidad de precipitación, si no vemos el agua desde Febrero?

¿¿¿CÓMO ME DICES ESTO EN EL FIN DE SEMANA DE RELAX QUE TENEMOS???

Es que I can't believe it!

Que alguien me explique qué le he hecho yo al Universo... Venga, ¿qué trabajo le costaba mantener el sol dos días más (aunque no las temperaturas, eso me daba un poco igual)?

Por favor, que ha sido una semannus horribilis, que me merezco estar tumbadita al sol cinco minutos y luego a la sombra que no me he vuelto loca y después chapoteando alegremente en la piscina...

Claro que si se piensa el Universo que me voy a quedar en casita por un estúpida previsión meteorológica, va listo. Pienso disfrutar del fin de semana, y punto.

03 junio 2009

What really grinds my gears...

Creo que voy a tener que inaugurar una nueva sección.

LO QUE ME SACA DE MIS CASILLAS

No creo que me pongan un espacio en ningún informativo (aunque estaría bien sólo porque me peinaran y me maquillaran, eso sería estupendérrimo).

Pero bueno, al lío. ¿De qué me quejo hoy? No es una queja en sí misma, es algo que me pone de los nervios porque sí. ¿Y qué es? Las uñas pintadas de color oscuro.

Ojo, que me encantan. Me gustan mucho, PERO reconozco que si te pintas las uñas de un color fuerte u oscuro, tienen que estar impecables. En cuanto están un pelín descascarilladas (sobre todo por el filo de la uña, que ahí tarda bien poco el esmalte en rajarse), me da una sensación de suciedad las uñas de marras que no puedo soportarlo.

Además, me hipnotizan. No soy capaz de pensar si estoy hablando con alguien que tenga las uñas así, porque sólo puedo pensar en un gran y enorme bote de quitaesmaltes, varios discos de algodón, y la sensación de limpieza que quedaría después de quitar el pintauñas descascarillado. SUFRO viendo uñas así, y la despreocupación de las dueñas. De verdad que la sensación de suciedad que me transmiten es increíble, mucho más que un pelo sucio o una camiseta llena de lamparones... Es algo horroroso.

¿Y a vosotros? ¿Qué hay que os saque de vuestras casillas?

02 junio 2009

En el horizonte...

Lo único que me hace tirar pa'lante esta semana laboral (Oh-My-God, y esto lo digo un Martes) es saber que al final está el Viernes.

El Viernes intentaré salir saldré pronto, y esa misma tarde nos iremos a un hotel rural en medio de ninguna parte que descubrimos hace ya tiempo. La idea es ir allí, en mitad de la sierra, ¡al fresquito!, y tener la siguiente rutina durante el fin de semana:

1. Levantarse.
2. Desayunar.
3. Ir a la piscina.
4. Comer.
5. Siesta.
6. Volver a la piscina.
7. Cenar.
8. Serie / libro / película.
9. Dormir.

...y vuelta al primer punto. Si acaso, puedo hacer el gran y enorme esfuerzo de pasar de la siesta e irme más temprano a la piscina.

Pero vamos, la idea es: no pasar calor, estar rodeados de Naturaleza (y bichos, eso es lo único malo), sin cocinar, sin hacer la cama, sin limpiar, sin pensar, sin WiFi pero con el portátil para ver alguna serie porque en todo el hotel no hay ni una sola televisión (¿dejo alguna entrada programada?). Con la única preocupación de renovar mi capa de protector solar. Sin usar otro calzado que unas chanclas piscineras. La felicidad.

Lo necesito. Vaya que sí. Quiero desconectar del todo (de hecho, barajo la seria posibilidad de "olvidarme" el móvil del trabajo en casa, fíjate, qué contrariedad, en fin, lo siento, son cosas que pasan). Descansar. Disfrutar de paz y tranquilidad. Relajarme con mi chico. Recuperar mi buen humor.

Por favor, por favor, por favor... Que sea Viernes YA.

01 junio 2009

DESASTRE

- ¿Qué tal ha ido?

- ¡Me han puesto de RdP! ¡Buaaaaaaaaaaaaaaa!

Y me pasé la siguiente media hora sollozando, hipando y moqueando en el pecho de mi chico, mojándole la camiseta y manchándosela con churretones de rimmel.

Sí, por regla general, la palabra ascenso es positiva. De hecho, cuando por Agosto "heredé" mi actual puesto, en el fondo me alegré porque es un puesto que conocía (porque lo había asumido en periodos vacacionales) y que más o menos manejaba. De hecho, estaba bastante contenta.

Pero ya está. El puesto me gusta y no quiero ir más allá. No tengo una ambición desmedida y, sobre todo, conozco mis limitaciones (para algo llevo 30 años conociéndome). Sé lo que puedo hacer y lo que no. Lo que puedo asumir y lo que no. E ir más arriba de donde estoy ahora en esta empresa, no es algo para lo que me sienta capacitada. Ni siquiera mínimamente.

Traducido: que no quiero, c*ñ*, que no, que NOOOOOOOOOOOOO.

De ahí mi inconsolable llorera.

Además, como soy así de ingenua tonta, pensé que como para esos huecos que deja mi jefe no se haría promoción pública: sondearían a los posibles candidatos. En caso de que me preguntaran (no por nada, sino porque estoy justo debajo de él jerárquicamente hablando y sería lógico), tenía bien aprendida mi respuesta: no, muchas gracias por pensar en mí pero no desempeñaría un buen papel, ya que no tengo el perfil adecuado para ese puesto tan crítico de la organización. Punto.

Pero obviamente, NO. Las cosas no iban a ser así. Es decir, no ha habido promoción pública como ya imaginé, eso está claro, aquí el dedo que apunta es el dedo que domina el mundo. Hasta ahí ha sido como esperaba. Pero la otra parte no. Más bien la cosa ha sido de esta forma: vas a ser la nueva RdP hasta que las cosas vuelvan a su cauce, así que tienes cinco días para formarte. Punto.

No hay opción a decir que no.

Es decir: la persona que desempeña a la vez dos puestos y que paralelamente está preparando su partida (por lo que casi todas las mañanas tiene que salir a arreglar algún papel o ponerse alguna vacuna o simplemente organizar un traslado), me va a formar en un puesto completamente nuevo para mí, del que actualmente tengo sólo un 10% de visibilidad, por lo que la mayoría de cosas serán nuevas. Pero además, aparte de no decir nada a nadie porque a saber cuándo se hará oficial (no puedo desahogarme como debiera, ni explicar a mi gente de confianza las cosas raras que ven), no puedo dejar de realizar mis tareas diarias, ya que la producción no se puede ver afectada ni un ápice. Sin olvidar, claro está, que también hay que ir cubriendo las vacaciones del personal que me apoya (o sea: sus tareas también las tengo que hacer yo; repartidas, sí, pero a la postre es más trabajo).

Fantástico.

En definitiva: no vuelvo a ponerme rimmel para ir a trabajar, porque me da la sensación de que esto va a ser una llorera constante. En teoría el INFIERNO va a durar 365 días, y pienso ponerme un recordatorio de cuenta atrás.

Aggggggggggggggggg...