31 julio 2009

¿Y yo, qué leo? (XXVII)

A través de Bloguzz y de la mano de Random House Mondadori (me hace gracia el nombre de este grupo editorial, no sé por qué), he recibido en casa -y me ha hecho mucha ilusión- un ejemplar del libro MARCELO EN EL MUNDO REAL, una obra de Francisco X. Stork. La historia que encierran las páginas del libro es la siguiente:
Sí, es cierto, Marcelo Sandoval oye música dentro de su cabeza. También es verdad que Marcelo se pierde si se le deja solo en un lugar que no conoce y que se lo toma todo en un sentido literal.

Padece el Síndrome de Asperger, un leve autismo. Desde siempre ha asistido a una escuela especial donde se siente valorado y protegido. Pero un verano antes de acabar la secundaria, su padre le propone un reto: que trabaje en su bufete de abogados. Este desafío le hará enfrentarse al "mundo real", un lugar que siempre le ha aterrado. Este verano, Marcelo descubrirá sentimientos como la envidia y la competitividad, la ira y el deseo. Marcelo aprenderá también lo que significa sufrir ante la injusticia.

Un despertar que le hará entender mejor sus propias emociones y conectar con las personas de su alrededor. Descubrirá que, en realidad, no es tan diferente a los demás.
Me ha llegado al alma esta sinopsis. Últimamente he leído bastante sobre el Síndrome de Asperger, un trastorno de la personalidad que impide a la persona que lo sufre reconocer los estados emocionales ajenos. Es decir: no son empáticos. En el peor de los casos, una persona afectada podría no saber qué significa una sonrisa... Quienes sufren este trastorno son personas por lo general muy inteligentes, pero que encuentran dificultades (a veces serias) en su relación con los demás; por ejemplo se sienten incómodos al contacto visual, no captan la ironía, no distinguen una pregunta retórica...

En realidad, reflexionando un poco sobre este transtorno, parece que no nos damos cuenta de lo fácil que nos resulta relacionarnos con el entorno sabiendo interpretar los gestos de las personas. ¿Cómo sería un día de mi vida si yo fuera como Marcelo?

Muchos personajes de ficción sufren este síndrome. Por ejemplo, mi adorado Sheldon Cooper, de The Big Bang Theory. Otro personaje peculiar de serie, Maurice Moss, de The I.T. Crowd, es un genio con dificultades para relacionarse con su entorno, ¡incluso para llamar a los bomberos! También se baraja que Lisbeth Salander, la protagonista de la trilogía de Millenium, sufra el Síndrome de Asperger de manera leve...

En cuanto termine el libro que estoy leyendo me pondré con esta historia, que me parece interesante, y sobre todo muy humana. Cambiaré un poco el registro de mis lecturas. Ya contaré más adelante qué me ha parecido...

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El libro me lo he leído en tres días, porque no es excesivamente extenso. ¿Qué me ha parecido? Pues me ha gustado MUCHO. La historia es muy tierna pero dura a la vez, la lees y eres testigo de cómo una inocencia inmaculada se rompe en mil pedazos. De cómo un corazón despierta al amor con latidos leves al principio y rabiosos al final. De cómo se aprende a elegir la opción menos mala. De cómo se empieza a ser consciente de que en el mundo hay demasiado sufrimiento...

30 julio 2009

Depresión Postvacacional

Ahora sé que la depresión postvacacional EXISTE.

Y es muy cruel.

Te asalta la primera mañana de trabajo, cuando abres los ojos y el primer pensamiento que tienes es un ¡qué calooooooooor!, cuando tres días atrás tu primer pensamiento era dónde estará el edredón que hace fresquito.

Te persigue cuando suena el despertador, y lo apagas de un manotazo porque no quieres escuchar un estúpido programa de radio que no logras identificar, y te acuerdas que hace tres días lo que te despertaba era el sonido de las olas en la playa. Cierras los ojos pensando por favor, por favoooooor, que escuche el sonido de una gaviota, pero lo que oyes es el pitido de un camión dando marcha atrás.

La depresión postvacacional se instala definitivamente cuando te levantas y miras por la ventana y ves los edificios de enfrente de tu casa, y entonces es cuando eres consciente de que las vistas que llenaron tus ojos días atrás quedan a muuuuuuchos kilómetros...


29 julio 2009

Breves...

Ya hemos vuelto. Mañana toca trabajar otra vez. Jos.

27 julio 2009

¿Y yo, qué leo? (XXVI)

Durante las vacaciones he ido leyendo este libro, poquito a poco. CAMBIO MI VIDA POR LA TUYA, de Jane Green. Lo que se encuentra entre las páginas del libro es lo que cuenta la contraportada.
¿Verdad que siempre soñamos con lo que no tenemos? La soltera independiente sueña con el marido ideal y con hijos monísimos y encantadores. La madre de niños pequeños añora la independencia y libertad de su amiga soltera: ¡lo que daría por tener un fin de semana íntegramente para ella! Levantarse muy tarde, ir de compras (sin niños), de copas (con amigos), lo que sea... ¡pero sin la familia! Ahora bien, si pudieras intercambiar tu vida con otra durante unas semanas, ¿lo harías?

Vicky Townsley, directora de una revista femenina, quiere probarlo y escribir un artículo sobre su experiencia. Se instalará en Connecticut en una casa con niños y marido (muy guapo), y la propietaria de tantas maravillas -pero cansada de ser ama de casa y con muchas ganas de libertad- se irá a Londres para ocupar su lugar en la revista.

Ambas no van a tardar en descubrir algo: que nada es tan maravilloso como se imaginan...
La idea está muy bien y me atrajo bastante cuando leí esto en la librería, antes de decidirme a llevarme el libro. Lo malo (bueno, no es que sea malo: el inconveniente) es que empecé a leer y el intercambio en sí, que debería ser el punto de partida del resto de la historia, sucede bien pasada la mitad del libro.

La primera mitad nos presenta a Vicky y Amber, las mujeres que van a intercambiarse: cómo son sus vidas y, en consecuencia, lo que echan de menos y lo que buscan prestándose al intercambio. Vicky, aunque es redactora jefe de una revista femenina, tiene una vida menos glamourosa de lo que yo esperaba (me imaginaba una especie de Sarah Glattstein-Franco pero más joven), y la tal Amber es una mujer desesperada en toda regla (de hecho, se hace esa misma mención a lo largo del libro), que por la descripción que dan de su vida, no sé de qué se queja...

En definitiva, la historia es simple: no nos conformamos con lo que tenemos, nunca. Si tenemos A, queremos B, y cuando consigamos B querremos C y así hasta el final del abecedario y vuelta a empezar. Ésa es la base de toda la historia, y después hay más y más tópicos que realmente son ciertos. Como que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. O que debemos cuidar lo que deseamos, no sea que se haga realidad.

¿Si me ha gustado el libro? No está mal. No ahonda demasiado en el tema (se podría haber sacado una reflexión mayor, creo yo), porque empieza con el intercambio demasiado tarde, pero no ha quedado mal y no deja mal sabor de boca.

26 julio 2009

Me siento...

No me puedo creer que esté tan desconectada, tan tranquila, tan relajada.

Tan feliz.

No me puedo creer que esté escribiendo esto desde una terraza ideal, con una chaqueta puesta porque hace frío (¡frío un 26 de Julio!), escuchando alguna gaviota lejana, y el sonido del mar. El mágico sonido del mar. Las olas bañando la playa. El olor a sal. Es todo tan perfecto...

Cuando estuvimos organizando esta escapada, casi se puede decir que deprisa y corriendo por la poca antelación de la confirmación de mis días de asueto, realmente no albergaba la esperanza de encontrar un sitio en el que me sientiera tan en otro mundo que me olvidara de todo. Pero sí, aquí estoy, casi sin hacerme a la idea de lo a gusto que estoy...

Creo que nunca he disfrutado tanto del mar. No recuerdo que nunca me relajara tanto escuchar las olas. No he conseguido estar tan desconectada de mis procupaciones en meses...

Me siento feliz.

22 julio 2009

Y llegó el día...

Por fin estamos de vacaciones. Es un día raro para empezarlas, mañana Jueves ya nos vamos, pero es como mejor nos viene. Me hacen falta, la verdad es que sí. Me dejo tras de sí un caos laboral de mucho cuidado, pero intentaré no pensar en él a pesar de que arrastro conmigo la BlackBerry...

Nos vamos, lejos, muy lejos, en silencio...

Ah, no, que esa era una canción.

Pero sí que nos vamos lejos. Estoy muy ilusionada. La verdad es que hasta última hora no sabíamos ni si podríamos irnos, ni qué íbamos a hacer ni nada. La organización ha sido rápida y excelente, como siempre. De todas formas, aquí estoy, casi sin creerme que mañana no tengo que ir a la oficina.

Pero pienso en los días que vienen y la verdad es que sí, que me apetece muchísimo estar así, los dos, desayunando tranquilamente con el mar de fondo... Y escuchar el murmullo de su respiración al despertar...

21 julio 2009

¿Damos paso a la publicidad?

Tenía algo inesperado en mi correo electrónico.

Resulta que desde un blog, cuya temática difiere bastante del mío, me han propuesto que ponga un enlace aquí, pagándome y todo. Además, el chico me envió varios links de blogs que ya tienen puesta esa publicidad para que la viera y la verdad es que es muy discreta y nada agresiva...

Aluciné.

La verdad es que me sentí bastante halagada de que alguien piense que mi blog es un buen sitio para poner publicidad; y tan entusiasmada estaba, que lo compartí en Twitter, claro (en estos tiempos, qué menos). También compartí mi gran duda: ¿acepto o no acepto?

Me preguntaron si pagan bien. Pues no lo sé, porque es la primera vez que me ofrecen algo así y nunca me he preocupado de saber a cuánto se cotiza el píxel publicitario. Lo cierto es que necesitarlo, no lo necesito, aunque no niego que me vendría bien porque así el dominio se costearía solo, pero nunca se me había pasado por la cabeza ganar dinero con el blog.

Por otra parte, no me entusiasma en exceso un elemento un tanto ajeno en el blog (porque además la temática no está relacionada, como ya he dicho). He procurado que este espacio sea totalmente personal, mío, egocéntrico por denominarlo de algún modo, y este paso no sería coherente. Al menos yo lo veo así. Pero, claro, es una forma de cubrir gastos: como trabajar para pagarse la casa, que más personal que tu propia casa... Además, a mí la publicidad en otros blogs me da un poco igual, la verdad, pero claro, cuando se trata del mío, pues ya no me da tan igual.

Claro que también pensé en vosotros, sí, los que estáis leyendo esto. ¿Os molestará la publicidad, siendo ésta de texto, colocada en la barra lateral? Lo mejor es preguntároslo, como me apuntaron también en Twitter.

Así que: ¿qué opináis? Tenéis los comentarios para explayaros y además, una encuestecilla en la barra lateral que intenté poner en el post pero no he podido... Espero vuestras aportaciones. ;)

Peter Pan

Tengo 30 años. Lo dice claramente mi carnet. Ya no soy joven para mi banco. Ni para el gimnasio. Ni para la dependienta de la perfumería donde suelo ir. Haber superado la barrera de los 30 me asustó en un principio, pero ahora tengo que vivir con ello, no me queda otro remedio. Además, en realidad, no es tan malo...

Lo único que me preocupa es... Sí, tengo 30 años. ¿Y por qué me quedé con un xilofón de colores hecho a mano que en un principio iba a ser para la hija de unos amigos nuestros y acabó en la estantería del estudio? Me pareció tan mono... Con esos colores que alegran a cualquiera... Y quedaba genial con el entorno de la estantería...


¿Y cómo es posible que volviera a pasar otra vez? En la cuarta planta de El Corte Inglés, en lugar de UN peluche para otro bebé, compramos DOS. Sí, no fui capaz de permitir que el suave y adorable Pato fuera a parar a manos de un bebé que lo babearía casi seguro. Tuve que quedármelo, y para paliar que íbamos a salir de allí sin el regalo que habíamos ido a buscar, compramos otro. Pero yo ya tenía el mío y me quedaba tranquila. Lo he puesto en el rincón sueco de la estantería, jejejeje... Stieg Larsson e Ikea.


Ésa no fue la última vez. Hacía poco de mi 30 cumpleaños y estábamos en una tienda de muebles con mi madre, escogiendo su nuevo dormitorio. Yo había echado el ojo a mi siguiente adquisición, que estaba en un simulado dormitorio infantil. Cuando ya íbamos a salir, lo busqué disimuladamente, pero una cría ya lo había cazado antes. Me planteé acercarme a ella en plan sicario (ella tendría 5 años y yo seis veces más, no debería ser complicado), pero afortunadamente, mi chico encontró otro y no hubo que montar un espectáculo. Mi madre casi se muere de vergüenza en la caja, pero me daba igual: yo ya tenía a Jojis, y era más feliz que una perdiz.

¿Es esto el famoso Síndrome de Peter Pan?

20 julio 2009

Batiburrillo Lunero

Es Lunes.

Me he levantado a las 05:30 porque tenía reunión en Madrid. Un rollo. Pensaba que sería tensa, pero en realidad no ha sido para tanto. Una pérdida de tiempo, en definitiva, pero ha sido un subvencionado Lunes fuera de la oficina, jejejeje... Al final, no he podido llevar a cabo mi consabida escapada previa al tren de vuelta y tomarme un frapuccino. Jo.

Estoy cansadísima. Ayer era fin de semana y ya estoy para el arrastre, soy una piltrafilla. Lo único que me consuela es que me quedan DOS DÍAS para las vacaciones. No me lo puedo creer, pero para irme concienciando de que es cierto, ando mirando cosas relacionadas con lo que haremos esta semana. Por ejemplo, comprobar la predicción del tiempo para la boda. Hará fresquito, me alivia pensarlo (sobre todo cuando ahora estamos a 32º y son las 22:42).

De aquí me voy a la cama... ¡¡Buenas noches!!

19 julio 2009

Comparaciones...

Las comparaciones son tan inevitables como odiosas. O tan odiosas como inevitables. Da igual. Lo cierto es que, aunque no sea sano compararse con nadie, muchas veces no puedes dejar de hacerlo, y casi siempre sales perdiendo.

No sé dónde nos dejamos la objetividad en esos casos, pero desde luego creo que siempre tendemos a magnificar lo de los demás y hacernos de menos a nosotros mismos. El gran logro de una persona (ese que desencadena la cadena de pensamientos y la consabida comparación), es tan enorme que ensombrece otras circunstancias suyas y por supuesto, eclipsa toda nuestra existencia.

A mí me gusta mi vida. No niego que podría ser mejor (y peor, por supuesto), pero soy razonablemente feliz. Estoy muy enamorada de mi pareja, y cada día le quiero más. Tengo una familia pequeña, y nos llevamos bastante bien. Tengo amigos a los que aprecio mucho, y aunque a muchos de ellos no los veo todo lo que me gustaría, lo cierto es que no me quejo en ese aspecto. Estoy contenta por la parte de las relaciones personales.

En cuanto a lo meramente material, a lo mejor no tengo el mejor trabajo del mundo -es obvio-, pero lo cierto es que me gusta pensar que por méritos propios he escalado en una empresa grande. El sueldo no es para tirar cohetes, claro, pero me permite pagar la hipoteca de mi casa y vivir con cierta holgura. Sin lujazos, pero tengo lo que quiero. Me puedo ir de vacaciones, me puedo permitir mis caprichos, me puedo comprar un coche a tocateja... Y tengo mi propia casa, no vivo de alquiler. El sofá donde me tumbo es mío, la cama donde duermo también... Quizá es una tontería, pero a mí me realiza, porque sobre todo, me produce cierta sensación de estabilidad, que no me hace pensar dónde estaré mañana.

¿Que podrían mejorarse esos u otros aspectos de mi vida? Pues sí, pero ahora mismo no me hace falta, estoy contenta con lo que tengo. No echo de menos nada, y aunque, como digo, hay cosas mejorables y quizá me gustaría poder hacer o tener alguna que otra cosa en concreto (por ejemplo, me gustaría viajar más), la verdad es que, pensándolo fríamente, no lo necesito.

Entonces, ¿por qué cuando saltan las comparaciones, me da la sensación de que no tengo nada en la vida?

18 julio 2009

¿Y yo, qué leo? (XXV)

El fin de semana pasado terminé la segunda entrega de la saga Millenium, cuyo parco (nótese la ironía) título es LA CHICA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA, del fallecido Stieg Larsson (dudo mucho que a estas alturas de la vida el autor de esta saga no se conozca).

En el anterior libro Lisbeth se descubrió a sí misma bastante colada por Mikael, quien, sin quererlo y merced a su relación con Erika (que cada vez entiendo menos), le rompe el corazón. Desde aquí empieza la segunda parte de la historia.

La contraportada pone en antecedentes:
Lisbeth Salander se ha tomado un tiempo: necesita apartarse del foco de atención y salir de Estocolmo. Trata de seguir una férrea disciplina y no contestar a las llamadas ni a los mensajes de Mikael, que no entiende por qué ha desaparecido de su vida sin dar ningún tipo de explicación. Lisbeth se cura las heridas de amor en soledad, aunque intente distraer el desencanto con el estudio de las Matemáticas y ciertos placeres en una playa del Caribe.

¿Y Mikael? El gran héroe vive buenos momentos en Millennium, con las finanzas de la revista saneadas y el reconocimiento profesional por parte de colegas. Ahora tiene entre manos un reportaje apasionante sobre el tráfico y la prostitución de mujeres procedentes del Este que le han propuesto Dag Svensson, periodista de investigación, y su mujer, la criminóloga e investigadorea de género Mia Bergman.

Las vidas de los dos protagonistas parecen haberse separado por completo, pero entretanto... Una muchacha, atada a una cama, soporta un día tras otro las horribles visitas de un ser despreciable y, sin decir palabra, sueña con una cerilla y un bidón de gasolina, con la forma de provocar el fuego que acabe con todo.
Lo cierto es que no cogí esta segunda parte con la ansia que preveía cuando me picó el gusanillo de leer la saga, puesto que con el otro libro me aburrí bastante. Al menos, este tiene un desarrollo bastante constante: no he tenido que esperar a la segunda mitad del libro para ver un poco de acción.

Pero aún así, aunque esta segunda parte ha sido mejor que la primera, me que quedado un poco asín. No me ha impactado, no me ha dejado sin respiración, nada. Me ha dejado un tanto indiferente, ésa es la verdad. ¿Me ha gustado? Sí, pero un sí con poco entusiasmo. La frase que me sale al describirlo es: no está mal.

Sigue teniendo detalles superficiales y absurdos pero en menor medida a la hora de describir las situaciones, pero he notado una considerable mejora. No entiendo muy bien a qué venía toda esa paranoia de las Matemáticas y el teorema de Fermat. Y he decidido que si algún día me voy a Suecia a vivir, pondré una fábrica de pan de molde, porque me quedo con la sensación de que allí sólo se subsiste a base de café y sándwiches.

La verdad es que no puedo aportar demasiado porque, como digo, no es que me haya entusiasmado esta historia. Como había visto la película de la primera parte, algunos detalles del desenlace no me vinieron de sorpresa, aunque la revelación en la página 648 sí, la verdad. Pero sólo eso. El final me ha parecido una paja mental en toda regla... No sabría explicar exactamente por qué no estoy sin respiración como casi todo el mundo que ha leído este libro, pero es así.

Pero eso sí, pienso acabarme la trilogía. Ea.

17 julio 2009

¡Oh, sí!

Oh, sí.

POR FIN es Viernes.

De verdad que casi casi no me lo creía esta mañana. Pero sí. Además de lo maravilloso que es de por sí que lo sea, se añade que a media mañana (que por cierto, se me ha pasado rapidísima), se ha ido el Séptimo de Caballería, lo cual ha sido un alivio considerable, todo sea dicho.

Incluso me he permitido el lujo de casi irme a mi hora. Después de apagar el ordenador, estaba ya en la puerta de acceso a donde estaba mi coche, cuando oigo a mis espaldas...

- ¡Inneeeeeeeeeeeer, Inner, Iiiiiiiiiiinner!

Imposible hacerse la loca y fingir que no había oído semejante bocinazo. Me doy la vuelta (yo y otras veinte personas más), lentamente, intentando que cuando esté de cara a la chica que me ha llamado no la fulmine con la mirada, en plan Cíclope sin sus gafas. Consigo dibujar una sonrisa tensa (¡qué carajo: es Viernes!) mientras la veo venir trotando hacia mí con una hoja en la mano...

- Toma...

- ¿Qué es esto y por qué me lo das a las 15:28 si ves que me voy ya?

- Son tus vacaciones.

- ¿Cómo?

Sí, sí, esa cara se me puso.

Porque después de todo, conseguí hacer encaje de bolillos y ponerle a todo el mundo involucrado en el tema unas vacaciones que les gustaran, para que yo me pudiera coger las que yo quería. Y lo conseguí. Y el Miércoles pasado le llevé a mi jefa mi solicitud (270 kilómetros para llevar en mano la hoja, ojo). Y por la tarde se quedó en el despacho de Personal para que me las tramitaran. Y desde entonces sin saber nada. Y yo insistiendo a mi jefa de que no estaban picadas en el programa. Y la mujer diciendo que no me preocupara. Y yo pensando que iba lista, que hasta que no las tuviera seguras iba a seguir dándole la murga. Y ella dándome evasivas. Y yo venga a insistir.

Y allí estaba la hoja, con mi petición, la firma de mi jefa, un OK con rotulador rojo y lágrimas en mis ojos.

El próximo Miércoles me voy de vacaciones.

Por fin es Viernes.

Séptimo de Caballería se ha ido.

La vida es maravillosa.

16 julio 2009

Hasta los... ¡Ejem!

Uffffffffff...

Fué el Miércoles pasado (día 8 si el calendario que estoy mirando es el bueno, que ya no sé ni en qué año vivo) cuando tuve una reunión de trabajo en Madrid. Ese día, entre viaje, taxis, reunión en sí, comida, ida a la estación, whistles and flutes, realmente trabajé dos horas. Diez minutos, si me apuras: los que tardé en realizar mi presentación.

A partir de ahí todo ha sido un caos.

No he parado.

Así que hoy, ocho días después, ya en la segunda quincena de Julio (Oh-Dior-Mío) me he buscado cinco minutillos para ponerme a escribir un poco en el blog, cosa que me hace sentir algo mejor (así dicho puede parecer una tontería), porque es como si contactara un poco con mi rutina diaria que ahora parece haber muerto ahogada bajo una montaña de trabajo.

Salvo el fin de semana que me lo pasé en su mayoría durmiendo porque estaba agotada, el resto de los días han sido una locura: salir de casa por la mañana a trabajar y volver doce horas más tarde en el mejor de los casos: eso es muy triste, sí. He ido como un zombi a todas partes, demasiado aturullada / ocupada / desesperada como para parecer un ser normal.

Dentro de la fantástica jornada reducida-intensiva-mañanera que en teoría tendríamos Julio y Agosto, lo cierto es que ni un sólo día me he ido a mi hora, un poco por "voluntad propia". Pero esta semana me tocaba a mí estar de guardia oficialmente, no tenía más remedio que quedarme y ver como el resto de mis compañeros a las cuatro apagaban su ordenador sin pestañear y sin medio asomo de remordimiento... Oh, los admiro.

Y además...

Porque sí, SIEMPRE hay un además...

En el trabajo (¿hay otra cosa ahí fuera?), a alguien de allá arriba se ha dado cuenta de repente que TODO es un desastre (gracias, ex-jefe, todo un detallazo por tu parte, te salva que nos separa un oceano, literalmente hablando, que si no te ibas a enterar bien enterado, hombreyá) y se le ha ocurrido que me estaba tirando de los pelos con la microformación recibida (a todas luces insuficiente), sin ser capaz de arreglar nada (¿nos extrañamos?), y han mandado al Séptimo de Caballería al rescate.

O algo así.

Pero vamos, en definitiva: ha venido alguien que tiene el mismo puesto que yo desempeño ahora pero mucha más experiencia a echarme una mano, orientarme y decirme dónde debo perder tiempo y dónde no.

Al menos, en teoría.

Porque en la práctica ella sigue llevando sus cosas, más las mías -seguimos teorizando, claro-, y no hay tiempo material para todo, como es lógico. Así que estamos saliendo a las mil todas las tardes (y los demás de jornada intensiva, vuelvo a insistir en mi recocimiento), lo sigo haciendo yo todo sola y lo que necesito apoyo, me retraso porque la mujer no está siempre disponible, claro. Así que sigo tirándome de los pelos, pero con más discrección.

Por no hablar, claro, pero sí escribir en este post de desahogo total de que esta persona NO ES la que me venía dando apoyo, y donde la una decía así, esta dice asao, para cada una su método es mejor, y en medio estoy yo, majara perdida, y, seamos sinceros: HASTA LA CORONILLA.

(Mira, qué fina me he vuelto...)

Yo sólo quiero que llegue el fin de semana y que todo esto se acabe, por favor...

13 julio 2009

¿Te comunicas conmigo?

Veamos...

Vivo en un piso, lo que me asigna automáticamente una dirección postal. En ese piso tengo línea telefónica, con lo cual, también tengo número de teléfono fijo. Toda esa información aparece en las Páginas DelColorQueSea.

Por si acaso, también tengo un número de teléfono móvil desde hace varios años. También tengo una línea de teléfono móvil del trabajo, así que voy arreando con los dos números a todos lados. Del trabajo también tengo un fijo, y por supuesto, una dirección de correo electrónico (¡y la postal!). Esa dirección de correo electrónico corporativa me permite tener acceso, entre otras cosas, a BlackBerry Messenger.

Además, está claro que tengo una dirección de correo electrónico privada. Varias, de hecho. Una seria, para asuntos importantes, y otra de HotMail para las típicas chorraditas, que además es la que uso para Windows Messenger. Por supuesto, aparte, en GMail, tengo otra dirección para los "asuntos de Internet", que es la que uso cuando me registro en foros y esas cosas. Por si las tres me fallaran de forma simultánea, y enlazando con mi número de móvil, Vodafone también pone a mi disposición una cuenta de correo.

Por tener una cuenta de GMail, dispongo de GTalk y de un chat cuando entro dentro de la cuenta, donde por el simple hecho de mandar un e-mail a alguien que también tenga cuenta de GMail, podemos charlar en tiempo real. También con la cuenta de GMail, es decir, de iGoogle, tengo acceso a Blogger, y por tanto, a mis blogs (tengo varios, sí, pero son proyectos a los que al final no dedico mucho tiempo). La estrella es este blog.

Claro que no soy cyberpersona sin perfil de FaceBook, así que tengo uno, faltaba más. Y cuenta en Twitter. Y de Flirk. Y de TwitPic. Creo que de Hi5 también, pero no estoy segura.

También estoy registrada en varios foros, de series, de televisión, de libros, de música... Todo en plan SocialLiving. Tengo perfil en Last.fm, en aNobii. En todos esos sitios se me puede encontrar, y además, enviar un mensaje. Se pueden consultar mis gustos en lectura, en música, en cine...

Tengo instalado Skype tanto en el trabajo como en casa.

Y creo recordar que había por ahí una página donde te podían dejar notitas en plan post-it.

Creo que no me dejo nada relevante.

Pero con todo, sí, es posible que no sepas cómo localizarme, o la forma de hacerme llegar un mensaje. Si es que no nos comunicamos, jos.

12 julio 2009

Josefa y Torcuato (Segunda Parte)

Tiene un mensaje nuevo.

Piiiiiiiiiiii...
Josefa, buenos días, soy Torcuato. Que mira, que como no has venío esta mañana, pues me pregunto si es que te ha pasao algo o estás enferma o alguna cosa. Llámame cuando llegues a casa, chiquilla, por lo menos que estemos tranquilos, ¿sabes? Tú tranquila que no pasa ná, que si no pues has venío hoy por lo que sea, pues ya está, pero que, que me llames y me digas cualquier cosilla, que estoy preocupao, ¿vale? Venga, hasta luego.
Aquí mi amigo Torcuato (ya eres de la familia si dejas más de dos mensajes en el contestador) todavía no se ha percatado de que está llamando a una casa que no es la de Josefa a intempestivas horas de la mañana (sobre las nueve y media, por favor, si están poniendo las líneas telefónicas a esas horas). Lo cierto es que tiene suerte de que ya no hay nadie en casa, porque no respondo de nuestro humor contestando el teléfono a esas horas.

En fin... Yo soy una pura duda: ¿no se extraña este buen hombre de comentar con Josefa mensajes que la chica/mujer no ha escuchado en su vida? No sé. La verdad es que este hombre me cae bastante bien, y le perdono sus latiguillos y su forma fija de despedirse cuando deja un mensaje en el contestador.

Ah, y por unanimidad en casa hemos decidido NO sacar del error a Torcuato. Seremos testigos de la relación de este buen señor con Josefa.

10 julio 2009

Habemus Coche

Señoras, señores, les presento a InnerCar:

A pesar de lo que ha parecido en los últimos días, aquello de que estaba insegura y tal, fue un flechazo. Amor a primera vista. Cuando entramos en la Citröen y allí estaba, tan inmaculado, tan tranquilo, con su cutre cartulina naranja con el precio, supe que iba a ser mío. Bueno, si no él, un primo hermano. Tenía la cabeza llena de modelos, de precios, de pros de entregar la Olivita y contras (bastantes), y estaba ya un poco cansada del tema, la verdad. Además, tenía relativa prisa: queríamos un aire acondicionado con ruedas a la mayor brevedad, y el asunto amenazaba con extenderse hasta el Infinito y más allá.

Que sí, que vimos coches, y ofertas, y hablamos con particulares, y lidiamos con vendedores, y pedimos presupuestos de coches nuevos. Pero cuanto más ves, más dudas. Aún así, el pequeño C3 con su cartulina naranja ahí estaba, como esperándome.

Y yo me resistía... Porque me tentaba la idea de un coche nuevo. Pero una mañana, tuve una revelación: era más que probable que no estuviera nada tranquila conduciendo un coche flamante y nuevecito, y que mi seguridad aumentara unos cuantos enteros conduciendo uno de ocasión aunque estuviera bien, pero sería de segunda mano y eso le bastaba a mi conciencia para no atenazarme los músculos. El pequeño C3 con su cartulina naranja, en realidad, cumplía todos los requisitos.

Así que hace tres días fuimos, vimos, probamos y compramos. Ayer lo recogimos a última hora de la tarde, y ya duerme en el garaje... Sin la horrible cartulina naranja.

Como valor añadido a la situación: la Olivita sigue con nosotros, porque, en realidad, no tenía corazón para entregar el coche, por mucho que tentara la ayuda del Gobierno... Pero como al final no ha sido coche nuevo, pues nos la quedamos (además, era insultante la cifra que nos ofrecían por ella). Y sí, ahora tenemos 1,5 coches por cabeza, y aunque eso suene a poderío económico (¡!), nada más lejos de la realidad. Teniendo en cuenta que los dos necesitamos coche y que les pegamos unos señores tutes, no está mal la opción de tener un comodín tan adorable como la Olivita.

Estoy contentísima. Me gusta mucho el InnerCar. Me va a costar acostumbrarme a conducirlo, pero se deja mimar. No encuentro la marcha atrás, pero no importa. Mi mano se habituará a buscarla en la otra punta de donde solía estar. Huele a nuevo. Se me cala a veces. Está esperando que lo llene con mis cositas, mis papeles, mis chismes, mis chominaícas. Me regala fresquito casi inmediatamente. No importará que sea un desastre, porque con el cierre centralizado ya no tendré que probar que sí están cerradas todas las puertas y el maletero. En definitiva, voy a disfrutarlo a tope, con muuuuuuuuuucha ilusión...

En fin, ¿qué os parece?

07 julio 2009

¡Atrapada!

Pantalón pirata de lino color fucsia. ¡Pip!

Pantalón pirata vaquero con pespuntes rojos. ¡Pip!

Blusa verde sin mangas y cuello MAO. ¡Pip!

Camiseta de tirantes color chocolate. ¡Pip!

Sobrecamisa negra. ¡Pip!

Polo de rayas blancas y azul marino. ¡Pip!

Camiseta blanca de licra para interior. ¡Pip!

Pantalón largo suelto color chocolate. ¡Pip!

Camisa azul con lazada atrás. ¡Pip!

Camiseta roja con espiral en blanco. ¡Pip!

La voz de la cajera, que había estado pasando por el lector todas mis adquisiciones, me llegaba como ahogada y no entendí ni media palabra de lo que decía, supongo que el total de la venta. Ni siquiera la veía detrás del montón de ropa puesta de cualquier manera sobre el mostrador. Aparté las prendas y ví su amplia sonrisa. En esa tienda, la amplitud de la sonrisa es proporcional al importe de la venta. Sonreía mucho.

Saqué mi tarjeta y la pasó por el TPV. El chisme hizo un ruido muy raro. La chica la volvió a pasar. El ruido volvió a sonar. La chica insistió una vez más. Y el resultado fue el mismo. La dependienta me devolvió la tarjeta. No funcionaba.

Con calma, busqué mi TarjetaNúmeroDos en la cartera. Pero no estaba. Fruncí el ceño, mientras me acordaba que cuando salí a comprar la otra tarde, no llevé bolso y me la metí en el bolsillo. Al llegar a casa la dejé sobre la mesa, y allí se había quedado.

Ya un pelín más histérica, rebusqué mi TarjetaNúmeroTres o TarjetaDeEmergencia (porque no cabía duda de que ERA una emergencia). Pero tampoco estaba. ¿Qué c*ñ*...? Ah, es verdad. El otro día tuve otra emergencia con unos zapatos y llevaba la tarjeta en otro bolso, y allí se quedó.

Jos.

De todas formas, ser una compradora de mi nivel tiene sus ventajas. Sin ninguna de mis tarjetas, salí de la tienda con mis bolsas de ropa nueva... Aaaaaaaahhhhh...

PERO estaba en la calle. En la city. Con una tarjeta inservible (ni en el cajero funcionaba). Y tres euros sueltos en el bolsillo. Y el coche metido en un párking. A punto de quedarme atrapada allí.

Mi primer impulso fue correr como una loca al párking porque cada minuto que pasaba era un riesgo. Pero hacía demasiado calor, y yo soy demasiado vaga. Así que fui andando. Un poco frenética, pero andando. Y llegué al párking. Y metí el ticket. Por favor, por favor, prometo no comprar nada más en tooooooodas estas rebajas si me cuesta menos de tres euros y la máquina no se traga ninguna de mis únicas monedas...

2.60 EUROS

Uffffffff...

Conclusión 1: Necesito otra tarjeta, aunque sea implantada debajo de la piel, para que no se me olvide ni me vuelva a pasar nada parecido.

Conclusión 2: ¿CÓMO se me ocurre salir sin efectivo? Desde luego, no es mi estilo, debo repasar mi cartera cada cierto tiempo por si acaso.

Conclusión 3: Lo de llevar algo de dinero en el coche ha pasado de ser recomendable a ser BÁSICO.

Conclusión 4: Prometer algo a cambio de que algo me salga bien funciona, porque el Universo no ve que tengo los deditos cruzados y la promesa se queda sin efecto...

06 julio 2009

I ♥ Reading

Me gusta leer. Me gusta mucho, y además es algo que hago desde pequeña. El gusto por la lectura me viene de muy atrás, recuerdo que me tiraba tardes enteras devorando libros...

Me parece un hobby muy sano: el hecho de leer, así, tal cual. Pero por puro gusto. Nada de lecturas obligadas. Todavía me acuerdo cuando en el instituto a mi profesora de Literatura se le ocurrió la magnífica idea de mandarnos leer Industrias y Andanzas de Alfanhuí (de Rafael Sánchez Ferlosio). Lo pasé francamente mal, le cogí una tirria tremenda a la historia, me producía hasta angustia abrir el libro, y me prometí que nunca leería nada más por obligación. Y así ha sido.

Recuerdo con especial cariño el día que mi madre me llevó a la biblioteca por primera vez para hacerme el carnet de socia. Iba tan emocionada que no me importaba que en las fotos de carnet que me habían hecho esa misma tarde saliera con un jersey horrible que no me gustaba nada. Recuerdo la impaciencia con la que esperé que la bibliotecaria terminara de rellenar el cartoncillo, pegar la foto, poner un sello, meter el carnet en una funda de plástico que había traído mi madre y por fin, dármelo. Lo cogí extasiada. Era la socia 997.

Desde entonces devoraba un par de libros a la semana, como poco. A veces, incluso sacaba de nuevo libros que me habían gustado para releerlos, a pesar de la vergüenza que pasaba cuando la bibliotecaria de turno sacaba la ficha y veía que ya me lo había llevado (he de reconocer que alguna vez "extravié" la ficha de marras para no pasar por la situación: es el único acto vandálico de mi vida, creo).

En esa biblioteca descubrí las series, que era mi lectura favorita. La que más me gustó fue la de PUCK (de Lisbeth Werner), una chica danesa que iba de internado en internado y tenía miles de aventuras -justo hoy han hablado de ella-. Antes que ella habían pasado por mis manos sagas como Los Cinco o Los Hollister, todo de aventuras. En cuanto podía, me compraba algún libro suelto de la colección de PUCK, los que me faltaban porque en la biblioteca había tomos sueltos, claro.

Con todo, no fueron éstas las lecturas que más me marcaron. Recuerdo con cariño tres libros, muy especiales para mí, porque fueron mis primeros regalos literarios y coincidió en que me gustaron muchísimo:

- La Historia Interminable, de Michael Ende, una edición especial del Círculo de Lectores con una sobrecubierta en relieve. Me quitaba horas de sueño para avanzar, hasta que me quedaba dormida.

- Viento del Este, Viento del Oeste, de Pearl S. Buck. Creo que fue mi primera lectura de adultos, me pareció una historia preciosa y delicada.

- Es Mi Vida, de Robert Leeson, creo que fue el comienzo de mi pasión por las chick-lit, aunque no fuera una propiamente dicha porque la protagonista era una adolescente.

Luego, con el tema de los estudios no tenía tanto tiempo para leer, pero aún así he seguido con mi pasión hasta hoy.

Ahora mismo, leer es para mí una vía de escape, y lo cierto es que hasta me relaja ver mis estanterías coloridas de libros con historias ligeras que no me hacen pensar demasiado. En cuanto pude permitírmelo acabé la colección que sacó RBA, de los cuales no me he leído ni la mitad, pero me alegra tenerlos. Luego voy comprando de vez en cuando alguna edición de bolsillo, y si me gusta mucho una autora (como por ejemplo ahora mismo Sophie Kinsella), me agencio sus novedades cuando salen.

Hay gente que opina que el tipo de lectura que me gusta ni siquiera es literatura, que no es seria. Me da igual. Para mí, abrir un libro es un momento de evasión, así que cuanto más ligera sea la historia, más humor contenga, más me ría, más identificada me sienta... Mejor. Además, como ya he dicho, no voy a leer nada más por obligación, así que seguiré con lo que me apetezca leer, ni más ni menos.

05 julio 2009

A vueltas con el coche...

La otra tarde fui valiente, me monté en la sauna que tengo por coche y me fui a la city a ver coches. Una versión de mí, deshidratada y sudorosa, aparcó enfrente de la tienda de mi chico y lo secuestró durante dos horas mientras íbamos a ver coches.

En principio, sólo coches de ocasión, porque estaba "medio decidido" que no iba a ser un coche nuevo, por aquello del presupuesto, ajustarse el cinturón, la crisis, bla-bla-bla...

Los coches de ocasión no bajaban de los 7500 euros, y ninguno me gustó. Vale, ya sé que los vehículos de esas características son los que son, no puedes elegir... Pero tengo derecho a que no me gusten, ¿no?

También me hacía ilusión ver coches nuevos, como cuando entras a una tienda sólo para mirar sabiendo que no vas a comprar nada... Y vimos un par de ellos. Un Peugeot 207 y un Citröen C3. Este último es el que me gusta: había uno de ocasión bastante bien por 8400 euros, y nuevo con todo el equipamiento molón y entregando la Olivita por unos 11000, aproximadamente. O sea: la diferencia entre coche nuevo totalmente a mi gusto y uno de segunda mano bastante aceptable era de 2500 euros.

Ése era el dilema, sobre todo cuando la tentación estaba tan cerquita, la balanza se inclinaba hacia el coche nuevo, pero no dije nada. Debía madurar la idea durante el fin de semana...

En eso estaba pensando, en dejar aparcado el tema por el momento, mientras cenábamos al aire libre con unos amigos. Y luego, por pura casualidad, escuché a uno de ellos decir:

- ...porque el año que viene sacan un nuevo modelo de C3...

¿CÓMO? Estupefacta (y un pelín chispys, tengo que reconocerlo), levanté una ceja (o puede que las dos, porque creo que no sé levantar sólo una). Me giré inmediatamente a mi chico, quien al parecer ya sabía eso pero había obviado contarme una información tan sumamente vital para la elección de coche. Solo que él no entendía que fuera tan importante. Pues está claro que sí.

Me enfurruñé al instante, y sin entrar en el minúsculo detalle de que no me cuenta lo más importante del mundo del motor (los nuevos diseños), le anuncié mi lógico cambio de opinión.

- Pues entonces NO quiero un C3 nuevo.

- ¿Pero por qué?

- Ya lo has oído: porque el año que viene sacan un modelo nuevo.

- ¿Y qué más da?

- Pues mucho. No quiero ser la "chica del modelo antiguo".

- Pero si este modelo te gusta...

- Ya, pero estará desfasado enseguida. No lo habré pagado y ya estará out.

Jo, pues yo creo que es evidente y elemental: si te vas a gastar casi dos millones de las antiguas pesetas, qué menos que sepas que el año que viene tu flamante coche NUEVO no sea ya un modelo anterior. Otra cosa es si te lo compras de segunda mano, es algo aceptable. Pero no nuevo, no me parece.

Creo que en este asunto, vamos para atrás como los cangrejos...

04 julio 2009

¿Y yo, qué leo? (XXIV)

Alucino. Hace pocos días que empecé ¿TE ACUERDAS DE MÍ?, de Sophie Kinsella y ya me lo he terminado. Lo he cogido con ansia. De hecho, me lo compré el día después que me enteré que ya había salido en España (hasta me planteé comprármelo en inglés y todo). Me ha merecido la pena.

Esto dice la contraportada que pasa:
¿Y si un día abrieras los ojos y, de repente, tu vida fuese perfecta? Por increíble que parezca, a Lexi Smart ese sueño se le ha hecho realidad. Tenía un trabajo mal pagado, los dientes torcidos y una vida sentimental desastrosa cuando, una mañana, se despierta en una cama de hospital y descubre que su espléndida dentadura deslumbra como en un anuncio de dentífrico, sus uñas presentan una manicura inmejorable, y su ropa y complementos son los de una mujer muy rica. Y, por si fuera poco, está casada... ¡¡¡con un desconocido!!! Superada la gran sorpresa, Lexi se propone disfrutar de su nuevo yo, con lo cual podrá comprobar de primera mano las ventajas e inconvenientes que puede acarrear una inesperada vida perfecta.
Sí, puede que el argumento no sea muy realista que digamos. Pero me lo he pasado bomba leyendo, tanto, que me lo he devorado en nada de tiempo. Me parece increíble que me gusten tanto los libros de Sophie Kinsella (bueno, la mayoría, tuvo un par de tropiezos pero se los perdono por todo lo que me hace reír), y luego los de Madeleine Wickham me parezcan literatura barata. ¿Qué le pasa a esta mujer, sólo sabe escribir cuando se pone el seudónimo? No me lo explico...

Pero bueno, a lo que iba. La historia de Lexi es sencilla: se da un golpe en la cabeza y desaparecen los últimos años de su vida, precisamente esos años en los que se transformó completamente hasta convertirse en la persona que es ahora, alguien irreconocible (y no sólo en el espejo). Más sexy. Más rica. Más... Más... Más cosas que ella va averiguando a la vez que quien sigue su historia. Lexi está en una nube, y la pregunta es: ¿se vuelve más mullida o menos espesa?

Como me ha gustado tanto porque me he reído un montón con la manera de presentar la historia, no voy a contar nada más. Esta vez sí que recomiendo este libro, es una lectura de verano de verdad.

03 julio 2009

Egoísmo / Un Día Duro

Supuesto horario laboral para el día de hoy: de 08:00 a 15:00, y a casita.

Horario efectivo de trabajo: de 08:00 a 18:39, sin hora de comer, por supuesto.

Número de correos sin contestar: tropecientos.

Tarea principal durante la jornada laboral: reducción de personal de la empresa.

Desempeño de la misma: explicar a los afectados que prescindimos de sus servicios.

Resultado 1: mucha gente asustada, preocupada, triste...

Resultado 2: ganas de llorar (mías).

Resultado 3: nudo en el estómago (mío).

Resultado 4: miradas recelosas (sobre mí).

Resultado 5: una cabeza a punto de estallar (la mía).

Resultado 6: necesidad de huir (mía).

Resultado 7: llanto efectivo en la soledad de mi casa.

Pues sí, hoy sido un día duro para mucha gente...

02 julio 2009

¿Vacaciones?

Estoy un poco que me subo por las paredes.

Huyo (sí, ése es el verbo: huir) del trabajo y de los millones de comentarios de los planes que tiene todo el mundo para sus vacaciones.

Todo el mundo menos yo.

Estoy tranquilita en casa, y pongo la tele un rato. Viajes Marsans, Viajes Iberia y similares me bombardean de ofertones, porque este año, con la crisis, los precios están baratos y todo el mundo puede viajar.

Todo el mundo menos yo.

La apago, un poco recocidilla. Y me voy a Internet. Abro mi correo, y varias cadenas de hoteles me presentan sus ofertones para este verano, y me recuerdan que todos sus clientes ya disfrutan de tarifas más baratas.

Todo el mundo menos yo.

Cierro el correo y abro mi listado de blogs para ponerme al día, y el 80% de ellos o están contando los días que les quedan para las vacaciones, o sacando los billetes para sus viajes, o simplemente compartiendo sus próximos destinos. De una forma u otra, todo el mundo está pensando en sus vacaciones.

Todo el mundo menos yo.

Porque sí, estamos ya a Julio y no tengo ni idea de qué va a ser de mí vacacionalmente hablando este verano.

¿Y por qué estoy en esta situación? Por mema.
    Llevo un año sabiendo que la boda de una de mis mejores amigas es el 25 de Julio en la otra punta de España. Lo sé yo y lo saben mis compañeros porque no he parado de hablar del tema. Pero una de ellas al parecer se hizo la sorda y resulta que no se enteró de que tenía intención de pedirme una semana en Julio para ir a la boda tranquilita y ya de paso disfrutar de unos días de relax (por cierto, la primera vez en cuatro años que digo de tomarme una semana en verano). Ella hizo planes con sus amigas para la segunda quincena de Julio, o eso dijo. Así que cuando fuimos a ver cómo nos pedíamos las vacaciones, ni ella estaba dispuesta a renunciar, ni por supuesto yo tampoco.

    Nos enzarzamos en una buena discusión en la cual no llegamos a ninguna conclusión, salvo que la una pensara -y dijera- de la otra que era una egoísta.

    Después de eso, nada más que por coraje y orgullo no he vuelto a sacar el tema. Claro que podría haber sido una hija de fruta, haber entregado mi solicitud de vacaciones (porque ninguna de las dos lo habíamos hecho) y el que viniera atrás que arreara. Pero no lo hice. Por eso hora estoy a expensas de que mi compañera se decida a pedirse vacaciones de una buena vez. No le presiono más porque ahora resulta que está pasando un momento personal delicado y yo soy así de sumamente considerada a la par que gilipollas, pero estoy bastante harta de este tema y también es verdad que soy capaz de soltar una burrada además de montar un pollo tremendo.

Necesito vacaciones. Y más que vacaciones, necesito la EXPECTATIVA de unas vacaciones. Una cuenta atrás. Una ilusión de elegir destino. Una aventura al planificar cosas. Para que sea todo el mundo, y yo también.

01 julio 2009

SuperNómina

Sueño. Hace sueño. Claro, es tempranísimo. Tengo los ojos legañosos, pero aún así he de mirar si he cobrado... Antes incluso de abrir el correo corporativo. Las prioridades son las prioridades. Porque ya empiezan las rebajas, y la mañana se pasará más rápido haciendo una lista mental de cosas que agenciarme cuando salga de aquí y me vaya de tiendas (porque no tengo nada que ponerme, y eso no puede ser).

Veamos. Tecleo la dirección de mi banco, meto siete veces el D.N.I., cuatro veces la contraseña, cinco veces las coordenadas, dos escáneres de retina, tres muestras de ADN y... Por fin están los datos de mi cuenta.

¿Pero qué es esto?


Se me caen las legañas de la impresión, claro.

Vale, que no cunda el pánico (la euforia, más bien). Estaba esperando un aumento, sí, pero no cobrar un millón de las antiguas pesetas de una tacada. Aunque yo lo valgo, sí, está fuera de toda discusión, pero creo que en mi empresa aún no se han dado cuenta y no me lo reflejan en el sueldo, cosas que pasan. A alguien se le ha debido de ir el dedo de mala manera... O de buena manera, según se mire. Incluso es posible que hayan intercambiado las nóminas, y en ese caso debe de haber alguien tan alucinado como yo pero en el mal sentido, y como sea algún jefazo, quien haya metido la zarpa en el programa de nóminas va a tener un día chungoooooo...

El caso es que tengo 6000 euros en la cuenta, y los ojos me hacen chirivitas.

Menudo comienzo de las rebajas. O sería la mitad de un coche nuevo. O disfrutar de las vacaciones a todo tren...

Empiezo a soñar, no puedo evitarlo. Lo primero, con un SPA de lujo al que llego en mi NUEVÍSIMO coche que rezuma el característico olor a coche nuevo (valga la redundancia). Abro el enorme maletero y saco un juego de maletas (qué redundante soy en sueños) lleno hasta los topes de ropa nueva que he comprado en las rebajas y...

Toc, toc.

Me tocan el hombro. Un angelito con el ceño fruncido me miraba mal. Le pongo carita de pena pero entorna los ojos. Vale, vale, está bieeeeeeeeeeeen... Les diré que hay un minúsculo error, casi nada, unas decimillas, de hecho, no tienen ni que molestarse en revisarlo...

Bueno: vale. Lo denuncio, como no puede ser de otra manera. Soy honrada. Ahora mismo no soy pobre (hasta ayer lo era y seguramente a partir de mañana mismo también), pero sí honrada. Así que quedo en espera de que me quiten mi súpernómina y me den una normal y corriente, para planerarme el mes, poderme comprar una camiseta al menos en las rebajas, pagar cosas tan aburridas como la hipoteca, el seguro y esas cosas que los que realmente cobran 6000 euros seguramente no tienen necesidad de hacer... Hay que joderse.

Jo, pero cómo molaría cobrar eso todos los meses...

 
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