Lo reconozco, lo sé. No es sano. Pero no puedo evitarlo, qué puedo decir...
Pero me da envidia, mucha, enterarme casi cada vez que entro en FaceBook de que una persona cercana a mí se vuelve a ir de viaje. Porque sí, viaja mucho. Pero mucho. Londres, París, Nueva York, Pisa, Honolulu, Hong-Kong, Moscú... Todo eso y más. No para. Además, es cierto: no es ni un farol ni una fanfarronería.
Otras cosas no me dan envidia, pero viajar y conocer mundo, en el amplio sentido de la palabra, pues sí. Me gustaría poder viajar más a menudo (igual que me gustaría tener un cuerpo de modelo o una casa con piscina). Eso no quiere decir que esté descontenta con mi modo de vida, no es eso, pero me gustaría completarlo, por decirlo de algún modo, con unos viajes alucinantes... ¿Por qué no?
Y no puedo hacerlo porque no tengo ni tiempo ni dinero para invertirlo en eso. Cada vez que entra mi sueldo a la cuenta bancaria hay que atender a las obligaciones de la vida adulta: hipoteca, facturas de diversas índoles, alimentación, seguros, gasolina, etcétera; y luego los demás gastos, e intentar ahorrar un poco.
Quizá todo en el fondo es cuestión de prioridades, las que elijo por mí misma y las que mi vida me requiere (que también las hay). Porque sí, quizá estas vacaciones hayamos estado en el norte de España -bien a gusto y sin privarnos de nada-, pero sigue dándome envidia aquellos que viajan al extranjero.
Claro que si hubiéramos hecho un viaje como esos que hacen que se caiga la baba, no estaría disfrutando de mi magnífico InnerCar, ni tampoco habríamos decidido ampliar la cocina para mejor. Deberíamos pensarnos dos veces salir a comer o cenar fuera, si nos apeteciera. No podría "enamorarme" de ningún bolso o de ningunos zapatos. No podríamos concedernos caprichos...
No pretendo con esto quejarme de nada, simplemente es un deseo que no implica renegar de nada...
Desde luego, no podemos tener todo lo que queremos, eso está claro, pero soñar es gratis y en ocasiones hasta automático, y a veces nace de la envidia, como es el caso.
Pero me da envidia, mucha, enterarme casi cada vez que entro en FaceBook de que una persona cercana a mí se vuelve a ir de viaje. Porque sí, viaja mucho. Pero mucho. Londres, París, Nueva York, Pisa, Honolulu, Hong-Kong, Moscú... Todo eso y más. No para. Además, es cierto: no es ni un farol ni una fanfarronería.
Otras cosas no me dan envidia, pero viajar y conocer mundo, en el amplio sentido de la palabra, pues sí. Me gustaría poder viajar más a menudo (igual que me gustaría tener un cuerpo de modelo o una casa con piscina). Eso no quiere decir que esté descontenta con mi modo de vida, no es eso, pero me gustaría completarlo, por decirlo de algún modo, con unos viajes alucinantes... ¿Por qué no?
Y no puedo hacerlo porque no tengo ni tiempo ni dinero para invertirlo en eso. Cada vez que entra mi sueldo a la cuenta bancaria hay que atender a las obligaciones de la vida adulta: hipoteca, facturas de diversas índoles, alimentación, seguros, gasolina, etcétera; y luego los demás gastos, e intentar ahorrar un poco.
Quizá todo en el fondo es cuestión de prioridades, las que elijo por mí misma y las que mi vida me requiere (que también las hay). Porque sí, quizá estas vacaciones hayamos estado en el norte de España -bien a gusto y sin privarnos de nada-, pero sigue dándome envidia aquellos que viajan al extranjero.
Claro que si hubiéramos hecho un viaje como esos que hacen que se caiga la baba, no estaría disfrutando de mi magnífico InnerCar, ni tampoco habríamos decidido ampliar la cocina para mejor. Deberíamos pensarnos dos veces salir a comer o cenar fuera, si nos apeteciera. No podría "enamorarme" de ningún bolso o de ningunos zapatos. No podríamos concedernos caprichos...
No pretendo con esto quejarme de nada, simplemente es un deseo que no implica renegar de nada...
Desde luego, no podemos tener todo lo que queremos, eso está claro, pero soñar es gratis y en ocasiones hasta automático, y a veces nace de la envidia, como es el caso.















