31 agosto 2009

Envidia...

Lo reconozco, lo sé. No es sano. Pero no puedo evitarlo, qué puedo decir...

Pero me da envidia, mucha, enterarme casi cada vez que entro en FaceBook de que una persona cercana a mí se vuelve a ir de viaje. Porque sí, viaja mucho. Pero mucho. Londres, París, Nueva York, Pisa, Honolulu, Hong-Kong, Moscú... Todo eso y más. No para. Además, es cierto: no es ni un farol ni una fanfarronería.

Otras cosas no me dan envidia, pero viajar y conocer mundo, en el amplio sentido de la palabra, pues sí. Me gustaría poder viajar más a menudo (igual que me gustaría tener un cuerpo de modelo o una casa con piscina). Eso no quiere decir que esté descontenta con mi modo de vida, no es eso, pero me gustaría completarlo, por decirlo de algún modo, con unos viajes alucinantes... ¿Por qué no?

Y no puedo hacerlo porque no tengo ni tiempo ni dinero para invertirlo en eso. Cada vez que entra mi sueldo a la cuenta bancaria hay que atender a las obligaciones de la vida adulta: hipoteca, facturas de diversas índoles, alimentación, seguros, gasolina, etcétera; y luego los demás gastos, e intentar ahorrar un poco.

Quizá todo en el fondo es cuestión de prioridades, las que elijo por mí misma y las que mi vida me requiere (que también las hay). Porque sí, quizá estas vacaciones hayamos estado en el norte de España -bien a gusto y sin privarnos de nada-, pero sigue dándome envidia aquellos que viajan al extranjero.

Claro que si hubiéramos hecho un viaje como esos que hacen que se caiga la baba, no estaría disfrutando de mi magnífico InnerCar, ni tampoco habríamos decidido ampliar la cocina para mejor. Deberíamos pensarnos dos veces salir a comer o cenar fuera, si nos apeteciera. No podría "enamorarme" de ningún bolso o de ningunos zapatos. No podríamos concedernos caprichos...

No pretendo con esto quejarme de nada, simplemente es un deseo que no implica renegar de nada...

Desde luego, no podemos tener todo lo que queremos, eso está claro, pero soñar es gratis y en ocasiones hasta automático, y a veces nace de la envidia, como es el caso.

29 agosto 2009

Tarde de Sábado

No es justo.

Son las cuatro de una calurosa y perezosa tarde de Sábado.

Lo que pinta ahora mismo es echarse una MEGASIESTA.

¿Pero qué sucede?

Pues que en lugar de ello estoy actualizando a la vez que cacharreo por Internet, porque no puedo dormir siesta a no ser que quiera arruinar mi elaborado y caro peinado de peluquería. Ése con el que he acabado de sentenciar la capa de Ozono de tanta laca como lleva encima. Ahora mismo mi pelo tiene un aspecto impecable, peeeeeeeeero... No es aconsejable tocarlo si no quieres toparte con una maraña de cabello rígido. Tampoco es buena idea acercarse mucho porque cuanto más te fijas, más artificial parece mi look natural.

Así que aquí estoy mientras mi chico SÍ está dormidito en el sofá, dejándome los ojos en www.jbonline.es, matando el tiempo buscando pepitas (y sin encontrar un maldito premio directo, sólo participaciones y ni una triste botella para consolarme), atracándome de Coca-Cola para no caer en la tentación de acostarme y acumulando tremenda pereza para luego vestirme para ir a la boda.

Ainssssssssssss...

28 agosto 2009

El Mundo de la Decoración

El otro día iba yo subiendo penosamente una cuesta andando por la calle, cuando me paré a recuperar el aliento curiosear un escaparate de una tienda de decoración (ahora me ha dado por eso, mira que no darme por ir compulsivamente al gimnasio, vaya por Dior).

El caso es que me fijé en un aparador destartalado y medio descolorido, que tenía toda la pinta de haber sido rescatado de un contenedor y puesto ahí de cualquier manera. Encima tenía como una vajilla de color y algún que otro elemento decorativo. Mi impresión fue que el conjunto estaría mucho mejor con un aparador en condiciones, lo que me llevó a pensar que seguramente el mueble estaría como de atrezzo...

...aunque sonara ridículo un mueble de atrezzo en una tienda de muebles y decoración, pero bueno, el escaparatismo es un mundo que no domino.

Pero luego, enfoqué la mirada a una etiqueta que colgaba despreocupadamente del tirador del aparador y casi se me da un limón al ver que no sólo el mueble NO era de atrezzo porque tenía precio, sino que pedían por semejante cosa 1590 EURAZOS.

Excuse me??

Perovamosaver, ¿cómo se puede pedir un cuarto de millón de las antiguas pesetas (que duele más decirlo así que en euros) por un destartalado mueble descolorido? Y más aún: ¿habrá alguien que lo pague? Y yo diciéndole a mi madre que se deshiciera de nuestros muebles antiguos... Deberíamos habelos dejado a la intemperie unos días y luego venderlos a 3000 euros.

Qué poca visión tengo.

27 agosto 2009

¿Y yo, qué leo? (XXIX)

A pesar de que en teoría tengo bastante tiempo libre, paradójicamente he tardado bastante en terminarme este libro debido al aplatanamiento superlativo que tengo estos días en lo alto. Es decir: no ha sido culpa de HOMBRES, BEBÉS Y TODO LO DEMÁS, un libro de Jane Green que, según dicen, nos habla con ternura de algo que, al menos una vez en la vida, toda mujer tiene en mente: tener -o no tener- un hijo.

Y nos lo cuenta a través de tres historias:
El amor entre Julia y Mark se ha desgastado con el paso del tiempo. A veces, Julia piensa que un bebé podría ayudarles, pero ¿es, realmente, la respuesta a sus problemas?

Maeve es totalmente alérgica a la maternidad. Acelera el paso cada vez que ve un cochecito. Una noche de fiesta, un ligue, un descuido... y un embarazo no deseado, pero ¿está segura de que no quiere seguir adelante?

Samantha está completamente absorbida por su bebé. Pero ¿cómo se siente Chris, su marido, ahora que su mujer se ha vuelto inaccesible? Y la obsesión de Samantha, ¿es saludable?...
Efectivamente, el libro se divide en tres partes, cada una desde la óptica de una de sus protagonistas. Las tres son unas treintañeras exitosas en un punto clave de sus vidas como mujer. Julia está intentando obsesivamente quedarse embarazada para salvar una relación que hace aguas por todas partes. Emperrada como está en que ésa será la solución, sin quererlo precipita un fin a todas luces cantado y decide marcharse para aclararse y descubrir qué quiere realmente. Maeve es la antítesis de Julia: le sale un sarpullido sólo con estar cerca de un bebé y le produce alergia una conversación de embarazos o pañales, pero de repente se ve con un hijo creciendo en sus entrañas y su óptica cambia completamente a la vez que lo hace su cuerpo. Samantha ya ha pasado por todo eso y tiene a su pequeño en brazos, está en la siguiente fase: cuando dejas de ser mujer para pasar a ser madre a tiempo completo, y cambia todo, sobre todo el carácter. Al final las tres mujeres acaban enlazándose de un modo u otro, y eso le da más sentido a la historia completa.

Con un estilo sencillo y directo, como a mí me gusta, estas tres historias han desfilado ante mis ojos dejándome un buen sabor de boca. Me sentí muy identificada con Maeve (hasta que se quedó embarazada, claro). Yo soy como ella o peor, así que deduzco que no estoy sola en el mundo. Me ha agradado la forma que ha tenido la autora de reflejar cómo se puede sentir una mujer con respecto a la idea de tener hijos (en varias posturas), con naturalidad y sin asomo de culpa, y qué puede pasar a tu alrededor mientras tú ves el mundo a través de tus ojos. Es una lectura muy recomendable para quienes de vez en cuando le dan vueltas a la idea de la maternidad, como yo.

26 agosto 2009

De este agua no beberé...

A partir de ahora, el refrán no digas nunca de este agua no beberé queda modificado para siempre, gracias a mi incontinencia verbal.

Como el Sábado que viene tengo una boda, ayer por la tarde fui a la caza y captura de una cartera que completara mi look para el evento, que es lo único que me faltaba.

Lo sé, lo sé: qué poca previsión. Pero es que yo soy asín.

El caso es que para optimizar mi paseo por la city, listé todas las tiendas y tienduchas susceptibles de tener carteras de fiesta que pudieran ir bien con mi estilismo. Me salieron 17 tiendas en un radio aceptable -sin coger el coche- desde mi punto base (la puerta de El Corte Inglés).

En la tienda número 1, el resultado fue negativo.

En la tienda número 2, el resultado fue negativo.

En la tienda número 3, el resultado fue negativo.

En la tienda número 4, el resultado fue negativo.

En la tienda número 5, encontré casi de casualidad una cartera que bien me podía hacer el apaño.

El tamaño era el adecuado (más bien pequeñita para que no me terminara estorbando), el material me venía bien (de charol, como las sandalias que me pienso poner), el color no estaba mal (rojo que se degradaba a negro, y mi vestido es negro con unas cuantas flores en color rojo metalizado). No era la cartera perfecta, pero tenía un pase.

Total, que pregunté el precio, que en realidad era bastante razonable por no decir barato. Pero se me cruzó un cable y pensé que a pesar de todo, la cartera no lo valía, porque sería sólo para una vez, no era ponible con ninguna otra cosa que no fuera ese vestido, siendo siencera conmigo misma no me convencía mucho y total, todavía tenía 12 tiendas en perspectiva y la tarde por delante.

En ese momento yo debí decir algo así como oh, muchas gracias, daré una vueltecilla y si eso luego me paso o el típico voy a consultarlo con una amiga a ver qué opina, o cualquier otra salida habitual, discreta, hipócrita e indolora.

Pero en lugar de eso, ABRÍ LA BOCAZA (¿de quién se me habrá pegado esa fea costumbre?) y no recuerdo exactamente qué solté, pero vine a decirle al pobre dependiente que era muy caro el precio de esa ridiculez de cartera, que tenían bolsos el doble de grandes por menos precio, que si es que a ese rincón no habían llegado las rebajas, y un largo y avergonzante etcétera que juro que no sé de dónde surgió.

Y salí de la tienda, muy digna yo, obviamente sin la cartera.

¡Habiendo más tiendas y muuuuuuuchas más carteras mejores que ésa! ¡Y seguro que más baratas!

En la tienda número 6, el resultado fue negativo.

En la tienda número 7, el resultado fue negativo.

En la tienda número 8, el resultado fue negativo.

En la tienda número 9, el resultado fue negativo.

En la tienda número 10, el resultado fue negativo.

En la tienda número 11, el resultado fue negativo.

En la tienda número 12, el resultado fue negativo.

Glups...

En la tienda número 13, el resultado fue negativo.

En la tienda número 14, el resultado fue negativo.

En la tienda número 15, el resultado fue negativo.

En la tienda número 16, el resultado fue negativo.

En la tienda número 17, el resultado fue negativo.

EN RESUMEN: ya estaban cerrando las tiendas y yo había comprado CERO CARTERAS para la boda de dentro de TRES DÍAS (OhMyGod). No había encontrado ninguna que me gustara o que simplemente fuera pasable -mi grado de exigencia decrecía exponencialmente a cada tienda que visitaba-, y por todas las demás carteras horribles me pedían incluso más que la de marras.

Obviamente, después de mi elocuencia en la tienda, no me atrevo a volver a por la cartera (de ser yo el dependiente, incluso me negaría a vendérmela).

Así pues, sigo sin cartera.

Me está muy bien empleado, por bocazas.

Ah, y la nueva versión del refrás es: no digas nunca esta cartera no compraré, como es obvio.

Ay...

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NOTA: No es la primera vez que tengo algún follón con bolso de por medio y dependiente que me acaba odiando...

24 agosto 2009

El Postre Secreto

Decido que esto no puede ser.

Que hasta aquí hemos llegado.

Llevo arrastrando desde hace más de dos meses un humor de perros. Comprendo que vivir conmigo no ha sido (ni está siendo) precisamente fácil. Así que resuelvo hacer algo por mi chico, algún detalle, un postrecillo. Yo, que soy una NEGADA. Es decir: decido de motu propio pringarme toda una calurosa tarde de Agosto en la cocina, ensuciar un número elevadísimo de cacharros, desesperarme, manchar algún recóndito rincón de la cocina, fregarlo todo y ofrecerle a mi chico el resultado de todo eso cuando llegara a casa de noche.

Bien.

Así que salgo del trabajo a en punto (por supuesto), voy haciendo un rallie de camino a casa, giro inesperadamente en una calle, pego un frenazo del quince, echo el freno de mano, pongo las luces de emergencia, aparco en un sitio donde está prohibido hacerlo, salgo del coche, voy corriendo por la acera, me meto en un supermercado abierto a las tres y diez de la tarde, voy como una exhalación por los pasillos, no veo lo que necesito, doy varias vueltas, busco a alguien que trabaje allí, pregunto por el ingrediente que necesito, me dicen donde está (delante de mis narices, ¿no estaba claro?), lo cojo, hago un sprint hasta la caja, maldigo a los dos clientes que están tranquilamente vaciando sus carritos llenos hasta los topes con toda la parsimornia del mundo, no hay ninguna otra caja abierta, visualizo en mi mente cómo me están calcando una multa, pego saltitos de impaciencia, veo que el chico ha sido capaz de cobrarle a los clientes delante de mí mientras yo maldecía mentalmente, pasa mi compra, pago, salgo con el bolso en un hombro, el monedero en una mano, el cambio en la otra, la compra medio colgando de otro brazo, las llaves del coche en la boca, acelero el paso hacia el coche, compruebo que no tengo multa, me monto en el coche que ha estado al sol en mi odisea, salgo de allí, sudo como un pollillo, me doy cuenta de que no he quitado las luces de emergencia, conduzco un pelín temerariamente para llegar pronto y que mi chico no sospeche que he hecho una parada técnica, por una vez en la vida aparco en la plaza con una sola maniobra, el ascensor tarda en llegar, yo me monto, busco las llaves de casa, las encuentro, las meto en la cerradura, giro y ya estoy en casa.

Ea, y se me ha olvidado esconder la bolsa y es lo primero que ve mi chico.

Llegados a este punto, from lost to the river: meto corriendo la bolsa de cualquier manera en la nevera, toda contenta, y le digo que no puede mirar, que es el ingrediente secreto de un postre sorpresa que le voy a hacer esta tarde porque sí, porque se lo ha merecido, porque es un muchacho excelente, porque es un muchacho exceleeeeeeeeente y siempre lo será.

Total, que estoy ahí toda entusiasmada pensando en la cara que pondrá cuando vea que he sido capaz de hacerle el postre y que encima sale rico (en mi imaginación no cabe otra opción), y que lo he hecho desinteresadamente (porque a mí no me gusta), y que me esfuerzo por demostrarle que le quiero aunque por según algunos bufidos que le he soltado últimamente pueda parecer que no.

Y ahí estoy yo, en el sofá, irradiando satisfacción e ilusión por hacerle un postre sorpresa a mi chico, cuando abre su bocaza y dice:

- ¿A que adivino el postre sorpresa? Empieza por T- y acaba por -iramisú.

A tomar por cool el entusiasmo. Si es que así no se puede, jo.

22 agosto 2009

Style Icon

Lo confieso (voz distorsionada y franja negra en los ojos): tengo una fijación insana con una conocida.

Lo sé, suena fatal. Aunque en realidad no es tan sórdido como parece...

No es una amiga. Nos conocimos hace ya diez años (¡cómo pasa el tiempo!), y creo que nunca nos hemos caído bien mutuamente. No tengo nada en contra de ella, simplemente no me gusta su forma de ser. Coincidimos a veces, porque tenemos amigas en común. Somos educadas, nos comportamos, nos soportamos, pero nada más.

Sin embargo, aunque como persona no me dice mucho, su estilo me tiene totalmente encandilada. ¡Me encanta! Es una chica de estatura media, no está excesivamente delgada y su piel tiene un bonito bronceado, además de parecer muy suave. Tiene una bonita cara (la verdad es que nada acorde con su voz, un pelín ronca que estropea ligeramente el conjunto, pero se lo perdono, por supuesto). Lleva un corte de pelo muy, muy moderno que le queda realmente bien (no a mucha gente le sentaría bien un look así); me da mucha envidia porque tiene pinta de ser un corte de pelo supercómodo, fresquito y no necesitar muchos cuidados, cosa que ya quisiera yo para mí porque me da una pereza tremenda invertir tiempo en arreglarme el pelo.

Pero lo que realmente me tiene embelesada es el estilo que tiene a la hora de vestir, de calzarse, y de combinar complementos. Siempre que coincidimos me quedo prendada de su estilismo. Además, todo parece quedarle estupendamente bien, por muy extravagante que sea la prenda que escoja o muy atrevidos los complementos. Tratar de imitarla es imposible porque muy fácilmente puedes acabar haciendo el ridículo más espantoso. De todas formas, no siempre opta por algo poco usual, normalmente lleva unas prendas sencillas -y pijas- que tienen un efecto estupendo en su conjunto, un acierto fuera de lo normal...

En definitiva, esa chica es mi particular style icon.

Y vosotros, ¿tenéis alguno?

20 agosto 2009

Bragas Prozac

Una medida para ver cómo me ha ido durante un tiempo determinado es contar cuántas braguitas nuevas hay en el cajón. Como ya he dicho alguna vez, cuando estoy de bajón, me da por comprarme braguitas de colores (si la crisis es más grave, cae un pack de tres). Esta semana hay nueve nuevas inquilinas en diversos tonos en el cajón, perfectamente dobladas al lado de las de la semana pasada.

No sé por qué me da por ahí. Al menos es algo productivo: siempre es bueno tener ropa interior nueva y mona. Y no es tan inusual como yo pensaba. Comentando el tema con alguna amiga, me ha confirmado que no soy una loca aislada, sino que la industria braguera nacional se nutre principalmente de los bajones femeninos.

De hecho, creo que nunca me he comprado braguitas en buen estado de ánimo. Siempre ha sido cuando me he encontrado un poco triste, he ido a dar un paseo y he acabado en una tienda de ropa interior. Personalmente, no me valen las tiendas de ropa, porque no me veo guapa en esos momentos y nada me queda bien. Tampoco me sirven las perfumerías, porque es francamente peligroso: cuando las dependientas huelen la depresión ven a alguien con signos de estar de bajón, cogen a la interfecta y la sientan en un taburete, la maquillan estupendamente y luego les hablan de las maravillas de los productos que ahora tiene sobre la cara (al fin y al cabo es su trabajo). En mi caso, como soy de espíritu débil en esos momentos, es más que probable que acabe con una bolsa llena de cosméticos carísimos que luego nunca usaré. Ahí está el peligro.

Así que al final entro en alguna tienda de ropa interior, perfectamente iluminada y radiante. Me paseo entre camisones, sujetadores, zapatillas de estar por casa y braguitas, al ritmo de música disco. Paso desde la sección de Snoopy hasta la de HelloKitty, pasando por Mafalda y personajes así (incluídos algunos pollitos indeterminados que se supone que son tiernos a los que no tengo el gusto de conocer). Al final me quedo embobada delante de las braguitas colgadas de diminutas perchas y acabo seleccionando unas cuantas de colores alegres que me gusten. Cuando acabo de pagar y salgo de la tienda con la bolsa colgando y bastante mejor.

Es una terapia altamente recomendada, muy eficaz.

¿Y cuál es tu terapia anti-bajones?

17 agosto 2009

Calma de Agosto

Dicen que una persona tiene dos días de vacaciones: el suyo propio y el de su jefe, y que es un error hacerlos coincidir.

Estoy totalmente de acuerdo.

Antes no lo notaba tanto, porque con mi ex-jefe las cosas eran muy distintas a como son ahora. Mi actual jefa tiene otra forma de trabajar, o más bien otro carácter, y yo me siento presionada durante toda la jornada laboral. Es un poco raro, porque esa sensación también la tengo aunque no dé señales de vida en todo el día, lo cual es algo habitual. Es decir, aunque en realidad no me suele interpelar directamente muy a menudo, estoy en constante estado de alerta. Es agotador.

Ahora está de vacaciones y yo estoy más tranquila. Sí que es verdad que en cualquier momento me puede llamar o dirigirse a mí porque todos estamos permanentemente conectados gracias a las BlackBerrys de empresa (el horror de los horrores), pero como es algo poco probable, me siento un poco mejor.

Y no sé el motivo de estar soliviantada constantemente, porque la verdad es que en los meses que llevo aquí no me ha echado ninguna bronca ni nada parecido. Simplemente tiene un carácter al que no estoy acostumbrada y que me mantiene en guardia de forma permanente por lo que me pueda caer. Porque el día que me caiga será como si pasara por encima de mí una apisanadora, eso lo tengo clarísimo...

Así que de momento, tengo ante mí el resto del mes de Agosto en relativa calma. Ya volverá la tensión y todo en Septiembre, pero de momento, voy a disfrutar de este estado de semicalma...

16 agosto 2009

Hen Party!!

Un cruel haz de luz solar me despierta al caer sobre mi cabecita. Al menos mi paralizado cerebro es capaz de decidir que no debo abrir los ojos si no quiero quedarme ciega...

Aún con los ojos cerrados y los párpados calentitos, hago repaso mental de mi estado general. Siento una sed espantosa. Los pies me duelen, y noto incluso que me laten como si el corazón se me hubiera instalado allí. El cuerpo lo tengo rígido. Me doy cuenta de que no sé muy bien dónde estoy.

Pongo una mano sobre los ojos y los abro con cuidado. La primera imagen no me aclara mucho: mis deditos sonrosados por el sol. Cuando las pupilas se acostumbran un poco a la luz, miro a mi alrededor. Sí, estoy tumbada en algún sitio duro. Un sofá-cama, parece. Bueno, es un término demasiado generoso para denominar una estructura hecha de palos y una gomaespuma de un grosor ínfimo. Y llevo puesto el pijama, eso quiere decir que cuando me acosté no estaba tan mal, porque coordiné lo bastante como para cambiarme de ropa. Todo un logro. Bastante tranquilizador, de hecho.

Tanteo en busca de una botella de agua (si me puse el pijama, me traje agua, eso seguro, antes duermo en pelotas que sin agua cerca de mí), y mientras miro el móvil para ver la hora que es. Madre mía, hace dos horas que nos acostamos -creo recordar-.

Enfoco los ojos para ver algo más. Bien, estamos donde debemos, en un apartamento alquilado en la costa malagueña, un espacio de pocos metros cuadrados que ríete tú de las simulaciones que hacen en IKEA de pisos pequeños. Y allí estamos metidas cinco chicas e innumerables maletas, acopladas cual piezas de Tetris en todos los espacios horizontales que pueden pasar por aceptables en una escala de comodidad. Se oyen gaviotas, un aire acondicionado que sólo hace un ruido molesto en circunstancias normales (e infernal en esta lamentable circunsatancia en la que me hayo sumida) y respiraciones acompasadas. Todo el mundo está frito. Lógico, teniendo en cuenta la fiesta de anoche.

Con cuidado de no desbaratar una línea de Tetris (y de paso no despertar a nadie), me cambio de postura con sumo cuidado. No sé si seré capaz de dormirme ahora que soy consciente de que tengo el cuerpo como si me hubieran pegado una paliza, pero la verdad es que caigo rendida medio segundo después.

ZzzzZZZZZzzzZZZzzzzzZZZ...

Y sueño con la noche anterior (más bien, las horas anteriores), con las risas, los bailes, los chicos, las chicas, los strippers, las copas, las canciones, la zona de marcha, las bromas, las fotos, los tacones, los chupitos, los puestos de comida de emergencia, las luces, la música, la gente.

Una buena despedida de soltera, sí.

15 agosto 2009

Decisiones...

Me paso los días de Lunes a Viernes tomando decisiones en horario laboral.

Que si sí, o no, o todo lo contrario. O hagamos esto o lo otro. O tomemos esta dirección o la opuesta. O a la derecha o a la izquierda. Cada correo que me llega es una pregunta, un interrogante. Casi todo mi personal busca en mí una respuesta a algún asunto, o al menos que esté de acuerdo (o no) con la propuesta que me planteen. Tener que estar evaluando constantemente pros y contras, buscando un equilibrio entre varios aspectos a tener en cuenta, y luego argumentar la base de mi decisión por si acaso el tema me explota en la cara, me genera bastante estrés. Acabo HARTA.

Así que fuera del trabajo evito tomar decisiones, por nimias que sean. Llevo bastante mal aquello de ¿qué cenamos hoy? ¿Dónde vamos a tomarnos unas cañas? ¿Qué película vemos? ¿Nos tomamos un café o un helado?

De verdad que me es indiferente una cosa u otra. Si algo me parece mal como opción (es decir: que no me diera igual), lo digo alto y claro, pero el resto no quiero tener que decidirlo. Necesito dejarme llevar, ser por unas horas dependiente de las decisiones de otros, de la gente en la que confío y quiero. Así que digo me da igual, porque realmente es así, y porque a estas alturas ya me saben mejor las cosas si no son decisión mía.

14 agosto 2009

Annie Leibovitz

Cuando hace unas semanas pasamos por Madrid, nos dió tiempo de visitar una exposición de la fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz.

Conocía alguna de las obras más famosas de esta fotógrafa, sobre todo de artistas. De hecho, más de las que pensaba (me dí cuenta cuando reconocí varias imágenes ya en la exposición). Algunas de sus fotos más populares lo son por haber sido portada de revistas como Rolling Stone, Vanity Fair, Vogue... La exposición, muy recomendable y digna de ver, ahonda en las fotografías de esta mujer, tanto las más emblemáticas como sus intantáneas más personales.

Además de destacar las fotos más conocidas (como la de la actriz Demi Moore, posando desnuda en pleno estado de gestación), la exposición muestra la evolución desde 1990 hasta 2005, haciendo un viaje por esos 15 años de su vida. El recorrido pasa por las imágenes más frívolas e imaginativas de celebridades, y las mezcla con íntimas instantáneas de su familia (padres, hijas, pareja...), y caras anónimas de expresivas y mudas miradas. Desde su estudio hasta Sarajevo, desde Hollywood a Kyoto, las fotografías construyen una vida.

Todas las imágenes que vimos eran impactantes a su modo, pero la que más, con diferencia, es la de una bicicleta tirada en el suelo junto al reguero de sangre del joven que la montaba.

Por los escalofríos que sientes en la espalda cuando ves una imagen congelada de un instante que pasó hace tiempo y en un lugar lejano es por lo que adoro la fotografía. Me encanta ver inmortalizado un momento que alguna vez vieron ojos ajenos y que ahí queda, para que otras personas compartan su magia... ¿Se nota que es mi hobby frustrado?

La exposición comenzó en Junio y estará hasta el 6 de Septiembre, en el local de la Consejería de Cultura y Deporte de Madrid, en la calle Alcalá, número 31 (la entrada es gratuíta). Quien tenga la oportunidad de ir, no debe perdérsela.

13 agosto 2009

New Kitchen On The Block

Llevamos varias semanas conviviendo con unas pinturas rupestres en la cocina.















Son el proyecto inicial de nuestra nueva cocina. Porque sí, vamos a tener cocina nueva. Por un buen motivo: lavavajillas, sí, ese chisme del que creí que podía pasar pero fue el pensamiento más tonto que he tenido hasta el momento en mi vida. Ahora que ya he visto la luz, resulta que no se puede acoplar fácilmente a la actual cocina, y como de paso no me gusta nada porque no es ni práctica ni moderna, pues el resultado es una reforma completa. Ea.

Bueno, los bocetos son -como ya he dicho- más bien el proyecto inicial del señor que vino, vió, midió y dibujó su idea en las baldosas (todo muy profesional). Al principio me preguntó lo que queríamos. No es que lo hubiéramos pensado mucho, y tampoco se puede decir que tuviéramos una idea clara, pero había cosas que al menos yo estaba segura que SÍ quería y que NO quería. Así que le dije que lo primordial era aprovechar todo el espacio posible, paliar el hecho de que no hay despensa (cómo la hecho de menoooooos), pero sobre todo y ante todo: dar la bienvenida a nuestro nuevo lavavajillas. Él hizo esos bocetos como le pareció bien, pasando olímpicamente de mis tímidos intentos de decirle más o menos lo que habíamos imaginado. Como no tenía yo el día fino ni ganas de hacerme la simpática, dejé al señor a su aire, que ya meteríamos baza.

Por supuesto, esos dibujos no tienen nada que ver con el diseño final que ya hemos encargado, porque luego fuimos a hacernos oir: al fin y al cabo, somos los que nos vamos a gastar una pasta en la cocina nueva...

No sé por qué, pero no me he atrevido a borrar los dibujos de las baldosas. Ahí están, aunque casi todo esté cambiado. Pero me ayuda a mantener la ilusión de que en un mes tengamos una cocina nueva...

12 agosto 2009

El Nuevo Hombre del Tiempo

A una indeterminada hora de la tarde del Sábado pasado, en un punto impreciso de la geografía sur española, asomo la naricilla por el balcón cuando noto que el torrente de luz que debería entrar en mi salón no lo hace.

Miro al Cielo. Está nublado. Me sorprendo de acordarme de cómo se llama cuando lo que tienes sobre la cabeza no es un achicharrante Sol sino una manta de nubes...

No le hago ni puñetero caso a este inusual cambio en el panorama meteorológico.

Me meto en mi estudio, aburrida, para ver si ha pasado algo en Internet, y qué mejor que conectarme a Twitter.

Ummmmm...

En Palma llueve.

En Valencia también.

En Madrid está cayendo lo más grande.

Vale, vale, lo capto. Será mejor que recoja la ropa tendida, porque si Twitter lo anuncia es que va a pasar. Es mucho más fiable que asomarse por la ventana, dónde va a parar.

11 agosto 2009

No sirve de nada madrugar...

06:30 - Suena el despertador. Esta noche he tenido sueños muy raros y me he despertado cada dos por tres, así que decido que me merezco nueve minutos más de sueño y le doy al snooze.

06:37 - Me he pasado siete minutos dando vueltas, y como no me duermo, apago el despertador y me levanto.

06:38 - Doy la luz a estas horas de la mañana por primera vez desde hace mucho tiempo. Noto que la luz me ayuda a despertarme y anoto esto como posible motivo por el que cuando mi niño está aquí (no enciendo la luz para no despertarle) me cuesta más levantarme...

06:39 - ...eso y que cuando me levanto me abraza y realmente ir a trabajar no es un buen motivo para no disfrutar del abrazo, así que me quedo y... Dejémoslo en que me levanto bastante tarde.

06:45 - Me meto en la ducha y comienzo con todo el ritual: gel, champú, exfoliante, hidratante... Todo. Aprovechando que he sido una campeona y me he levantado antes de lo habitual, no me doy prisa como otros días, sino que lo hago con calma.

07:07 - DEMASIADA calma. Cuando he salido de la ducha me he puesto alguna cremita en la cara con toda la parsimonia del mundo y cuando vuelvo al dormitorio veo un reloj que me acusa de tardona. Eso sí: tengo el cutis divino.

07:10 - Me preparo el desayuno: un Cola-Cao. Los platos de anoche están sin fregar, la bandeja de la cena por ahí tirada, y... Bueno, en general se podría decir que la cocina ha visto tiempos mejores, pero decido que no tengo tiempo de ponerme a fregar ahora.

07:13 - Sin embargo, sí que tengo tiempo de tomarme el Cola-Cao tranquilamente en el sofá, todavía liada en mi albornoz y escuchando un poco de música a todo volumen (con los cascos puestos, que no me he vuelto loca). Barajo la opción de comer una tostada pero luego recuerdo que decidí controlar la ingesta de alimentos innecesarios, así que añado la taza al montón de platos sucios y voy a vestirme.

07:30 - Entro en el dormitorio a vestirme. No sé qué ponerme. Asomo la naricilla por la ventana: da igual lo que me encuentre porque aunque ahora hace fresquito, a las doce de la mañana el calor será insoportable. Opto por una ropa estándar: pantalones pirata y camiseta, razonablemente combinables.

07:35 - Ummmmm... No estoy segura de que esto esté bien. La camiseta sí, me la he puesto y está impecable. Pero el pantalón no está planchado y tiene alguna que otra arruga. Me miro al espejo para decidir si es aceptable, si es una arruga normal o por el contrario se nota a la legua que soy una vaga antiplancha. Luego pienso que me tiraré casi todo el día detrás de mi mesa y que nadie lo notará. Y que si lo nota alguien, qué más da.

07:39 - No, decididamente no me gusta. Me pruebo otro modelito.

07:41 - No, este tampoco. Busco otra cosa.

07:45 - Vale, está bien. Ya estoy lista. El único problema es que hay bastante ropa echa un higo encima de la cama. No sé si ponerla otra vez en el armario, pero, Oh-My-God! Son menos cuarto, no tengo tiempo. Lo dejo para más tarde.

07:46 - Vaya. Se me había olvidado que tengo una toalla enrollada en la cabeza y debo peinarme. Me voy al baño y me quito la toalla, me desenredo el pelo y me marco la raya. Lo siguiente es apretar el pelo con las manos para que los rizos despierten. ¿Espuma sí o espuma no? Bah, sin espuma.

07:50 - ¿Dónde están los zapatos que me iba a poner?

07:51 - Típico. Estaban debajo de la cama, en el punto más alejado desde cualquier borde del somier. Tengo que arrodillarme para llegar con dificultad. Me levanto con los zapatos en la mano y me sacudo los pantalones: una pelusa había decidido hacer un viaje montada en una pernera, pero cae otra vez al suelo. Tomo nota mental de pasar el aspirador al dormitorio esta tarde... Sé que me estoy engañando a mí misma.

07:55 - Oh, venga. Ahora que he conseguido coger a toda prisa una pieza de fruta, una botella de agua, el bolso, el móvil y todo, ¿no encuentro la llave del coche? No me lo puedo creer. Miro en todas las superficies horizontales que se me ocurren: el mueble de la entrada (negativo), la mesa del sofá (negativo), la del comedor (negativo), el escritorio del estudio (negativo), la mesa de la cocina (negativo) -sólo Dior sabe por qué estoy mirando ahí, la desesperación nos empuja a hacer cosas raras-.

07:57 - ¡Ahora caigo! La puñetera llave está dentro de un bolsillo de los vaqueros que me puse ayer y que está en la cesta de la ropa sucia. En serio, es para hacérmelo mirar.

08:00 - No me puedo creer que sean las ocho en punto, que acabe de subirme al coche, que todavía esté en el garaje de casa, que vaya a llegar tarde habiéndome levantado una hora y media antes. Definitivamente: soy de lo que se vende tapao. Snif.

10 agosto 2009

The Wedding

Ayer me levanté temprano (bueno, mucha gente diría que TARDE sería el término correcto, pero no para mí: le levanté temprano para ser Domingo). Como siempre que me levanto temprano, voy con el piloto automático por casa, y en esos momentos, el destino era comer algo porque tenía hambre.

Creo que encontré por ahí una galleta un poco destrozada metida en su bolsita de plástico...

Cuando le dí el primer mordisquillo, volví de mi ensoñación y me fijé en que era un pie de chocolate. Sí, un pie. Era el pie de un novio. De una galleta en forma de novio que era uno de los recuerdos de la boda de mi mejor amiga. Una galleta que guardé como oro en paño para que no se rompiera pero que al final acabé destrozando cuando la metí en el bolso, en un supuesto entorno seguro.

Mientras seguía comiendo la galleta (from lost to the river), recordé... Jo. Hace ya dos semanas de LA BODA. Así, con mayúsculas y en negrita.

La expresión que me viene a la cabeza cuando pienso en ella es de ensueño. Nunca había estado en una boda igual. El entorno era maravilloso, simple y llanamente perfecto.

Me emocioné mucho. Me quedé clavada en el sitio al entrar en la explanada de césped y encontrarme con las inmaculadas sillas blancas al sol, ver ese camino hecho con pétalos de rosas... Estar en la boda de mi mejor amiga, que quisiera que participara en su enlace con la primera lectura, que estuviéramos en un sitio tan bonito... Todo contribuyó a que se me saltaran las lágrimas, claro. En mi defensa diré que no fui la única.

Y después de esto, he pensado mucho en las bodas, los enlaces matrimoniales... No he podido evitarlo. Me he dado cuenta de que cuando asisto a una boda, en el momento en que la novia hace su aparición, yo no la miro a ella. Mi cabeza es la única que está girada para ver al novio. Quiero ser testigo de la cara que pone cuando aparace su futura mujer. Ese momento, ver la emoción en su cara, me encanta. Ya tendré tiempo de ver qué tal va la novia (si no la he visto antes), pero la expresión del novio en el instante en que aparece la novia en su campo de visión es inigualable.

Lo sé, lo sé. Ni yo misma me reconozco...

09 agosto 2009

¿Friky? Nooooooooooo...

El otro día, en el trabajo, me dijeron que yo era una friky.

¿Sí?

¿Porque mi personaje de ficción favorito es Sheldon Cooper?

¿Porque tengo como tono del móvil la intro de The I.T. Crowd?

¿Porque mis números de la suerte son 4, 8, 15, 16, 23 y 42?

¿Porque no tomo nunca yogurlado por si está maldito?

¿Porque cuando se me rompe el ordenador intento apagarlo y encenderlo de nuevo?

¿Porque juego a Piedra-Papel-Tijera-Lagarto-Spock?

¿Porque adoro al hipnosapo?

¿Porque me preocupa cruzar la diagonal Vicky Mendoza?

No sé, no lo entiendo...

08 agosto 2009

Por los pelos...

La verdad es que es hay cosas que no ayudan...

Es decir: sí, es verano. Hace un calor sofocante, cuando sales a la calle el Sol cae a plomo sobre tu cabeza, te arrastras sin energía por ahí, vas a trabajar sin ganas, todo el mundo se ha ido de vacaciones, blablablabla...

Así es normal que estés un poco plof.

Y encima, ves que no sólo tu ánimo está por los suelos, sino que físicamente se te nota tooooooodo. Vamos, que no puedes decir que estás en tu mejor momento cuando tus ojeras van barriendo el suelo, por poner un ejemplo. O a tu piel le falta poco para parecer un resquebrajado suelo desértico a pesar de los litros de bodymilk que llevas gastados en dos semanas. O a tu pelo le falta brillo.

Así que te plantas y resuelves que por algún sitio hay que empezar, y decides por lo visible. A lo mejor, si te ves bien, te animas un poco, te verás mejor, te animarás más, y todo el ciclo recursivo que tan bien conocemos (sobre todo las mujeres).

Y entonces el Universo decide echarte un cable, y un buen día resulta que desde Bloguzz te avisan de que por ser una Chica Pantene, vas a poder probar su mascarilla Pro-V Restoratives, que ayuda a combatir el cabello dañado.
Llevo ya un par de semanas con ella y lo cierto es que noto el pelo más suave. Me gusta mucho su textura y el olor que tiene; además, y es una tontería, a mí me ayuda a relajarme porque la uso cuando llego a casa (por la mañana no me da tiempo) y como tienes que dejarla actuar un tiempo, me quedo en la ducha tranquilita y salgo como nueva, con el pelo más sanote, y sobre todo, y como beneficio más inmediato que sí notará mi chico a la primera: oliendo maravillosamente bien...

El único "pero" que le pongo es que es un poco grasa, así que depende del tipo de pelo, se podrá usar con mayor o menor frecuencia. En mi caso, lo hago dos veces en semana.

Ahora tengo mucho mejor mi melenita rizada... Tanto, que me he animado y me he prometido que la voy a cuidar mucho-mucho porque voy a dejarme el pelo largo (y esta vez sí) y sólo ir cortándome las puntas para llevarlo saneado. Ahora sólo falta que me crezca a un ritmo razonable (no sé por qué apenas me crece el pelo, es un rollo) para tener pronto una melenaza de impresión... ¡Qué envidia!

07 agosto 2009

¿Y yo, qué leo? (XXVIII)

Mi última lectura ha sido TREINTA Y CERO, de Lisa Jewell. Por supuesto, este año tenía que leérmelo porque el año que viene no me valdría, no me sentiría identificada, jejejeje... Pero mira, ya lo acabé.

Lo que nos vamos a encontrar entre las páginas del libro es esto:
Cuando Delilah se cruza de nuevo en el camino de Dig Ryan, la caprichosa jugada del azar poner de los nervios a Nadine, cómplice y colega de Dig desde el instituto. Ya en el colegio Delilah era la pesadilla de Nadine y ahora regresa poniendo en peligro su relación con Dig. Claro que, ya es hora de admitir lo que antes se negaba: Nadine está enamorada de Dig y, de hecho, ¡siempre lo ha estado! Y la mejor prueba es que empieza a comportarse del modo más torpe e infantil posible con resultados previsibles. Un sinfín de calamidades se desencadena y termina por confundirlo todo y a todos, aunque de paso revelan que las personas suelen ocultar muchos más secretos y contradicciones de lo que aparentan.
Pues a pesar de que es un libro como casi todos los anteriores que he leído, que sabes cómo va a acabar la cosa, que sólo te preguntas qué variante de la historia te vas a encontrar esta vez (porque, seamos sinceros: las chick-lit son casi todas iguales y el final está más que cantado), lo cierto es que me he llevado una grata sorpresa. Me ha gustado mucho.

No es que la historia de Dig y Nadine, con Delilah en medio de los dos, sea novedosa. El motivo por el que me ha gustado este libro es por la forma de narrar y contar las cosas: me ha parecido que era cercana, directa, parándose en lo que se tiene que parar. No niego que en algunos momentos las descripciones podrían haberse acortado, y algunas escenas eran sórdidas de más y dan un poco de repelús, pero en general, se me ha hecho muy amena la lectura de este libro.

Al margen de las formas, el fondo viene a ser también bastante entendible: ¿quién no ha tenido un personaje en el colegio que le hacía sentirse inferior? (Yo tenía una, ¡me la he encontrado en FaceBook!) Y si cuando ya lo has olvidado, tienes tu vida y tal, vuelve a aparecer, ¿qué haces? Sobre todo si no es un encuentro fortuíto, de dos besos, cómo estás, muy bien, adiós muy buenas; sino que representa una amenaza para tu vida actual. Seguramente no pienses que en 20 años la gente pueda cambiar, en tu cabeza siempre estará la personita que te marcó la infancia, con el mismo carácter pueril que tanto mal te hizo... Te pondrás a la defensiva, como antes, y volverán los jueguecitos de antaño. Solo que las cosas ya no son como en el colegio y tú, cegada de pánico, no te darás cuenta.

Volviendo a la historia, insisto en que la recomiendo, puesto que a pesar de no ser especialmente extraordinaria, es cercana, está bien escrita y el final está bien montado, con alguna que otra sorpresa dentro del predecible final.

06 agosto 2009

Bajón...

Estoy un poco plof. Me noto estos días un poco triste... ¿El motivo? No hay uno concreto. Todo ha sido un cúmulo de circunstancias adversas...

Porque, ¿qué mayor circunstancia adversa hay que volver de las vacaciones y tener el famoso síndrome postvacacional? A eso se le suma que un montón de gente (¿toda?) se va de vacaciones en Agosto y yo me quedo encerrada en el trabajo este mes, porque fui la última en llegar y no quedaba ya ni un sólo día libre que poder pedirme... Encima no tengo ni el consuelo del festivo del día 15, porque cae en Sábado y eso y nada es lo mismo. En el horizonte no hay ni un solo puente en meses. El panorama es desolador.

El trabajo sigue siendo como siempre, por lo que me siento psíquicamente agotada. Sí, efectivamente: una semana después de volver de las vacaciones... No me han durado NADA la carga de pilas. Además, aunque es una enorme tontería (lo reconozco), resulta que gracias a una modificación de la estructura de red informática de mi empresa -que al parecer era sumamente importante-, ya no tengo mi relajante escritorio, sino un anodino y corporativo fondo totalmente deprimente que no me dejan cambiarlo por políticas de seguridad. Toma ya. Es que tener un fondo de escritorio que no sea corporativo es muy peligroso, por lo visto. En fin...

También estoy físicamente agotada, y no porque haga un montón de cosas que me tengan ajetreada de acá para allá (ya que vegeto en el sofá más de lo que es recomendable por la OMS). El calor que hace me tiene en jaque y no tengo ganas de salir a la calle, a pesar de que tengo las tardes libres y -esta vez sí- salgo del trabajo a una hora razonable sin sentirme culpable. Aún con las vitaminas intermitentes (me las tomo cuando me acuerdo), pues sigo igual...

Así que así estoy, un poco de bajón... Confío en que se vaya pronto...

05 agosto 2009

¿Día Libre?

O sea, no.

No, no, noooooooooooo...

Si la persona con la que vives tiene un día libre, lo suyo es que se quede perreando en la cama, durmiendo por lo menos hasta las 10:00, y no debería -bajo ningún concepto- levantarse a las 07:15 de la mañana (lo pongo en número que es más escandaloso que en letra), a la par que tú, pobre alma errante que NO tiene el día libre y a las 08:00 debe estar en la oficina. Es hasta insultante que esa persona esté fresca y radiante, sin nada de sueño, sobre todo teniendo en cuenta que los días que SÍ tiene que madrugar apura hasta el último minuto razonable para no llegar tarde...

Si la persona con la que vives tiene un día libre, ha de disfrutarlo. Es su obligación moral para con el resto de los mortales (nunca he entendido eso de "para con", pero queda muy culto). Como mucho, se le permite hacer un par -pero sólo un par- de cosas pendientes para cubrir el expediente. Nada más. Lo que no puede ser es pasarse un día libre, ¡con lo caros que se venden!, limpiando, ordenando, cocinando, marujeando en general... Porque sí, el piso queda de fábula, todo hay que admitirlo, pero el resto del mundo (es decir: YO) se siente culpable.

De verdad, con esa actitud, se es indigno de tener un día libre...

03 agosto 2009

¿Espere Verde?

Sinceramente: me siento engañada.

Lo sé, sentirme engañada por un SEMÁFORO es para hacérmelo mirar. Pero es que me indigna mucho este tema...

Tú estás al lado de un semáforo, y un muñequito rojo te indica que NO te toca pasar. Ante tus narices pasan a toda pastilla un considerable número de vehículos: uno, otro, otro, otro, otro más, el siguiente, otro... Parece que no tienen fin, que tooooooodos los coches del país están pasando en ese preciso intante por el paso de peatones en el que estás.

Entonces te fijas en que el semáforo de marras tiene el famoso botón de:

PEATÓN, PULSE - ESPERE VERDE

Y lo aprietas, muy ufana. Miras con superioridad a los coches que siguen pasando porque sabes que una fuerza divina bajará, pondrá su semáforo en rojo, el muñequito tuyo en verde, se abrirán las aguas y tú pasarás como flotando sobre el cebreado, mirando cómo los coches, con el motor rugiendo, se quedan sumisos y te dejan que pases como si fueras la Reina de Saba...

Más o menos.

Y esperas. Esperas y no pasa nada. El muñequito rojo se sigue riendo de ti y siguen pasando coches y más coches y más coches (y una moto) y más coches y más coches (y una furgoneta) y más coches... Frunces el ceño y pulsas otra vez el botón, por si acaso no le habías dado antes bien. Donde pone ESPERE VERDE sigue iluminado, como regañándote, reprochándote tu poca paciencia. Espera el verde, que ya llegará.

Pero NO LLEGA.

Porque sí: es un absoluto y escandaloso engaño.

Hay que decirlo sin paños calientes: pulsas el botoncito PARA NADA. El semáforo te dejará pasar cuando toque, ni antes ni después. Da igual que lo pulses o que no lo pulses. Se pondrá verde cuando esté programado que se ponga y no puedes hacer nada para evitarlo. Es un botón fantasma. No sirve de nada.

Por supuesto, alguna vez dará la casualidad de que será pulsarlo y, ¡voilà! Muñequito verde. Es pura coincidencia, nada más. No hay ninguna relación causa - efecto. Comprobado. ¿Para qué molestarse entonces?

Pero sobre todo: ¿POR QUÉ?

02 agosto 2009

Como RTVE...

Finalmente, sobre el tema de la publicidad, la decisión está tomada.

Os agradezco todos los comentarios y los 11 votos en la encuesta. Como sabéis, me importa vuestra opinión, y por eso la pedí, claro. El resultado de las opciones fué el siguiente:
  • Nooooooo, por Dior, ni de broma. 2 VOTOS
  • Pues la verdad, me da igual, ni me fijo... 3 VOTOS
  • Sí, ¿por qué no? Unas pelillas siempre vienen bien. 4 VOTOS
  • Tengo otra opinión que pondré en los comentarios. 2 VOTOS
Pero al final, con uno de los comentarios ví la luz. La pregunta realmente era: ¿te pondrías una camiseta de una empresa que no fuera la tuya? Pues si fuera para la piscina, puede, pero como este blog es mucho más importante, la respuesta estaba clara. No. No lo haría.

Y no lo voy a hacer.

Así que, de momento, no hay publicidad en el blog, el dominio lo seguiré costeando yo y tan amigos como antes.

Ahora, eso sí: muchas gracias por pensar en mi blog como un buen soporte publicitario, me siento halagada y me anima a seguir escribiendo.

01 agosto 2009

Criticando...

Vale, no tengo piedad. Lo reconozco, qué pasa. Claro que tampoco entiendo muy bien por qué hay que tenerla...

Y me refiero a criticar, pero no chismorrear, sino comentar cosas sobre los sitios donde he estado. Para lo bueno y para lo malo... ¿Por qué no? Así puedo ayudar a la gente a encontrar sitios estupendos, o evitar alguna sorpresa desagradable...

Uno de mis hoteles favoritos en la capital es el Confortel Suites Madrid. Siempre que hay alguna oferta la pillamos (porque si no hay oferta, es un hotel CARO). Me gusta porque tiene una decoración moderna y las habitaciones son espaciosas. Además, está situado en un sitio tranquilo -aunque no muy céntrico-, y tiene cerca una parada de metro. Me siento cómoda allí porque (o a pesar de) es un hotel moderno y funcional.

Sin embargo, un ejemplo claro de que el gran angular es el mejor amigo de los hoteleros lo tenemos en el Hotel Don Pedro. Al entrar a la página web me quedé prendada, la verdad. Las habitaciones eran bonitas, los distribuidores amplios... En fin, un hotel con encanto, como anunciaba la página web. Además, más céntrico imposible, a un minuto escaso de la Plaza del Ayuntamiento... Hice la reserva.

Y cuando llegamos, nos encontramos un hotel cuya entrada (que además es una cafetería), es muy estrecha, y da paso a un pasillo, y luego otro pasillo, y luego un ascensor, y ya las habitaciones. Desde luego, yo no ví por ningún lado el espacio que dejaban entrever las fotografías de la página web... Nuestra habitación era normal. No era especialmente luminosa, y el colorido no era relajante en absoluto. Tampoco estaba dotada de todas las comodidades, sólo las estándar. Así que en realidad, nada de lo que decía la página web era cierto. Además, el aire acondicionado de nuestra habitación hacía ruido, cosa que no nos arreglaron (total, para dos días dirían que no merecía la pena, supongo), y la ducha apenas tragaba agua (fallo en más de una habitación, por lo visto); con lo cual, la impresión que me llevé fue bastante pobre. De lo único que no puedo quejarme es de la situación del hotel: en todo el casco antiguo. En definitiva, no es un sitio lujoso ni mucho menos, pero está bien situado.

Una cosa bien distinta nos encontramos en la Venta del Mar.

Al principio, no estaba muy convencida del todo, tengo que reconocerlo. Pero cuando llegamos allí, comprobé que era EXACTAMENTE como venía en la página web. E incluso mejor. Tiene dos plantas, y todas las habitaciones tienen vistas al mar: una panorámica impresionante porque está encima de un acantilado. Delante de las habitaciones hay una extensión de césped donde puedes contemplar el atardecer, tumbarte un rato, o bajar a la playa directamente desde allí. Las habitaciones son cómodas, sencillas, funcionales, nada pretenciosas pero bonitas. Las camas son muy confortables, de hecho, casi afirmo que son las más cómodas que he probado en un hotel... El desayuno, sin complicaciones, estaba muy rico. De lo único que no puedo opinar es del spa, aunque, sinceramente, ¿quién necesita un spa en semejante entorno? Sólo tienes que dejar que las olas salpiquen tus pies, que el sol tibio del atardecer acaricie tu piel y que la brisa te alborote el pelo para estar tremendamente relajada...

 
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