28 septiembre 2009

ORANGE

Naranjas...

Me gustan. No es que me vuelva loca, no, pero están buenas.

Además, me relaja muchísimo pelarlas (en casa no se come una naranja que yo no haya pelado). Es algo peculiar, lo reconozco, pero me gusta coger una naranja y pelarla, quitar primero la piel y dejarle la capa blanca que luego quito con sumo cuidado para no romper la débil membrana que mantiene la pulpa de la naranja agrupada en gajos. Es una manía. Pelo las naranjas concienzudamente y siempre devuelvo una esfera perfectamente limpia.

También me encanta el olor de las naranjas cuando las cortas. Justo cuando metes el cuchillo y haces el primer corte. Se escapa una esencia cítrica que me cosquillea la nariz y que es tan sutil como fantástica.

Pero lo que más me llama la atención de las naranjas es que me ponen de buen humor y me llenan de positivismo. ¿Qué raro, no?

Me planteo que quizá no sea la fruta, sino el color. Desconozco el significado del color naranja (donde he buscado información sobre colorterapia no me aclara mucho porque en cada sitio pone una cosa). Aunque pensándolo bien, el color naranja en sí no me produce el mismo efecto que las naranjas, por lo menos hasta el momento.

Como últimamente -es decir: hace ya un porrón de meses- estoy de los nervios, malhumorada y un largo etcétera de adjetivos calificativos nada agradables, he decidido (porque ya está bien), que voy a procurar rodearme de cosas que me hagan sentir bien en la cotidianidad, para intentar cambiar el chip sin tener que huir a la otra punta del país. Debo sacar alguna ventaja a llevar años conociéndome y saber qué me sienta bien y qué no...

Así que una de las cosas que vamos a hacer es poner una lámina de jugosas y enormes naranjas en la nueva cocina, que se vea nada más entrar en ella (y quedará estupendamente). Espero que esa imagen refrescante de brillantes naranjas me llene de optimismo y que me ponga de buen humor.

Tengo la firme intención de rodearme de detalles bonitos, porque al final, son los que mueven el mundo, más incluso que los grandes eventos...

25 septiembre 2009

Con mi primer sueldo...

Cuando cobre mi primer sueldo, me haré de contrato...

Eso pensaba yo cada vez que iba a recargar mi tarjeta del móvil. Iba con mi billete de cinco euros a la tienda (las recarga de diez euros eran una fiesta y las de veinte casi no existían), me daban la tarjeta de recarga, raspaba el código con una monenda (no soporto hacerlo con la uña), lo metía y volvía a estar comunicada con el mundo. Tenía en el monedero una tarjeta de emergencia, cinco euros de for if the flyes, por si alguna vez me hacía falta... Pero quería ser una mujer independiente no atada a erráticas combinaciones de números y letras que se transformaban en saldo.

Y ahora tengo un contrato.

Cuando cobre mi primer sueldo, me compraré de la buenas...

Eso pensaba yo cada vez que me hacía falta alguna hidratante para la cara, o algún cosmético. He tenido siempre la piel muy delicada, y la verdad es que no me compraba productos de mala calidad (L'Oreal o MaxFactor), pero aún así los ojillos se me iban a los stands de marcas más grandes, de Alta Cosmética. El glamour de las marcas de aire francés me atraía irresistiblemente, pero me dolía el bolsillo si pagaba tres veces más mi presupuesto en una crema, aunque la hubiera probado y me sentara estupendamente. Quería poder pagar sin pestañear mis adorados potingues.

Y ahora tengo una línea completa de ésos productos.

Cuando cobre mi primer sueldo, me haré el láser y me libraré de esto...

Eso pensaba yo cada vez que la esteticienne me pegaba un tirón tremendo y sin piedad de una banda de cera. Aaaaaaaau. Dolor. Media hora de tortura para luego tener la piel suavita, sí, pero menudos tirones. Y encima pagar por el mal rato, un total non-sense que se repetía periódica e irremisiblemente. El láser sería la solución: desaparecían los pelitos que se empeñaban en salir una y otra vez; pero entonces el láser valía una pastaza que yo no tenía, claro. Soñaba con que algún día podría hacerme un tratamiento y olvidarme de depilarme forever and ever.

Y esta tarde vengo de mi quinta sesión.

Pues sí, supongo que todo el mundo tiene sus secretas ilusiones para cuando llegara la primera nómina. Algunas de las mías eran ésas. Había más, claro, pero éstas son algunas de las que me sentía ligeramente avergonzada, porque eran tan egocéntricas... No sé. Claro que cuando tuve mi primer sueldo surgieron otras necesidades más importantes con las que no contaba cuando sólo soñaba con qué hacer con mi propio dinero, pero al final, todo se consigue, ¿no? Incluso una piel suaaaaaaaaaaaaaaaaaaave y mona, jejejeje...


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NOTA: La ilustación es de Maitena, claro, ¡y me encanta!

24 septiembre 2009

...estos son los últimos versos que te escribo...

Lo sé, últimamente no soy la Alegría de la Huerta, precisamente.

Y estoy monotemática. También soy consciente.

Estoy cansada y agobiada. Estresada. Tengo dieciochomil frentes abiertos, y sólo soy capaz de pensar en ello y... NADA MÁS. Como si no supiera por dónde empezar (que no lo sé), como si no hubiera tiempo para nada (que no lo hay), o, más exactamente, como si no tuviera ganas de hacer cosas (que no las tengo).

Sé que es la pescadilla que se muerde la cola. Llego a casa, que la tengo empantanada y a la que hay que entrar con zancos, y me agobia ver que tengo la cocina a medio poner, y todo lo que debería estar ahí dentro está esparcido por todas las habitaciones (creo que sólo se salva el cuarto de baño que usamos). Además, el ritmo de vida también se interrumpe, se ve alterado, porque no podemos hacer cosas normales como comer en casa o poner una lavadora -estoy bajo mínimos de ropa interior-. No depende de mí hacer más: todo está en manos de los montadores, de la casa de los electrodomésticos, del chico del mármol, de los fontaneros... que a su vez se ven limitados por mi horario laboral. En definitiva, el entorno casero me pone de los nervios.

Y de los nervios voy de un lado para otro... Concretamente al trabajo, porque no voy a ningún otro lado, cabe señalar. Arrasto intranquilidad, falta de sueño y cansancio, y no me veo al 100%, lo cual a su vez me tiene desquiciada porque siempre hay que rendir por encima de las posibilidades. Tengo un concepto en la nómina que dice: plus de responsabilidad, y tengo que asumirlo en los buenos y en los malos momentos (de los primeros no tengo noticias y los segundos son casi todos). Así que también el entono laboral me pone de los nervios.

Tengo un pellizco en la boca del estómago que no se me va, me noto irritable e inaguantable y exploto con quien no debo. Así soy yo ahora. Un dechado de virtudes, vamos.

Y aunque digo de broma que me va a dar un chungo un día de éstos, lo que está claro es que así no puedo seguir pero no sé cómo tener paz interior con el caos alrededor.

Peeeeeeeeeeeero...

...así como dijo Sabina que estos son los últimos versos que te escribo y aunque me sobran los motivos para tirarme de los pelos, se acabó escribir sobre el recocimiento que tengo a cuenta de la cocina nueva, porque no es sano. Prometo que lo siguiente que mencione al respecto será la alegría de tenerla lista. Ea.

23 septiembre 2009

Don't Worry!!!

- ¡Tú no te preocupes por nada!

Esa fué la frase más repetida en casa el día de ayer.

La oí unas cien veces, sin exagerar ni un poquito.

Pero, ojo, que yo no estaba preocupada por nada, ni antes ni después de que me lo dijeran.

Total, ¿por qué habría que preocuparse?

¿Porque no tengo cocina, sino un montón de muebles sueltos?

¿Porque tengo serrín y polvillo hasta en la gomilla de las bragas?

¿Porque el único electrodoméstico funcionando es el frigorífico, nada más?

¿Porque no tengo fregadero y he de lavar las tazas en el lavabo?

¿Porque tengo que buscar un fontanero que venga a ponerme otra vez la instalación?

¿Porque me voy a pasar, cuando acaben, prácticamente las dos siguientes semanas limpiando?

¿Porque tengo que recolocar todo otra vez?

¿Porque aún hay más, ya que no han llegado los electrodomésticos?

¿Porque llevo todo el día de acá para allá, intentando no estorbar?

¿Porque intento barrer un hueco que a los dos minutos está otra vez sucio?

¿Porque creo que para el fin de semana NO tendré la cocina operativa?

¿Porqué iba a preocuparme, hombre? Nooooooooooooo...

21 septiembre 2009

CAOS

Ahora mismo, el estado de casa sólo se puede calificar de CAÓTICO.

El dormitorio de invitados ahora está lleno de cajas con cosas como cartones de leche, paquetes de arroz, bricks de tomate frito, latas de atún, botes de Cola-Cao, bolsas de macarrones... Es decir, si alquien se quedara a dormir allí podría sobrevivir dos meses sin salir de esas cuatro paredes. E incluso hacer fiestas: también hay refrescos, vino, cerveza y cosas varias para picar.

En el cuarto de baño anexo (que no se utiliza), hay una bañera llena con pequeños electrodomésticos tales como tostadora, cafetera, exprimidor... Ah, y también toda clase de artículos de limpieza. Y agua. Muuuuuuucha agua. Varias garrafas de ocho litros.

En el salón hay un horno, una vitrocerámica, toda la vajilla puesta primorosamente sobre la mesa grande y un microondas en el sofá.

En lo que antes era la cocina, hay un frigorífico. Sólo. En el centro.

También hay cantidades industriales de mmmmrda que quitar antes de que mañana vengan a poner la nueva cocina, así que después de escribir esto mientras descanso un poco, me pondré manos a la obra. No sé si ponerme música, porque suena un extraño eco en la habitación vacía, pero lo necesitaré, habida cuenta del estado de algunas baldosas ¿blancas? que han quedado al descubierto cuatro años después.

Ah, y también hay... UN MUEBLE MENOS. Debería haber dicho mejor que no hay.

Porque sí, por incrédibol que parezca (a mí me lo parece), un vecino de esta, nuestra comunidad, ha visto uno de mis módulos de la cocina vieja -lo de "vieja" es un decir porque sólo tiene cuatro años-, un mueble de tamaño medio, entero de madera, color avellana, y con una cuca persiana. Ha decidido que le ha gustado y se lo ha llevado.

Tócate los huitis con la punta de la nariz.

Los señores desmontadores han venido esta tarde, han desmantelado la cocina, y han ido sacando los muebles a un enorme patio comunitario mientras acababan. La puerta de casa estaba abierta porque estábamos entrando y saliendo. El destino de los muebles de cocina ha sido el trastero de 14 metros cuadrados, que bien hacen el apaño para ir guardando ahí cosas. Así que quien sea (pero del edificio seguro) ha pasado por ahí cuando estaban ya casi todos lo muebles fuera y ha sustraído (más bien, se ha susllevado, un chiste malísimo, lo sé, pero con la mala milk que tengo en el cuerpo qué menos que un chascarrillo tan horrible) el módulo más chulo de todos.

Tengo clarísimo que ha sido un vecino. Nadie va a venir de la calle, subir al primero, entrar al patio, ver unos muebles, cogerlos e irse. Mi teoría es que alguien ha bajado a su trastero (para llegar a ellos hay que atravesar el patio donde se ha cometido el hurto), ha visto los muebles, ha pensado que los íbamos a tirar (por ser bien pensada) y se lo ha metido en su trastero. Porque dudo mucho que se atreviera a llevar a su casa el mueble porque tendría que haber pasado por delante de la puerta de nuestro piso que estaba abierta, con el peligro de que alguno de nosotros se asomara en ese momento y lo cazara. O a lo mejor la ida al trastero no ha sido tan fortuita: como el patio y por ende los muebles se ven desde cualquier punto de los pasillos comunitarios, han podido ir expresamente a coger su botín.

Realmente espero que el mueble de marras se le caiga de las manos, le machaque un pie, se rompa, y alguna astilla se le clave donde sea -bajo las uñas mejor que mejor-.

Qué gente hay por el mundo... Y lo peor: en el edificio donde vivimos.

De todas formas, pese al berrinche, la cocina vieja ha quedado muy bien en el trastero, y espero con ilusión que mañana traigan la nueva (a pesar de todo el trabajo que conlleva y lo harta que estoy ya).

20 septiembre 2009

Desalojando...

OhMyGod...

Hoy ya no hay pinturas rupestres en las paredes de la cocina, porque mañana vienen ya a quitar la cocina actual y el Martes ya instalan la nueva. Me he cogido un par de días para tal fin: cojo vacaciones en el trabajo para pasarme dos días trajinando en casa. Descanso cero.

En fin, antes de que vengan los montadores, este fin de semana ha tocado desalojar la cocina para que queden sólo los muebles (y las cuatro cosas imprescindibles para estos días). Y sólo puedo decir: ¡JO·DER!

Porque uno de los motivos por los cuales cambiamos la cocina (el primero y principal es poner un lavavajillas) es que en ésta no tenemos apenas sitio para poner cosas...

Entonces me pregunto yo: ¿de dónde han salido toooooooooooooodas las cosas que hemos tenido que quitar?

No hay nada como una mudanza para darte cuenta de la cantidad ingente de mmmmmrdas que has ido acumulando a lo largo del tiempo. El cambio de cocina está siendo una mini-mudanza en donde se está dejando claro que tenemos más cosas de las que pensaba, y el hecho de tener a partir del Martes una cocina más grande sólo significará acumular más cosas y si llega un día en que nos vallamos de aquí, vamos a fliparlo aún más de lo que ya estamos haciendo.

Lo único bueno que encuentro es que voy a tirar todo lo que no use o no me guste. Me encanta hacer esas "limpiezas" con una bolsa de basura al lado, jejeje...

Espero realmente que todo el follón del cambio de cocina salga bien, porque no estoy últimamente muy allá. En general necesito relax, y la instalación de una cocina no está incluida precisamente en la lista de terapias en un SPA...

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NOTA: En www.x4duros.com están ahora, fíjate qué casualidad, con un concurso de cocinas... Lo que me quedaba. Con lo que me costó decidirme con esta, ahora resulta que me van molando cosas que veo aquí... Así que me parece que no voy a visitar la página en una temporada.

17 septiembre 2009

Un sandwich...

Echo de menos comerme un sándwich...

Sí, un sándwich como éste, con un montón de cosas, ¡y patatas fritas!, acompañado de una Coca-Cola Light con hielo y unas rodajitas de limón; además de los consabidos nachos con queso.

Por ejemplo.

Lo sé, echar de menos un sándwich es un poco triste, porque en un momento dado te compras pan de molde, unos tomates, lechuguita, mayonesa, pechuga de pollo, bacon, algo más de lo que te guste, te pones en un plis y seguro que está hasta más rico.

Pero no es eso.

Echo de menos estar en un VIPS. A mí me gusta mucho, la verdad. Puede que sea un poco tonto, debería preferir alguno de los millones de restaurantes pijos o temáticos u originales de Madrid. Pero a mí me gustan los VIPS, sencillos y sin grandes pretensiones culinarias, casi siempre llenos de gente bulliciosa. Me gusta porque van asociados a mis escapadas hacia la gran ciudad. Donde otra gente necesita oxígeno de campo, yo necesito aire contaminado de Madrid.

Cada uno busca lo que le gusta, y a mí me gusta disfrutar de la capital sin el stress que supone vivir allí. Engancharme a todo lo que hay en Madrid que no tengo en mi día a día.

Echo de menos esas escapadas locas de un fin de semana, viajes de metro, exposiciones, paseos, cenas, compras... Esas visitas cortas pero intensas que no vamos a poder repetir muy a menudo ahora que tooooooodos los Sábados mi chico tiene que trabajar (me da tanto coraje que no puedo apartarlo de mi cabecita ni un momento).

De momento, supongo que tendré que conformarme con los sándwiches de por aquí...

16 septiembre 2009

¿Y qué tal te fué la tarde?

18:03 - Salgo del trabajo, aplaudíendome a mí misma por haber salido a una hora razonable. Bieeeeeeeeeeeeen.

18:10 - Mediante una conducción digna del Colin McRae Dirt 2, penetro en el párking subterráneo del supermercado, aparco un poco como un asshole (y por una vez en la vida sólo me remuerde la conciencia un poquito) y subo las escaleras de tres en tres, entrando en tromba al supermercado en sí.

18:12 - Vaya, no tengo lista de la compra. Tendré que tirar de mi memoria e improvisar, a partes iguales.

18:25 - Tras parecer un scalextric por los pasillos del supermercado, y llenando una cesta sin ton ni son, me planto en la única caja abierta, donde está la Cajera Justiciera.

18:27 - O se acuerda de mí o mi mirada fulminante ha hecho efecto, porque se pone a embolsar mis artículos mientras busco dentro el bolso el monedero, y luego dentro del monedero el bolsillo bueno, y luego dentro del bolsillo bueno la tarjeta para pagar.

18:30 - Pago y me cargo los brazos con seis bolsas y bajo al párking, las tiro de cualquier manera al maletero y rescato una bolsa de gominolas para ponerlas de copiloto. Me hacen falta.

18:33 - Salgo del párking y me dirigo a recoger a la chica que me ayuda con la limpieza de casa. Como no concreté una hora con ella (porque a saber cuándo salgo de trabajar), qué menos que irla a buscar, porque encima vive lejísimos... Me como una gominola.

18:35 - Suena la BlackBerry que llevo a mano, miro de reojo y veo que son las Altas Esferas. Por supuesto, clavo el pie en el freno, busco un hueco para no entorpecer la circulación, pongo las luces de emergencia (esto SÍ que es una emergencia) y contesto al tercer desagradable tono.

18:40 - Cuelgo. Ahora resulta que tengo que sacar unos datos, lo que quiere decir que debo ir a la oficina a rescatar unos cuantos archivos. Estupendo. Necesito otra gominola.

18:47 - Busco la calle donde vive la chica que he ido a buscar. No conozco el barrio, y por lo visto me meto por una calle en dirección prohibida (rejuro que no he visto ningún disco rojo con franja blanca). Menos mal que no hay nadie en la calle para ver mi pirulilla involuntaria. Recojo a la chica y mientras conduzco a casa, le explico que no me puedo quedar, que tengo que volver al curro, y ella, que es una bendita, lo entiende.

18:50 - Suena la BlackBerry otra vez. Se me para el corazón del susto, pero esta vez el número es familiar y tranquilizador. Le digo a la chica que por favor lo coja que estoy conduciendo. Mi chico me llama para preguntarme qué quiero de cena y mientras pongo un intermitente y giro, le digo que pollo al limón a voces porque no le oigo y le digo que lo llamo después (cosa que seguramente no haré porque lo más probable es que se me olvide). Me zampo otra gominola.

18:55 - Como no había mucho tráfico, consigo estar en el garaje en un tiempo récord, meto el coche de cualquier manera en la plaza, cojo las bolsas del maletero y subimos a casa.

18:58 - Meto la compra a lo mecaguendiez en la nevera. Hay cosas que necesitan frío (unos yogures, por ejemplo) y otras que no (una fregona), pero no me paro en minucias como discriminar productos, no tengo tiempo. Saco los trastos de limpieza y se los doy a la chica. Salgo de casa como un toro a una plaza, desconcertada y frenética.

19:00 - Estoy montada en el coche once again y conduzco de camino al trabajo once again y llego en un tiempo récord once again y aparco en la puerta y... suena el móvil del trabajo once again.

19:15 - Voy diciendo cosas como "sí", "ajá", "ummm" o "vale" mientras entro aceleradamente en el edificio y luego en mi despacho, a la par de que un montón de ojos me siguen y yo sé que se preguntan qué hago allí a esas horas (qué curioso, lo mismo que me pregunto yo).

19:20 - Me centro. Decido que NO voy a quedarme allí, así que paso todo el contenido del disco duro a mi pendrive para trabajar tranquilamente en casa, sabia decisión que se ve reforzada cuando me doy cuenta de que el hecho de que esté aquí ya ha "atraído" a cuatro personas que quieren que mire unos asuntos, y lo siento pero no.

19:30 - Intento salir de incógnito pero el conserje, que es un cacho de pan al que aprecio un montón, me ve y me da un poco de conversación. No soy capaz de cortarle, así que estoy un rato de cháchara hasta que me armo de valor y le digo que lo siento, pero que tengo prisa.

19:33 - Ooooooooootra vez montada en el coche. Me aseguro que en el bolso está todo lo que tiene que estar: el pendrive y la BlackBerry. Todo lo demás es accesorio. Excepto las gominolas: me como otra.

19:47 - Ooooooooootra vez meto el coche en el garaje de cualquier manera y subo corriendo los escalones. Cuando llego a casa me da la bienvenida un olor cítrico bastante reconfortante, y pienso con tristeza que si me hace sentir bien un fregasuelos, es que voy francamente mal.

20:00 - Me pongo a hacer lo que me han pedido con cuidado, porque parece ser que llevo meses haciéndolo mal y nadie me ha dicho nada. Lo repaso todo una y otra vez porque no me fío de mí misma.

20:15 - Mientras estoy trabajando, la chica revolotea a mi alrededor limpiando el estudio. Intento mantener una conversación (me siento culpable por no estar echándole una mano), pero sólo soy capaz de articular monosílabos.

20:51 - Le doy a enviar el mensaje, con el informe adjunto después de haberlos revisado unas trescientas veces y haber redactado un correo larguísimo dando quince millones de explicaciones. Al cabo de un minuto, veo la escueta respuesta de que todo está OK y respiro tranquila. Me quedo quieta en la silla un rato, mientras pienso que estoy harta de día.

21:00 - From lost to the river, me pongo en modo lavavajillas (¿cuándo, por favor, CUÁNDO van a traer el de verdad?) con los platos atrasados de ayer (porque el agua salía de color marrón y no era plan de fregarlos así), apoyándome en la encimera porque me duele la espalda a cuenta de la regla. Un día redondo, vamos.

21:13 - Llega mi chico a casa con la cena (ooooooohhh) y abrazos (más oooooooooohhhhhhhsss). En esos momentos me acuerdo de que le dije que lo llamaría otra vez, claro que ya no hace falta. Dejo los platos, y me dispongo a pagarle a la chica las horas que ha estado, porque anuncia triunfante que ya acabó con lo que le dije que hiciera. Llueve a cántaros y me ofrezco a bajarla a casa.

21:20 - Como gran novedad del día, estoy otra vez en el coche (mascando una gominola), camino de la casa de la chica. Cuando aparco y me estoy despidiendo, se abre la puerta y su hija salta sobre mí, me agarra de una pierna y no me suelta hasta que no me enseña varias fotos suyas.

21:40 - Logro convencerla de que me tengo que ir a casa para "acabar mis deberes" (como ama de casa, como pareja, como persona, como cuerpo hambriento de cena) y vuelvo a casa. Me siento como un turrón, no sé por qué (pero relleno de gominolas, algo muy raro).

21:55 - Dejo el coche en su plaza espero que por última vez en el día. Subo en el ascensor y llamo al timbre porque no cogí llaves. Entro en mi caaaaaaaaaaaaaaasa, y me tiro en mi sofáaaaaaaaaa, y casi me quedo dormida con un trozo de pollo al limón en la boca.

22:05 - ZzzZZZZZzzzzzZZZZzzzzZZZzz...

15 septiembre 2009

Autumn

A mí me gusta mucho más el Otoño.

Me gusta salir a la calle y un viento fresco te dé en la cara.

Me gusta ver el cielo encapotado, y que minutos más tarde suene un trueno...

Me gusta escuchar en los cristales de las ventanas el repiqueteo de las gotas de lluvia.

Me gusta oler a tierra mojada.

Me gusta pisar hojas secas cuando camino por la calle.

Me gusta ir esquivando charcos.

Me gusta estar en el sofá y necesitar una pequeña manta.

Me gusta dormir tapadita con un edredón.

Me gusta tomar helados cuando es por apetencia y no por aplacar el calor.

Me gusta volver a sentir frío.

Me gusta envolverme con un abrigo suave.

Me gusta calzar botas.

Me gusta usar pañuelos para proteger mi cuello del frío.

Me gusta ducharme con agua muy caliente.

Me gusta mucho más el Otoño...

14 septiembre 2009

El Melocotón No Chocolateado

Veamos...

Tengo que llevarme algo para desayunar en el trabajo. Realmente, lo que me apetece en esta época prerreglosa es algo rico y poco saludable como alguna galletilla de chocolate, por ejemplo, un croasant relleno, una napolitana, o similar. En definitiva: una concentración insana de grasas saturadas (¿o son insaturadas? Nunca he sabido aclararme con eso...). O una mousse de chocolate...

Mmmmmmmmmmmm...

Pero no.

No, no, no, no, nooooooooooooooo.

Agarro un melocotón del frigorífico y lo cierro de golpe para no ver ninguna de las apetecibles cosas chocolateadas que hay en la nevera. Miro el melocotón que tengo en la mano, mientras intento que se me haga la boca agua viéndolo tan redondo, tan fresquito, tan sanote... Pero no ocurre. Sigo pensando en chocolate.

Del melocotón paseo mi vista a mi tripilla (lo del diminutivo no se corresponde a la realidad), que se ha visto reforzada este fin de semana. No hemos parado de comer. Un pueblo en feria es lo que tiene. No es fácil resistirse a pinchito moruno más cerveza -o bebida- a dos euros. Ni a una jarra de rebujito fresquita con su jamoncillo. Ni a una ración de lomo de orza. Ni a un helado artesano. Ni al arroz del Domingo de la abuela (y por supuesto, a sus famosas patatas fritas, las mejores del mundo). Ni a un larguísimo etcétera.

Vuelvo al melocotón. Él y sus colegas las frutas van a ser mis compañeros inseparables durante esta semana de desintoxicación...

Si quiero volver a abrocharme un vaquero en condiciones, claro.

Que sí, que quiero.

Quiero chocolaaaaaaaaaaaaaaaaateeeeeeeeeeeeeee...

11 septiembre 2009

A quien madruga...

Primer pensamiento consciente de hoy:

07:52: A la gente, en general, nos da absolutamente igual molestar a los demás.

Sí, porque no tiene otra explicación el hecho de que esta mañana, a nuestros vecinos de arriba (o por ahí, pero vamos, vecinos de nuestro edificio seguro), a semejante horas, se les ocurra ponerse a martillear paredes. Realmente, ¿qué necesidad había? ¿Qué imperioso motivo puede tener alguien para que a las 07:52 de la mañana se ponga martillo en ristre a dar golpes? ¿A una hora más razonable la pared no va a esta ahí o qué? Tampoco es plan de esperarse a las 11:00 (que por otra parte sería lo suyo), pero seguramente a las nueve de la mañana ya haya más gente levantada, o al menos de mejor humor como para soportar martillazos sobre sus cabezas. Vamos, digo yo...

10 septiembre 2009

El Arrechucho

El Martes pasado me dió un arrechucho, derivado de mi actual situación de antisocialidad.

Todo fue un cúmulo de circunstancias adversas...
  • Llevo muy mal esto de volver al turno partido: estar encerrada en la oficina desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, con una hora para comer que te sabe a poco y menos, es horrendo y no me acostumbro. Por la mañana no puedes hacer nada, y por la tarde, cuando tienes más tiempo, lo que no tienes son ganas de nada. Hasta parpadear es un esfuerzo titánico.

  • No hay vacaciones en el horizonte. Con la nueva situación laboral de mi chico (es decir, se queda solo en la tienda), no sólo no se puede coger una semana de vacaciones, sino que encima estará todos los Sábados del mes pringando. Toma ya. Antes por lo menos se turnaban entre él y el compañero, pero si no hay compañero, el turno es entre él y él y el resultado es que nos quedamos sin fines de semana libres. Es decir, ninguna escapada. Saliendo a las dos de la tarde un Sábado, sólo queda día y medio de fin de semana, así que casi no te puedes ir a ningún sitio.

  • En el trabajo toooooooooooodo son problemas. Todo. Absolutamente todo. Problemas que hay que resolver aquí y ahora, y cada vez que te entra algún brown tienes que dejarlo todo para ponerte con el nuevo, y así sucesivamente hasta el Infinito... Que no es ni más ni menos que Windows quedándose colgado porque tienes abiertas más ventanas que... que... no se me ocurre ninguna comparación graciosa. Porque esa comparación es lo ÚNICO gracioso en la situación.
¿Y qué pasó al final? Pues que llegó un momento, las 12:53 para más señas, que no pude más. Sentía una opresión en el pecho, unas ganas de llorar imposibles de combatir, y una urgencia por salir del trabajo como nunca había sentido.

Y me fui a mi casa, claro.

Bueno, primero al Centro de Salud a por un papel blanco y azul que les dijera a mis superiores que no estaba en condiciones de seguir trabajado al menos ese día y probablemente también el siguiente. No hubo problemas en conseguirlo, claro, dada mi cara de funeral y mis lamentables ojos (hinchados y llorosos).

Así que me quedé en casa toda la tarde, tranquilizándome por momentos, con mi hemisferio cerebral derecho convenciéndome de que debo dejar de ser tan gilipollas, contraatacado por mi hemisferio cerebral izquierdo que afirmaba que no lo hacía por gusto, sino que yo es que soy asín.

Tengo que vivir con eso, no lo he remediado en 30 años, dudo que a estas alturas cambie.

También les pregunté a sendos hemisferios cerebrales que cómo no te agobias sin posibilidad de unas vacaciones compartidas con tu chico en el horizonte, a lo que no supieron qué responderme (claro, como ellos SIEMPRE se van juntos de vacaciones...).

En fin, venga, toca tomarme las cosas con un poco de filosofía: estoy intentando empezar otra vez el ciclo de optimismo antes de caer en una situación semejante. El humor es como una función sinusoidal, así que creo que empiezo un tramo ascendende.

Veremos.

07 septiembre 2009

AntiSocial

A veces atravieso unas épocas apáticas y me convierto en un total y absoluto ser antisocial.

Últimamente estoy en una de esas épocas, en las que el pensamiento dominante en mi cabecita es poder estar a solas en casa (o con mi pareja), a mis anchas. No me apetece mucho salir o quedar con amigos, evito un poco el contacto social.

Siempre he sido bastante independiente, incluso mi madre me acusa lo dice a menudo; supongo que eso tiene algo que ver. También influye, creo, que por ejemplo, en mi lugar de trabajo confluyen varios centenares de personas. Aunque esté un poco aislada en un despacho, aún así me paso mucho tiempo compartiendo ese espacio laboral con varias personas (cada una de su padre y de su madre). Es decir, gran parte de mi tiempo estoy rodeada de mucha gente. Normalmente lo llevo bien, pero en mis épocas antisociales me resulta un poco difícil de manejar.

Pero disimulo, menos mal. Soy capaz de seguir la conversación del despacho con animosidad, sonreir afablemente a las diez personas de media que me suelo encontrar si voy al baño o al office. Creo que nadie nota estas épocas antisociales, quizá un día un poco rarillo pero nada más. Me esfuerzo mucho en que no se note que estoy deseando pasar el resto de mi día sin tener tanta gente alrededor.

Bueno, a veces estallo. Pero procuro que sean las menos...

También me vuelvo un poco egoísta, porque ésa es mi realidad en mi lugar de trabajo, pero mi chico está solo casi todo el día (aún cuando esté su compañero), y claro, cuando sale de trabajar tiene necesidad de vida social. Eso choca directamente con mi huída de contacto con el resto de la Humanidad, así que acojo con más bien poco entusiasmo sus proposiciones de ir a tomar algo con los amigos. Luego en realidad me lo paso bien, pero me cuesta tantísimo arrancar...

Y un día, sin más, me levanto, y mi época antisocial ha desaparecido. Como por arte de magia.

Me gustaría saber cuál es el detonante de que de repente me apetezca salir y relacionarme con los demás, para provocármelo cuando noto que tardo demasiado en reaccionar, porque querer estar aislada, notarse mal humor, controlar no saltar a la mínima... No es bueno ni sano.

Ahora, sin ir más lejos, estoy sumida en una de esos momentos. ¿Quién sabe cuánto durará esta vez?

05 septiembre 2009

¿Y yo, qué leo? (XXX)

Mi relación con ALTAR EGO, de Kathy Lette no ha sido buena. En absoluto. Desde que lo ví por primera vez ha sido uno de esos libros a los que les das vueltas muchas veces: lo coges, lo miras, no te disgusta pero tampoco te llama demasiado así que lo dejas en la estantería de la librería para mejor ocasión. Y así sucesivamente hasta que lo ves rebajado y piensas que de esta forma sí merece la pena.

Porque de otra forma, una sinopsis tan escasa no atrapa a nadie...
Rebecca tiene 32 años. Su novio, Julian, es un abogado de éxito, guapo, elegante y con dinero. Viven juntos desde hace tiempo y les va bien. Pero entonces, ¿qué necesidad tiene ella de estar vestida de novia en medio de flores, regalos y nervios mientras sus amigas, Anouska y Kate, hacen de ángel y demonio, respectivamente, susurrando en sus oídos, mientras Julian espera frente al altar? Una ventana lo suficientemente grande es toda una invitación... Por si acaso, la boda tendrá que esperar.
Advierto que a continuación voy a rajar, y de lo lindo, sobre este libro, incluyendo spoilers como catedrales. Bueno, lo que voy a hacer es destripar toda la trama, que no tiene desperdicio.

En realidad, debí seguir mi instinto la primera vez que me dijo que dejara de leerlo, al segundo capítulo, porque estaba siendo un horror. Sin embargo, me obligé a seguir adelante un poco más: malísimo tiene que ser un libro para que me lo deje a medias. Tenía la esperanza de que cambiara... Pero no lo hizo. Y la puntilla me la dió en la página 304, cuando el libro dió un salto atrás en el tiempo y me llevó otra vez a la página 225 (pero no era un error de numeración, no: eran páginas repetidas), y luego de la 248 salté de nuevo hacia delante en el tiempo hasta la página 337. Unas cuantas páginas perdidas, aunque se deducía claramente lo que pasaba en ellas...

Pero bueno, de éso la autora no tiene la culpa. Claro que ella solita se había encargado de que su libro me pareciera horrendo.

Para empezar, Rebecca Steele me cae mal porque es una mujer egoísta que no mira más allá de su propio ombligo, y que durante toda la historia te apetece escupirle en un ojo. ¿De verdad? Sí, porque el día de su boda (no antes, claro), decide que no se quiere casar porque el matrimonio es horrendo y bla-bla-bla, así que salta por la ventana (literalmente). En esto que se encuentra a su novio, pánfilo como él solo, y le cuenta que se ha cagado y que no quiere casarse, así que se cancela la boda. Ea. Tan normal. Luego ellos dos siguen viviendo juntos porque el tal Julian (el novio) es tan abnegado como gilipollas. Después de esta anécdota sin importancia de cancelar su boda, se van a otra, donde aparece un cantante rapero de color, y Rebecca decide tener sexo oral con el chico: también lo más normal.

Más tarde, Rebecca decide casarse con Julian, así, porque se le cruza un cable, y lo hacen en un juzgado, sin decírselo a nadie. A continuación Julian le monta una fiesta a Rebecca y ella se lo hace con el rapero en su casa, que encima coincide con que es cliente de Julian, quien los pilla en faena. Por fin a Julian le corre algo de sangre en las venas y le monta una escenita a Rebecca. Lo siguiente es que ella se va a vivir con el rapero mientras comienza el divorcio. El representante del rapero la acosa sexualmente (no recuerdo muy bien cuándo). Ella se da cuenta de que en realidad le gustaba Julian, pero ahora él no quiere volver con ella ya que se está acostando con la mejor amiga de Rebecca mientras ella le acosa.

Pero no importa, porque al final a Julian le parece estupendo acostarse con Rebecca, todo eso a espaldas de las parejas de ambos (la amiga y el rapero respectivamente). Después Rebecca se queda embarazada, otra anécdota más, pero pierde al bebé que no se sabía de quién era. A todo esto, Julian deja a una amiga de Rebecca y va a por la otra amiga (todo queda en un reducido círculo de amistades), y se va a casar con ella. Entonces Rebecca va a verlo a su boda y él se escapa para irse con Rebecca igual que ella se escapó al principio de su propia boda.

UN AUTÉNTICO BODRIO.

Porque además, resulta que la narración es horrorosa: se nada en hipérboles de todo tipo que te alejan de lo que en realidad se quiere decir. Tanto es, que llega un momento que no está claro lo que se está contando. Algo parecido a lo que me pasó con otro libro, que tanta exageración para ser gracioso termina hartando y siendo un lastre. Por si eso fuera poco, la autora abusa de juegos de palabras en inglés que no son traducibles al resto de los idiomas, y por mucho que los traductores, con sus notas, intenten aclarar los sinsentidos, son demasiados como para ser tolerables.

¿Que si he acabado ya? No.

Todavía me queda algo que no soporto: la falta de imaginación y el anarroseo indiscriminado.

El novio pánfilo y cretino, Julian, es abogado de Derechos Humanos. ¿De qué me suena eso? Ah, sí, igual que Mark Darcy, el de Bridget Jones.

Rebecca pasa un rato humillante porque acude a una fiesta disfrazada de algo ridículo y ella es la única que lleva disfraz. ¿De qué me suena eso? Ah, sí, igual que le pasó a Bridget Jones, en una fiesta, ella iba de conejito.

La "prueba" de que Julian quiere a Rebecca es aparecer en un juicio porque ella se ha metido en un lío, y gracias a él, ella queda exculpada y libre de toda sospecha. ¿De qué me suena eso? Ah, sí, igual que hizo Mark Darcy cuando Bridget Jones estaba en una cárcel de Tailandia.

Seguramente habrá más, pero estas son las más cantosas... Y vamos, a mí no me haría ninguna gracia si fuera Helen Fielding, por mucho que se mencionara El Diario de Bridget Jones en el libro, aún poniéndolo bien y todo.

En fin, por si no ha quedado claro: que NADIE pierda su precioso tiempo (y mucho menos su dinero) en este bodrio de poca calidad literaria y que además hace aguas por todas partes. Lo he advertido, y quien avisa no es traidor.

04 septiembre 2009

EL CARNET Y YO: Season Finale

Hace un año que lo conseguí. Que tras diversas aventurillas, múltiples berrinches, bastantes lágrimas, más pataletas, sulfuramientos varios y mogollón de nervios, obtuve mi permiso de conducción...

Y desde entonces he estado tan contenta dando cochazos de acá para allá.

El día 20 de Agosto justo hacía un año que había aprobado el práctico. Llevaba una semana con la cuenta atrás de lo que le quedaba a la maldita L de estar en la luneta trasera del coche, parecía como si me quemara. De hecho, para que no se me olvidara, el día de antes por la noche subí la L a casa para que a la mañana siguiente fuera yo tan pancha sin el estigma.

Y ese día, desde que me subí al coche, fue un sinvivir constante.

- Cariño, ¿tú estás seguro de que es al año cuando hay que quitarla?

- Sí.

- ¿Estás completamente seguro? He leído por algún lado que eran dos años...

- No, es un año.

- Pero en el carnet pone "válido desde" el 4 de Septiembre, ¿no tendré que esperarme?

- Que no, éso es que el carnet te lo hicieron en Septiembre, pero por detrás pone que tu permiso es válido desde el 20 de Agosto, ¿lo ves?

- ¿Y seguro que éso lo sabe la Guardia Civil? ¿Qué te apuestas a que hoy mismo me paran y me multan por lo de la L?

- No creo, no te han parado en un año, mucha mala suerte sería. Además, si sólo vas al trabajo...

- Ya, pero, ¿y si pasa?

- Pues no pasa nada porque ya hace un año que aprobaste. Tranquiiiiiiiiiiiiiiiiiiiila.

- A lo mejor han cambiado la legislación y ahora es más de un año...

- Perovamosaver, ¿es que no te quieres quitar la L?

- Me ofendes. ¡Pues claro que sí!

- Pues ya está. Es un año, ya ha pasado, ya puedes quitarla.

- Vale, vaaaaaaaaaaaale...

Pero no vale, claro. Soy una paranoica nata.

Así que pienso que la DGT, que no me quiere ni vive conmigo ni teme mis represalias, sí que me dará una información veraz sin verse intimidada por mi mirada lastimera. Por eso, desde el trabajo y furtivamente, me meto en la página de la DGT a ver si puedo o no puedo deshacerme de la maldita L.

Empiezo a buscar y la verdad es que no encuentro nada. Me bajo algunos PDF con legislación y tal, pero ver taaaaaaaaaaantas letras sin dibujitos ni nada me aburre un poco, así que sigo navegando por si la información viene a buscarme o algo.

Diez infructuosos minutos más tarde, pienso en dejarlo, pero unos pixelillos me están diciendo algo desde la pantalla...

Pues sí, por qué no, voy a consultar mi saldo de puntos, que seguro que tengo un montón porque ya he repostado un montón de veces e igual me da para un viaje o algo...

Ah, no, que no son esos puntos... Bueno, no pasa nada. El caso es saber cuántos tengo.

Como no he entrado nunca, soy nueva, toca solicitar la clave de acceso. Además, es muy fácil, sólo hay que meter el NIF y la fecha de expedición de la licencia o permiso...

Y entonces...

++++++++++++ PÁNICO ++++++++++++

Porque NO SOY UNA CONDUCTORA.

OnMyGod!

Hiperventilo.

Jadeo.

Sudo.

Palpito.

No soy conductora registrada en el sistema.

No soy conductora...

No soy conductora...

Conductora...

Tora...

Tora...

O sea, que llevo un año conduciendo ilegalmente...

Me pueden detener.

Me pueden mandar a la cárcel.

++++++++++++ PÁNICO ++++++++++++

Pero no puede ser.

Joer, me lo dijo mi profe de autoescuela (aunque claro, eso tiene de oficial lo que yo de monja, ya lo sé). Bueno, también mi amigo Pere Navarro me mandó una carta... Y luego tengo mi carnet, plastificado y todo. Demasiado montaje para ser una falsa.

A lo mejor es que, en lugar de que algún Alto Cargo quiera gastarme alguna broma, resulta que me he equivocado. Aunque es más probable lo primero, claro.

Pero no, al parecer es lo segundo. Jo.

Al meter la fecha que aprobé (y no la del Válido Desde que pone en mi carnet, malditos liantes, ya podían poner alguna nota aclaratoria aunque fuera a mano), ya sí salgo, menos mal, qué susto...

Y casi olvido mirar los puntos que tengo, jo, qué poquitos... Con esto no me van a dar un móvil nuevo ni nada...

Pero me pongo tan conteeeeeeeeeenta de que finalmente no sea una kamikaze de las carreteras que no me importa.

De todas formas, desde hoy, 4 de Septiembre, podré ir tranquila (ahora sí que sí) sin la L ahí atrás.

Así que ya sí.

Sí que sí.

Bye, bye, L!

Ah, no, perdón.

Ahora sí.

Auf Wiedersehen!

02 septiembre 2009

Confirmación de Crisis

Al final, me he visto afectada por la crisis.

Y mira que yo creía que lo estaba llevando bien. De hecho, desde que nos vemos azotados por la crisis, nosotros hemos seguido igual que antes, haciendo exactamente lo mismo. En nuestra vida diaria no hemos notado nada impactante...

Hasta hoy.

En plena jornada laboral, cosa así de las 11:18, me dió un ataque de hambre en el trabajo. Me levanté y fui a por mis reservas: normalmente me traigo un paquetito individual de galletas con chocolate que dejo en una de las neveras comunes hasta que me pica el hambre. Es decir, mis reservas desde que llegué por la mañana eran estas:

Pero cuando llego a la nevera, con ganas de acallar el rugido que sale de mi tripa, veo que mis reservas eran estas:

Es decir: algún hijo de fruta alma hambrienta me había churrimangado mi precioso paquetito de galletas con chocolate, que era lo que me había traído esta mañana de casa porque me había apetecido.

Me he quedado a cuadros escoceses.

O sea, la gente está fatal... Porque medio metro más allá de la nevera, por 20 céntimos tienes un paquetito de galletas similar (incluso más sanote, con menos calorías). Claro que es más fácil abrir la nevera y coger galletas ajenas, que seguro que sabrán hasta mejor por el tema de comer lo prohibido, ¿no?

En fin, ya puedo decir que la crisis es real...

01 septiembre 2009

CumpleBlog

Hoy hace dos años que empecé de nuevo, y de paso este blog...

Feliz Cumpleaños, The Unwritten Blog.

...the rest is still unwritten.