31 octubre 2009

Totalmente Gafada

Puede que fuera la que nos vendió las entradas. O la chica de las palomitas. O quizá el chaval que estaba en la puerta recogiendo las entradas.

Pero ALGUIEN me echó un mal de ojo aquel Sábado.

La cosa empezó mal. Cuando entramos en la sala de cine, ya estaba a oscuras porque la película acababa de empezar. Se me ocurrió sacar el móvil para ver un poco por dónde nos movíamos, pero tenía las manos ocupadas. Por primera vez en mi vida eché de menos un acomodador (me acordé de ese anuncio que dice que nuestra vida no es mejor con menos gente empleada). Resolví fiarme de la visión nocturna de mi chico y lo seguí.

Y ahí empezó todo...

PRIMER ACTO:

Cometí el error de fiarme también de mi visión nocturna y subí unas escaleras fantasmas que no estaban allí, así que hice un movimiento rarísimo con los pies y casi me caigo. Dejé marcado el lugar de mi torpeza con unas cuantas palomitas del gigantesco paquete que llevaba en la mano.

SEGUNDO ACTO:

Aunque en principio no debía haber problemas puesto que nuestras butacas estaban al lado del pasillo, el ir arreando con un bolso, un paquete gigante de palomitas, y las piernas temblando por si tropezaba con alguna otra cosa no ayudaron nada. Me hice un lío al intentar bajar el asiento sólo con el culo, y me escurrí, y no tenía manos libres para hacer equilibrio o agarrarme o ALGO. Al final no llegó la sangre al río porque no sé como acabé sentada, pero sí llegaron más palomitas a mi regazo.

TERCER ACTO:

Tantas emociones en tan poco tiempo me dieron sed, y me incliné para coger el vaso de papel tamaño gigante lleno hasta los topes de Fanta que mi chico había dejado en el suelo porque no había otro sitio donde dejarlo. La combinación mi mano (considerablemente más pequeña que el envase) + humedad condensada en las paredes del vaso de papel + gravedad cruel = DESASTRE. La Fanta acabó esparcida por doquier, porque además no fue una caída elegante, no: salpicó todo lo salpicable. En aquella sala había mal karma o algo, estaba claro. Le pasé a mi chico las palomitas mientras intentaba que mi bolso no se pringara con el charco de Fanta del suelo, cosa que lógicamente no conseguí.

CUARTO ACTO:

Como me sentía la mujer más torpe del Universo por los numerosos incidentes acaecidos durante los créditos iniciales, quise coger la mano a mi chico para que me consolara un poco. Por supuesto, dí un estiloso manotazo al paquete gigante de palomitas -que a esas alturas ya iba medio sin haberlas probado-, y que fueron a caer al regazo del señor que se sentaba al otro lado, con el consiguiente gruñido.

ESCENA FINAL:

Una MUY AVERGONZADA InnerGirl se tiró tooooooda la película quieta en su asiento, sin probar ni las palomitas ni la Fanta (lo que quedara de ellos), sin moverse un milímetro, por si lo siguiente era romper el asiento, o pegarle una patada involuntaria a alguien, or whatever.

Buaaaaaaaaaaaaaaaaaa...

29 octubre 2009

MyPlan

Es verdad que llevaba un tiempo excesivamente dilatado con los ánimos no ya por los suelos, sino por el tercer subsótano (por lo menos). Lógicamente, no podía seguir así. Y como lo más probable es que no pasara nada que me hiciera cambiar de rumbo de golpe, decidí que debía ser yo quien hiciera algo al respecto -al fin y al cabo soy la primera interesada-.

Así que esbocé MyPlan.

(Como el Special-K, algo parecido...)

No es ni nada del otro mundo ni la panacea ni nada parecido. De hecho es algo tan simple y básico como rodearme de cosas bonitas, hacer (obligarme a hacer, sería más adecuado) lo que me gusta y lo que me hace sentir bien para conseguirlo. Llenar mi tiempo con las actividades que me motivan, para que las obligaciones diarias -de las que no me puedo librar- no me ahoguen sin remedio y me coman los días sin que me dé cuenta.

Por eso, a partir de ahora será habitual escucharme en casa destrozando cantando a pleno pulmón las canciones que me gustan sin ninguna vergüenza, bailando por el pasillo o por el patio refanfinflándomela que me vean los vecinos, no me iré a la cama sin avanzar un poquito del libro que en esos momentos esté leyendo, quedaré más con mis amigas porque me encanta, meteré más coquetería en mi aspecto diario, y cosillas así... Nada espectacular. Todo muy sencillo, pequeños empujoncitos hacia adelante para no quedarme estancada.

Se acabó el estar tristona y gris... It's over!

25 octubre 2009

Ignoracia = Felicidad

- Vaya, ¿qué tal? ¿Cuánto tiempo hace que no te veo? ¿Desde Junio? Sí, más o menos. Oh, fíjate que mala cara tienes, pareces cansada, ¡y qué ojeras!

Parpadeo alucinada.

No, si no me sienta mal. De hecho, ha dicho una verdad enorme.

¿Desde Junio no me ve? Veamos... Oh, sí. Qué casualidad. Justo desde que estoy en el nuevo puesto. Quizá se pueda pensar en una dualidad causa-efecto, una justicia nada poética.

¿Las ojeras que me han salido? Veamos... Oh, sí. Qué casualidad. Justo desde que empecé a manejar problemas laborales de gran responsabilidad que no me dejan ni dormir bien. Quizá vayan por ahí los tiros.

Es decir: sí. Desde Junio más o menos estoy hecha una piltrafilla humana.

Pero de todas formas, yo vivía más feliz en la ignorancia, oyes...

23 octubre 2009

Los Mentirosos

- Creo que él me miente.

Tres cuellos perfectamente sincronizados hicieron un giro (alguna casi de 180 grados) y nos la quedamos mirando estupefactas. Tres pares de ojos como platos clavados en ella. Parpadeé incrédula mientras hacía un rápido cálculo: ¡pero si no llevan ni dos meses casados!

Aunque algo ahí no cuadraba: una declaración así de dramática no podía hacerse con una voz tan tranquila. A continuación vino la explicación.

- Sí, me dice que estoy guapa cuando voy con el chándal viejo, sin maquillar y sin peinar, ¡y con las pantuflas desgastadas! En qué cabeza cabe que me diga eso, si está claro que no es verdad. Me miente...

Tras escuchar eso, mi ritmo cardiaco se normalizó. No había crisis matrimonial seria (y precoz). El alivio se hizo palpable entre nosotras, y desconecté un poco de lo que vino a continuación...

...porque me estaba acordando de esa misma mañana, cuando legañosa perdida le pegué un manotazo al despertador, salí con dificultad de la cama, y me dirigí al cuarto de baño. A cada paso que daba era consciente de mi lamentable aspecto matutino: el pijama desgastado, una pernera del pantalón hasta abajo y la otra por la rodilla, la parte de arriba del pijama medio abierta y descolocada, el pelo alborotado (pero sin las medias de color), ningún vestigio de mi cola de caballo nocturna excepto una goma de pelo agarrada desesperadamente en un mechón y a punto de caerse, con los ojos aún pegados, una expresión de fastidio infinito y sin un atisbo de sonrisa o de cualquier cosa positiva.

Y miré a mi chico, que aún estaba medio dormido pero aún así tuvo fuerza para abrir un ojo (sólo uno, pobrecito) para mirarme, sonreir a pesar de tener media cara aplastada contra la almohada, y murmurar extasiado: qué guapa eres. Tenía que ser sincero: no estaba lo sufientemente despierto como para buscar algo que decir que no pensara.

Entonces me dí cuenta de algo maravilloso...

No es que mientan. Es que siguen enamorados, a pesar de todo.

18 octubre 2009

Real Women

Como hago algunas mañanas que tengo tiempo (no muchas), hace un par de días estaba yo desayunando mientras veía qué había pasado en Internet, y en esto que me topé con una foto de una chica que hacía publicidad para Ralph Lauren...

Mis ojos fueron de la foto a mi desayuno: un Cola-Cao calentito y un minicruasan que con toda probabilidad irán directos a mis muslos, ¡pero que están taaaaaaaaan ricos! Seguramente esta modelo no habrá catado nunca un desayuno como el mío, está claro, porque así jamás mi cintura será más estrecha que mi cabeza, como es el caso.

Luego leo que no, que la imagen no es real, que lo que pasó es que a alguien se le fue la mano con el PhotoShop. Por lo visto se lió un buen pifostio, tuvieron que pedir disculpas, retirar esa campaña publicitaria, pero al parecer luego despidieron a la modelo, ella dice que por estar gorda... En fin, un historión.

Aunque claro, para mí, más que un historión, es una VERGÜENZA, porque yo me pregunto: ¿qué clase de enfermo retocó la imagen hasta el absurdo y le pareció que le quedó genial? Bueno, venga, a lo mejor fue un pobre diseñador harto de cafeína (cuanto menos) que sólo quería acabar ya para irse a dormir y no fue consciente de que lo que había hecho. Pero es que no es sólo eso, porque el resultado final imagino que tendría que pasar por más manos, un mandamás debió dar el visto bueno antes de lanzar la campaña, ¿no? ¿Cómo a alguien le parece que es una imagen siquiera aceptable?

Pero sí, así está el mundo.

A continuación, me topo con otra foto bien distinta.

La chica esta también es modelo. Sí, tiene michelines. Pero esta imagen no ha sido retocada, y también se la liado una buena con esto. Al parecer, la publicación de un reportaje con estas fotos ha sido la revolución, en plan por fin una mujer real en una revista de moda. Claro que no debería sorprender demasiado, hace ya tiempo que hay campañas de ese estilo, pero aún nos sigue chocando (sí, admitámoslo) que alguien sin cintura de avispa ocupe un reportaje en una revista de moda. En mi caso por inusual, no porque no aplauda la iniciativa, que lo hago, y mucho. En otros casos, por otros motivos, ni siquiera parecidos a los míos.

Seguí tomando mi Cola-Cao, pensando en que luego nos echaremos manos a la cabeza cuando las niñas que hayan estado un rato esperando el autobús al lado de la primera foto caigan en los desórdenes alimenticios que tanto nos preocupan... Sinceramente, me gustaría que esas niñas, cuando vean la segunda foto (u otra parecida), vean a una chica preciosa y real, porque entonces le habremos ganado el pulso a una tiránica presión que no es buena para nadie.

16 octubre 2009

En un vagón de metro...

A colación de un post que leí hace ya un tiempo, me acordé de una situación parecida donde la mala educación y la sinvergonzonería se derrochaba a quintales.

Situación: metro de Madrid, no recuerdo la línea. Cosa así de las ocho de la tarde si mal no recuerdo. Un grupo de tres chicas de unos quince años (o puede que menos, ya que por la vestimenta, el maquillaje y tal que se lleva hoy en día podrían tener incluso nueve años) estaban sentadas en un vagón, junto a una mujer mayor y una chica más joven de pie que leía un libro. Nosotros estábamos de pie también. Todo tan normal.

Entonces una de las chicas se acabó un cartón de litro de un zumo de frutas y tenía el tetrabrick en la mano, y lo miraba como sin saber qué hacer. Su amiga, la espabilada de turno, le dijo tranquilamente que lo dejara en el vagón, en el suelo, que ya lo limpiarían. No recuerdo muy bien quién ni cómo (apostaría por la joven del libro), le dijo que no fueran guarras, que lo guardaran hasta la próxima estación y lo tiraran a una papelera.

¡Oh, Sacrilegio!

La espabilada se indignó muchísimo. Le ordenó a la bebedora de zumos que tirara el envase al suelo del vagón, y le dijo a nadie en particular que para eso sus padres pagaban impuestos: para que los servicios de limpieza recogieran la basura. Toma ya.

Y dijo que ella también había pagado su billete de metro, que incluía la recogida de residuos de los vagones (no lo dijo así exactamente, creo que no le llegaría el cerebro como para reconocer "residuo" como palabra). ¿Ah, sí?

Y que sobraba lo de que era una guarra. Creo que más bien no.

Lamentablemente, no asistimos al desenlace de esta situación porque llegamos a nuestra parada y nos bajamos. Cachis...

Pero deseé con tooooooooodas mis fuerzas (y sigo queriendo), que el Universo tome cartas en el asunto, y la chica que tan tranquilamente tira un brick de zumo en un vagón de metro, porque es demasiado guay para aguantar un par de paradas y tirarlo en una papelera, y que se cree en ese derecho porque tiene un abono de metro y sus padres pagan impuestos, acabe en una empresa de limpieza (con todos los respetos hacia ese sector, ojo) y se infle de recoger latas de refrescos, chicles pegados, y demás porquerías.

Espero que si alguna vez tengo una hija adolescente, no se comporte así, por favor...

15 octubre 2009

Uffffffffff...

Últimamente soy un muermo.

Sí, lo sé, me levanto y me pongo en el centro de un círculo de personas desconocidas...

- Hola, me llamo Inner...

- ¡¡Hola, Inner!!

- ...y soy un auténtico rollo de persona.

Ya lo sospechaba, pero fui consciente ayer, mientras bebía a sorbitos una Fanta, y oía parlotear a mis amigas, que me ponían al día de sus aventuras. Las dejé hablar, y hablar, y hablar, y al final, se callaron y me miraron, haciéndome la consabida pregunta: ¿y tú, qué nos cuentas?

Repasé mentalmente mi vida de las últimas semanas, y dí otro sorbito a mi Fanta, sintiendo varios pares de ojos sobre mí. Pero si no tengo nada que contar...

A la que más le pesa es a mí, está claro. Después de escuchar los apasionados discursos de mis amigas, me sentía rara. Como si sus vidas fueran sobre las vías de un tren a toda velocidad y mi vagón estuviera parado en una estación -en el mejor de los casos- o estancado en una vía muerta de ésas -en el peor de los casos-. Sonreí y le eché un poco de humor al asunto, para que no sonara demasiado terrible que mi vida se ha reducido a trabajar, sentirme agotada/vencida/triste, llegar tarde a casa, hacer lo imprescindible para no morir sepultados por un aluvión de pelusas, y estar en el sofá con la mirada perdida. A lo sumo, salir a tomar algo con el piloto automático o ver algo en la tele que no exija pensar. Nada más. Bueno, sí: elaborar un plan para que la situación cambie, obviamente.

No sé cómo lo logré, que al final no debió sonar tan mal porque se rieron. Pero la realidad no es muy graciosa, en realidad. Me doy cuenta que ya ha pasado medio mes y yo casi no me he enterado, y no estoy como para perder días, no-no-no-no. De momento, voy a empezar a pensar en ganar unos días de vacaciones...

14 octubre 2009

¿Y yo, qué leo? (XXXI)

Por falta de tiempo he tardado bastante en terminar de leer EL HOMBRE DE TU VIDA, de Emily Giffin. Por eso y porque no me ha enganchado especialmente: si lo hubiera hecho, habría buscado tiempo de donde no lo había para acabarlo.

La contraportada ya avisa de qué hay entre las páginas...
Esta es una historia para todas aquellas que alguna vez se han preguntado: ¿cómo puedo querer de verdad al hombre con el que estoy si no puedo olvidar al novio que se fue?

El matrimonio de Ellen y Andy no solo parece perfecto, es que lo es. No hay grietas en la devoción que se guardan, ni en el modo natural que tienen de sacar lo mejor el uno del otro. Pero en una tarde fatídica, Ellen se topa con Leo por primera vez en ocho años. Leo, el tipo que sacó lo peor de ella. Leo, que la dejó con el corazón partido y sin dar explicación alguna. Leo, a quien no ha podido olvidar del todo. Cuando el reencuentro destapa emociones aletargadas durante mucho tiempo, Ellen empieza a preguntarse si la vida que lleva es la que realmente desea.

Una novela intensa sobre una mujer en la encrucijada del amor verdadero y la vida real.
Bueno, yo lo habría resumido así: Ellen es una fotógrafa que lo primero que hace es encontrarse con su ex-novio periodista, luego él la llama para ofrecerle un trabajo (hacer un reportaje a un famoso), ella no le dice nada a su marido de que su ex-novio ha sido quien le ha conseguido el trabajo, el matrimonio se muda cerca de la familia de él y luego el ex-novio la vuelve a llamar para hacer otro trabajo y ya está. Esa poca acción durante 382 páginas. Luego hay cosas secundarias, como la amistad de Ellen con su hermana o con su cuñada, pero no aportan ningún dinamismo a la historia.

Y esa poca chicha se estira taaaaaaaaaanto porque Ellen es una pánfila sin personalidad que no sabe apreciar lo que tiene y que se entretiene en dar vueltas y más vueltas sobre lo mismo. Analiza absolutamente todo un mínimo de cinco veces y luego otra más por si acaso se le ha escapado algún microscópico detalle, se obsesiona con todo (vale, vale, porque tiene un TOC), utiliza todas las conjugaciones del condicional, y no deja de ser más sobre lo mismo una y otra vez.

Realmente, lo que Ellen analiza (el ¿qué habría pasado si...?) es lo que todas hemos analizado alguna que otra vez, porque más o menos, todo el mundo ha pasado por eso. No creo que haya nadie que no se haya preguntado alguna vez qué habría sido de sí mismo si en una decisión crucial, el camino elegido hubiera sido otro. El fantasear con una vida paralela donde vivimos en base a las decisiones que no tomamos es algo común, pero no puede ser una obsesión. Se debe tener claro que es eso: una fantasía, y hay que vivir el here and now porque es lo que tenemos, lo que tocamos, lo que sentimos. Los condicionales están bien para pensar un rato, pero ya está. El ¿y si...? no debería poner nunca en peligro el presente, porque desde aquella decisión -sea la que sea- ha llovido demasiado y ya nada es lo mismo, ¿verdad?

Normalmente, me gusta mucho cómo escribe Emily Giffin porque dibuja con palabras unos sentimientos que casi reconozco como míos (en este caso, por ejemplo, la descripción de cómo se sintió Ellen en su primera relación, es dolorosamente cercana a mi propia experiencia). Sin embargo, en esta ocasión, creo que se ha ahogado demasiado en comeduras de tarro y debería haber desarrollado un poco la historia: en mi opinión, ha habido poca acción para tanto libro.

En definitiva: me ha aburrido bastante, aunque no puedo decir que la narración no tenga calidad.

12 octubre 2009

Desde un pequeño sofá...

Estoy en casa, sentada en el sofá. Mirando a la nada. Tranquila.

Miro sin ver los muebles del salón. Son unos muebles sencillos, nada originales, de madera, en tonos avellana y wengué (es decir: marrón claro y marrón muy oscuro, pero eso suena poco chic). Unos muebles que quizá ahora no elegiría, pero que en su momento lo hice por no alargar más la agonía de visitar tiendas de muebles, ver diversos estilos, imaginar la habitación vacía con esos muebles, gustarme, decidirme si comprarlos o no... Escogí esos porque estaban allí, en el sitio justo en el momento preciso. Y ahora están aquí. Llevan cinco años aquí.

Paseo la vista a la dispar colección de películas que hay encima de una balda color wengué. Están ordenados sin ton ni son. Yo sólo tenía cuatro o cinco títulos sueltos, luego vinieron los de mi chico y la colección se ha ido ampliando desde entonces. Hay películas de las que me gustan a mí y también de las que le gustan a él, puestas las unas junto a las otras sin ningún orden. O a lo mejor sí lo tiene pero yo no lo veo. Recuerdo personajes de ficción que ordenaban sus discos o libros según un orden sólo lógico para ellos: la fecha de compra, por ejemplo, o el orden alfabético de las tiendas de donde proceden. Pero creo que nosotros tenemos los DVDs desordenados, sin más.

Luego me fijo en las series. Yo antes sólo veía las series que ponían por televisión, pero ahora soy una adicta a un montón de producciones que ni siquiera se han estrenado en España. Las que más nos gustan las tenemos ahí. Algunas están finalizadas, y tenemos la colección completa. Otras, las hemos empezado. Series que antes simplemente veía, o sólo las conocía, y ahora me encantan, las he visto enteras y me sé los diálogos.

Lo siguiente en lo que me detengo es en la televisión. Philips, no cabía otra opción según mi padre. Y ahí está, grande y voluminosa. A veces fantaseamos con comprarnos una plana (más que nada porque yo en secreto tengo miedo de que se rompa el soporte por el peso de nuestra televisión), pero no deja de ser un proyecto a largo plazo y en realidad, yo me siento cómoda con "el mastodonte" en su sitio. Y su peluche encima. Fue de lo primero que tuve en este piso.

También reparo en el mantel de cuadros blancos y rojos de la mesita baja. Me lo hizo mi madre. Ése y otros dos más, porque yo se lo pedí. Cansada de buscar manteles que vinieran bien con el tamaño de la mesa, se lo comenté a mi madre y compró unos retales por dos euros y ahora tenemos unos preciosos manteles de madre que me encantan. Sonrío para mí. También gracias a mi madre tenemos un porta-mandos-a-distancia que cuelga del brazo de un sillón. Aunque reniega mucho, sé que en el fondo le gusta hacerme esas cosillas. La adoro.

Sí, adoro que este salón sea una mezcla de objetos importantes para mí...

11 octubre 2009

¡Más música!

Muchas veces dependemos de la radio para escuchar algo nuevo, y no lo mismo de siempre que a veces llega a cansar.

Otras opciones son tirar de Last.fm o Spotify, o incluso de YouTube.

Claro que también podemos ir a echar un vistazo (o mejor dicho: una oída) a los...

¿Qué de qué va esto? Bueno, en la página hay un vídeo donde lo explican muy bien, siempre mejor que yo...

...aunque yo ya cuente que básicamente consiste en dar a conocer nuevos artistas con talento pero de los que aún no hayamos oido hablar aún. Es una plataforma estupenda para lanzar sonidos nuevos: el único requisito para participar es tener un MySpace para poder escuchar los temas de estos nuevos músicos.

De todos los artitas presentados, un jurado seleccionará los grupos finalistas. Pero no sólo serán ellos quienes den su opinión: ¡cualquiera podrá hacerlo! El público también escogerá a un finalista, y a todos podremos oirlos en varios conciertos.

Realmente merece la pena entrar y disfrutar de los nuevos sonidos, para estar al día de lo que se cuece en el mundo de la música.

A mí me lo contó Bloguzz y yo os lo cuento a vosotros, que sé que os gusta la música. ¿Qué os parece la idea?

08 octubre 2009

PEPITINA

Pepitina es una rubia de edad indeterminada, pero rondará los 60 años. Es una mujer muy coqueta, estudió Derecho por estudiar algo, pero ella nunca ha ejercido porque se dedicó a su casa y a su marido, que es médico, y un médico muy bueno, por cierto. Tuvo una hija, que heredó de ella su creatividad, además de tener una pituitaria extraordinaria. De hecho, de pequeña, reconocía sus muñecas por el olor, y además, le decía a Pepitina qué comían sus vecinos: en el segundo lentejas, en el tercero cocido... Oh, es una chica excelente y maravillosa, sensible y creativa. Pepitina está muy orgullosa de su hija, claro. Que además, sabe estar y es tremendamente amable: es de la clase de chicas que alaba el calzado de sus interlocutoras, para dejar caer, dos minutos más tarde, que sus Ferragamo de 13 centímetros de tacón y 490 euros le están destrozando los pies, ya que lleva desde las siete de la mañana realizando gestiones y la elegancia se paga cara (y no se refiere al precio del calzado).

Pepitina es una señora ocupada, sí. Esta mañana ha tenido que ir a la embajada de los Emiratos Árabes, que por fin la han recibido (aunque ella ya sabía que lo harían). Allí ha coincidido con otra mujer que conoció hace tiempo, precisamente la dueña de todo un edificio, el número 45 de la Castellana. Ella vive en el ático, claro, un señor ático de muchos millones. Aunque tener tanto dinero no le ha restado sencillez, porque es una mujer cálida y cercana. Igual que Sofía, sí. Sofía, es decir, la Reina Sofía, aunque Pepitina no le dice nunca eso de Reina, porque ella no cree en los títulos, sólo en las personas. Y como es buena persona, le regaló un pañuelo de seda pintado a mano por ella misma, porque Pepitina es, ante todo, creativa. Sí, sí, ese pañuelo que Sofía lleva al cuello en este reportaje en la revista Lecturas, ¿lo ves? Fíjate con qué cariño coge el pañuelo. Sí, sí, es auténtica seda pintada a mano. Porque Pepitina lleva en esto de pintar seda desde el 2003, ¿sabes? Te puede dejar un catálogo de unas prendas que elabora ella, que quedan monísimas puestas, de hecho, deja, deja que su hija se pruebe una para que la veas, aunque eso sí, con una falda sienta mejor, no con esos vaqueros Gucci que lleva ahora mismo... Aunque parecen otros con los tacones, ¿verdad? Es que para una mujer, llevar buenos tacones y el pelo impecable es la clave de la buena imagen.
Que conste que yo a Pepitina no la había visto en mi puñetera vida y seguramente no me la encontraré nunca más (por favor, NO). Lo que pasa es que sé todo esto nada más que de escuchar su voz, unos cuantos decibelios más alta de lo que es políticamente correcto en un vagón de tren que compartes con otras viajeros; personas que a lo mejor quieren dormir, leer o escuchar música tranquilamente sin tener que escuchar su biografía, que, dicho sea de paso, con toda probabilidad les importe un pimiento.

Pero Pepitina se muestra tan locuaz como encantada de haberse conocido, y encuentra natural a la par que encantador que otra persona (inocente criatura) le dé pie a comenzar una conversación que a los pocos minutos se convierte en un monólogo de autobombo que dura la práctica totalidad del viaje (y hablamos de horas, en plural).

Así que ante la típica pregunta de ¿qué tal el viaje? que me hizo mi chico cuando me recogió de la estación de tren, tuvo como respuesta una para él incomprensible furibunda mirada y como seguramente le descolocaría totalmente una respuesta tal que pues mira, me he pasado dos horas y media fantaseando con tirar a Pepitina con el tren en marcha, porque las canciones de mi iPod (incluso con los Foo Figthers berreando) a todo volumen no podían competir ni de lejos con una premenopáusica con incontinencia verbal y un nivel de autocomplacencia que se sale de cualquier escala conocida al final sólo le sonreí y le dije bien, gracias.

Hay que joderse...


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NOTA: Me he quedado MUERTA al descubrir (probando en Google qué pasaba al buscar ese carismático nombre), que esta mujer tiene página web y todo, con su foto y todo, con su listado de clientes y todo, ¡¡con fondos de escritorio para descargar y todo!!

06 octubre 2009

Notas Breves

Estoy para que me dé un limón.

En el trabajo es todo un puto caos y lo llevo francamente mal.

He cogido un resfriado y no tengo más que mocos y dolor de cabecita.

Mañana tengo reunión y no me apetece nada meterme seis horas en un tren (ida y vuelta).

Tengo un soberano atraso en las tareas de casa, y en concreto, en la colada.

La lista de cosas pendientes crece y crece cada día.

No tengo tiempo de casi nada...

O sea, un DESASTRE.

¿A que mañana me baja la regla? Lo que me faltaba ya, vamos.

04 octubre 2009

¿Cambiamos el mundo?

Hace ya unos cuantos días que recibí un paquete misterioso.

Un paquete que prometía...

Lo abrí emocionada, para ver el nuevo producto de Coca-Cola, que me había llegado de la mano de Bloguzz.

La filosofía es simple: ahorrar espacio, concentrando la esencia de la bebida para que, sólo añadiendo agua, ¡tengas tu refresco! Al pack no le faltaba detalle, estaba el kit completo para disfrutar de un té con limón (aunque hay varios sabores).

Desde luego, tiene varias ventajas: su tamaño reducido es su punto fuerte, puesto que es fácil de transportar (no hace falta señalar lo pesado que es llevar un pack de cuatro litros de Coca-Cola, por ejemplo). El sabor es similar a Nestea, pero más intenso -lo que se arregla con más agua- y con un toque que no he sabido concretar... Pero sí, está bueno. Espero que tenga éxito, porque la idea es muy original. Aunque yo voy a seguir fiel a la Coca-Cola Ligth, mi adicción no se cura tan fácilmente...

Dentro del paquete, además, venía un libro muy interesante: VAMOS A CAMBIAR EL MUNDO, ideal para leerlo entre sorbito y sorbito de té. Al abrir el libro (colorido y alegre, ¡me encantó!) casi se puede sentir qué transmite: mejorar el mundo con pequeños gestos, porque en realidad, somos lo que hacemos. ¿Qué os parece hacer unas sencillas acciones que nos pueden hacer sentir mucho mejor, y de paso, hacer el mundo un sitio más agradable?
  1. Rechaza las bolsas de plástico siempre que puedas.
  2. Cuéntale un cuento a un niño.
  3. Utiliza al menos una bombilla de bajo consumo.
  4. Aprende primeros auxilios.
  5. Sonríe y devuelve las sonrisas.
  6. Utiliza el transporte público siempre que puedas.
  7. Planta un árbol.
  8. Báñate con alguien que te guste.
  9. Si pone 50 km. por hora, ve a 50 km. por hora.
  10. Baja el termostato un grado.
  11. Ponte en forma, te sentirás mejor.
  12. Apaga de verdad los electrodomésticos.
  13. Recicla tu móvil.
  14. Pasa un rato con alquien de otra generación.
  15. Hazte donante de órganos.
  16. Dale el cambio a alguna organización benéfica.
  17. Intenta ver menos la televisión.
  18. Aprende a ser amable en otros idiomas.
  19. Apréndete un buen chiste.
  20. Averigua dónde se invierte tu dinero.
  21. Apaga las luces innecesarias.
  22. Haz de tu testamento una declaración de principios.
  23. Comed juntos más a menudo.
  24. Tira el chicle a la papelera.
  25. Dona la ropa que ya no usas.
  26. Dona sangre.
  27. Cede tu asiento.
  28. Vive el momento.
  29. Recila tu ordenador.
  30. Cocina algo para un amigo.
  31. Cierra el grifo mientras te cepillas los dientes.
  32. Abanícate.
  33. Intercambia tus libros.
  34. Compra productos de comercio justo.
  35. Escribe a alguien algo cariñoso.
  36. Escucha a alguien que lo necesite.
  37. Deja pasar al menos a un coche en cada trayecto.
  38. Cuida tu entorno.
  39. Compra en las tiendas del barrio.
  40. Hazte miembro de alguna asociación.
  41. Abraza a alguien.
  42. Recicla tus gafas.
  43. Planta algo con un niño.
  44. Respira hondo.
  45. Da tu número de teléfono a cinco vecinos.
  46. Usa las dos caras de cada hoja de papel.
  47. Regala un ejemplar de este libro a un amigo.
  48. Mándanos una acción.
  49. Infórmate más, haz más.
  50. Haz algo sin esperar nada a cambio.
Yo, desde luego, me apunto al carro (con algunas cosas con más entusiasmo que con otras, claro, normalmente por el bien de la Humanidad). ¿Y tú?

02 octubre 2009

ELISA

Hace poco me hice consciente de mi nueva manía inconsciente cuando estoy en el trabajo.

O sea, que dejó de ser inconsciente.

Mientras muevo el ratón con la mano derecha, la izquierda (que se aburre por lo visto), automáticamente hace un repaso por la parte inferior de mi cara. Es como si quisiera asegurarse de que mis labios siguen en su sitio, y se recrea en mi barbilla y mi mentón. No soy consciente de que me estoy toqueteando la cara hasta que SUCEDE.

Mis dedos encuentran un pelo de Elisa.

El pelo de Elisa es el típico pelillo que sale, aislado y solo, en tu barbilla (barbilla femenina, se entiende). Pero no un vello delicado y fino, casi invisible. No. Uno de esos gruesos y negros que parecen una púa de erizo.

Yo lo llamo así porque la primera vez que fui consciente de que a mí también me pasaba (porque esos pelos los he conocido yo de toda la vida de Dior como "pelos de vieja"), fue oyendo la voz monótona y aburridísima de una chica que es así: monótona y aburridísima. Para no dormirme mientras la escuchaba, cabeceaba rítmicamente y decía cosas como ajá, mmmm, sí, claro, por supuesto, and so on... a la par que me sobaba discretamente la cara, hasta que me encontré el primer pelo. Luego me fijé que cada vez que me topaba con esa chica, descubría uno nuevo (tócate los huitis con la punta de la nariz), así que quedaron bautizados oficialmente. No podía ser de otra manera.

Cuando las yemas de mis dedos detectan un pelo de Elisa, parece que salta una alarma y de repente, ya soy consciente de dónde tengo la mano y de que me he estado tocando la barbilla. Acto seguido se desencadena un auténtico Ataque de la Patata y debo eliminar el maldito pelo INMEDIATAMENTE.

Cosa que no es tan fácil porque el 100% de las veces estoy en el trabajo y no en casa, y no tengo pinzas de depilar.

Lo cual es muy frustrante porque debo lidiar con mi Ataque de la Patata hasta que consigo librarme del minúsculo pelo de Elisa, que normalmente sólo mide un milímetro (por lo que sólo puedo eliminarlo con unas pinzas), pero que a mí me parece que se puede ver a un kilómetro de distancia y me pone de los nervios. Porque además, me paso el resto de mi existencia hasta que me hago con unas pinzas moviendo el pelillo para un lado y para otro, obsesivamente.

Soy lo peor.

Pero desde hoy, seré mejor.

Porque para que nada de esto suceda, desde ahora ELISA vendrá siempre conmigo...

 
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