Ayer, mientras conducía, me dió por pensar que hace mucho tiempo que no voy a una cafetería a tomarme algo tranquilamente.
Es verdad. Hace demasiado tiempo que mi rutina es: trabajar, salir tarde (como norma general), llegar a casa y disfrutar un poco de mis cosas o hacer alguna tarea doméstica, antes de cenar e irme a la cama pronto. Si algún día tengo que ir a comprar o hacer alguna otra cosa, la hago rápidamente para estar lo antes posible en casa...
¿Y los fines de semana? Pues los que no nos vamos, también los dedico a no madrugar y a quedarme en casa. La pereza me invade e incluso me quedo en pijama el máximo tiempo posible. Al final sí que salimos, pero principalmente por la noche.
El resultado final es ese: que hace la vida que no estoy sentada tranquilamente en una cafetería.
Pensando en eso, me acordé de esos desayunos o meriendas en una de mis cafeterías favoritas, que me preparaban un Cola-Cao justo como a mí me gusta, con una capa de espuma de leche salpicada de polvitos de cacao y a veces una pizquita de canela. También recuerdo las tostadas que desayunábamos a veces sin prisa, antes de ir a clase (o después, o durante...), lo bien que nos sabían, y cuánto lo echo de menos.
Porque entonces todo era distinto: todos los amigos estábamos ahí, nuestras vidas eran las mismas, pasábamos juntos mucho tiempo (de hecho: vivíamos en el mismo edificio), y compartíamos casi todo. Ahora, para quedar, a veces hay que hacer encajes de bolillos porque ya no estamos juntos, ya no compartimos cosas, salvo el pasado. Ahora no nos vamos de cervezas sólo porque nos encontramos en las escaleras; ahora hay que buscar huecos en agendas, depender de los niños... Y voy más lejos: con según qué amigos, ¡hacer quedadas en algún punto de España! Complicado...
Por eso también me siento triste algunas veces (y ahora, con la ola de pena vuelvo a pensar en ello), porque recuerdo aquellos días cuando no sabía nada de hipotecas o estrés laboral... y sí sabía bien lo que es estar con mis amigos porque sí, tomando algo tranquilamente en mi cafetería favorita, disfrutando de un Cola-Cao como a mí me gusta...
Es verdad. Hace demasiado tiempo que mi rutina es: trabajar, salir tarde (como norma general), llegar a casa y disfrutar un poco de mis cosas o hacer alguna tarea doméstica, antes de cenar e irme a la cama pronto. Si algún día tengo que ir a comprar o hacer alguna otra cosa, la hago rápidamente para estar lo antes posible en casa...
¿Y los fines de semana? Pues los que no nos vamos, también los dedico a no madrugar y a quedarme en casa. La pereza me invade e incluso me quedo en pijama el máximo tiempo posible. Al final sí que salimos, pero principalmente por la noche.
El resultado final es ese: que hace la vida que no estoy sentada tranquilamente en una cafetería.
Pensando en eso, me acordé de esos desayunos o meriendas en una de mis cafeterías favoritas, que me preparaban un Cola-Cao justo como a mí me gusta, con una capa de espuma de leche salpicada de polvitos de cacao y a veces una pizquita de canela. También recuerdo las tostadas que desayunábamos a veces sin prisa, antes de ir a clase (o después, o durante...), lo bien que nos sabían, y cuánto lo echo de menos.
Porque entonces todo era distinto: todos los amigos estábamos ahí, nuestras vidas eran las mismas, pasábamos juntos mucho tiempo (de hecho: vivíamos en el mismo edificio), y compartíamos casi todo. Ahora, para quedar, a veces hay que hacer encajes de bolillos porque ya no estamos juntos, ya no compartimos cosas, salvo el pasado. Ahora no nos vamos de cervezas sólo porque nos encontramos en las escaleras; ahora hay que buscar huecos en agendas, depender de los niños... Y voy más lejos: con según qué amigos, ¡hacer quedadas en algún punto de España! Complicado...
Por eso también me siento triste algunas veces (y ahora, con la ola de pena vuelvo a pensar en ello), porque recuerdo aquellos días cuando no sabía nada de hipotecas o estrés laboral... y sí sabía bien lo que es estar con mis amigos porque sí, tomando algo tranquilamente en mi cafetería favorita, disfrutando de un Cola-Cao como a mí me gusta...
13 comentarios: