A unos pocos días (a uno y medio, concretamente) de cumplir 31 años, descubro que hay partes de mi cerebro que se han quedado estancadas en los cinco años (por lo menos).
Hago este descubrimiento en la sección de papelería de un Carrefour (que ya me vale). Me doy cuenta de que me llaman poderosísimamente la atención las cosas pequeñas y de colores, como les pasa a los niños pequeños.
Sí, me quedo mirando como una tonta los marcadores fluorescentes, los bolígramos de un montón de colores (¿para qué los quiero?), los paquetes de post-it más surtidos que hay... A las pruebas me remito:



Pero es que son taaaaaaaaaaaan cucos, ¿a que los minifluorescentes son LO MÁS?
Claro que no es la primera vez que me quedo fascinada por cosas de niños. Por favor, tengo casi 31 años. Se supone que yo debería quedarme embobada ante un MontBlanc fino y distinguido (por ejemplo) y no ante un pack de bolígrafos corrientes pero alegremente coloridos. Pero mira, resulta que aún me pirran esas chominás, no sé cuándo van a dejar de hacerlo y la verdad es que no me preocupa en absoluto.
Hago este descubrimiento en la sección de papelería de un Carrefour (que ya me vale). Me doy cuenta de que me llaman poderosísimamente la atención las cosas pequeñas y de colores, como les pasa a los niños pequeños.
Sí, me quedo mirando como una tonta los marcadores fluorescentes, los bolígramos de un montón de colores (¿para qué los quiero?), los paquetes de post-it más surtidos que hay... A las pruebas me remito:



Pero es que son taaaaaaaaaaaan cucos, ¿a que los minifluorescentes son LO MÁS?Claro que no es la primera vez que me quedo fascinada por cosas de niños. Por favor, tengo casi 31 años. Se supone que yo debería quedarme embobada ante un MontBlanc fino y distinguido (por ejemplo) y no ante un pack de bolígrafos corrientes pero alegremente coloridos. Pero mira, resulta que aún me pirran esas chominás, no sé cuándo van a dejar de hacerlo y la verdad es que no me preocupa en absoluto.
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