Estos días pasados, como todo el mundo, hemos estado comprando los regalos de Navidad. A mi madre le ha tocado recibir una trolley pequeña, porque va arreando con una maletuja enclenque de publicidad que alguien le dió hace ya un montón de tiempo. Un desastre nada glamouroso. Así que le compramos una maletita bastante cuca.
Para mí un regalo no es un regalo si no va debidamente envuelto en papel de regalo.
Así que ya en casa me dispuse a envolver la maleta, porque en la tienda se limitaron a liarla en una bolsa y allá te las compongas. Cogí dos metros de papel de regalo del IKEA que había por ahí, un rollo de fixo, unas tijeras y paciencia. Empecé a liar la maleta con el papel como mejor pude para que me diera para envolverla entera, pero cuando tiraba de una esquina, me quedaba corta otra (al menos no se rompía el papel, estos suecos de vez en cuando hacen las cosas bien). De todas formas, ví que me faltaba algo...
Ummmmmmm... ¿Qué me faltaba?
Ah, ya lo sé. Una tercera mano.
- Cariñooooooooooooooooooooo... ¡Ven a ayudarme!
Y vino. Su función principal era poner un dedito donde le decía para que yo fuera capaz de colocar el fixo de forma solvente y no al buen tuntún. Me enfrasqué en el asunto mientras mi chico me miraba con creciente interés mientras me peleaba con la maleta.
Al cabo de unos minutos de miró y me dijo:
- ¿Te das cuenta que llevas ya más de un cuarto de hora liada envolviendo la maleta, cuando en cinco segundos tu madre va a destrozar el papel?
Pero me quedó bastante mona, ¿verdad?
Aunque sí, mi madre destrozó el papel en dos segundos, lo hizo un higo y mi cuidado y esmerado envoltorio quedó reducido a la nada. ¡Snif!
Para mí un regalo no es un regalo si no va debidamente envuelto en papel de regalo.
Así que ya en casa me dispuse a envolver la maleta, porque en la tienda se limitaron a liarla en una bolsa y allá te las compongas. Cogí dos metros de papel de regalo del IKEA que había por ahí, un rollo de fixo, unas tijeras y paciencia. Empecé a liar la maleta con el papel como mejor pude para que me diera para envolverla entera, pero cuando tiraba de una esquina, me quedaba corta otra (al menos no se rompía el papel, estos suecos de vez en cuando hacen las cosas bien). De todas formas, ví que me faltaba algo...
Ummmmmmm... ¿Qué me faltaba?
Ah, ya lo sé. Una tercera mano.
- Cariñooooooooooooooooooooo... ¡Ven a ayudarme!
Y vino. Su función principal era poner un dedito donde le decía para que yo fuera capaz de colocar el fixo de forma solvente y no al buen tuntún. Me enfrasqué en el asunto mientras mi chico me miraba con creciente interés mientras me peleaba con la maleta.
Al cabo de unos minutos de miró y me dijo:
- ¿Te das cuenta que llevas ya más de un cuarto de hora liada envolviendo la maleta, cuando en cinco segundos tu madre va a destrozar el papel?
¡Plof! ¡Me chafó toooooooooooda mi ilusión regalera!
Pero me quedó bastante mona, ¿verdad?
Aunque sí, mi madre destrozó el papel en dos segundos, lo hizo un higo y mi cuidado y esmerado envoltorio quedó reducido a la nada. ¡Snif!
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