
Cuando yo era joven (long, looooong time ago), y me iba de viaje, me acuerdo que echaba en la bolsa ropa interior, un peine, un cepillo de dientes y poco más. Ea. Tan feliz y tan ligera. Y la verdad es que no recuerdo que nunca me hiciera falta nada más...
Dicen por ahí que cuando te haces mayor, maduras y todo eso, tienes más miedos. Es verdad. Yo ahora no me atrevería a encaramarme a un árbol como cuando era pequeña por miedo a caerme y romperme una pierna. Tampoco bajaría con la bici por la más empinada cuesta que encontrara a una velocidad endiablada por miedo a dejarme los piños en un espectacular pifostio.
Y yo ahora por lo visto no me atrevo a salir de viaje sin un par de gafas de repuesto, por miedo a romperme las de todos los días y no ver un pijo hasta volver a casa (cosa que JAMÁS se me había pasado por la cabeza antes, y desde los siete años no se me han roto unas gafas). Tampoco viajo sin un botecito de MI gel por si acaso se me irrita la piel con el que haya en el destino. No se me olvidan los trescientos cargadores no sea que me quede sin batería (Oh-Dior-Mío) in the middle of the nowhere en alguno de mis múltiples chismes. Por supuesto, voy cargada de tarjetas bancarias varias por si el cajero de turno no me da efectivo y tengo que ir a otro, o no admiten la tarjeta (sería la primera vez), o tengo que hacer frente a un gasto imprevisto (no sé, ¿como comprarme un yate?). Me horroriza sólo llevar un modelito por si me mancho y tengo que ir por ahí con un lamparón, cosa que jamás antes me preocupó mínimamente...
Es por ello que mi equipaje siempre es enorme, aunque a veces me controlo, ya demás hay casos peores -lo cual me consuela-.
Entonces, un buen día, decido que va, nos vamos para una noche y sólo voy a llevar una muda por si acaso, el pijama y poco más.
Y resulta...
Resulta...
...que la vez que elijo para ir ligera de equipaje (vale: moderadamente ligera) es la VEZ que nos quedamos atrapados en medio de la A4 por el temporal de nieve (por no hablar del patinaje artístico de coche contra mediana que la verdad no viene a cuento).
Es la vez que tuvimos que llamar a un hotel urgentemente para que nos dieran cobijo casi a medianoche.
Es la vez que no llevé ropa interior calentita en medio de una ola de frío.
Es la vez que cambiando lasputas cadenas del coche las maldigo una y mil veces me empapé los calcetines y casi se me congelan los piececillos porque las medias de repuesto no ayudaban nada.
Para la próxima, lo siento pero tiraré de media casa, la compactaré en mi maleta le pese a quien le pese (y nunca mejor dicho). Ea.
No hay nada como una experiencia extrema para aprender...
Dicen por ahí que cuando te haces mayor, maduras y todo eso, tienes más miedos. Es verdad. Yo ahora no me atrevería a encaramarme a un árbol como cuando era pequeña por miedo a caerme y romperme una pierna. Tampoco bajaría con la bici por la más empinada cuesta que encontrara a una velocidad endiablada por miedo a dejarme los piños en un espectacular pifostio.
Y yo ahora por lo visto no me atrevo a salir de viaje sin un par de gafas de repuesto, por miedo a romperme las de todos los días y no ver un pijo hasta volver a casa (cosa que JAMÁS se me había pasado por la cabeza antes, y desde los siete años no se me han roto unas gafas). Tampoco viajo sin un botecito de MI gel por si acaso se me irrita la piel con el que haya en el destino. No se me olvidan los trescientos cargadores no sea que me quede sin batería (Oh-Dior-Mío) in the middle of the nowhere en alguno de mis múltiples chismes. Por supuesto, voy cargada de tarjetas bancarias varias por si el cajero de turno no me da efectivo y tengo que ir a otro, o no admiten la tarjeta (sería la primera vez), o tengo que hacer frente a un gasto imprevisto (no sé, ¿como comprarme un yate?). Me horroriza sólo llevar un modelito por si me mancho y tengo que ir por ahí con un lamparón, cosa que jamás antes me preocupó mínimamente...
Es por ello que mi equipaje siempre es enorme, aunque a veces me controlo, ya demás hay casos peores -lo cual me consuela-.
Entonces, un buen día, decido que va, nos vamos para una noche y sólo voy a llevar una muda por si acaso, el pijama y poco más.
Y resulta...
Resulta...
...que la vez que elijo para ir ligera de equipaje (vale: moderadamente ligera) es la VEZ que nos quedamos atrapados en medio de la A4 por el temporal de nieve (por no hablar del patinaje artístico de coche contra mediana que la verdad no viene a cuento).
Es la vez que tuvimos que llamar a un hotel urgentemente para que nos dieran cobijo casi a medianoche.
Es la vez que no llevé ropa interior calentita en medio de una ola de frío.
Es la vez que cambiando las
Para la próxima, lo siento pero tiraré de media casa, la compactaré en mi maleta le pese a quien le pese (y nunca mejor dicho). Ea.
No hay nada como una experiencia extrema para aprender...
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