- ...porque vamos, esto es como las galeras. Ahí, los negros, y luego los otros con el látigo, ¡chas, chas! Y así no se puede vivir, vamos, es inhumano...
Cualquiera que escuche este retazo de conversación que supuestamente describe la situación en la empresa, pensará que trabajamos en una fábrica clandestina en condiciones infrahumanas, dignas de ser denunciadas a Amnistía Internacional (o a quien se denuncien estas cosas).
Me hierve la sangre. Quizá no sea el mejor trabajo del mundo -desde luego, no somos probadores de colchones-, pero de ahí a que se diga que estamos a la par que los que remaban en las galeras hay un trecho. Tampoco estamos en una ONG, y no conozco ninguna empresa que no se preocupe por la productividad, por los resultados, por la viabilidad del negocio y por ser competitivos. Obviamente, todo el que tenga un trabajo recibirá algún tipo de presión, sentirá estrés en mayor o menor grado en algún momento... Es algo inherente a la mayoría de los puestos de trabajo (sobre todo en el sector privado).
Yo me pregunto qué diría la persona que soltó esa frase con toda tranquilidad si trabajara en una obra, a la intemperie, soportando la lluvia y el frío que tenemos ahora. O haciendo carreteras en Agosto, manejando asfalto a elevadas temperaturas, por ejemplo. Me gustaría saber cómo llevaría esa persona empezar su jornada a las seis o las siete de la mañana, como les ocurre a los que trabajan en el campo, y no a las nueve como hace ahora. O, siguiendo en el campo (un trabajo bien duro), pasándose el día agachada arrancando patatas de la tierra, en lugar de estar sentada en un lugar bien iluminado y climatizado como es el caso.
Lo que pretendo decir con todo esto es que a veces hay que mirar un poco alrededor y apreciar lo que se tiene. Esto no significa que no haya que ser crítico e intentar implantar mejoras en las condiciones laborales, puesto que siempre hay algo que puede mejorarse, pero pienso que se debe partir siempre desde un ángulo realista (aunque tengas la mirada más crítica del mundo).
Por supuesto, las conversaciones que debo tener con esa persona siempre tienen una tensión palpable, porque me irrita sobremanera esa actitud tan exagerada y extremista. Me dan ganas de invitarle a que se marche a su casa si de verdad se siente como los esclavos en galeras: yo tengo muy claro que si mi situación laboral fuera siquiera remotamente comparable, dejaría el trabajo, puesto que sería fácil mejorar esas deplorables condiciones en otro sitio, ¿no?
En fin... Termino esta reflexión que debo volver a galeras a remar...
Cualquiera que escuche este retazo de conversación que supuestamente describe la situación en la empresa, pensará que trabajamos en una fábrica clandestina en condiciones infrahumanas, dignas de ser denunciadas a Amnistía Internacional (o a quien se denuncien estas cosas).
Me hierve la sangre. Quizá no sea el mejor trabajo del mundo -desde luego, no somos probadores de colchones-, pero de ahí a que se diga que estamos a la par que los que remaban en las galeras hay un trecho. Tampoco estamos en una ONG, y no conozco ninguna empresa que no se preocupe por la productividad, por los resultados, por la viabilidad del negocio y por ser competitivos. Obviamente, todo el que tenga un trabajo recibirá algún tipo de presión, sentirá estrés en mayor o menor grado en algún momento... Es algo inherente a la mayoría de los puestos de trabajo (sobre todo en el sector privado).
Yo me pregunto qué diría la persona que soltó esa frase con toda tranquilidad si trabajara en una obra, a la intemperie, soportando la lluvia y el frío que tenemos ahora. O haciendo carreteras en Agosto, manejando asfalto a elevadas temperaturas, por ejemplo. Me gustaría saber cómo llevaría esa persona empezar su jornada a las seis o las siete de la mañana, como les ocurre a los que trabajan en el campo, y no a las nueve como hace ahora. O, siguiendo en el campo (un trabajo bien duro), pasándose el día agachada arrancando patatas de la tierra, en lugar de estar sentada en un lugar bien iluminado y climatizado como es el caso.
Lo que pretendo decir con todo esto es que a veces hay que mirar un poco alrededor y apreciar lo que se tiene. Esto no significa que no haya que ser crítico e intentar implantar mejoras en las condiciones laborales, puesto que siempre hay algo que puede mejorarse, pero pienso que se debe partir siempre desde un ángulo realista (aunque tengas la mirada más crítica del mundo).
Por supuesto, las conversaciones que debo tener con esa persona siempre tienen una tensión palpable, porque me irrita sobremanera esa actitud tan exagerada y extremista. Me dan ganas de invitarle a que se marche a su casa si de verdad se siente como los esclavos en galeras: yo tengo muy claro que si mi situación laboral fuera siquiera remotamente comparable, dejaría el trabajo, puesto que sería fácil mejorar esas deplorables condiciones en otro sitio, ¿no?
En fin... Termino esta reflexión que debo volver a galeras a remar...
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