- Inner, ¿por qué NO PARAS de tocarte la cabeza?
No fui consciente hasta que mi compañera de trabajo me hizo la pregunta esta mañana, y sí, ella estaba en lo cierto: tenía una mano metida entre el pelo examinando concienzudamente cada uno de mis rizos, y no había dejado de hacerlo desde que entré por la puerta.
¿El motivo?

Sufrí un accidente doméstico, consistente en colocar la mano entre el marco de la puerta y la susodicha, mientras se cerraba con violencia. O bueno, no se cerró, porque mi dedo medio de la mano derecha hizo una parada que ni Iker Casillas. Ví las estrellas, e incluso me pareció ver un asteroide aún no descubierto por la NASA...
En medio de aquel dolor, conseguíno desmayarme ni chillar como una histérica mantener la calma, no obsesionarme con mi dedo ensangrentado, limpiar la herida y aplicar una tirita para poner todo en su sitio.
Mi chico supervisó mi trabajo de autoenfermera y estuvimos de acuerdo que lo mejor era mantener una tirita para que la herida se cerrara pronto.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
Me daba la ligera sensación de que estaba un pelín obsesionada. La verdad es que ya no me dolía demasiado mi dedito, pero seguía siendo esencial tenerlo cubierto para no darme ningún golpe ni que se me abriera la herida (con el consiguiente caos de sangre y destrucción... bueno, tal vez sólo sangre, pero ya vale).
Me cambié por enésima vez la tirita de marras, estaba oficialmente obsesionada con quitarla y ver si la herida se me había puesto verde, o se me había engangrenado, o se me había caído el dedo.
Me quedé sin tiritas.
Rebuscando en un cajón, encontré una minitirita de ésas que vienen en los paquetes para heridas en la cara (por ejemplo), pero que luego no las utiliza nadie porque son muy pequeñas y no pegan. Me la coloqué un poco escéptica antes de ir a dormir: esperaba que me valiera para la noche y que las sábanas no me rozaran la herida.
La minitirita resistió toda la noche (contra todo pronóstico), así que me metí en la ducha toda despreocupada: luego me ocuparía de mi herida antes de ir a trabajar. Me enjaboné entera, lavé mi pelo tranquilamente, disfruté del agua caliente un ratito más, salí de la ducha, me lié el pelo en una toalla, y cuando me ponía el albornoz, noté algo raro en mi dedo (al menos, noté mi dedo). Lo miré. ¡No estaba la tirita!
¡Ni en el suelo del baño!
¡Ni en el plato de la ducha!
- Porque tengo la paranoia de que tengo una tirita pegada en el pelo, escondida en algún mechón... Sí, ya sé que me he lavado el pelo y que ni una tirita con superglú resistiría, pero oye, una paranoia es una paranoia... seguro que está por aquí... porque allí no estaba... y no una tirita no se autodestruye... ¿o sí?...
OH-MY-GOD.
La verdad es que no queda claro si me he dado un golpe en el dedo o en la cabeza...
No fui consciente hasta que mi compañera de trabajo me hizo la pregunta esta mañana, y sí, ella estaba en lo cierto: tenía una mano metida entre el pelo examinando concienzudamente cada uno de mis rizos, y no había dejado de hacerlo desde que entré por la puerta.
¿El motivo?

[24 HORAS ANTES]
Sufrí un accidente doméstico, consistente en colocar la mano entre el marco de la puerta y la susodicha, mientras se cerraba con violencia. O bueno, no se cerró, porque mi dedo medio de la mano derecha hizo una parada que ni Iker Casillas. Ví las estrellas, e incluso me pareció ver un asteroide aún no descubierto por la NASA...
En medio de aquel dolor, conseguí
Mi chico supervisó mi trabajo de autoenfermera y estuvimos de acuerdo que lo mejor era mantener una tirita para que la herida se cerrara pronto.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
Me daba la ligera sensación de que estaba un pelín obsesionada. La verdad es que ya no me dolía demasiado mi dedito, pero seguía siendo esencial tenerlo cubierto para no darme ningún golpe ni que se me abriera la herida (con el consiguiente caos de sangre y destrucción... bueno, tal vez sólo sangre, pero ya vale).
Me cambié por enésima vez la tirita de marras, estaba oficialmente obsesionada con quitarla y ver si la herida se me había puesto verde, o se me había engangrenado, o se me había caído el dedo.
Me quedé sin tiritas.
Rebuscando en un cajón, encontré una minitirita de ésas que vienen en los paquetes para heridas en la cara (por ejemplo), pero que luego no las utiliza nadie porque son muy pequeñas y no pegan. Me la coloqué un poco escéptica antes de ir a dormir: esperaba que me valiera para la noche y que las sábanas no me rozaran la herida.
La minitirita resistió toda la noche (contra todo pronóstico), así que me metí en la ducha toda despreocupada: luego me ocuparía de mi herida antes de ir a trabajar. Me enjaboné entera, lavé mi pelo tranquilamente, disfruté del agua caliente un ratito más, salí de la ducha, me lié el pelo en una toalla, y cuando me ponía el albornoz, noté algo raro en mi dedo (al menos, noté mi dedo). Lo miré. ¡No estaba la tirita!
¡Ni en el suelo del baño!
¡Ni en el plato de la ducha!
- Porque tengo la paranoia de que tengo una tirita pegada en el pelo, escondida en algún mechón... Sí, ya sé que me he lavado el pelo y que ni una tirita con superglú resistiría, pero oye, una paranoia es una paranoia... seguro que está por aquí... porque allí no estaba... y no una tirita no se autodestruye... ¿o sí?...
OH-MY-GOD.
La verdad es que no queda claro si me he dado un golpe en el dedo o en la cabeza...
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