Mola mucho recibir correo que no esperas.
Cuando digo correo, quiero decir correo de verdad. Nada de facturas y cosas de ésas que sí, están en tu buzón, pero NO es correo.
Por ejemplo: vuelvo a casa y me encuentro (entre insulsos sobres blancos que seguramente contienen disgustos en forma numérica), una postal desde ¿Barcelona? ¿Quién hay en Barcelona? Mucha gente, claro, pero, ¿que me escriba a MÍ? Le doy la vuelta para ver quién es, y se me instala en la cara una sonrisa al descubrir que tres chicas estupendas en plena quedada en la otra punta del país se han acordado de míiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Eso hace mucha ilusión...
Sin embargo, con los avisos de llegada de correo certificado... No pasa lo mismo.
No.
No se puede decir que haga ilusión.
Hoy, en la hora de la comida, abrí el buzón y un arrugado aviso de correos estaba solito y abandonado en el buzón. Pobre. Arrugué el morrillo porque no estaba esperando nada, no había hecho ninguna compra por correo, unos documentos que solicité ya me habían llegado...
Ummmmm... Raro.
Miré a ver si era para mí, y sí. Garabateado de mala manera estaba mi nombre en el papel, así que no era para mi media naranja. Cachis.
Luego bajé los ojos hacia el REMITENTE.
No se entedía nada.
¿Adflñdsfjjdia?
¿Astribbosndfia?
¿Adlfslfmorgia?
¿Antrildjffjolosbia?
Estaba claro que la primera letra era una A.
Y que acababa en ia.
¡Nojodas fastidies!
¡¡Agencia Tributaria!!
Pero... Pero... ¿Por qué A MÍ? Si ya pagué el año pasado todo-todo-todo, que me dejó la cuenta temblando y la conciencia tranquila. ¿Qué más quieren de mí, de una pobre mileurista hipotecada hasta las cejas?
Y encima... Hasta mañana no voy a saber qué quieren. Jo.
¿He dicho que el correo mola?
Cuando digo correo, quiero decir correo de verdad. Nada de facturas y cosas de ésas que sí, están en tu buzón, pero NO es correo.
Por ejemplo: vuelvo a casa y me encuentro (entre insulsos sobres blancos que seguramente contienen disgustos en forma numérica), una postal desde ¿Barcelona? ¿Quién hay en Barcelona? Mucha gente, claro, pero, ¿que me escriba a MÍ? Le doy la vuelta para ver quién es, y se me instala en la cara una sonrisa al descubrir que tres chicas estupendas en plena quedada en la otra punta del país se han acordado de míiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Eso hace mucha ilusión...
Sin embargo, con los avisos de llegada de correo certificado... No pasa lo mismo.No.
No se puede decir que haga ilusión.
Hoy, en la hora de la comida, abrí el buzón y un arrugado aviso de correos estaba solito y abandonado en el buzón. Pobre. Arrugué el morrillo porque no estaba esperando nada, no había hecho ninguna compra por correo, unos documentos que solicité ya me habían llegado...
Ummmmm... Raro.
Miré a ver si era para mí, y sí. Garabateado de mala manera estaba mi nombre en el papel, así que no era para mi media naranja. Cachis.
Luego bajé los ojos hacia el REMITENTE.
No se entedía nada.
¿Adflñdsfjjdia?
¿Astribbosndfia?
¿Adlfslfmorgia?
¿Antrildjffjolosbia?
Estaba claro que la primera letra era una A.
Y que acababa en ia.
¡No
¡¡Agencia Tributaria!!
Pero... Pero... ¿Por qué A MÍ? Si ya pagué el año pasado todo-todo-todo, que me dejó la cuenta temblando y la conciencia tranquila. ¿Qué más quieren de mí, de una pobre mileurista hipotecada hasta las cejas?
Y encima... Hasta mañana no voy a saber qué quieren. Jo.
¿He dicho que el correo mola?
7 comentarios: