Me sentí decepcionada conmigo misma cuando, el día de su cumpleaños, le dí su regalo con toda la ilusión del mundo y al abrirlo, vimos que había sido utilizado. No me había fijado en eso: cuando lo compré, ví por encima que tenía todo dentro de la caja, pero no lo examiné en profundidad (claro que no me imaginaba que el sitio donde fui permitiera revender un artículo usado). Me sentí muy triste porque pensé que no había tenido el suficiente cuidado, y aunque la realidad es que simplemente no caí en revisar el regalo, no me encontraba a gusto conmigo misma por ese motivo. Sentí que le había fallado.
Me sentí decepcionada conmigo misma cuando, el día de su cumpleaños, fuimos a comer fuera y yo estaba tan preocupada y nerviosa por un tema laboral que no dejaba de mirar la BlackBerry. Intentaba dejarla apartada y no hacerle caso, pero era un tema críticio y la lucecita parpadeaba tan insistentemente que no podía ignorarla. Cada vez que la cogía, me maldecía por dentro por no estar al 100% con él, y cada vez me sentía más irritada conmigo misma. Pensé que él nunca había hecho algo así, lo cual no mejoró para nada mi estado de ánimo. Por fin pude dejar la BlackBerry en el bolso, rezando para que no sonara. Pero entre la intranquilidad y la decepción, no estaba en mi mejor momento.
Me sentí decepcionada conmigo misma cuando, el día de su cumpleaños, se pidió para comer un guiso que disfrutó a cada cucharada. Me lo quedé mirando, pensando en que yo nunca le hacía este tipo de comida, ni siquiera lo intentaba porque me hubiera salido algo incomestible casi seguro. Me dió por pensar que no lo estaba cuidando todo lo bien que debo, que no atiendo a sus gustos, que no me esfuerzo lo suficiente... La verdad es que es una tontería, visto con perspectiva, que me sintiera mal por un potaje, pero supongo que ya veía tocada por todo lo anterior, y por eso la tristeza tenía buen caldo de cultivo.
Hay días en los que, sencillamente, no te gustas, y el día de su cumpleaños fue uno de ésos...
Me sentí decepcionada conmigo misma cuando, el día de su cumpleaños, fuimos a comer fuera y yo estaba tan preocupada y nerviosa por un tema laboral que no dejaba de mirar la BlackBerry. Intentaba dejarla apartada y no hacerle caso, pero era un tema críticio y la lucecita parpadeaba tan insistentemente que no podía ignorarla. Cada vez que la cogía, me maldecía por dentro por no estar al 100% con él, y cada vez me sentía más irritada conmigo misma. Pensé que él nunca había hecho algo así, lo cual no mejoró para nada mi estado de ánimo. Por fin pude dejar la BlackBerry en el bolso, rezando para que no sonara. Pero entre la intranquilidad y la decepción, no estaba en mi mejor momento.
Me sentí decepcionada conmigo misma cuando, el día de su cumpleaños, se pidió para comer un guiso que disfrutó a cada cucharada. Me lo quedé mirando, pensando en que yo nunca le hacía este tipo de comida, ni siquiera lo intentaba porque me hubiera salido algo incomestible casi seguro. Me dió por pensar que no lo estaba cuidando todo lo bien que debo, que no atiendo a sus gustos, que no me esfuerzo lo suficiente... La verdad es que es una tontería, visto con perspectiva, que me sintiera mal por un potaje, pero supongo que ya veía tocada por todo lo anterior, y por eso la tristeza tenía buen caldo de cultivo.
Hay días en los que, sencillamente, no te gustas, y el día de su cumpleaños fue uno de ésos...
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