- ¿Por qué me habré metido yo en esto?
No sé si sólo lo pensé o también lo dije en voz alta. No me extrañaría que hubiera vocalizado el pensamiento que me asaltó con tanta fuerza en aquel momento.
Y no era un momento cualquiera, no. Estaba tumbada en la camilla sin ropa. Bueno, no es exacto. En bragas y sujetador. Pero no estamos hablando de un bonito conjunto, por supuesto que no. Era un sujetador negro normal y corriente, y unas bragas más normales y corrientes todavía, de rayas verdes, rosas y blancas. Vamos, que no pegaban ni con cola. Claro que me daba con un canto en los dientes de que no estuvieran descoloridas o con la gomilla cedida, aún había tenido hasta suerte y todo. Es lo que pasa cuando te levantas temprano y abres el cajón de la ropa interior a oscuras: cualquier cosa que tanteen tus manos te parece bien.
Supongo que habría tenido más cuidado si me hubiera acordado de que esa tarde tenía la cita, pero no fue el caso. Saliendo por la puerta del trabajo, me había sonado el móvil para recordarme que tenía la cita hacía diez minutos...
Así que ahí estaba yo, semi-en-pelotas, en una camilla fría, mirando al techo, mientra el pitidito de la máquina infernal se me metía por el oído derecho y se me instalaba en el centro de mi cerebro.
- ¿Pero no me harás daño, no?
- Qué va. Si esto no duele.
- Porras que no. La última vez fue horrible.
- ¡Qué exagerada! Ponte esto.
Pero yo no exageraba ni pizca. Me puse el protector de ojos, y pensé que casi me tendría también que dar un protector dental, como a los boxeadores. O una mordaza, incluso sería más apropiado.
¡Piyún!
¡Piyún!
¡Piyún!
- Cawentóloquesemeneaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... ¡Ay, ay, aaaaay!
- Pero si no duele, mujer...
Que no duele, decía la tía. Claro que duele. El maldito láser estaba achicharrándome la piel, dándome descargas de ¿voltios? ¿watios? ¿pascales? ¿radianes? Whatever!
- ...y es sólo un par de disparos más...
¡Piyún!
¡Piyún!
¡Piyún!
No sé cómo no aprendí. Por supuesto que no fueron sólo un par de disparos. Pero total, from lost to the river, que acabara ya. Resistí como una valiente: sólo grité desgarradoramente en cada disparo y me retorcí como una anguila, pero por lo demás me porté de forma impecable.
Acabó la tortura. Realmente sólo duró 10 minutos, pero parecieron años...
- Bueno, ¡nos vemos el mes que viene!
Síiiiiiiiiiiiii, claaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaro que síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...
Pffffffffff...
No sé si sólo lo pensé o también lo dije en voz alta. No me extrañaría que hubiera vocalizado el pensamiento que me asaltó con tanta fuerza en aquel momento.
Y no era un momento cualquiera, no. Estaba tumbada en la camilla sin ropa. Bueno, no es exacto. En bragas y sujetador. Pero no estamos hablando de un bonito conjunto, por supuesto que no. Era un sujetador negro normal y corriente, y unas bragas más normales y corrientes todavía, de rayas verdes, rosas y blancas. Vamos, que no pegaban ni con cola. Claro que me daba con un canto en los dientes de que no estuvieran descoloridas o con la gomilla cedida, aún había tenido hasta suerte y todo. Es lo que pasa cuando te levantas temprano y abres el cajón de la ropa interior a oscuras: cualquier cosa que tanteen tus manos te parece bien.
Supongo que habría tenido más cuidado si me hubiera acordado de que esa tarde tenía la cita, pero no fue el caso. Saliendo por la puerta del trabajo, me había sonado el móvil para recordarme que tenía la cita hacía diez minutos...
Así que ahí estaba yo, semi-en-pelotas, en una camilla fría, mirando al techo, mientra el pitidito de la máquina infernal se me metía por el oído derecho y se me instalaba en el centro de mi cerebro.
- ¿Pero no me harás daño, no?
- Qué va. Si esto no duele.
- Porras que no. La última vez fue horrible.
- ¡Qué exagerada! Ponte esto.
Pero yo no exageraba ni pizca. Me puse el protector de ojos, y pensé que casi me tendría también que dar un protector dental, como a los boxeadores. O una mordaza, incluso sería más apropiado.
¡Piyún!
¡Piyún!
¡Piyún!
- Cawentóloquesemeneaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... ¡Ay, ay, aaaaay!
- Pero si no duele, mujer...
Que no duele, decía la tía. Claro que duele. El maldito láser estaba achicharrándome la piel, dándome descargas de ¿voltios? ¿watios? ¿pascales? ¿radianes? Whatever!
- ...y es sólo un par de disparos más...
¡Piyún!
¡Piyún!
¡Piyún!
No sé cómo no aprendí. Por supuesto que no fueron sólo un par de disparos. Pero total, from lost to the river, que acabara ya. Resistí como una valiente: sólo grité desgarradoramente en cada disparo y me retorcí como una anguila, pero por lo demás me porté de forma impecable.
Acabó la tortura. Realmente sólo duró 10 minutos, pero parecieron años...
- Bueno, ¡nos vemos el mes que viene!
Síiiiiiiiiiiiii, claaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaro que síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...
Pffffffffff...
11 comentarios: