Al final, mi estupendo plano se quedó en la mesa del salón.
Así que tuve que apañármelas sola.
Es decir: se mascaba la tragedia.
De todas formas, menos mal que tengo en el coche a Scavo.
Scavo es mi TomTom, que al final no es el que me gustaba a mí, pero es un primo-hermano: blanco (eso sí) y con una carcasa violeta a juego con una bolsita violeta para guardarlo (carcasas intercambiables disponibles en varios colores -qué más se puede pedir- que hace que mi chico pueda cogerlo cuando lo necesite sin pasar vergüenza). Precioso y femenino. Además, tuve la precaución de descargarme pantallas de bienvenida rosas y glamourosas, y ya que estaba, también descargué un paquete con puntos de interés tales como Zara, H&M, Mango... Además de todas las FNAC de España... Y todos los StarBucks... Vamos, que a Scavo no le falta detalle.
Así que Scavo y yo nos fuimos a la gran city.
O eso creía yo.
Pero cuando enfilé la entrada sur, me dí cuenta de que la gran city había desaparecido, y en su lugar había un gran y enormesocabrón socavón, con un montón de obreros alrededor y ninguno de ellos haciendo nada.
Así que cuando Scavo decía que girara a la derecha, no había derecha a la que girar, a no ser que me metiera en una zanja, por lo que giré a la izquierda que era la única opción viabale. Scavo replanificó. Debía atravesar la rotonda. Pero no había tal rotonda, sólo se podía ir a derecha o a izquierda. Giré a la derecha, por aquello de variar. Scavo replanificó, y dijo que girara a la izquierda otra vez. Pero a la izquierda había una señal de prohibido el paso fea de grande, así que seguí recto. Scavo volvió a replanificar otra vez. Me tenía que mantener en el carril de la derecha. Pero, oh-sorpresa, no había tal carril, y donde él mostraba una flecha verde feliz y recta, yo veía una improvisada rotonda -es un decir- hecha con vallas amarillas de obras, conos, tubos gigantes de plexiglás y polvo (MUCHO polvo).
Me esperaba que Scavo se pusiera en huelga de un momento a otro, pero mira, aguantó como un campeón, replanificando cada tres metros aproximadamente. Es decir, cada vez que veía que no le hacía ni caso...
...porque estaba centrada en no estrellarme contra los demás conductores, que por lo visto están acostumbrados a circular por una ciudad en obras. A mí me apetecía ponerme un cartel que pusiera: ¡no me pites que no soy de aquí!, pero mejor resultado me dió mimetizarme con el entorno.
Es decir: bajar la ventanilla, soltar improperios a diestro y siniestro, tocar el claxon como una descosida, cerrar los ojos y cruzar como una fitipaldi hasta llegar a donde yo quería... Un bendito párking. Y me dió igual estar a punto de dejarme media carrocería en una rampa imposible para bajar a la segunda planta.
Por supuestísimo, la salida de la gran city fue tan mal como la entrada. Menos mal que al menos, pude hacer la gestión pendiente (aunque es posible OH-MY-GOD que tenga que volver en breve). Buaaaaaaaaaaaaaaaaa...
Así que tuve que apañármelas sola.
Es decir: se mascaba la tragedia.
De todas formas, menos mal que tengo en el coche a Scavo.
Scavo es mi TomTom, que al final no es el que me gustaba a mí, pero es un primo-hermano: blanco (eso sí) y con una carcasa violeta a juego con una bolsita violeta para guardarlo (carcasas intercambiables disponibles en varios colores -qué más se puede pedir- que hace que mi chico pueda cogerlo cuando lo necesite sin pasar vergüenza). Precioso y femenino. Además, tuve la precaución de descargarme pantallas de bienvenida rosas y glamourosas, y ya que estaba, también descargué un paquete con puntos de interés tales como Zara, H&M, Mango... Además de todas las FNAC de España... Y todos los StarBucks... Vamos, que a Scavo no le falta detalle.
Así que Scavo y yo nos fuimos a la gran city.
O eso creía yo.
Pero cuando enfilé la entrada sur, me dí cuenta de que la gran city había desaparecido, y en su lugar había un gran y enorme
Así que cuando Scavo decía que girara a la derecha, no había derecha a la que girar, a no ser que me metiera en una zanja, por lo que giré a la izquierda que era la única opción viabale. Scavo replanificó. Debía atravesar la rotonda. Pero no había tal rotonda, sólo se podía ir a derecha o a izquierda. Giré a la derecha, por aquello de variar. Scavo replanificó, y dijo que girara a la izquierda otra vez. Pero a la izquierda había una señal de prohibido el paso fea de grande, así que seguí recto. Scavo volvió a replanificar otra vez. Me tenía que mantener en el carril de la derecha. Pero, oh-sorpresa, no había tal carril, y donde él mostraba una flecha verde feliz y recta, yo veía una improvisada rotonda -es un decir- hecha con vallas amarillas de obras, conos, tubos gigantes de plexiglás y polvo (MUCHO polvo).
Me esperaba que Scavo se pusiera en huelga de un momento a otro, pero mira, aguantó como un campeón, replanificando cada tres metros aproximadamente. Es decir, cada vez que veía que no le hacía ni caso...
...porque estaba centrada en no estrellarme contra los demás conductores, que por lo visto están acostumbrados a circular por una ciudad en obras. A mí me apetecía ponerme un cartel que pusiera: ¡no me pites que no soy de aquí!, pero mejor resultado me dió mimetizarme con el entorno.
Es decir: bajar la ventanilla, soltar improperios a diestro y siniestro, tocar el claxon como una descosida, cerrar los ojos y cruzar como una fitipaldi hasta llegar a donde yo quería... Un bendito párking. Y me dió igual estar a punto de dejarme media carrocería en una rampa imposible para bajar a la segunda planta.
Por supuestísimo, la salida de la gran city fue tan mal como la entrada. Menos mal que al menos, pude hacer la gestión pendiente (aunque es posible OH-MY-GOD que tenga que volver en breve). Buaaaaaaaaaaaaaaaaa...
MecawenelPlanEdeloscojones.
Nena, lo tuyo con el coche es muuuuuy fuerte...
ResponderSuprimirCuando la gente piensa en una guerra futurista contra las máquinas se imagina luchando contra robots asesinos tipo Terminator,pero yo creo que si quisieran matarnos a todos lo más fácil sería engañar a todos los conductores mediante los GPS.Tú historia refuerza mi teoría.Es más,puede que ya estén empezando.
ResponderSuprimirGRISELDA, ¿lo mío con el coche? :( Jo, yo no tengo la culpa de que todo esté levantado, snif...
ResponderSuprimirDOCTORA, jajajajajajajajajajajaja... Tía, se te ocurre cada cosa...
¡¡Besos!!
tenías los mapas de españa o de escandinavia?
ResponderSuprimir:P
De España, pero no contempló que la ciudad estaba tomada por excavadoras y martillos neumáticos... Uffff... Una pesadilla.
ResponderSuprimirMi GPS también se vuelve loco, especialmente cuando bajo a Valencia. Siempre voy a contracorriente suya,jeje
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