...y por eso hablo (escribo) con conocimiento de causa.
Soy muy fan de Cranberries, pero por muy incondicional que sea, el concierto no estuvo todo lo bien que cabría esperar después de pagar 45 euros más otros 5 euros de gastos de gestión (que alguien me explique eso: ¿gastos de gestión, si TODA la gestión la hace el que quiere ir al concierto, que es el que se mueve en busca de la entrada?).
Porque, por 50 euros por persona, desde luego, te esperas al menos dos horas de concierto. Mira que yo he ido a pocos conciertos, pero todos han durado como poco dos horas. Este duró hora y media. Yo no me lo podría creer (y como yo estarían unos cuantos miles de asistentes más), pero sí: apagaron las luces, pusieron la iluminación de váyanse a su puñetera casa, que los artistas tienen que dormir (y no me lo estoy inventando, lo dijeron ellos, que tenían que dormir porque al día siguiente se iban a Barcelona) y ahí acabó todo.
Y por todo quiero decir un concierto sólo correcto -expresión muy acertada que ya he visto que ha sido usada por ahí-. El recinto, el Palacio de Vistalegre, no tiene la mejor acústica del mundo (más que nada, porque fue concebido como una plaza de toros), pero si a eso se le añade que el sonido era malo, pues ya switch off and let's go. De todas formas, le puse ganas, y sí que disfruté con todas las canciones que tocaron, a pesar de que, INSISTO, no se oía nada bien.
Del espectáculo en sí poco puedo decir. Cranberries no tienen un directo espectacular, eso es cierto, pero es que es su estilo. Igual que su vocalista tiene un estilo incofundible. Los chicos estuvieron muy estáticos (aunque el batería se pegó una paliza), y la cantante fue la que se movió por el escenario de acá para allá. De hecho, ella actuó como yo lo haría en el salón de mi casa: en zapatillas de deporte, mallas y sudadera, cantando a grito pelado. Con la diferencia de que a ella la estábamos viendo un montón de personas, y a mí si acaso el vecino de enfrente. Nada que ver con otras cantantes que se gastan la mitad de presupuesto en zapatos con tacones imposibles, maquillaje y ropa espectacular...
En definitiva, que me lo pasé GENIAL porque soy una incondicional de Cranberries y porque no soy objetiva, que si no... seguramente habría salido decepcionada y mosqueada.
Soy muy fan de Cranberries, pero por muy incondicional que sea, el concierto no estuvo todo lo bien que cabría esperar después de pagar 45 euros más otros 5 euros de gastos de gestión (que alguien me explique eso: ¿gastos de gestión, si TODA la gestión la hace el que quiere ir al concierto, que es el que se mueve en busca de la entrada?).
Porque, por 50 euros por persona, desde luego, te esperas al menos dos horas de concierto. Mira que yo he ido a pocos conciertos, pero todos han durado como poco dos horas. Este duró hora y media. Yo no me lo podría creer (y como yo estarían unos cuantos miles de asistentes más), pero sí: apagaron las luces, pusieron la iluminación de váyanse a su puñetera casa, que los artistas tienen que dormir (y no me lo estoy inventando, lo dijeron ellos, que tenían que dormir porque al día siguiente se iban a Barcelona) y ahí acabó todo.
Y por todo quiero decir un concierto sólo correcto -expresión muy acertada que ya he visto que ha sido usada por ahí-. El recinto, el Palacio de Vistalegre, no tiene la mejor acústica del mundo (más que nada, porque fue concebido como una plaza de toros), pero si a eso se le añade que el sonido era malo, pues ya switch off and let's go. De todas formas, le puse ganas, y sí que disfruté con todas las canciones que tocaron, a pesar de que, INSISTO, no se oía nada bien.
Del espectáculo en sí poco puedo decir. Cranberries no tienen un directo espectacular, eso es cierto, pero es que es su estilo. Igual que su vocalista tiene un estilo incofundible. Los chicos estuvieron muy estáticos (aunque el batería se pegó una paliza), y la cantante fue la que se movió por el escenario de acá para allá. De hecho, ella actuó como yo lo haría en el salón de mi casa: en zapatillas de deporte, mallas y sudadera, cantando a grito pelado. Con la diferencia de que a ella la estábamos viendo un montón de personas, y a mí si acaso el vecino de enfrente. Nada que ver con otras cantantes que se gastan la mitad de presupuesto en zapatos con tacones imposibles, maquillaje y ropa espectacular...
En definitiva, que me lo pasé GENIAL porque soy una incondicional de Cranberries y porque no soy objetiva, que si no... seguramente habría salido decepcionada y mosqueada.
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