¿Debería haber ido antes a la peluquería, a teñirme mis tempranas canas?
¿Debería haberme puesto mis mejores galas?
¿Debería haber llevado maquillaje?
¿Debería haber olido mejor?
¿Debería haberme hecho una manicura francesa?
Seguramente sí. Pero la verdad es que yo era yo, como todos los demás días. Mi pelo estaba como siempre, revuelto y loco, sin peinar y con sus canas por aquí y por allí. Desde luego, no llevaba, ni de lejos, mis mejores galas. Por supuesto, iba con la cara lavada, ni siquiera un poco de rimmel. El perfume había desaparecido de mi piel hacía horas. Y mis uñas estaban simplemente correctas, incluso con algún padrastrillo...
Pero todo eso no hizo que el momento no fuera perfecto.
Porque lo fue: PERFECTO.
Porque éramos tú y yo.
Que, al final, es lo que importa, ¿no?
Sí, quiero.
¿Debería haberme puesto mis mejores galas?
¿Debería haber llevado maquillaje?
¿Debería haber olido mejor?
¿Debería haberme hecho una manicura francesa?
Seguramente sí. Pero la verdad es que yo era yo, como todos los demás días. Mi pelo estaba como siempre, revuelto y loco, sin peinar y con sus canas por aquí y por allí. Desde luego, no llevaba, ni de lejos, mis mejores galas. Por supuesto, iba con la cara lavada, ni siquiera un poco de rimmel. El perfume había desaparecido de mi piel hacía horas. Y mis uñas estaban simplemente correctas, incluso con algún padrastrillo...
Pero todo eso no hizo que el momento no fuera perfecto.
Porque lo fue: PERFECTO.
Porque éramos tú y yo.
Que, al final, es lo que importa, ¿no?
Sí, quiero.
34 comentarios: