A mí me gusta que las cosas sean lo que son, y no dieciocho cosas. Es decir: me gusta que mi móvil sea mi móvil, mi iPod sea mi iPod, mi cámara de fotos sea mi cámara de fotos y no tener un mismo chisme para llamar, escuchar música y hacer fotos. Vale, salgo perdiendo porque tengo trescientos cacharrines y un número igual de cargadores, pero sinceramente, lo prefiero. No soporto que si me quedo sin batería no pueda ni llamar ni escuchar música ni hacer fotos. Por ejemplo.
Así que el objetivo era un TomTom auténtico y exclusivo.
Entonces me acordé que leí por ahí que habían lanzado un modelo nuevo, un cuco y precioso TomTom. No un aburridísimo chisme negro, no. Uno estiloso y con glamour. Si es que nada más verlo, tan blanquito y tan lindo, se me apetecía más y más...
Lo busqué en Google, y me salieron varias entradas, y simultáneamente mi chico hizo su entrada en el estudio.- ¡Mira, ya he encontrado el TomTom que te dije!
Él se acercó mirando la pantalla, y yo, en mi ansia de enseñarle el objeto de mi deseo, pinché en la primera entrada que había en la lista, mirando mientras a mi chico para no perderme la cara que pondría al ver algo tan chulo.
Yo esperaba que fuera de emoción, o éxtasis, pero no. Lo suyo era más bien una expresión divertida. De hecho, se estaba riendo. Y va y dice...
- Píntalo de blanco y dí que es para mujeres.
- ¿Cómo?
- Sí, sí, eso es lo que me ibas a enseñar, ¿no?
Vuelvo a la pantalla del ordenador, y sí, ésa es la poco considerara frase que está en grande delante de mí.
Bueno, la verdad es que sí, vamos. Reconozcámoslo. Me meto en la página de TomTom (que es lo que debí haber hecho al principio) y leo que tiene lo mismo que uno normal pero es blanco, y por eso cuesta un poco más. ¡Pero tiene una bolsa de seda a juego! También pasó lo mismo con mi cámara rosa: la negra era más barata, y no entiendo por qué...
Me quedé sola en el estudio otra vez. Si ya de por sí iba a ser difícil ponernos de acuerdo en comprar ese modelo -es excesivamente femenino-, encima pagar más por él no le iba a hacer NADA de gracia...

















