28 febrero 2010
Una llamada...
Suena el teléfono y lo cojo. Me llama en un hueco entre cliente y cliente. Me pregunta que cómo me ha ido el día, y sé que no me lo pregunta por cumplir el expediente. Sabe que tenía un día complicado en el trabajo y quiere saber si estoy bien. Le digo que no quiero hablar de éso y no le importa, pasa a otro tema: que ha comprado Coca-Cola que no quedaba. Le doy las gracias por acordarse. Luego me dice que todavía no ha encontrado la Cosmo, y suena preocupado porque aún no la tengo (me la compra todos los meses). Como viene un cliente, se despide, no sin antes prometerme que vendrá pronto. Me dice que me quiere, y cuelga.
26 febrero 2010
A galeras a remar...
- ...porque vamos, esto es como las galeras. Ahí, los negros, y luego los otros con el látigo, ¡chas, chas! Y así no se puede vivir, vamos, es inhumano...
Cualquiera que escuche este retazo de conversación que supuestamente describe la situación en la empresa, pensará que trabajamos en una fábrica clandestina en condiciones infrahumanas, dignas de ser denunciadas a Amnistía Internacional (o a quien se denuncien estas cosas).
Me hierve la sangre. Quizá no sea el mejor trabajo del mundo -desde luego, no somos probadores de colchones-, pero de ahí a que se diga que estamos a la par que los que remaban en las galeras hay un trecho. Tampoco estamos en una ONG, y no conozco ninguna empresa que no se preocupe por la productividad, por los resultados, por la viabilidad del negocio y por ser competitivos. Obviamente, todo el que tenga un trabajo recibirá algún tipo de presión, sentirá estrés en mayor o menor grado en algún momento... Es algo inherente a la mayoría de los puestos de trabajo (sobre todo en el sector privado).
Yo me pregunto qué diría la persona que soltó esa frase con toda tranquilidad si trabajara en una obra, a la intemperie, soportando la lluvia y el frío que tenemos ahora. O haciendo carreteras en Agosto, manejando asfalto a elevadas temperaturas, por ejemplo. Me gustaría saber cómo llevaría esa persona empezar su jornada a las seis o las siete de la mañana, como les ocurre a los que trabajan en el campo, y no a las nueve como hace ahora. O, siguiendo en el campo (un trabajo bien duro), pasándose el día agachada arrancando patatas de la tierra, en lugar de estar sentada en un lugar bien iluminado y climatizado como es el caso.
Lo que pretendo decir con todo esto es que a veces hay que mirar un poco alrededor y apreciar lo que se tiene. Esto no significa que no haya que ser crítico e intentar implantar mejoras en las condiciones laborales, puesto que siempre hay algo que puede mejorarse, pero pienso que se debe partir siempre desde un ángulo realista (aunque tengas la mirada más crítica del mundo).
Por supuesto, las conversaciones que debo tener con esa persona siempre tienen una tensión palpable, porque me irrita sobremanera esa actitud tan exagerada y extremista. Me dan ganas de invitarle a que se marche a su casa si de verdad se siente como los esclavos en galeras: yo tengo muy claro que si mi situación laboral fuera siquiera remotamente comparable, dejaría el trabajo, puesto que sería fácil mejorar esas deplorables condiciones en otro sitio, ¿no?
En fin... Termino esta reflexión que debo volver a galeras a remar...
Cualquiera que escuche este retazo de conversación que supuestamente describe la situación en la empresa, pensará que trabajamos en una fábrica clandestina en condiciones infrahumanas, dignas de ser denunciadas a Amnistía Internacional (o a quien se denuncien estas cosas).
Me hierve la sangre. Quizá no sea el mejor trabajo del mundo -desde luego, no somos probadores de colchones-, pero de ahí a que se diga que estamos a la par que los que remaban en las galeras hay un trecho. Tampoco estamos en una ONG, y no conozco ninguna empresa que no se preocupe por la productividad, por los resultados, por la viabilidad del negocio y por ser competitivos. Obviamente, todo el que tenga un trabajo recibirá algún tipo de presión, sentirá estrés en mayor o menor grado en algún momento... Es algo inherente a la mayoría de los puestos de trabajo (sobre todo en el sector privado).
Yo me pregunto qué diría la persona que soltó esa frase con toda tranquilidad si trabajara en una obra, a la intemperie, soportando la lluvia y el frío que tenemos ahora. O haciendo carreteras en Agosto, manejando asfalto a elevadas temperaturas, por ejemplo. Me gustaría saber cómo llevaría esa persona empezar su jornada a las seis o las siete de la mañana, como les ocurre a los que trabajan en el campo, y no a las nueve como hace ahora. O, siguiendo en el campo (un trabajo bien duro), pasándose el día agachada arrancando patatas de la tierra, en lugar de estar sentada en un lugar bien iluminado y climatizado como es el caso.
Lo que pretendo decir con todo esto es que a veces hay que mirar un poco alrededor y apreciar lo que se tiene. Esto no significa que no haya que ser crítico e intentar implantar mejoras en las condiciones laborales, puesto que siempre hay algo que puede mejorarse, pero pienso que se debe partir siempre desde un ángulo realista (aunque tengas la mirada más crítica del mundo).
Por supuesto, las conversaciones que debo tener con esa persona siempre tienen una tensión palpable, porque me irrita sobremanera esa actitud tan exagerada y extremista. Me dan ganas de invitarle a que se marche a su casa si de verdad se siente como los esclavos en galeras: yo tengo muy claro que si mi situación laboral fuera siquiera remotamente comparable, dejaría el trabajo, puesto que sería fácil mejorar esas deplorables condiciones en otro sitio, ¿no?
En fin... Termino esta reflexión que debo volver a galeras a remar...
MIX... flipando, ofujkamiento, trabajo
24 febrero 2010
Flan de Nata
Estando en Huesca, redescubrí que me encanta la panacotta, y cuando volvimos a casa, en nuestra primera compra masiva me hice con un par de estas prefabricadas (que estaban buenas y todo).
Con la última cucharada de la última panacotta pensé que no debería ser difícil de hacer: al fin y al cabo, es un flan de nata, porelamordeDior.
Así que no me dejé vencer por la adversidad ni mis múltiples fracasos culinarios, y decidí informarme sobre qué se necesita según Google para hacer una riiiiiiiiiiiica panacotta: nata líquida para cocinar (250 ml), leche (250 ml), azúcar (100 gr), gelatina sin sabor (7 gr) y esencia de vainilla (1 cucharadita).
Vale, bien.
¿Nata líquida? Bien, pero la que tengo es para cocinar y lo mejor no vale. Bajo al súper y me traigo de la de montar. En mi interior, sospecho que no hay diferencia, pero como no soy una lumbrera en esto de la cocina, me autoconvenzo de que este tipo de nata es mejor.
¿Leche? Sí, pero, ¿desnatada, semi, entera? ¿Qué trabajo cuesta especificar? Va, voy a pensar que entera... Mira qué bien, hay un brick en la nevera; cosa rara, porque normalmente bebemos semidesnatada, pero de vez en cuando mi chico se compra leche entera. Guay.
¿Azúcar? Sin problema.
¿Gelatina sin sabor? Pelín más complicado de encontrar. Recurro al supermercado del El Corte Inglés. Y a mi chico, de paso. Nunca he usado gelatina, y siempre me la he imaginado en forma de flan amarillo y semitransparente, así que tener en mi mano siete láminas finas transparentes me hace sospechar que esto no va a ir NADA bien.
¿Esencia de vainilla? Demasiado sofisticado, y como además es opcional, opto por olvidarme y tachar el ingrediente de la lista.
Primer problema: el sobre de gelatina tiene seis láminas y en total hace 10 gramos, así que lo de los 7 gramos de la receta no lo tengo nada fácil. Además, en el sobre pone que vale para un litro de líquido, así que medio litro de líquido son tres láminas que son 5 gramos, pero no 7... Uffffffffffffffff... Cojo tres láminas y que sea lo que Dior quiera.
Según pone en el sobre, hay que poner las láminas en remojo cuatro minutos en agua fría. ¿Se tiene que disolver en el agua? Ni idea. En el sobre no pone nada. ¿Y en la receta? Que se disuelve la gelatina en agua fría hasta que quede completamente disuelta (redundancia) y se reserva... Jopéeeeeeeeeeeeeeeee... Busco en Google OTRA VEZ y alguna alma caritativa se ha explicado mejor: las láminas de marras se dejan en agua y se reblandecen, se quedan como un plasticuzo, y eso es lo que vale. El agua se tira. Menos mal.
Vale. Ahora, por otro lado se mezcla la nata con la leche, el azúcar y la esencia de vanilla (a lo que no le hago caso porque es opcional y no tengo, muchas personas la añaden pero la receta original no la lleva) y se lleva a ebullición. Eso está más claro.
Primer problema: el brick de nata es de 200 ml, y no voy a abrir otro brick para añadir lo que falta. No pasa nada si me sale más pequeña la panacotta. Aunque yo creo que ya me la estoy jugando. Bueno, le pongo más leche y compenso el líquido. ¿250 ml? Eso creo que es un vaso, aunque me parece que mis vasos son un poco más pequeños... En fin, un vaso de leche y un chorrito más por si acaso.
Ahora el azúcar. 100 gr. Eso es una décima parte de un paquete, pero no sé muy bien cómo dividirlo. ¿A cuántas cucharadas corresponde? ¿4, 5? Yo creo que seis. Bueno, igual un poquitín más, porque para el flan de huevo son 7. ¡Y para la tarta de queso! Aunque 7 cucharadas parece que difícilmente va a equivaler a 100 gr. Venga, 7 cucharadas y un poquito más por si acaso.
La mezcla blanca se pone al fuego y cuando empieza a hervir se añade la gelatina (ese semiplasticuzo pegajoso que me ha quedado, vamos), y se remueve para que se disuelva. ¿Pero al fuego, apartado, cómo? De verdad, no sé por qué en las recetas se escatima tanto en explicaciones. Si yo escribiera recetas, pondría todas las indicaciones posibles, Cocina para Dummies. Escojo hacerlo con el fuego apagado, rezando porque eso no eche a perder todo este lío.
Lo siguiente es verter la mezcla en un molde previamente engrasado con mantequilla. Como voy leyendo de a poco, no he engrasado previamente el molde. La única mantequilla que tengo es en tacos pequeños y está más dura que una piedra porque está en el frigorífico. Restriego como puedo la mantequilla en un molde de silicona y consigo ir dejando trozos de mantequilla por todas partes. Creo que no es la idea, pero a ver qué hago.
Ahora hay que echar el líquido blanco y caliente en el molde. Bien, pero los trozos de mantequilla suben a la superficie y se forman puntitos amarillos de grasa, así que obviamente la mantequilla NO ha cumplido su función.
Y la parte más fácil es la del final: se deja enfriar hasta que la panacotta cuaje (se aconseja dejarla enfriar primero a temperatura ambiente y luego en el frigorífico durante toda la noche). Sencillísimo. Luego, cuando haya cuajado, se desmolda y se come.
Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeennnnnnnnnnnnnnnnn...
Lo que yo obtuve fue un gelatinoso postre blancuzco que en lugar de panacotta debiera llamarse el bloque de azúcar. Debería haber acabado en la basura, pero a mi niño le dió pena y se lo zampó. Ahora tiene tres dientes menos.
Si no tienes niputa idea de cocinar, hasta la receta más simple puede convertirse en una bomba (como aquel episodio de Los Simpsons, donde la mafia quería cargarse a Homer con un pastel hipercalórico). Y si no sabes cuántas cucharadas soperas de azúcar equivalen a 100 gr, ¡búscalo en Google! (Ya lo sé: son 15 gr si es una cucharada rasa y 25 gr si está colmada).
Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa...
Con la última cucharada de la última panacotta pensé que no debería ser difícil de hacer: al fin y al cabo, es un flan de nata, porelamordeDior.
Así que no me dejé vencer por la adversidad ni mis múltiples fracasos culinarios, y decidí informarme sobre qué se necesita según Google para hacer una riiiiiiiiiiiica panacotta: nata líquida para cocinar (250 ml), leche (250 ml), azúcar (100 gr), gelatina sin sabor (7 gr) y esencia de vainilla (1 cucharadita).
EL PROCESO
Vale, bien.
¿Nata líquida? Bien, pero la que tengo es para cocinar y lo mejor no vale. Bajo al súper y me traigo de la de montar. En mi interior, sospecho que no hay diferencia, pero como no soy una lumbrera en esto de la cocina, me autoconvenzo de que este tipo de nata es mejor.
¿Leche? Sí, pero, ¿desnatada, semi, entera? ¿Qué trabajo cuesta especificar? Va, voy a pensar que entera... Mira qué bien, hay un brick en la nevera; cosa rara, porque normalmente bebemos semidesnatada, pero de vez en cuando mi chico se compra leche entera. Guay.
¿Azúcar? Sin problema.
¿Gelatina sin sabor? Pelín más complicado de encontrar. Recurro al supermercado del El Corte Inglés. Y a mi chico, de paso. Nunca he usado gelatina, y siempre me la he imaginado en forma de flan amarillo y semitransparente, así que tener en mi mano siete láminas finas transparentes me hace sospechar que esto no va a ir NADA bien.
¿Esencia de vainilla? Demasiado sofisticado, y como además es opcional, opto por olvidarme y tachar el ingrediente de la lista.
Primer problema: el sobre de gelatina tiene seis láminas y en total hace 10 gramos, así que lo de los 7 gramos de la receta no lo tengo nada fácil. Además, en el sobre pone que vale para un litro de líquido, así que medio litro de líquido son tres láminas que son 5 gramos, pero no 7... Uffffffffffffffff... Cojo tres láminas y que sea lo que Dior quiera.
Según pone en el sobre, hay que poner las láminas en remojo cuatro minutos en agua fría. ¿Se tiene que disolver en el agua? Ni idea. En el sobre no pone nada. ¿Y en la receta? Que se disuelve la gelatina en agua fría hasta que quede completamente disuelta (redundancia) y se reserva... Jopéeeeeeeeeeeeeeeee... Busco en Google OTRA VEZ y alguna alma caritativa se ha explicado mejor: las láminas de marras se dejan en agua y se reblandecen, se quedan como un plasticuzo, y eso es lo que vale. El agua se tira. Menos mal.
Vale. Ahora, por otro lado se mezcla la nata con la leche, el azúcar y la esencia de vanilla (a lo que no le hago caso porque es opcional y no tengo, muchas personas la añaden pero la receta original no la lleva) y se lleva a ebullición. Eso está más claro.
Primer problema: el brick de nata es de 200 ml, y no voy a abrir otro brick para añadir lo que falta. No pasa nada si me sale más pequeña la panacotta. Aunque yo creo que ya me la estoy jugando. Bueno, le pongo más leche y compenso el líquido. ¿250 ml? Eso creo que es un vaso, aunque me parece que mis vasos son un poco más pequeños... En fin, un vaso de leche y un chorrito más por si acaso.
Ahora el azúcar. 100 gr. Eso es una décima parte de un paquete, pero no sé muy bien cómo dividirlo. ¿A cuántas cucharadas corresponde? ¿4, 5? Yo creo que seis. Bueno, igual un poquitín más, porque para el flan de huevo son 7. ¡Y para la tarta de queso! Aunque 7 cucharadas parece que difícilmente va a equivaler a 100 gr. Venga, 7 cucharadas y un poquito más por si acaso.
La mezcla blanca se pone al fuego y cuando empieza a hervir se añade la gelatina (ese semiplasticuzo pegajoso que me ha quedado, vamos), y se remueve para que se disuelva. ¿Pero al fuego, apartado, cómo? De verdad, no sé por qué en las recetas se escatima tanto en explicaciones. Si yo escribiera recetas, pondría todas las indicaciones posibles, Cocina para Dummies. Escojo hacerlo con el fuego apagado, rezando porque eso no eche a perder todo este lío.
Lo siguiente es verter la mezcla en un molde previamente engrasado con mantequilla. Como voy leyendo de a poco, no he engrasado previamente el molde. La única mantequilla que tengo es en tacos pequeños y está más dura que una piedra porque está en el frigorífico. Restriego como puedo la mantequilla en un molde de silicona y consigo ir dejando trozos de mantequilla por todas partes. Creo que no es la idea, pero a ver qué hago.
Ahora hay que echar el líquido blanco y caliente en el molde. Bien, pero los trozos de mantequilla suben a la superficie y se forman puntitos amarillos de grasa, así que obviamente la mantequilla NO ha cumplido su función.
Y la parte más fácil es la del final: se deja enfriar hasta que la panacotta cuaje (se aconseja dejarla enfriar primero a temperatura ambiente y luego en el frigorífico durante toda la noche). Sencillísimo. Luego, cuando haya cuajado, se desmolda y se come.
Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeennnnnnnnnnnnnnnnn...
EL RESULTADO
Lo que yo obtuve fue un gelatinoso postre blancuzco que en lugar de panacotta debiera llamarse el bloque de azúcar. Debería haber acabado en la basura, pero a mi niño le dió pena y se lo zampó. Ahora tiene tres dientes menos.
LA MORALEJA
Si no tienes ni
Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa...
23 febrero 2010
¿Y yo, qué leo? (XXXVI)
Me he dado un breve respiro de chick-lit (de vez en cuando lo hago), y he atacado EL SÍMBOLO PERDIDO, de Dan Brown, aunque suene raro en mí...Cuando salió este libro, ví en un blog que no consigo volver a localizar, una viñeta donde salía el escritor con una bolsa de dinero siendo entrevistado por una periodista. Ella le preguntaba: ¿y por qué ha tardado tanto en sacar otro libro después de El Código Da Vinci?, y respondía este señor que no sabía que se le podía dar a Reemplazar Todos, jajajajaja...
Lo que aparece en la contraportada es esto:
Washington. El experto en simbología Robert Langdon es convocado inesperadamente por Peter Solomon, masón, filántropo y su antiguo mentor, para dar una conferencia en el Capitolio. Pero el secuestro de Peter y el hallazgo de una mana tatuada con cinco enigmáticos símbolos cambian drásticamente el curso de los acontecimientos. Atrapado entre las exigencias de una mente perturbada y la investigación oficial, Langdon se ve inmerso en un mundo clandestino de secretos masónicos, historia oculta y escenarios nunca antes vistos, que parecen arrastrarlo hacia una sencilla pero inconcebible verdad.Este libro de puede resumir en esta breve frase: es una novela de Dan Brown. Es decir: la cosa empieza por un gran secreto de dimensiones increíbles que está relacionado con un grupo ultrasecreto que pervive a través de los tiempos, PERO que está a la vista de todos codificado por todas partes y nadie hasta ahora se había fijado. Por supuesto, Robert Langdon se ve en medio de todo el follón, y como es experto en decodificar cosas, al final descubre el fabuloso secreto, pero es tan apabullante para la Humanidad que se lo calla como si nada hubiera pasado.
Con la ayuda de Katherine Solomon, hermana de Peter y experta en ciencias noéticas, Robert Langdon tiene doce horas para salvar a su amigo y, al mismo tiempo, evitar que uno de los secretos mejor guardados de nuestra historia caiga en las manos equivocadas...
Tal que esta podría ser otra historia. Si quieres más: http://probar.blogspot.com/.
Y si sé cómo va a ir el asunto porque siempre es igual, ¿por qué leo estos libros?
Pues porque me gustan, así de sencillo. Me gustan porque me engancha la forma de escribir de este autor, de dividir el libro en más de cien capítulos cortos que te dejan el corazón en vilo y te hacen leer un poco más...
Es cierto que aunque me mantiene animada casi todo el libro, la ida de pinza final que invariablemente tiene Dan Brown me decepciona un poco. Pero como ya me cosquillean en los dedos las páginas finales y además soy consciente de que va a pasar igual que siempre, se lo perdono porque ha conseguido captar mi atención y hacerme elucubrar sobre la conspiración durante casi toda la lectura.
Sobre Dan Brown, tengo que decir que creo que las críticas han sido excesivamente feroces con él (sobre todo con El Código Da Vinci). Me parece que en general, olvidamos de que se trata de un escritor de CIENCIA FICCIÓN y por tanto sus historias son inventadas. Se podrá apoyar en hechos constatados más o menos ciertos, pero luego él puede manipularlos como mejor le venga para hilvanar su historia: de éso se trata. Se le acusó de no estar bien documentado y de tener muchas inexactitudes históricas... ¡Vamos! Es un libro. Si quieres datos correctos y reales, consulta una enciclopedia y no una novela de Dan Brown. Por favor. Al menos, consigue despertar curiosidad (a mí me hizo consultar la obra de Alberto Durero y de investigar sobre los masones), cosa que otros no han conseguido nunca.
¿Que si me ha gustado el libro? A mí sí. ¿Lo recomendaría? Pues a lo mejor no, porque es un libro que simplemente entretiene, y mucha gente busca algo más y con este libro no tendrían bastante. A mí me vale. No soy muy sibarita en mis lecturas: no se me verá con ningún libro de Paulo Coelho (por ejemplo) porque no me gustan. Yo prefiero lecturas sin complicaciones que no tienen una calidad literaria con opción al premio Planeta, pero mira, a mí me gustan...
...y sobre gustos, no hay nada escrito.
21 febrero 2010
Condicional Negativo
Aquella tarde, yo era el ENTUSIASMO personificado.
- Cariño, ¡he comprado una microcadena!
Todo el mundo sabe que después de una depilación con cera caliente, una chica tiene que autorrecompensarse, aunque sea con consumismo irreflexivo, y vive Dior que un broche de fieltro de tres euros no basta. Así que cuando entré por casualidad en la tienda de electrodomésticos, me fui directa a la sección de sonido porque habíamos decidido por unanimidad (es decir: UNA -que soy yo- lo había decidido) comprar una cadena de música para el dormitorio.
El tema es que tenemos otra minicadena que no usamos mucho que podíamos haberla cambiado de sitio, pero por alguna razón desconocidaque es que no me gusta nada el diseño que tiene se iba a quedar donde estaba.
Aquella microcadena me estaba llamando. Tenía todo lo necesario: era pequeña, el color del cuerpo pegaba con los tiradores del dormitorio, y los altavoces tenían el mismo color madera que el resto de muebles. O sea: PERFECTA.
Y luego, como algo totalmente accesorio y anecdótico, parecía que tenía potencia, reproducía un montón de formatos, tenía radio, USB, mando a distancia y por deferencia a mi chico me aseguré de que por detrás tenía un montón de agujeros para conectar cosas que es lo que le gusta a él. Y además: estaba bien de precio. ¿Qué más se puede pedir?
Así que la compré y acarreé la enorme y pesada caja hasta casa. Enseguida llamé a mi chico para anunciarle la buena nueva.
Pero lo cierto es que él no parecía muy entusiasmado.
- ¿Y qué pasa con la cadena del estudio?
- Jo, pues que es muy grande y no me gusta nada.
- Bueno, y esta nueva, ¿qué tiene?
- Yo qué sé. ¡Pero es pequeña y muy cuca!
- A ver, dime marca y modelo que busque las características en Internet.
- Espera que mire... Una AIRIS L202.
- ¿Una AIRIS?
- Sí.
- ...
- ¿Qué pasa?
- Que es AIRIS.
- ¿Y?
- Pues que es una marca muy mala. ¡La hacen en Guadalajara!
- Ah, claro, y Guadalajara es peor que una fábrica ilegal en Taiwan, ¿verdad?
- No, no es eso, pero que no me gusta la marca, eso es todo.
- Jopéeeeeeeeeeeeeeeeeee...
Este hombre es único para desinflar entusiasmos. Hice un puchero que no se vió, pero que me aseguré que de alguna forma atravesara la línea telefónica y acabara en el epicentro de su conciencia.
- Bueeeeeeeeeno, cuando llegue esta noche, la probamos, igual está bien.
¡¡FUNCIONÓ!! Adoro las telecomunicaciones.
- ¿De verdad?
- Sí, igual me da una grata sorpresa...
¿Que si se la dió?
Pues creo que la respuesta es que sí, porque resulta que la rueda de volumen no funcionaba, así que a la mañana siguiente devolví la microcadena por defectuosa. Estoy segura que fue su mal rollo hacia la marca el que fastidió la ruedecita del volumen, porque menuda casualidad, ¿no? En fin, parece que si yo conseguí enviar un puchero a través de la línea telefónica, él pudo mandar de vuelta malas vibraciones hacia la microcadena. Pobrecita.
No se me ocurrirá nunca traer nada de la marca AIRIS a casa...
...y llamaré a Telefónica para que los envíos de pensamientos sólo vayan en una dirección (de mí hacia el resto del mundo que es lo que me conviene, claro).
- Cariño, ¡he comprado una microcadena!
Todo el mundo sabe que después de una depilación con cera caliente, una chica tiene que autorrecompensarse, aunque sea con consumismo irreflexivo, y vive Dior que un broche de fieltro de tres euros no basta. Así que cuando entré por casualidad en la tienda de electrodomésticos, me fui directa a la sección de sonido porque habíamos decidido por unanimidad (es decir: UNA -que soy yo- lo había decidido) comprar una cadena de música para el dormitorio.
El tema es que tenemos otra minicadena que no usamos mucho que podíamos haberla cambiado de sitio, pero por alguna razón desconocida
Aquella microcadena me estaba llamando. Tenía todo lo necesario: era pequeña, el color del cuerpo pegaba con los tiradores del dormitorio, y los altavoces tenían el mismo color madera que el resto de muebles. O sea: PERFECTA.
Y luego, como algo totalmente accesorio y anecdótico, parecía que tenía potencia, reproducía un montón de formatos, tenía radio, USB, mando a distancia y por deferencia a mi chico me aseguré de que por detrás tenía un montón de agujeros para conectar cosas que es lo que le gusta a él. Y además: estaba bien de precio. ¿Qué más se puede pedir?
Así que la compré y acarreé la enorme y pesada caja hasta casa. Enseguida llamé a mi chico para anunciarle la buena nueva.
Pero lo cierto es que él no parecía muy entusiasmado.
- ¿Y qué pasa con la cadena del estudio?
- Jo, pues que es muy grande y no me gusta nada.
- Bueno, y esta nueva, ¿qué tiene?
- Yo qué sé. ¡Pero es pequeña y muy cuca!
- A ver, dime marca y modelo que busque las características en Internet.
- Espera que mire... Una AIRIS L202.
- ¿Una AIRIS?
- Sí.
- ...
- ¿Qué pasa?
- Que es AIRIS.
- ¿Y?
- Pues que es una marca muy mala. ¡La hacen en Guadalajara!
- Ah, claro, y Guadalajara es peor que una fábrica ilegal en Taiwan, ¿verdad?
- No, no es eso, pero que no me gusta la marca, eso es todo.
- Jopéeeeeeeeeeeeeeeeeee...
Este hombre es único para desinflar entusiasmos. Hice un puchero que no se vió, pero que me aseguré que de alguna forma atravesara la línea telefónica y acabara en el epicentro de su conciencia.
- Bueeeeeeeeeno, cuando llegue esta noche, la probamos, igual está bien.
¡¡FUNCIONÓ!! Adoro las telecomunicaciones.
- ¿De verdad?
- Sí, igual me da una grata sorpresa...
¿Que si se la dió?
Pues creo que la respuesta es que sí, porque resulta que la rueda de volumen no funcionaba, así que a la mañana siguiente devolví la microcadena por defectuosa. Estoy segura que fue su mal rollo hacia la marca el que fastidió la ruedecita del volumen, porque menuda casualidad, ¿no? En fin, parece que si yo conseguí enviar un puchero a través de la línea telefónica, él pudo mandar de vuelta malas vibraciones hacia la microcadena. Pobrecita.
No se me ocurrirá nunca traer nada de la marca AIRIS a casa...
...y llamaré a Telefónica para que los envíos de pensamientos sólo vayan en una dirección (de mí hacia el resto del mundo que es lo que me conviene, claro).
MIX... housewifing, living, pareja, Universo
20 febrero 2010
...por la mañana temprano...
Iba yo el Viernes, toda feliz porque era Viernes, conduciendo de camino al trabajo, cuando me pasó algo un pelín subrealista.
Para ir al trabajo tengo que enfilar una calle larga, que acaba y sólo puedes ir a izquierda o a derecha (digamos, es como una T, yo iba subiendo el palito y fui frenando según iba llegando a la intersección). Allí lo que hay es un ceda el paso.
Total, que iba reduciendo velocidad cuando de repente, de la intersección me sale por la derecha un coche a escasos centímetros del mío. Y eso no debería pasar porque los coches que vengan por el carril pegado a la calle por donde iba yo tienen que venirme por la izquierda, y los que me vengan por la derecha están en el otro carril enfrente. No sé si me explico...
El caso es que como ese coche no debería estar ahí, me asusté, pegué un frenazo y el bolso, que iba en el asiento del copiloto pero sin cinturón, se me cayó. Una vez parada, recogí el bolso y lancé una mirada asesina al conductor del coche.
Pues el hombre empezó a hablarme desde su coche. Claro, yo no oía nada, pero lo veía mover la boca y gesticular. Yo le miraba con una mala ostia tremenda, todo hay que decirlo, pero sin abrir la boca para soltar lo que pensaba (nada bonito, por supuesto).
Entonces ví que en lugar de dejarme pasar, el hombre soltó el freno, pasó por delante de mi coche con el suyo rodeándome y paraba en paralelo, su ventanilla de conductor frente a la mía.
Lo que me faltaba: trifulca un Viernes a las nueve de la mañana, con lo poco que me apetecía a mí liarme a palos a esas horas...
Bajó la ventanilla y yo hice lo propio sin despegar los labios, a ver qué me soltaba el hombre este. Alucinando porque qué me iba a reprochar: ¿que iba por MI carril?, ¿que frené a tiempo?, ¿o qué coj...?
- ...porque qué quieres que haga, si es que he aparcado ahí, y claro...
- ¿?
- ...para salir he tirado pa'lante, que he tenido que parar un momento...
- ¿?
- ...así que ea, no iba a hacer otra cosa, que ahora tengo yo que hacer una cura ahí...
O sea, que ¿me estaba dando explicaciones? Vamos, hombreeeeeeeeeeeeeeee...
- Oiga usted, ¿yo le he dicho algo?
- ¿Qué?
- Que si le he dicho algo. ¿Acaso he abierto la boca?
- No.
- Ea, pues circule y adiós muy buenas.
De verdad, qué poco me gustan las tonterías por la mañana temprano.
Para ir al trabajo tengo que enfilar una calle larga, que acaba y sólo puedes ir a izquierda o a derecha (digamos, es como una T, yo iba subiendo el palito y fui frenando según iba llegando a la intersección). Allí lo que hay es un ceda el paso.
Total, que iba reduciendo velocidad cuando de repente, de la intersección me sale por la derecha un coche a escasos centímetros del mío. Y eso no debería pasar porque los coches que vengan por el carril pegado a la calle por donde iba yo tienen que venirme por la izquierda, y los que me vengan por la derecha están en el otro carril enfrente. No sé si me explico...
El caso es que como ese coche no debería estar ahí, me asusté, pegué un frenazo y el bolso, que iba en el asiento del copiloto pero sin cinturón, se me cayó. Una vez parada, recogí el bolso y lancé una mirada asesina al conductor del coche.
Pues el hombre empezó a hablarme desde su coche. Claro, yo no oía nada, pero lo veía mover la boca y gesticular. Yo le miraba con una mala ostia tremenda, todo hay que decirlo, pero sin abrir la boca para soltar lo que pensaba (nada bonito, por supuesto).
Entonces ví que en lugar de dejarme pasar, el hombre soltó el freno, pasó por delante de mi coche con el suyo rodeándome y paraba en paralelo, su ventanilla de conductor frente a la mía.
Lo que me faltaba: trifulca un Viernes a las nueve de la mañana, con lo poco que me apetecía a mí liarme a palos a esas horas...
Bajó la ventanilla y yo hice lo propio sin despegar los labios, a ver qué me soltaba el hombre este. Alucinando porque qué me iba a reprochar: ¿que iba por MI carril?, ¿que frené a tiempo?, ¿o qué coj...?
- ...porque qué quieres que haga, si es que he aparcado ahí, y claro...
- ¿?
- ...para salir he tirado pa'lante, que he tenido que parar un momento...
- ¿?
- ...así que ea, no iba a hacer otra cosa, que ahora tengo yo que hacer una cura ahí...
O sea, que ¿me estaba dando explicaciones? Vamos, hombreeeeeeeeeeeeeeee...
- Oiga usted, ¿yo le he dicho algo?
- ¿Qué?
- Que si le he dicho algo. ¿Acaso he abierto la boca?
- No.
- Ea, pues circule y adiós muy buenas.
De verdad, qué poco me gustan las tonterías por la mañana temprano.
18 febrero 2010
Cryin' Songs
Dicen que la música es poderosa. Sé que es cierto.
La música tiene la mágica capacidad de hacernos sentir bien, animarnos, darnos energía... A veces sólo hace falta escoger una buena canción et voilà! Nuestro ánimo está cambiado. Casi a voluntad.
Por ejemplo, yo recuerdo que hace tiempo, cuando salía los Sábados me ponía un CD especial que escuchaba mientras me arreglaba, y conseguía animarme de tal forma que la noche me salía bien...
El caso contrario también ocurre. Hay canciones que automáticamente me hacen llorar, independientemente del ánimo que tenga en ese momento. No siento tristeza, ni pena, ni nada... simplemente necesito llorar. Los ojos se me llenan de lágrimas que me desbordan y para el estribillo, ya tengo inundadas mis mejillas.
No tiene por qué ser tristes las canciones que me hacen llorar, a veces incluso la letra es hasta positiva, pero hay algo en la melodía, en las palabras, en la cadencia, que me hacen llorar. No es malo, de hecho, a veces me ayudan mucho a desahogarme...
Pero no deja de parecerme curioso ese efecto que tienen en mí algunas canciones.
El TOP FIVE de mis Cryin' Songs es éste...
La música tiene la mágica capacidad de hacernos sentir bien, animarnos, darnos energía... A veces sólo hace falta escoger una buena canción et voilà! Nuestro ánimo está cambiado. Casi a voluntad.
Por ejemplo, yo recuerdo que hace tiempo, cuando salía los Sábados me ponía un CD especial que escuchaba mientras me arreglaba, y conseguía animarme de tal forma que la noche me salía bien...
El caso contrario también ocurre. Hay canciones que automáticamente me hacen llorar, independientemente del ánimo que tenga en ese momento. No siento tristeza, ni pena, ni nada... simplemente necesito llorar. Los ojos se me llenan de lágrimas que me desbordan y para el estribillo, ya tengo inundadas mis mejillas.
No tiene por qué ser tristes las canciones que me hacen llorar, a veces incluso la letra es hasta positiva, pero hay algo en la melodía, en las palabras, en la cadencia, que me hacen llorar. No es malo, de hecho, a veces me ayudan mucho a desahogarme...
Pero no deja de parecerme curioso ese efecto que tienen en mí algunas canciones.
El TOP FIVE de mis Cryin' Songs es éste...
- HERE WITH ME, de Dido.
- THE SCIENTIST, de Coldplay.
- ALL THE SAME, de Sick Puppies.
- NOTHING COMPARES TO YOU, de Sidnead O'Connor.
- YOU DON'T UNDERSTAND ME, de Roxette.
17 febrero 2010
París...
París es PRECIOSA. Pasear por sus calles ha sido mágico, porque allá donde miraras había algo maravilloso que ver...
De todas formas, si me ha parecido espectacular, visitarla en Primavera tiene que dejar sin aliento.
Ciertamente, Febrero no ha sido la mejor época para ir allí. Nos ha acompañado todo el tiempo un clima desapacible, con frío y hasta nieve, además de que las nubes no nos han dejado ver ni un trocito del cielo de París. Pero por lo que más lo he sentido ha sido por los parques: los árboles desnudos deslucían unos jardines que en plena eclosión deben ser dignos de ver. También la vista desde lo más alto de la Torre Eiffel no ha sido todo lo maravillosa que puede ser, porque la neblina limitaba mucho el alcance de las vistas...
Así y todo, hemos disfrutado cada minuto.
Nos asentamos en el barrio de Montmartre, concretamente estuvimos en un hotel de una cadena conocida, por la tranquilidad que me daba y porque estaba a muy poco de una boca de metro -lo cual fue fenomenal para la visita a la ciudad- y del Moulin Rouge. No sabíamos que estábamos tan cerca... Tampoco sabíamos que la calle del hotel y los alrededores estaban en la zona de clubs de strip-tease, por ejemplo (al menos, YO no lo sabía, ¡igual mi chico sí!).
Los días que estuvimos aprovechamos bien nuestro tiempo, visitando casi todo lo que queríamos: Trocadèro, Palais de Chaillot, Tour Eiffel, Champs du Mars, École Militaire, Hôtel National des Invalides, Rue de Rivoli, Musée du Louvre, Jardin des Tuileries, Avenue des Champs-Elysées, Notre-Dame, Sacré-Coeur, La Dèfense, Arc de Triomphe, Avenue Charles de Gaulle, Place de la Concorde... y seguro que me dejo cosas.
Desde luego, no pretendo con esta entrada presumir, ni dar envidia, ni nada por el estilo (de hecho, he sido comedidamente breve). Tampoco quiero aburrir. Así que si queréis que me extienda más lo hago... Aunque por mucho que lo intente, no podré describir la magia que hay allí...
De todas formas, si me ha parecido espectacular, visitarla en Primavera tiene que dejar sin aliento.
Ciertamente, Febrero no ha sido la mejor época para ir allí. Nos ha acompañado todo el tiempo un clima desapacible, con frío y hasta nieve, además de que las nubes no nos han dejado ver ni un trocito del cielo de París. Pero por lo que más lo he sentido ha sido por los parques: los árboles desnudos deslucían unos jardines que en plena eclosión deben ser dignos de ver. También la vista desde lo más alto de la Torre Eiffel no ha sido todo lo maravillosa que puede ser, porque la neblina limitaba mucho el alcance de las vistas...
Así y todo, hemos disfrutado cada minuto.
Nos asentamos en el barrio de Montmartre, concretamente estuvimos en un hotel de una cadena conocida, por la tranquilidad que me daba y porque estaba a muy poco de una boca de metro -lo cual fue fenomenal para la visita a la ciudad- y del Moulin Rouge. No sabíamos que estábamos tan cerca... Tampoco sabíamos que la calle del hotel y los alrededores estaban en la zona de clubs de strip-tease, por ejemplo (al menos, YO no lo sabía, ¡igual mi chico sí!).
Los días que estuvimos aprovechamos bien nuestro tiempo, visitando casi todo lo que queríamos: Trocadèro, Palais de Chaillot, Tour Eiffel, Champs du Mars, École Militaire, Hôtel National des Invalides, Rue de Rivoli, Musée du Louvre, Jardin des Tuileries, Avenue des Champs-Elysées, Notre-Dame, Sacré-Coeur, La Dèfense, Arc de Triomphe, Avenue Charles de Gaulle, Place de la Concorde... y seguro que me dejo cosas.
Desde luego, no pretendo con esta entrada presumir, ni dar envidia, ni nada por el estilo (de hecho, he sido comedidamente breve). Tampoco quiero aburrir. Así que si queréis que me extienda más lo hago... Aunque por mucho que lo intente, no podré describir la magia que hay allí...
MIX... vacaciones, viajes
15 febrero 2010
CSI: Spain
- Oigan, no se muevan de allí que va para allá la Policía Científica.
Bueno, un robo SIEMPRE es desagradable, pero al menos luego tienes aventurillas que contar.
La verdad es que no sé si aquello sería un 2·17 ó un 3·14 (Pi), pero lo que estaba claro es que nos enfrentábamos a un robo con fuerza en las cosas. El nombre en sí tiene su miga, hubo fuerza ¿en todas las cosas? No, pero casi. En la persiana metálica hubo mucha fuerza para abrirla, en la puerta de la tienda también, y luego en la caja registradora sobre todo, que le tuvieron que pegar un tirón de aúpa.
El caso es que tenía que venir LA CIENTÍFICA.
Y allí estaba yo, en medio del caos, sin tocar nada, dando soporte moral a mi chico al tiempo que dejaba volar mi imaginación. Porque no se puede evitar, al oir que la Policía Científica va para allá a tomar las huellas, inmediatamente pensar en Gil Grissom (y quien diga que no, MIENTE descaradamente).
Pero luego volví en mí, claro, y pensé que no, que estaba alucinando. ¿Para qué va a venir un experto entomólogo? ¡Qué tontería! Pega MUCHO más alguien como Horatio Caine, dónde va a parar.
Desde luego, menuda imaginación la mía. Ya estaba delirando. ¿Cómo iba a aparecer allí alguien con gafas de sol, si hacía días que no se veían más que nubes y más nubes y ni un rayito de sol? Lo lógico es que apareciera alguien más acorde con la escena, como podría ser Mac Taylor.
¿Y quién vino?
Pues...
Alguien más como Russell Crowe en horas bajas... y pelo más corto... y placa de policía.
Joooooooooooooooooo... Qué decepción.
En fin, esta historia me ha enseñado que la realidad y la ficción difieren muuuuuuuucho, cosa que está bien tenerla clara...
...y que policías como los de Bilbao o Pinto quedan muy lejos de aquí. Snif.

______________
P.D.: Para ser justa, hago constar que me he traído un estupendo calendario de bomberos queeeeee... no tienen nada que envidiarle a los policías. Todo por una buena causa, está claro.
Bueno, un robo SIEMPRE es desagradable, pero al menos luego tienes aventurillas que contar.
La verdad es que no sé si aquello sería un 2·17 ó un 3·14 (Pi), pero lo que estaba claro es que nos enfrentábamos a un robo con fuerza en las cosas. El nombre en sí tiene su miga, hubo fuerza ¿en todas las cosas? No, pero casi. En la persiana metálica hubo mucha fuerza para abrirla, en la puerta de la tienda también, y luego en la caja registradora sobre todo, que le tuvieron que pegar un tirón de aúpa.
El caso es que tenía que venir LA CIENTÍFICA.
Y allí estaba yo, en medio del caos, sin tocar nada, dando soporte moral a mi chico al tiempo que dejaba volar mi imaginación. Porque no se puede evitar, al oir que la Policía Científica va para allá a tomar las huellas, inmediatamente pensar en Gil Grissom (y quien diga que no, MIENTE descaradamente).
Pero luego volví en mí, claro, y pensé que no, que estaba alucinando. ¿Para qué va a venir un experto entomólogo? ¡Qué tontería! Pega MUCHO más alguien como Horatio Caine, dónde va a parar.
Desde luego, menuda imaginación la mía. Ya estaba delirando. ¿Cómo iba a aparecer allí alguien con gafas de sol, si hacía días que no se veían más que nubes y más nubes y ni un rayito de sol? Lo lógico es que apareciera alguien más acorde con la escena, como podría ser Mac Taylor.
¿Y quién vino?Pues...
Alguien más como Russell Crowe en horas bajas... y pelo más corto... y placa de policía.
Joooooooooooooooooo... Qué decepción.En fin, esta historia me ha enseñado que la realidad y la ficción difieren muuuuuuuucho, cosa que está bien tenerla clara...
...y que policías como los de Bilbao o Pinto quedan muy lejos de aquí. Snif.

______________
P.D.: Para ser justa, hago constar que me he traído un estupendo calendario de bomberos queeeeee... no tienen nada que envidiarle a los policías. Todo por una buena causa, está claro.
14 febrero 2010
La vuelta...
A veces, cuando digo: esto es cosa del Universo, la gente me mira, se ríe, piensa que no hablo en serio.
Pues lo hago.
No se trata de una nueva religión, ni de nada místico, no. Se trata de una pequeña filosofía personal que me ayuda, si no a entender, al menos a sobrellevar ciertas cosas. El Equilibrio del Universo me parece buena referencia para un montón de cosas.
Por ejemplo: vienes de unas ESTUPENDÍSIMAS vacaciones en París, y te encuentras con que una pandilla de impresentables (por llamarlos de alguna forma políticamente correcta), han decidido que sería una idea brillante entrar por la fuerza en la tienda donde trabaja tu chico, pegarle un tirón a la caja registradora y llevarse unos cuantos euros que no son suyos. Ea. Ya te han jodido el último Domingo de vacaciones (ése que tenías planeado pasar tirada en el sofá haciendo una gran y enorme NADA), y de paso, fastidiarte el Día de los Enamorados. Eso es para compensar el Equilibrio del Universo... el único pensamiento que me permite contrarrestar toda la frustración que tiene mi chico y poner un poco de humor o positivismo a la situación. Alguien debe estar un poco tranquilo, ¿no?
La vuelta de las vacaciones siempre es dura, pero esto ya es pasarse...
Pues lo hago.
No se trata de una nueva religión, ni de nada místico, no. Se trata de una pequeña filosofía personal que me ayuda, si no a entender, al menos a sobrellevar ciertas cosas. El Equilibrio del Universo me parece buena referencia para un montón de cosas.
Por ejemplo: vienes de unas ESTUPENDÍSIMAS vacaciones en París, y te encuentras con que una pandilla de impresentables (por llamarlos de alguna forma políticamente correcta), han decidido que sería una idea brillante entrar por la fuerza en la tienda donde trabaja tu chico, pegarle un tirón a la caja registradora y llevarse unos cuantos euros que no son suyos. Ea. Ya te han jodido el último Domingo de vacaciones (ése que tenías planeado pasar tirada en el sofá haciendo una gran y enorme NADA), y de paso, fastidiarte el Día de los Enamorados. Eso es para compensar el Equilibrio del Universo... el único pensamiento que me permite contrarrestar toda la frustración que tiene mi chico y poner un poco de humor o positivismo a la situación. Alguien debe estar un poco tranquilo, ¿no?
La vuelta de las vacaciones siempre es dura, pero esto ya es pasarse...
04 febrero 2010
Oh, sí...
Tengo una manía (una de tantas) que a mi chico no le hace nada de gracia, porque él tiene la contraria: no me gusta hablar de ciertas cosas antes de tiempo por si las gafo. Puede parecer una tontería, de hecho estoy dispuesta a aceptar que ES una tontería, pero es una especie de superstición: no decirlo en voz alta por si las cosas se tuercen.
Pero una vez que ya están encaminadas, no me importa decirlo o hablar de ello. Así que ya puedo comentarlo con total naturalidad...
Nos vamos de viaje... ¿Dónde?

Pero una vez que ya están encaminadas, no me importa decirlo o hablar de ello. Así que ya puedo comentarlo con total naturalidad...
...y entusiasmo.
¡VACACIONES!
Nos vamos de viaje... ¿Dónde?

MIX... vacaciones, viajes
03 febrero 2010
Conspiración, tiempo y gel de ducha...
El otro día, comiendo, estábamos pendientes de las noticias, porque había saltado un escándalo a nivel nacional de enormes dimensiones: las maquiavélicas industrias de los geles de baño habían pactado subir los precios de manera encubierta: mantener el precio pero reducir el tamaño de los envases.
- ¿Y tú no te habías dado cuenta?
Pues a ver, sí que me había dado cuenta de que los botes son más pequeños. Francamente: ¿quién no ha notado que cuando ponen un envase más grande, diciendo que hay un 15% más de producto gratis, sólo es envase porque cuando abres ves que el bote está medio vacío, el espacio de más no está relleno de producto? Eso ha pasado siempre...
Pero a lo que vamos. Sí, me fijé en que el bote de mi gel habitual era más pequeño que de costumbre. Pero lo del precio no tenía ni idea. Quedaría muy bien si dijera que yo ya me olía la conspiración, pero mentiría (a no ser que la conspiración huela a aceite esencial de rosas, que no creo).
Y no me daría cuenta porque tengo el turno partido...
¿Que qué tiene eso que ver? MUCHO. Porque se supone que salgo a media tarde de trabajar, pero eso en la práctica no es verdad porque siempre salgo más tarde. Si tengo que ir a comprar, es apenas una hora antes de que cierren los supermercados (con suerte), y voy como las locas con unas ganas tremendas de llegar a casa. Así que paso por los coloridos estantes de los geles de baño, agarro el que suelo usar -como mucho me paro a oler algún otro nuevo por si me gusta más, yo soy así para los olores-, lo pongo en el carrito y me lo llevo a casa. No sabría decir qué me cuesta un bote de gel, no sé si vale dos euros o cuatro. Pago el total de la compra y reviso muy someramente el ticket por si hay algo cobrado de más o que me llame la atención. Luego voy a casa, pongo el gel en el estante del baño y hasta la próxima.
No sé si el gel que compro es caro o no, no sé si en otro sitio estará a mejor precio o no; por eso no sabría decir si han modificado el precio de la marca que uso. Puede que si en lugar de ir al supermercado que frecuento -y el motivo de que sea ése y no otro es por cercanía y comodidad, principalemente, aparte de que por supuesto encuentro lo que busco y los productos son de calidad- fuera a otro, me ahorraría unos céntimos (dudo mucho que el ahorro fuera bestial). Aunque siempre están esos estudios de las Asociaciones de Consumidores que te juran y perjuran que la diferencia de precio de un carro de la compra estándar (a saber qué se entiende por eso) entre un sitio y otro puede ser tranquilamente de entre un 30% y un 50%. Sí, me he inventado los datos, pero si me molestara el buscarlos, me encontraría con un porcentaje más exacto pero igual de escandaloso y sorprendente.
Pero francamente: no tengo tiempo de andar mirando en cinco sitios a ver dónde está el gel más barato (o lo que sea). Porque sí, me ahorraría un dinero, pero, ¿es que mi tiempo no vale?
Prefiero pagar mi gel más caro (siempre dentro de lo razonable, se entiende, no estoy hablando de dar seis euros por un bote que no llega al litro de gel) y estar en casa para darme una ducha larga pero sobre todo relajante, que conseguir el mejor precio y llegar a casa sin tiempo para nada y darme una ducha rápida de medio minuto. Quizá si mi ritmo de vida fuera otro, si tuviera más tiempo, me dedicaría a cuidar un poco más mi economía con estas cosas -y no me cabe duda que falta me hace-, pero aquí y ahora, sencillamente no puedo.
Así que seguiré pagando lo que me pidan por el gel (bote grande o bote pequeño), a cambio de tener tiempo para disfrutar de una ducha tranquila con olor a conspiración... Perdón: a aceite esencial de rosas.
______________
P.D.: Al final parece que mi gel no estaba implicado en la trama. Con lo suave y oloroso que es, ya me extrañaba... tiene pinta de inocente.
- ¿Y tú no te habías dado cuenta?
Pues a ver, sí que me había dado cuenta de que los botes son más pequeños. Francamente: ¿quién no ha notado que cuando ponen un envase más grande, diciendo que hay un 15% más de producto gratis, sólo es envase porque cuando abres ves que el bote está medio vacío, el espacio de más no está relleno de producto? Eso ha pasado siempre...
Pero a lo que vamos. Sí, me fijé en que el bote de mi gel habitual era más pequeño que de costumbre. Pero lo del precio no tenía ni idea. Quedaría muy bien si dijera que yo ya me olía la conspiración, pero mentiría (a no ser que la conspiración huela a aceite esencial de rosas, que no creo).
Y no me daría cuenta porque tengo el turno partido...
¿Que qué tiene eso que ver? MUCHO. Porque se supone que salgo a media tarde de trabajar, pero eso en la práctica no es verdad porque siempre salgo más tarde. Si tengo que ir a comprar, es apenas una hora antes de que cierren los supermercados (con suerte), y voy como las locas con unas ganas tremendas de llegar a casa. Así que paso por los coloridos estantes de los geles de baño, agarro el que suelo usar -como mucho me paro a oler algún otro nuevo por si me gusta más, yo soy así para los olores-, lo pongo en el carrito y me lo llevo a casa. No sabría decir qué me cuesta un bote de gel, no sé si vale dos euros o cuatro. Pago el total de la compra y reviso muy someramente el ticket por si hay algo cobrado de más o que me llame la atención. Luego voy a casa, pongo el gel en el estante del baño y hasta la próxima.
No sé si el gel que compro es caro o no, no sé si en otro sitio estará a mejor precio o no; por eso no sabría decir si han modificado el precio de la marca que uso. Puede que si en lugar de ir al supermercado que frecuento -y el motivo de que sea ése y no otro es por cercanía y comodidad, principalemente, aparte de que por supuesto encuentro lo que busco y los productos son de calidad- fuera a otro, me ahorraría unos céntimos (dudo mucho que el ahorro fuera bestial). Aunque siempre están esos estudios de las Asociaciones de Consumidores que te juran y perjuran que la diferencia de precio de un carro de la compra estándar (a saber qué se entiende por eso) entre un sitio y otro puede ser tranquilamente de entre un 30% y un 50%. Sí, me he inventado los datos, pero si me molestara el buscarlos, me encontraría con un porcentaje más exacto pero igual de escandaloso y sorprendente.
Pero francamente: no tengo tiempo de andar mirando en cinco sitios a ver dónde está el gel más barato (o lo que sea). Porque sí, me ahorraría un dinero, pero, ¿es que mi tiempo no vale?
Prefiero pagar mi gel más caro (siempre dentro de lo razonable, se entiende, no estoy hablando de dar seis euros por un bote que no llega al litro de gel) y estar en casa para darme una ducha larga pero sobre todo relajante, que conseguir el mejor precio y llegar a casa sin tiempo para nada y darme una ducha rápida de medio minuto. Quizá si mi ritmo de vida fuera otro, si tuviera más tiempo, me dedicaría a cuidar un poco más mi economía con estas cosas -y no me cabe duda que falta me hace-, pero aquí y ahora, sencillamente no puedo.
Así que seguiré pagando lo que me pidan por el gel (bote grande o bote pequeño), a cambio de tener tiempo para disfrutar de una ducha tranquila con olor a conspiración... Perdón: a aceite esencial de rosas.
______________
P.D.: Al final parece que mi gel no estaba implicado en la trama. Con lo suave y oloroso que es, ya me extrañaba... tiene pinta de inocente.
01 febrero 2010
La Tirita
- Inner, ¿por qué NO PARAS de tocarte la cabeza?
No fui consciente hasta que mi compañera de trabajo me hizo la pregunta esta mañana, y sí, ella estaba en lo cierto: tenía una mano metida entre el pelo examinando concienzudamente cada uno de mis rizos, y no había dejado de hacerlo desde que entré por la puerta.
¿El motivo?

Sufrí un accidente doméstico, consistente en colocar la mano entre el marco de la puerta y la susodicha, mientras se cerraba con violencia. O bueno, no se cerró, porque mi dedo medio de la mano derecha hizo una parada que ni Iker Casillas. Ví las estrellas, e incluso me pareció ver un asteroide aún no descubierto por la NASA...
En medio de aquel dolor, conseguíno desmayarme ni chillar como una histérica mantener la calma, no obsesionarme con mi dedo ensangrentado, limpiar la herida y aplicar una tirita para poner todo en su sitio.
Mi chico supervisó mi trabajo de autoenfermera y estuvimos de acuerdo que lo mejor era mantener una tirita para que la herida se cerrara pronto.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
Me daba la ligera sensación de que estaba un pelín obsesionada. La verdad es que ya no me dolía demasiado mi dedito, pero seguía siendo esencial tenerlo cubierto para no darme ningún golpe ni que se me abriera la herida (con el consiguiente caos de sangre y destrucción... bueno, tal vez sólo sangre, pero ya vale).
Me cambié por enésima vez la tirita de marras, estaba oficialmente obsesionada con quitarla y ver si la herida se me había puesto verde, o se me había engangrenado, o se me había caído el dedo.
Me quedé sin tiritas.
Rebuscando en un cajón, encontré una minitirita de ésas que vienen en los paquetes para heridas en la cara (por ejemplo), pero que luego no las utiliza nadie porque son muy pequeñas y no pegan. Me la coloqué un poco escéptica antes de ir a dormir: esperaba que me valiera para la noche y que las sábanas no me rozaran la herida.
La minitirita resistió toda la noche (contra todo pronóstico), así que me metí en la ducha toda despreocupada: luego me ocuparía de mi herida antes de ir a trabajar. Me enjaboné entera, lavé mi pelo tranquilamente, disfruté del agua caliente un ratito más, salí de la ducha, me lié el pelo en una toalla, y cuando me ponía el albornoz, noté algo raro en mi dedo (al menos, noté mi dedo). Lo miré. ¡No estaba la tirita!
¡Ni en el suelo del baño!
¡Ni en el plato de la ducha!
- Porque tengo la paranoia de que tengo una tirita pegada en el pelo, escondida en algún mechón... Sí, ya sé que me he lavado el pelo y que ni una tirita con superglú resistiría, pero oye, una paranoia es una paranoia... seguro que está por aquí... porque allí no estaba... y no una tirita no se autodestruye... ¿o sí?...
OH-MY-GOD.
La verdad es que no queda claro si me he dado un golpe en el dedo o en la cabeza...
No fui consciente hasta que mi compañera de trabajo me hizo la pregunta esta mañana, y sí, ella estaba en lo cierto: tenía una mano metida entre el pelo examinando concienzudamente cada uno de mis rizos, y no había dejado de hacerlo desde que entré por la puerta.
¿El motivo?

[24 HORAS ANTES]
Sufrí un accidente doméstico, consistente en colocar la mano entre el marco de la puerta y la susodicha, mientras se cerraba con violencia. O bueno, no se cerró, porque mi dedo medio de la mano derecha hizo una parada que ni Iker Casillas. Ví las estrellas, e incluso me pareció ver un asteroide aún no descubierto por la NASA...
En medio de aquel dolor, conseguí
Mi chico supervisó mi trabajo de autoenfermera y estuvimos de acuerdo que lo mejor era mantener una tirita para que la herida se cerrara pronto.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
El dedo no se había caído, pero la herida seguía morada.
Me daba la ligera sensación de que estaba un pelín obsesionada. La verdad es que ya no me dolía demasiado mi dedito, pero seguía siendo esencial tenerlo cubierto para no darme ningún golpe ni que se me abriera la herida (con el consiguiente caos de sangre y destrucción... bueno, tal vez sólo sangre, pero ya vale).
Me cambié por enésima vez la tirita de marras, estaba oficialmente obsesionada con quitarla y ver si la herida se me había puesto verde, o se me había engangrenado, o se me había caído el dedo.
Me quedé sin tiritas.
Rebuscando en un cajón, encontré una minitirita de ésas que vienen en los paquetes para heridas en la cara (por ejemplo), pero que luego no las utiliza nadie porque son muy pequeñas y no pegan. Me la coloqué un poco escéptica antes de ir a dormir: esperaba que me valiera para la noche y que las sábanas no me rozaran la herida.
La minitirita resistió toda la noche (contra todo pronóstico), así que me metí en la ducha toda despreocupada: luego me ocuparía de mi herida antes de ir a trabajar. Me enjaboné entera, lavé mi pelo tranquilamente, disfruté del agua caliente un ratito más, salí de la ducha, me lié el pelo en una toalla, y cuando me ponía el albornoz, noté algo raro en mi dedo (al menos, noté mi dedo). Lo miré. ¡No estaba la tirita!
¡Ni en el suelo del baño!
¡Ni en el plato de la ducha!
- Porque tengo la paranoia de que tengo una tirita pegada en el pelo, escondida en algún mechón... Sí, ya sé que me he lavado el pelo y que ni una tirita con superglú resistiría, pero oye, una paranoia es una paranoia... seguro que está por aquí... porque allí no estaba... y no una tirita no se autodestruye... ¿o sí?...
OH-MY-GOD.
La verdad es que no queda claro si me he dado un golpe en el dedo o en la cabeza...
MIX... paranoias





