30 marzo 2010

Hombres y Trapos

Mi madre siempre me ha dicho una cosa: los hombres tienden a tergiversarlo todo.

Cuando yo sea madre (si lo soy alguna vez, si no, dejaré este dicho en herencia a quien sea para que lo use con su descendencia), mi pequeña perla de sabiduría para mi(s) hij@(s) será la siguiente: al Universo le gusta sacar tus trapos sucios.

Y un ejemplo de ambas cosas a la vez lo viví de casualidad el otro día...

Primero, tengo que explicar en qué circunstancias me agencié mi el último bolso (sí, no me he comprado otro desde entonces, soy una santa): me lo compré en Madrid, en una escapada que hicimos en Enero. Era Domingo, pero en plenas rebajas, todos los centros comerciales estaban abiertos, y yo iba a la caza y captura de un bolso... Y lo encontré, claro, además con la historia que llevaba detrás.

Me puse en la cola para pagarlo (no me iba a pasar lo mismo que la otra vez) cuando me sonó el móvil del trabajo. Como siempre que suena en fin de semana, me dio un vuelco al corazón, así que rebusqué en mi bolso frenéticamente hasta dar con la escandalosa BlackBerry que estaba haciendo que todo el mundo se volviera hacía mí.

La llamada fue para informarme de que una fuerte nevada amenazaba con incomunicar el edificio donde trabajo, y de paso acojonarme porque era posible que cortaran las carreteras de acceso y no pudiéramos volver a casa.

Total, que a los quince minutos de colgar estábamos en el coche de vuelta, y claro, nos encontramos las carreteras nevadas, caos circulatorio, etcétera. Por supuesto, no pudimos llegar a casa. En fin, una aventura horrible.

El caso es que el otro día no sé por qué

SALIÓ EL TEMA DEL BOLSO

(...al Universo le gusta sacar tus trapos sucios...)

Y VA Y DICE MI CHICO:

(...los hombres tienden a tergiversarlo todo...)

- Sí, como aquel día que te llamaron para avisarte de que estaba nevando como nunca se ha visto, pero tú, ante todo, te paraste a comprar un bolso, Y LUEGO ya nos fuimos...

Moraleja: cuando veas que alguna situación tiene toda la pinta de convertirse en un trapo sucio, más te vale que no tengas un hombre alrededor.

27 marzo 2010

La Tortura

- ¿Por qué me habré metido yo en esto?

No sé si sólo lo pensé o también lo dije en voz alta. No me extrañaría que hubiera vocalizado el pensamiento que me asaltó con tanta fuerza en aquel momento.

Y no era un momento cualquiera, no. Estaba tumbada en la camilla sin ropa. Bueno, no es exacto. En bragas y sujetador. Pero no estamos hablando de un bonito conjunto, por supuesto que no. Era un sujetador negro normal y corriente, y unas bragas más normales y corrientes todavía, de rayas verdes, rosas y blancas. Vamos, que no pegaban ni con cola. Claro que me daba con un canto en los dientes de que no estuvieran descoloridas o con la gomilla cedida, aún había tenido hasta suerte y todo. Es lo que pasa cuando te levantas temprano y abres el cajón de la ropa interior a oscuras: cualquier cosa que tanteen tus manos te parece bien.

Supongo que habría tenido más cuidado si me hubiera acordado de que esa tarde tenía la cita, pero no fue el caso. Saliendo por la puerta del trabajo, me había sonado el móvil para recordarme que tenía la cita hacía diez minutos...

Así que ahí estaba yo, semi-en-pelotas, en una camilla fría, mirando al techo, mientra el pitidito de la máquina infernal se me metía por el oído derecho y se me instalaba en el centro de mi cerebro.

- ¿Pero no me harás daño, no?

- Qué va. Si esto no duele.

- Porras que no. La última vez fue horrible.

- ¡Qué exagerada! Ponte esto.

Pero yo no exageraba ni pizca. Me puse el protector de ojos, y pensé que casi me tendría también que dar un protector dental, como a los boxeadores. O una mordaza, incluso sería más apropiado.

¡Piyún!

¡Piyún!

¡Piyún!

- Cawentóloquesemeneaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... ¡Ay, ay, aaaaay!

- Pero si no duele, mujer...

Que no duele, decía la tía. Claro que duele. El maldito láser estaba achicharrándome la piel, dándome descargas de ¿voltios? ¿watios? ¿pascales? ¿radianes? Whatever!

- ...y es sólo un par de disparos más...

¡Piyún!

¡Piyún!

¡Piyún!

No sé cómo no aprendí. Por supuesto que no fueron sólo un par de disparos. Pero total, from lost to the river, que acabara ya. Resistí como una valiente: sólo grité desgarradoramente en cada disparo y me retorcí como una anguila, pero por lo demás me porté de forma impecable.

Acabó la tortura. Realmente sólo duró 10 minutos, pero parecieron años...

- Bueno, ¡nos vemos el mes que viene!

Síiiiiiiiiiiiii, claaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaro que síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...

Pffffffffff...

23 marzo 2010

His birthday...

Me sentí decepcionada conmigo misma cuando, el día de su cumpleaños, le dí su regalo con toda la ilusión del mundo y al abrirlo, vimos que había sido utilizado. No me había fijado en eso: cuando lo compré, ví por encima que tenía todo dentro de la caja, pero no lo examiné en profundidad (claro que no me imaginaba que el sitio donde fui permitiera revender un artículo usado). Me sentí muy triste porque pensé que no había tenido el suficiente cuidado, y aunque la realidad es que simplemente no caí en revisar el regalo, no me encontraba a gusto conmigo misma por ese motivo. Sentí que le había fallado.

Me sentí decepcionada conmigo misma cuando, el día de su cumpleaños, fuimos a comer fuera y yo estaba tan preocupada y nerviosa por un tema laboral que no dejaba de mirar la BlackBerry. Intentaba dejarla apartada y no hacerle caso, pero era un tema críticio y la lucecita parpadeaba tan insistentemente que no podía ignorarla. Cada vez que la cogía, me maldecía por dentro por no estar al 100% con él, y cada vez me sentía más irritada conmigo misma. Pensé que él nunca había hecho algo así, lo cual no mejoró para nada mi estado de ánimo. Por fin pude dejar la BlackBerry en el bolso, rezando para que no sonara. Pero entre la intranquilidad y la decepción, no estaba en mi mejor momento.

Me sentí decepcionada conmigo misma cuando, el día de su cumpleaños, se pidió para comer un guiso que disfrutó a cada cucharada. Me lo quedé mirando, pensando en que yo nunca le hacía este tipo de comida, ni siquiera lo intentaba porque me hubiera salido algo incomestible casi seguro. Me dió por pensar que no lo estaba cuidando todo lo bien que debo, que no atiendo a sus gustos, que no me esfuerzo lo suficiente... La verdad es que es una tontería, visto con perspectiva, que me sintiera mal por un potaje, pero supongo que ya veía tocada por todo lo anterior, y por eso la tristeza tenía buen caldo de cultivo.

Hay días en los que, sencillamente, no te gustas, y el día de su cumpleaños fue uno de ésos...

21 marzo 2010

Estoy en ese punto...

Ea, ya está.

He llegado a ese momento en la vida de toda mujer, en el que prácticamente todas sus amigas están embarazadas o ya se han reproducido...

19 marzo 2010

Viaje al centro del... ¡caos!

Al final, mi estupendo plano se quedó en la mesa del salón.

Así que tuve que apañármelas sola.

Es decir: se mascaba la tragedia.

De todas formas, menos mal que tengo en el coche a Scavo.

Scavo
es mi TomTom, que al final no es el que me gustaba a mí, pero es un primo-hermano: blanco (eso sí) y con una carcasa violeta a juego con una bolsita violeta para guardarlo (carcasas intercambiables disponibles en varios colores -qué más se puede pedir- que hace que mi chico pueda cogerlo cuando lo necesite sin pasar vergüenza). Precioso y femenino. Además, tuve la precaución de descargarme pantallas de bienvenida rosas y glamourosas, y ya que estaba, también descargué un paquete con puntos de interés tales como Zara, H&M, Mango... Además de todas las FNAC de España... Y todos los StarBucks... Vamos, que a Scavo no le falta detalle.

Así que Scavo y yo nos fuimos a la gran city.

O eso creía yo.

Pero cuando enfilé la entrada sur, me dí cuenta de que la gran city había desaparecido, y en su lugar había un gran y enorme socabrón socavón, con un montón de obreros alrededor y ninguno de ellos haciendo nada.

Así que cuando Scavo decía que girara a la derecha, no había derecha a la que girar, a no ser que me metiera en una zanja, por lo que giré a la izquierda que era la única opción viabale. Scavo replanificó. Debía atravesar la rotonda. Pero no había tal rotonda, sólo se podía ir a derecha o a izquierda. Giré a la derecha, por aquello de variar. Scavo replanificó, y dijo que girara a la izquierda otra vez. Pero a la izquierda había una señal de prohibido el paso fea de grande, así que seguí recto. Scavo volvió a replanificar otra vez. Me tenía que mantener en el carril de la derecha. Pero, oh-sorpresa, no había tal carril, y donde él mostraba una flecha verde feliz y recta, yo veía una improvisada rotonda -es un decir- hecha con vallas amarillas de obras, conos, tubos gigantes de plexiglás y polvo (MUCHO polvo).

Me esperaba que Scavo se pusiera en huelga de un momento a otro, pero mira, aguantó como un campeón, replanificando cada tres metros aproximadamente. Es decir, cada vez que veía que no le hacía ni caso...

...porque estaba centrada en no estrellarme contra los demás conductores, que por lo visto están acostumbrados a circular por una ciudad en obras. A mí me apetecía ponerme un cartel que pusiera: ¡no me pites que no soy de aquí!, pero mejor resultado me dió mimetizarme con el entorno.

Es decir: bajar la ventanilla, soltar improperios a diestro y siniestro, tocar el claxon como una descosida, cerrar los ojos y cruzar como una fitipaldi hasta llegar a donde yo quería... Un bendito párking. Y me dió igual estar a punto de dejarme media carrocería en una rampa imposible para bajar a la segunda planta.

Por supuestísimo, la salida de la gran city fue tan mal como la entrada. Menos mal que al menos, pude hacer la gestión pendiente (aunque es posible OH-MY-GOD que tenga que volver en breve). Buaaaaaaaaaaaaaaaaa...

MecawenelPlanEdeloscojones.

18 marzo 2010

Me quejo otra vez...

Cuando estoy haciendo cosas en el ordenador, me gusta escuchar música. Tenemos un equipo de música en el estudio, pero prefiero siempre tirar de música del disco duro. Una de mis canciones favoritas para ponerme de buen humor es esta.

De esto ya me he quejado (y no me gusta repetirme pero a veces no me queda más remedio), y sigo pegándome cada susto... Esta última vez fue al escuchar la potente voz de Louis Armstrong que salía de a saber qué blogs de los que tenía pensado explorar en aquel momento...

Si alguien prueba a reproducir simultáneamente las dos canciones de ahí arriba (con mejor efecto si se hace con la segunda un poco retardada con respecto a la primera), será consciente de qué tortura soportaron mis pobres oídos...

Tuve que cerrar todas las pestañas que tenía abiertas porque no fui capaz de entretenerme en buscar qué blog me había hecho dar semejante respingo. ¿Esto no se podría regular o algo, jooooooooooooooooooooooooooooo?

16 marzo 2010

El Plano

- Mañana tengo que ir a arreglar los papeles. ¿Tú sabes dónde es?

- Ummmm... No. Pero te lo miro en un momento en Google.

Está claro: hoy en día TODO está en Google, y si no está, es que no existe. Pero mira, el sitio en cuestión sí estaba, así que sí existía. Vaya.


Mi chico imprimió la supuesta ruta que debería seguir y me entregó el papel como si allí estuviera la fórmula de la Coca-Cola. Y lo lo cogí y ví un montón de cuadraditos grises y una zigzagueante línea gorda que se movía entre ellos. Giré el papel en un sentido. Luego en otro. Se suponía que era un plano de la big city, aunque para mí lo mismo podía ser un plano de Toronto o de Bucarest. No me sonaba nada.

- ¿Qué es eso?

- Pues una guía de como llegar, tienes que ir donde pone una gran A.

- Ya, pero no me sitúo... ¿Por qué aquí no hay ninguna referencia?

- Sí, mira, aquí está el norte, y esta es la autovía...

- No, no, nooooooooo... Una referencia REAL. ¿Dónde está El Corte Inglés?

Mi chico me miró raro... Y no entiendo por qué... ¿Quién quiere saber dónde está el norte, habiendo un mejor punto de referencia como es el gran y enorme edificio de El Corte Inglés, diez plantas de cosas chulas y comprables?

- Vale, te lo pondré más fácil. Sabes llegar a El Corte Inglés, ¿no? Pues sigues hacia arriba, y en la esquina donde te compraste las sandalias de piel, giras a la derecha, hasta que te topes de frente con la tienda del vestido, ¿te acuerdas? No está muy lejos de la cafetería donde te gustan los churros...

Ajá. Por fin un lenguaje entendible...

Señores Hacedores de Planos: tomen nota de mi chico. Él sí que sabe cómo guiarme.

15 marzo 2010

About myself...

Casi cada vez que me quedo con mi chico en su tienda, me acuerdo de la NocheBuena pasada, y rememoro muy nítidamente el descubrimiento que hice aquel día...

Atrás en el tiempo...

Gracias a Dior que no trabajo de cara al público...

Porque sería incapaz de poner una voz cálida y amable cuando sonara el teléfono de la tienda el día 24 de Diciembre (NocheBuena para más señas), a las 17:55, concretamente cinco minutos antes de cerrar, coger el canasto y las chufas, montarnos en el coche e ir a cenar con mi familia. Seguramente yo habría "dejado descolgado" sin querer el teléfono.

Sería incapaz de decirle a la señora, que no ha tenido tiempo en todo el día, que sí, que se acerque con una voluminosa torre para que se le eche un vistazo rápido, no sea que su niño se quede toooooodo un día 25 sin ordenador (¡faltaría más!). Seguramente yo le habría mandado a tomar por cool dicho que ya no era posible arreglarlo.

Sería incapaz de esperar pacientemente a que la señora llegara, como si no hubiera pasado ya la hora de cerrar. Seguramente yo habría hecho un agujero en el suelo al golpearlo con el pie de pura rabia.

Sería incapaz de recibir a la señora y al niño con una amplia sonrisa, dudo mucho que hubiera podido coger el ordenador con agrado, y por supuesto, IMPOSIBLE arreglarlo tranquilamente como si fuera un día cualquiera. Seguramente yo habría fulminado con la mirada a los dos (pero sobre todo a la madre), y no me quiero ni imaginar lo que podría haber soltado por mi boquita de piñón.

Porque sí, trabajar de cara al público es algo que hay que tener en alta estima, porque a veces no es nada fácil, es necesario un buen fondo que descubrí en NocheBuena que NO TENGO.

14 marzo 2010

Yo estuve allí...

...y por eso hablo (escribo) con conocimiento de causa.

Soy muy fan de Cranberries, pero por muy incondicional que sea, el concierto no estuvo todo lo bien que cabría esperar después de pagar 45 euros más otros 5 euros de gastos de gestión (que alguien me explique eso: ¿gastos de gestión, si TODA la gestión la hace el que quiere ir al concierto, que es el que se mueve en busca de la entrada?).

Porque, por 50 euros por persona, desde luego, te esperas al menos dos horas de concierto. Mira que yo he ido a pocos conciertos, pero todos han durado como poco dos horas. Este duró hora y media. Yo no me lo podría creer (y como yo estarían unos cuantos miles de asistentes más), pero sí: apagaron las luces, pusieron la iluminación de váyanse a su puñetera casa, que los artistas tienen que dormir (y no me lo estoy inventando, lo dijeron ellos, que tenían que dormir porque al día siguiente se iban a Barcelona) y ahí acabó todo.

Y por todo quiero decir un concierto sólo correcto -expresión muy acertada que ya he visto que ha sido usada por ahí-. El recinto, el Palacio de Vistalegre, no tiene la mejor acústica del mundo (más que nada, porque fue concebido como una plaza de toros), pero si a eso se le añade que el sonido era malo, pues ya switch off and let's go. De todas formas, le puse ganas, y sí que disfruté con todas las canciones que tocaron, a pesar de que, INSISTO, no se oía nada bien.

Del espectáculo en sí poco puedo decir. Cranberries no tienen un directo espectacular, eso es cierto, pero es que es su estilo. Igual que su vocalista tiene un estilo incofundible. Los chicos estuvieron muy estáticos (aunque el batería se pegó una paliza), y la cantante fue la que se movió por el escenario de acá para allá. De hecho, ella actuó como yo lo haría en el salón de mi casa: en zapatillas de deporte, mallas y sudadera, cantando a grito pelado. Con la diferencia de que a ella la estábamos viendo un montón de personas, y a mí si acaso el vecino de enfrente. Nada que ver con otras cantantes que se gastan la mitad de presupuesto en zapatos con tacones imposibles, maquillaje y ropa espectacular...

En definitiva, que me lo pasé GENIAL porque soy una incondicional de Cranberries y porque no soy objetiva, que si no... seguramente habría salido decepcionada y mosqueada.

13 marzo 2010

Menudo Disparate

Aparcamos el coche en una explanada al lado del hotel.

- Nene, ¿sacamos las bolsas o no hace falta?

- Bah, las dejamos ahí.

- ¿Seguro?

- Vamos, por mí no. ¿Es que necesitas algo de ahí?

- No, necesitar no... ¿No te traes lo libros que hemos comprado, y lees un rato?

- Mmmmmm... No sé... ¿Leer un Sábado?

Tiene razón, qué cosas tengo...

12 marzo 2010

This is the day!

Esta noche, iremos a un concierto que me apetece mucho...

Lo tenía en mente desde hace meses, concretamente desde que lo escuché en la radio. Pero entre unas cosas y otras, no estaba nada claro que pudiéramos ir... Mi chico me hizo un montón de promises de que iríamos, pero pensé que era un poco liar porque el tema dependía de muchas cosas que él no podía controlar... De todas formas, le dije que I don't need ir al concierto, no pasaba nada, no iba a ser un disappointment...

El Miércoles (sí, sí, hace dos días), yo había ido a casa en plan zombie, y me quedé dormida en el sofá. Cuando mi chico vino, me pasó por los morros las entradas (literalmente: me pasó por la cara y los labios las entradas para despertarme). Pensé que seguía dreaming my dreams, pero abrí los ojos y mi primer animal instict fue achucharlo por la sorpresa...

Y aunque en general esta semana he estado muy desganada -por el tema del cansancio principalmente-, ya siento el cosquilleo en la tripita que merece el evento (un poco tarde, pero más vale tarde que nunca).

No soy mucho de ir a conciertos, la verdad, pero de vez en cuando hay alguno que me hace tilín, como el caso. Me gusta mucho la preparación previa, que consiste en escuchar los CDs que tengo por casa, repasar mentalmente las letras, y en este caso concreto, intentar reproducir los gritos de la cantante...

...en pleno trabajo e inconscientemente. Me di cuenta cuando cinco pares de ojos me miraban fijamente con cara de pensar que me había vuelto majara del todo (que estoy un poco loca lo asumieron hace tiempo). Just my imagination?

Pero no, no eran ridiculous thoughts: lo había hecho. Pero no importa, pienso cantar loud and clear y pasármelo en grande, y eso era sólo un ensayo.

This is the day!

11 marzo 2010

Cansancio...

Estoy agotada.

Llevo toda la semana cansada... Y cuando estoy cansada, me pongo de muy mal humor. Así que estoy cansada y malhumorada, muy mala combinación.

El mismo Lunes ya me costó terminar el día. Se me instaló un dolor en los hombros que llevo arrastrando desde entonces, y que no desaparece por muchos chorros de agua caliente que aplico todas las mañanas (sospecho que sólo con un masaje terapéutico me libraré de él). Y la sucesión de días Martes-Miércoles-Jueves... me ha hecho que ahora mismo me arrastre por la vida, con la única meta de aterrizar en el sofá y no moverme de ahí forever&ever.

Aunque parezca contradictorio, no me ha ayudado el hecho de que justo esta semana se está empezando a ver algunos rayitos de Sol... ¿Por qué? Porque salgo todos los días del trabajo como poco una hora después de que acabe mi jornada laboral (la segunda semana de mes para mí es la peor), y por tanto, enfadada con el mundo. Salgo tarde, pero ahora, a diferencia de otros días, cuando salgo aún es de día y me da rabia estar pensando única y exclusivamente en llegar a casa y olvidarme de todo, incluso de disfrutar de lo que queda de tarde. Con lo cual, me siento doblemente frustrada, me enfado más todavía conmigo misma por desaprovechar el teimpo, me enfurruño y acabo con un mal humor que me convierte en una persona inaguantable.

Y así estoy...

Espero que este fin de semana la cosa mejore...

09 marzo 2010

¿Y yo, qué leo? (XXXVII)

Una dirección. Cuatro apartamentos.
Un edificio rebosante de energía.
Y un visitante extraordinario que está
a punto de cambiar sus vidas para siempre...
66 de la calle Star.
Es Marian.
Es Magia.

Ese es el parco y aburrido -incluso un poco pretencioso por las últimas dos palabras- resumen que se lee (si se consigue, porque han puesto unas letras verdes sobre un fondo rojo brillante que es una pesadilla para los ojos con según qué iluminación) en la contraportada de LA ESTRELLA MÁS BRILLANTE, de Marian Keyes.

En un tiempo récord de ocho días, me he leído las 584 páginas. La verdad es que no pensaba cogerlo hasta más tarde (el lanzamiento fue el 12 de Febrero si no recuerdo mal), pero sucumbí. Soy débil (ningún secreto a estas alturas). Estaba taaaaaaaaaaaaan apetecible en las estanterías de la FNAC que no pude resistirme. Y ya que lo tenía en casa...

Lo que dice la contraportada es escaso, prácticamente no pone nada, vamos. Si quieres una contraportada de verdad, de las que resumen algo, tienes que ir a la solapa interior de la contraportada, y ahí, con unas más legibles letras blancas sobre fondo negro, se puede tener una idea general de lo que te espera entre las páginas...
Bienvenidos al 66 de la calle Star.

En el ático vive Katie, jefa de relaciones públicas de una discográfica, que pasa sus días lidiando con estrellas del rock venidas a menos y pensando cuánta tarta de queso necesitaría comer para suicidarse.

Debajo de ella, comparten piso dos polacos musculosos y una taxista más lista que el hambre. La conductora se llama Lydia y además de una lengua afiladísima, tanto como su cerebro, también tiene sus debilidades.

El primer piso lo habita Fionn, un jardinero que prefiere la compañía de las coliflores a la de las personas. Tiene el aspecto de un príncipe de cuento y cuando le ofrecen presentar su propio programa en la televisión, siente que lo arrojan de repente al punto de mira de millones de personas.

En la planta baja residen Matt y Maeve, unos tortolitos enamoradísimos que evitan la desesperanza regalando favores a diestro y siniestro.

Un misterioso visitante acaba de aterrizar en el número 66 de la calle Star y con él llegarán muchos cambios. Secretos antiguos están abriéndose paso hacia la superficie en un camino que pasará por el amor, la tragedia y un optimismo inesperado. La vida de los vecinos de este edificio cambiará para siempre...
Lo primero que tengo que decir, aún a riesgo de que hordas de fans se me tiren a la yugular, es que en los libros que he leído de esta autora no encuentro ni una pizca de humor. Quizá exagero: hay tanto humor como en cualquier otra novela, pero no calificaría de desternillantes (ni de lejos) los libros que me he leído de ella -en contra de lo que he leído por ahí-.

Este libro, efectivamente, cuenta dos meses aproximadamente de la vida de una comunidad de vecinos de Dublín. Confome pasas las páginas, te sumerges en las historias de todos los personajes (en unos más que en otros), conociendo sus vidas, sus relaciones, sus circunstancias. Poco a poco las relaciones entre los vecinos se van estrechando, aparecen más personas que son nexos de unión... y se van revelando secretos que explican muchas cosas.

No quiero dar más detalles por miedo a desbaratar algo de la trama, no es mi intención porque creo que merece la pena que se lea este libro e ir descubriendo lo que pasa poco a poco. Lo único que quiero es aclarar que no se sabe cuánta tarta de queso hace falta para suicidarse (tal y como dice la portada).

Lo cierto es que me ha gustado mucho la forma de ir desvelando cada uno de los detalles de la vida de los personajes. La narración es muy correcta, no se hace pesada (el anterior libro se me hizo eterrrrrrrrrrrno). De hecho, diría que es ligera para los temas que en el fondo se están tratando. En definitiva, puedo decir que me ha parecido un buen libro. Lo único que critico es la poca credibilidad de el epílogo: un cabo suelto que al final ha sido atado con poca maña.

Por último, me gustaría comentar que Marian Keyes me parece una autora cada vez más seria, sobre todo en sus dos últimos libros. Aborda temas actuales y muchas veces espinosos con bastante manejo, lo cual es de agradecer. Lo cierto es que no he seguido su bibliografía (¿se dice así?) de manera lineal, sino que empezé con el primer libro que agarré del estante, así que no he sido testigo del proceso de madurez. Pero sí que noto que estas dos últimas obras son más elaboradas y sospecho que en sus principios no era tan madura -por eso ahora mi intención es ir leyendo sus libros en orden mientras le doy tiempo a escribir otro-. Creo que la etiqueta de chick-lit puede desanimar a personas y que no lean este libro, pero en esta ocasión, hay que quitarle etiquetas y sólo disfrutar de la lectura.

Y por si acaso, tenéis otra opinión aquí. ;)

07 marzo 2010

Más dinero, por favor...

Lo de la Agencia Tributaria es malo, como yo sospechaba.

Me piden más pasta, y no sólo eso: también quieren intereses de demora. Aunque este primer aviso es una información educada (y lo de los intereses lo mencionan como de pasada, para que no te cosques), tiene derás una amenaza velada que no me gusta nada.

Lo gracioso de todo esto es que la declaración que he entregado y que supuestamente está mal, es la que ellos mismos me hicieron. Para partirse de la risa.

Me he tiré toda una mañana leyendo y releyendo los papeles, entre bases cotizables, rendimientos, capital mobiliario, deducciones, y cosas así de extrañas. Sintiéndome totalmente estúpida, repasé mil veces casillas con números, sin enterarme de nada. Hasta que al final, me pareció encontrar el problema...

Y es que (creo que) ellos dicen que no tengo hipoteca (y por tanto, no me ponen las deducciones que me corresponden). Al menos, eso he entendido.

Tócate un pie.

Claaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaro... Yo destino todos los meses casi la mitad de mi sueldo en NADA, según la Agencia Tributaria.

¿Y ahora qué tengo que hacer? Pues llamar para concertar cita (faltaba ya que fuera y no me quisieran atender), pedirme el día libre en el trabajo (porque su horario coincide con el mío), ir para allá (que encima la oficina está en otra ciudad) y llevar un montón de papeles para demostrar que se han equivocado en esta segunda revisión suya. Fantástico, ¿no? Vamos, me hace una ilusión tremenda.

Lo he dicho más de una vez, pero insisto once again: me encantaría poder cargar en mi cerebro conocimientos para poder entender el galimatías que supone una declaración de la renta. Envidio a quienes no tienen ningún problema a la hora de interpretar esta documentación...

Y ahora mismo, lo cierto es que envidio a todo aquel que no tiene un rifi-rafe con la Agencia Tributaria.

Jooooooooooooooooooooooooooooo...

04 marzo 2010

You & Me

¿Debería haber ido antes a la peluquería, a teñirme mis tempranas canas?

¿Debería haberme puesto mis mejores galas?

¿Debería haber llevado maquillaje?

¿Debería haber olido mejor?

¿Debería haberme hecho una manicura francesa?

Seguramente sí. Pero la verdad es que yo era yo, como todos los demás días. Mi pelo estaba como siempre, revuelto y loco, sin peinar y con sus canas por aquí y por allí. Desde luego, no llevaba, ni de lejos, mis mejores galas. Por supuesto, iba con la cara lavada, ni siquiera un poco de rimmel. El perfume había desaparecido de mi piel hacía horas. Y mis uñas estaban simplemente correctas, incluso con algún padrastrillo...

Pero todo eso no hizo que el momento no fuera perfecto.

Porque lo fue: PERFECTO.

Porque éramos tú y yo.

Que, al final, es lo que importa, ¿no?

Sí, quiero.

03 marzo 2010

El Oscuro Buzón

Mola mucho recibir correo que no esperas.

Cuando digo correo, quiero decir correo de verdad. Nada de facturas y cosas de ésas que sí, están en tu buzón, pero NO es correo.

Por ejemplo: vuelvo a casa y me encuentro (entre insulsos sobres blancos que seguramente contienen disgustos en forma numérica), una postal desde ¿Barcelona? ¿Quién hay en Barcelona? Mucha gente, claro, pero, ¿que me escriba a MÍ? Le doy la vuelta para ver quién es, y se me instala en la cara una sonrisa al descubrir que tres chicas estupendas en plena quedada en la otra punta del país se han acordado de míiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Eso hace mucha ilusión...

Sin embargo, con los avisos de llegada de correo certificado... No pasa lo mismo.

No.

No se puede decir que haga ilusión.

Hoy, en la hora de la comida, abrí el buzón y un arrugado aviso de correos estaba solito y abandonado en el buzón. Pobre. Arrugué el morrillo porque no estaba esperando nada, no había hecho ninguna compra por correo, unos documentos que solicité ya me habían llegado...

Ummmmm... Raro.

Miré a ver si era para mí, y sí. Garabateado de mala manera estaba mi nombre en el papel, así que no era para mi media naranja. Cachis.

Luego bajé los ojos hacia el REMITENTE.

No se entedía nada.

¿Adflñdsfjjdia?

¿Astribbosndfia?

¿Adlfslfmorgia?

¿Antrildjffjolosbia?

Estaba claro que la primera letra era una A.

Y que acababa en ia.

¡No jodas fastidies!

¡¡Agencia Tributaria!!

Pero... Pero... ¿Por qué A MÍ? Si ya pagué el año pasado todo-todo-todo, que me dejó la cuenta temblando y la conciencia tranquila. ¿Qué más quieren de mí, de una pobre mileurista hipotecada hasta las cejas?

Y encima... Hasta mañana no voy a saber qué quieren. Jo.

¿He dicho que el correo mola?

02 marzo 2010

What I need...

Muchas veces me siento ahogada en mi entorno y me doy cuenta de que me falta cerca de mí un elemento que me relaje instantáneamente y que me ayude a tomarme las cosas de forma más positiva...

Necesito un parque.

Cuando visito una gran ciudad, me gusta perderme en sus parques enormes y frondosos. Me encanta ir entrando y notar cómo el sonido de ciudad se amortigua hasta casi desaparecer. Me relaja estar dentro de un parque de ciudad, pero que parezca que está a muchos kilómetros de distancia porque no se oye nada más que pajarillos, patos, niños jugando, el trotar de alguien haciendo footing, risas...

Me pongo de buen humor sólo con estar en un parque grande, hinchar mis pulmones de oxígeno, disfrutar el frescor del ambiente, notar en la piel la calidez de los rayos de sol filtrados entre las hojas, sentir una ligera brisa que mueva los árboles. Me encanta... y lo necesito.

Pero no lo tengo. Ni cerca siquiera. En las ciudades en las que me muevo hay escuálidos parques y pobre vegetación que apenas puede fingir que no están encerrados en una jaula de asfalto y cemento. Ninguna posibilidad de escapar del ruido o de escuchar algún pajarillo...

Necesito un parque...

01 marzo 2010

¿Compra compulsiva? ¡No, gracias!

Mi chico decidió que quería una PlayStation3.

La quería a pesar de que YA tenemos la PlayStation2, pirateada, con trescientos juegos, y apenas la usamos por falta de tiempo. También tenemos una PSP y una Nintendo DS. Digamos que consolas y consolitas no nos faltan. Pero yo, la Reina de los Caprichines no soy nadie para abrir la boca, por supuesto. Para un deseo que tiene, déjalo estar.

Como ya estaba más que decidido, sólo hacía falta comprarla. Ir a la tienda, escogerla, pasar por caja, pagarla, llevarla a casa, conectarla y disfrutarla.

FÁCIL.

Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, no. Las dos primeras palabras de este post indican que NO es tan fácil.

Sí, las dos primeras palabras son mi chico. Porque él no se limita a querer una cosa y comprarla, no. Él DISFRUTA mirando sitios, precios, comparando, mirando las cosas individualmente, en su conjunto, en un pack, suelto, en tiendas físicas, on-line, aquí, allí, en venta directa, en subasta, yendo, viniendo, en España, en el extranjero. Ese sistema de compra te garantiza que al final se quedará con la mejor opción posible, eso está claro. Pero la compra se dilata en el tiempo hasta límites insospechados.

Límites que mi paciencia no alcanza a soportar.

Porque había pasado una semana (¡una semana!) desde LA DECISIÓN y todavía (¡todavía!) no se la había comprado. Y es que claro, tenía dudas sobre...

...la opción uno: en un primer sitio, la consola sola un poco cara pero con pago financiado sin intereses.

...la opción dos: en otro sitio, más cara pero porque viene con un juego que no le gusta que siempre puede vender y reinvertir el dinero en otro juego que le guste de verdad.

...la opción tres: en otro sitio más, en un pack con un juego muy chulo que sí le gusta pero más caro que los otros dos sitios.

...la opción cuatro: en otro sitio distinto, en un pack con una guitarra, pero claro, muuuuucho más caro que las anteriores opciones.

...la opción cinco: sí, hombre, sí: en OTRO SITIO DIFERENTE, sólo la consola, más barata, pero sin juego, y es un rollo, claro, que luego hay que comprar los juegos aparte.

...la opción seis: zzzzZZZZzzzzZZZZZZzzzzzzZZZ...

Seguramente habría más opciones, pero soy incapaz de recordarlas.

Yo sé que a él lo que le gusta es toda la movida de mirar precios y cosas, pero yo NO PUEDO con eso. Quiero decir: si sabes lo que quieres y lo tienes delante, ¿por qué no te lo llevas? Tanto busque, compare y si encuentra algo mejor: ¡cómprelo! no merece la pena por cinco, diez o ¡quince! euros que te vayas a ahorrar...

¿Y qué más, abuelita?

Ah, sí. Long story short: al final, se decidió por comprarla en el sitio donde pensó la primera vez (ay, las primeras impresiones...).

Se trajo la consola sola por un lado, un juego que le gustaba muy bien de precio, y... OH-SÍ: la guitarra. Sabía yo que caía. Raro es que no viniera con la batería también...

 
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