29 junio 2010

El Informe Ninja

Me salta una ventanita emergente cinco minutos después de encender el ordenador. De buena mañana, vamos. Antes siquiera de estar mentalizada de que no, no estoy en la cama, y sí, ya estoy en el trabajo, durante ocho largas horas.

Nuevo mensaje a tiempo real, de SúperJefa.

- ¿Qué pasa con el Informe Ninja?

Bueno, pues que yo sepa no pasa nada porque se lo mandé el Miércoles pasado. Así que le contesto también por mensajería instantánea.

- Te lo mandé el Miércoles pasado.

Espero un poco. No responde.

- ¿Te lo vuelvo a mandar?

Ni sí ni no ni todo lo contrario, porque no contesta.

- ¿O te refieres a otro informe que haya pendiente?

Le pregunto un poco a la desesperada, no sea que no le esté entendiendo lo que me dice. Porque SúperJefa SIEMPRE se explica bien, si acaso yo tengo problemas de entendimiento.

La cosa ha quedado ahí durante horas y horas: no me ha vuelto a decir nada por mensajería instantánea, ni me ha llamado, ni me ha escrito un correo, ni he recibido un burofax, ni he visto señales de humo. Por eso, doy el tema por solucionado por arte de magia. A lo mejor ya lo ha encontrado (me aseguré de que no soñé que se lo había enviado: lo hice), o ya no le hace falta, o a saber.

A la hora de comer recibo un mensaje de texto desde el móvil de SúperJefa.

- ¿Qué pasa con el Informe Ninja?

Esto es como vivir lo mismo en varios Universos desfasados, o algo así. La misma frase. ¿Será que la tiene el un portapapeles universal y la pega en cualquier lado? Al menos, eso parece...

El caso es que paso de indagar más: le reenvío el correo para que tenga el Informe Ninja y de paso vea que de verdad se lo mandé. Le contesto que lo tiene otra vez en su correo.

Y cuando ya estoy tranquila en casa -una vez acabada mi jornada laboral, cabe matizar-, me suena el teléfono.

- Oye, ¿el dato este que me pones en el párrafo octavo de dónde sale?

- Pues no me lo sé de memoria, tendría que mirarlo. ¿Te hace mucha falta?

- Teniendo en cuenta estoy a punto de entrar en una reunión y que llevo toda la semana pidiéndotelo...

Claro que sí, la culpa es mía.

Hay que joderse...

22 junio 2010

Un ser asocial...

Llevo ya un par de años (en plural) con un horario laboral que me tiene apartada de la vida marujil de mi entorno. Es decir: a no ser que tenga vacaciones, las mañanas las paso metida en mi despacho, ajena a la vida que hay puertas para afuera.

Entre semana no desayuno en una terraza, ni voy al banco a actualizar mi libreta, ni al mercado a comprar fruta fresca, ni siquiera a dar un paseo. Las pocas veces que he tenido que hacer alguna gestión imprescindible por la mañana, he pedido permiso en el trabajo y he ido a contrarreloj, volviendo inmediatamente a mi puesto. No he sido lista y he aprovechado la escapada ni para tomarme un zumo tranquilamente (tonta que es una, sí, ya lo sé).

El caso es que hace mucho tiempo que no tengo una mañana para salir a comprar.

Imagino que por eso, las escasas veces que lo hago lo llevo fatal.

No pude dejar de pensar en eso, apoyada en un congelador industrial lleno de helados de marca desconocida, mientras hacía cola en la carnicería de un supermercado lleno de mujeres -¡y un marido!- haciendo compra.

En realidad, en términos absolutos, no creo que esperara mucho (quince minutos a lo sumo), pero a mí me pareció una eternidad. La cola (por llamarlo de alguna manera) era un desordenado enjambre de mujeres. Como no había turno, pedí la vez y me la dió una joven madre de aspecto cansado, mientras luchaba con su hijo, que se empecinaba en no hacerle caso y en berrear cuanto más alto mejor.

Así que esperé, apoyada en el congelador, a que las mujeres hicieran sus pedidos. Me ponía cada vez más nerviosa verlas revoloteando ante el mostrador, escogiendo los trozos de carne (no, ése no, no, el otro, tampoco, el de más allá, ¡ése, ése!), escuchando cómo hablan mientras sus hijos tiran de sus ropas chillando, y viendo cómo aparecen más y más mujeres que habían pedido la vez pero estaban en la otra punta del supermercado, haciendo interminable una "cola" que cuanto yo llegué sólo tenía tres elementos.

Supongo que así es más auténtico, pero me he acostumbrado a hacerlo de otra forma, a depender de grandes superficies para hacer la compra cuando salgo del trabajo, a coger una aséptica bandeja ya preparada con carne o pescado de aspecto apetecible, sin ver cómo se manipula hasta llegar allí (y en realidad, sin querer saberlo). A llegar, coger, pagar y marchar sin pedir vez, sin enterarme de qué trozo le parece mejor a la clienta anterior...

Estoy a una cola de carnicería de ser declarada oficialmente asocial.

21 junio 2010

Asomándome...

De vez en cuando, por FaceBook, churreteo los perfiles (cada vez más privados, cachisenlamer) de gente que he conocido. Pero vamos, como todo el mundo. Que levante la mano quien no lo ha hecho alguna vez...

No, no, no me lo creo. ¡Baja la mano!

Busqué a mi Maribel, que por supuesto tiene un perfil en FaceBook bastante privado. Pero lo que yo quería era ver su foto de perfil (soy así de cotilla), y no me ha sorprendido nada descubrir que tiene la misma cara que hace veinte años.

Oh-My-God, puedo decir ...hace veinte años... ¡Me hago vieja!

Bueno, al menos la cara que se le ve (porque lleva unas enormes gafas de sol por supuesto a la moda). Pero sí: sigue teniendo ese cutis aterciopelado, esos dientes blanquísmos, ese hoyuelo en la barbilla... Es una imagen muy fashion; de hecho, si ves la foto rápido, la puedes confundir con Tamarita Falcó. Era preciosa de niña y lo sigue siendo.

Lo que puedo ver de su perfil no es gran cosa (que es mujer como yo ya sabía, que le gusta Love Actually como a mí, que quiere tener un vestidor como el del anuncio de Heineken... todo muy normalito), así que me fui directamente a sus amigos, a ver si conocía a alguien para saciar mis ansias de cotilleo que la privacidad de su perfil había dejado casi igual que antes.

Y la verdad es que sólo tiene como amigos del colegio a los chicos. Fíjate. Ni una amiga de aquella época...

Entre esos chicos está el que me gustó por primera vez en mi vida, con una foto muy forzada y profesional, y con la misma cara que le recuerdo, pero ahora de hombre. No creo que he hubiera fijado en él ahora, tiene un aspecto un poco del montón. Qué curioso: con esa misma cara me pareció lo más de pequeños... También he encontrado a mi primer mejor amigo (chico) de mi vida, que apenas he reconocido en su foto de perfil...

Tengo que reconocer que yo pensé que no caería en estos pequeños y autoinflingidos flashes al pasado patrocinados por FaceBook. Pero me puede la curiosidad, lo confieso. Al menos me queda el consuelo de que no es curiosidad malsana.

¿De verdad que no os ha pasado nunca? Venga, contadme a quién buscasteis y quién encontrasteis...

19 junio 2010

¿Y yo, qué leo? (XLII)

Se puede decir que prácticamente he devorado este libro. En tres días ha caído. Además, llevaba detrás de UNA CHICA AÑOS VEINTE, de Sophie Kinsella bastante tiempo: le sigo la pista a la autora, que publicó este libro en Reino Unido hace casi un año, y he tenido que esperar meses a que se tradujera y publicara aquí en España.

Por eso, cuando lo ví en una mesa de novedades en El Corte Inglés, un día que churreteaba si más intención que hacer tiempo, me lancé sobre él y lo compré sin leer siquiera lo que ponía la contraportada porque me daba igual...
No hace falta ser un lince para darse cuenta de que Lara Lington no atraviesa un buen momento: su novio le ha dado esquinazo, su mejor amiga se ha largado a Goa y la empresa de cazatalentos que ha montado con ella se va al garete. Ya es hora de que algo le salga bien. Pues no. En plena tormenta existencial, aparece nada menos que el fantasma de su tía abuela Sadie, recientemente fallecida a la edad de 105 años. Con el aspecto y la marcha de una joven de los años veinte, Sadie la apremia para que recupere un misterioso collar desaparecido en extrañas circunstancias, sin el cual nunca podrá disfrutar en paz de su eterno descanso. Y aunque Lara intenta tomárselo con calma, la impulsiva Sadie la empujará a través de un alucinante y laberíntico enredo en el que se verán envueltos personajes como su repelente prima Diamanté, un estirado ejecutivo norteamericano y hasta la misma policía, que se pondrá a husmear ante la sospecha de un improbable asesinato. Así, a lo largo de este hilarante laberinto, Lara acabará convencida de que, si cuentas con la ayuda de un fantasma, al final las cosas siempre se arreglan.
Pues sí, es verdad: es una chick-lit con fantasma incluido. Como suena. No se puede decir que no sea original.

Como casi todos los libros de Sophie Kinsella (pero NO los de Madeleine Wickham, ojo, conviene aclararlo porque aunque son la misma persona, en sus libros no lo parece), ME HA ENCANTADO. Independientemente de la historia, la forma de narrar que tiene Sophie Kinsella me gusta muchísimo. Siempre en primera persona, conocemos a la protagonista desde su interior de una forma divertida, y para mí ésa es la clave de su éxito. No ya si lo que cuenta es creíble, real o mundano -porque evidentemente, una historia de fantasma no lo es en absoluto-, sino que somos capaces de ponernos en la piel de la protagonista, sea lo que sea que le pase (se le aparezca un antepasado o le toque la lotería), porque al final Lara -o Becky, o Sam, o Emma- es como yo, como cualquiera. Y ahí está el encanto.

Sobre la historia, tengo que decir que me ha sorprendido gratamente, porque aunque en los primeros episodios no parece que se pueda sacar gran cosa, lo cierto es que finalmente la trama está hilada y bien atada, y tiene un emocionante final, perfecto para esta novela tierna y divertida a partes iguales. No voy a decir nada más de lo que se ha dicho en la contraportada porque quiero que quien lea el libro lo vaya descubriendo poco a poco, como hice yo, y que lo disfrute.

De nuevo recomiendo una novela de Sophie Kinsella para quien quiera pasar un buen rato con un libro entre las manos. Y ahora, a esperar a su nuevo libro, que a saber cuándo llega a España...

18 junio 2010

What he does...

Me lleva a la cama por la noche: me acaricia el pelo, apaga la luz de la mesita de noche y me cierra la puerta para que me duerma a gusto. Todos los meses me compra la Cosmo. Se queda con canciones nuevas que pueden gustarme, y luego me las pone con la ilusión de descubirme algo nuevo. Corta jamón y me prepara un platito sólo para mí. Se queda mirándome y me dice que estoy muy guapa (pero yo sé que es mentira). Me abraza cuando lo necesito. Es capaz de buscarme todos los botes de Nocilla de Jordi Labanda que hay en la colección. Me anima a dejarme el pelo largo, cosa que llevo fatal. Le gusta la ropa que le compro. Me trae un bollo de nata cuando se me antoja. Cuando me duele la tripa por la regla, me pone la mano ahí para calmarme el dolor. No le importa ver Sexo en Nueva York conmigo, ¡incluso las películas! Organiza nuestros viajes siempre cuidando los detalles y preparándome sorpresas. Me compra de vez en cuando un libro de los que me gustan a mí. Siempre me hace coscas cuando estamos en el sofá. Hace bricolaje casero cuando no estoy para que ninguno de los dos suframos. Se come mis insípidos intentos culinarios sin rechistar e incluso le dice a mi madre que están buenos. No critica mi conducción. Me da besos en la punta de la nariz. Cuando sale del salón, me deja siempre puesto un canal de música en la tele (aunque no me guste) para que me haga compañía. Está pendiente de que haya reservas suficientes en casa de Coca-Cola. Al volver de algún viaje que no hacemos juntos, me trae alguna cosilla. Me lleva a cenar fuera. Nunca se queja cuando vuelvo de compras con un millón de bolsas. Tolera mis incomprensibles manías. Mata a bichos porque a mí me da asco. Me trae mis postres preferidos. Nunca muestra pereza a la hora de hacer planes. Me aguanta cuando tengo la regla.

Y tantas cosas más...

17 junio 2010

A bride in a WAR! -> El Vestido (I)

De toooooooooooodas las cosas que hay que organizar / escoger / preparar para una boda, lo que más pereza (más bien: PEREZACA) me daba, con diferencia, es el tema del vestido.

Mucha pereza.

Pereza a espuertas.

Y yo, que soy una experta en procrastinar (mmmmm... debería incluirlo en mi currículum: experta procrastinadora con muchos años de experiencia), lo dejaba SIEMPRE para el día siguiente.

¿Y qué provoca eso? ¡Una crisis familiar!

- Hija, he estado mirando sitios para el vestido...

- Vale...

- ...pero me han dicho que no te puedes descuidar NI UN MINUTO, por las fechas.

Bueno, pero es que a las 23:40 de la noche de un Jueves, poco se puede hacer.

- Vale, mamá, este fin de semana me pongo con eso.

- ¡Pero ni un minuto!

Si me disculpáis, tengo que irme...

16 junio 2010

¿Y yo, qué leo? (XLI)

Anoche, inexplicablemente, el sueño que me cerraba los ojos quedó apartado y no paré hasta que acabé de leer NUNCA LE PREGUNTES A QUÉ HORA LLEGARÁ A CASA, de Julia Llewellyn, un libro de portada llamativa que me compré el alguno de mis últimos pasos por las estaciones de tren.

Un poco al hilo del título (es español, el original es The Model Wife) y la ilustración de la portada, la contraportada afirma lo que se puede intuir a simple vista:
Cómo ser la esposa modélica:
- La felicidad de tu marido es tu felicidad.
- Si eres su segunda esposa, hazte amiga de la primera.
- Nunca le preguntes a qué hora llegará a casa.
- Nunca le preguntes dónde ha estado.
¡Bah!

La vida de Poppy, una prometedora modelo veinteañera, de repente cambia de rumbo al verse casada con un hombre de cuarenta y nueve años gracias a un embarazo accidental. Y su marido no es un madurito cualquiera: es nada menos que el presentador estrella del telediario, adorado por todas las mujeres del país, incluidas la víbora de su ex-esposa y una amenazadora cohorte de antiguas amantes.

Con un bebé en brazos y su brillante carrera arruinada, es hora de que Poppy se plante y demuestre al mundo que no está dispuesta a dejarse pisar por nada ni por nadie.
Pues a pesar de que no me esperaba mucho de esta historia, me ha sorprendido positivamente (que no gratamente, eso ya sería decir demasiado).

Poppy es una joven modelo, rubia y tonta, que trabaja en una cafetería mientras le van saliendo posados como modelo. Allí conoce de casualidad a Luke, el presentador de uno de los informativos más vistos, un atractivo maduro con el que comienza una aventura. Y como es rubia y tonta, se queda embarazada del presentador, quien contra todo pronóstico acaba casándose con ella, dejando a Hannah (su mujer) y sus hijos para irse con Poppy y su nueva hija Clara.

Dos años más tarde, la vida de Poppy no es tan idílica como pensaba: el embarazo la ha apartado de su trabajo de modelo, y se dedica a ser madre a tiempo completo, mientras su marido trabaja sin parar para mantenerlas a ellas y a su otra familia. Hannah ha relanzado su carrera profesional escribiendo una columna en un periódico poniendo verde a su ex-marido y a Poppy ya de paso, quien ha dejado de ser Poppy para ser conocida como la zorra. ¿Y cómo lleva Luke todo eso? Pues como puede, y le dejan, sus demás amantes...

Para no destripar mucho más la trama, lo dejo ahí.

A mí me ha resultado bastante entretenido porque pasan muchas cosas (algunas te las esperas, otras no): Poppy no te defrauda porque es tan tonta como cabe esperar, Luke es el típico mujeriego creído... En definitiva no es una obra maestra de la literatura, pero consigue no aburrite en cuando a la acción, no se solaza en análisis eternos de por qué se siente aquello o por qué se piensa lo otro. No. Sólo narra lo que tiene que narrar, explica lo que tiene que explicar, y lo demás lo deja a criterio del lector (si ya quieres tú comerte la cabeza, es cosa tuya).

Por tanto, quien busque una historia que no sea estática y que resulte real, este libro puede cumplir esas espectativas. Sin ser brillante, destaca al menos (entre lo que he leído últimamente) por no ser soso. Y eso ya es algo.

15 junio 2010

Las necesito...

Necesito vacaciones. Y no unas vacaciones de quedarse en casa (que tampoco estarían mal), sino de las que cojes el canasto y las chufas.

Necesito es salir, hacer un viaje, ir a sitios nuevos o los ya agradablemente conocidos. Estar bien lejos de aquí y con la BlackBerry apagada o fuera de cobertura en todo momento.

Necesito perder la noción del tiempo, desayunar a la hora de comer o alargar unas tapas hasta más de medianoche en la terraza de algún sitio agradable, sin prisa. No saber si es Lunes o Miércoles. Darme igual si llevo durmiendo diez horas o quince minutos. Despertarme porque sí...

Claro que de momento, no va a poder ser.

Pero de verdad lo necesito...

11 junio 2010

Lo que ha llegado a mi buzón...

Mi buzón es otra cosa gracias a PostCrossing. No puedo estar más contenta de haberme unido a esta fantástica iniciativa.

Ya llevo 63 postales recibidas, y todas se pueden ver en este mosaico...

Hay de todo tipo, pero mi favorita (la que está señalada) es una que me envió Bianca, y es una montañita de chuches, coronada por un corazoncito de gominola. Me pareció una postal tierna y alegre.

A veces, basta con una postal de un completo desconocido con un :) a boli para alegrarte el día.

¿Y tú, te has apuntado ya?

09 junio 2010

Hoy es uno de ésos...

Hay días en que todo está mal.

Días en que te parece estar en un partido de tenis absurdo en el que en lugar de un contrincante tienes siete, te llueven las pelotas amarillas y tú no das abasto a devolverlas.

Días en que te da la sensación de que todo el mundo tiene una filosofía positiva, menos tú.

Días en los que matarías por un bollo de nata, y sólo te puedes pillar un sándwich empaquetado de supuesto salmón.

Días en los que no levantas el culo del asiento, mientras que RRHH hace una circular a todos los trabajadores denunciando que hay excesos de descanso que aumentan la improductividad.

Días en los que sólo te apetece levantar una baldosa y meterte debajo (pero productivamente).

Días en los que recuerdas tooooooooodas las cosas que tienes pendientes, pero no tienes fuerzas ni para pensar en hacerlas otro día.

Días en los que hasta que te digan buenas tardes te molesta, porque no te parecen ni remotamente buenas.

Días en los que la tensión se te acumula en la espalda y podrían partirse nueces en ella.

Días en los que, aunque la lógica diga que siendo Junio deberían hacer 30º y un sol radiante, sales a la calle y empieza a llover.

Días en los que estás enfurruñada con el Universo, y el Universo se encoge de hombros porque se la refanfinfla, lo cual te enfurruña más todavía.

Días en los que parece que dormir es la solución a todos tus males.

¿Cuánto falta para que pueda irme a la cama...?

08 junio 2010

A bride in a WAR! -> El Sitio

Quien me conozca, sabe que a la hora de alojarme en un hotel (cuando viajo por mi cuenta, claro está), procuro que sea un hotel nuevo y moderno. Vamos, cuanto más nuevo y moderno, mejor. Me gusta que tenga todas las comodidades posibles. Prefiero que sea de nueva construcción, desde luego, aunque también me valen los que han sido reformados hace poco. Por supuesto, siempre que me lo pueda permitir, prefiero que tenga unas cuantas estrellas. En fin, podría poner un montón de ejemplos.

Así que creo que en cuestiones de estancias, está claro cuáles son mis gustos.

Lo cual facilita mucho (o por lo menos acota bastante) el tema de escoger sitio para la celebración de la boda...

Así que el lugar elegido es que no podía ser otro.

Se adapta perfectamente a mi perfil como consumidora hostelera.

Está claro que debía de ser allí y sólo allí.

Un austero castillo construído hace más de cinco siglos.

Ea.

Y esto, niños, es lo que se llama incongruencia...

04 junio 2010

Yo soy una de esas chicas...

- Venga, si todo es probar. Vienen aquí un montón de jovencitas deseando tener unas nuevas, ¿por qué no vas a intentarlo tú? Tienes un montón de reparos que a lo mejor se quedan en tonterías una vez las tengas y te veas con ellas puestas. A mí me van fenomenal, sin ir más lejos. Mírame: ¿a que luzco muy natural? De verdad, ¡tienes que ponerte unas!

Creo que le dije que sí sólo para que se quedara contenta, la verdad.

Comprendo que ella tiene muchos años de experiencia, y que si me lo dice es porque está convencida. Sé que no tiene especial interés en que me vayan bien o mal, y la verdad es que no hay nada malo en intentarlo... Por lo menos, tome la decisión que tome, estaré segura porque ya lo habré probado.

Así que la semana pasada me llamó mi tía para que me pasara por su óptica a probarme las lentillas.

No estaba yo muy tranquila, todo hay que decirlo. Tengo especial sensibilidad a todo aquello que tengo que ver con los ojos (especialmente los míos). Así que la sola idea de un cuerpo extraño en contacto con mis ojos me daba repelús, por no hablar del hecho de ver un dedo acercarse a mi retina...

Brrrrrrrrrrrrrrr...

HORROR.

- ¡Mamá, tú te vienes conmigo!

Allí nos presentamos las dos. Mi tía nos hizo pasar a un cuarto y me dijo que no me preocupara, que me las ponía ella, que iba a ser un momento, que había pedido las lentillas más blandas e hipoalergénicas que hay en el mercado, que eran las más testeadas para que me vinieran bien para el grado de humedad ocular que yo tenía, que eran supercómodas, que ni las iba a notar, que eran las que ella usaba, y blablabla...

Tecnicismos.

El caso es que una semiesfera gelatinosa estaba esperando a meterse en mi ojo.

Me senté en la silla con mi madre al lado. Mi tía me abrió firmemente el ojo derecho, el cual se cerraba a cal y canto. Juro que yo no tuve que ver con esa reacción suya: mis ojos son listos por ellos mismos.

- Tranquila. Intenta relajarte, esto no es nada...

Imposible. El segundo intento fue un fracaso absoluto: en cuanto mi tía intentaba manter mi ojo abierto, no tardaba ni medio segundo en cerrarse. Y eso que yo intentaba mantenerlo abierto, pero no era posible.

Además, mi ojo empezó a llorar de pura pena. Casi me parecía oirlo gemir...

Ah, no. Era yo la que gemía.

- ¡No puedo!

- ¿Pero cómo no vas a poder? Tú mira al espejo, no pienses en la lentilla...

- Ayyyyyyyyyyyy...

El tercer intento fue infructuoso.

El cuarto también.

Y el quinto.

Y el sexto.

Al séptimo intento mi madre no sabía dónde meterse de la vergüenza ajena que le estaba dando.

Contra todo pronóstico, y justo antes de que yo dijera que abortábamos misión, el octavo intento fue un éxito. Es decir: mi tía consiguió ponerme la lentilla en el ojo derecho.

¿Que cómo me sentí? Rara. No es verdad que no notas nada, sí lo notas, pero es una sensación tan leve que estoy segura de que en cinco minutos podría haber desaparecido. Pero no soporté cinco minutos. Mi ojo estaba rojo e irritando, se me caían las lágrimas sin querer, y veía el mundo muy raro. No era debido a que un ojo tenía una lentilla y en otro no, porque cerré el ojo virgen, pero el mundo tenía otra dimensión desconocida con la que no me sentí cómoda.

Le pedí a mi tía que me quitara la lentilla (proceso que fue mucho más sencillo porque mi ojo estaba bastante más colaborador), y me puse aliviada mis conocidas y cómodas gafas.

Así que, definitivamente, declaro al mundo que soy una chica con gafas, y lo voy a seguir siendo hasta que las lentillas funcionen desde su cajita y no haga falta ponérselas en el ojo. Ea.

01 junio 2010

BONDAD

A mí me ha pasado alguna vez que la bondad, la sinceridad, el buen fondo de una persona me ha resultado tan abrumador que me ha dado vergüenza de mí misma.

Aunque retrospectivamente me doy cuenta de que en realidad ya me ha pasado varias veces (el sentirme así), sí que fue la primera vez que fui consciente y le puse nombre al sentimiento.

Sucedió hace relativamente poco. Estábamos un grupo de amigos bromeando sobre algo sin importancia, diciendo cada uno una barbaridad a cual mayor, cuando alguien del grupo soltó una frase bondadosa, inesperada en el contexto. Pero sobre todo sincera, enseñando el buen fondo que tiene (eso no es lo sorprendente, porque es algo que ya sabíamos).

La verdad es que es complicado de explicar y menos escribiéndolo, pero espero que se me entienda...

El hecho es que me conmovió que incluso en un momento donde puedes desbarrar y ser un poco burro, porque estás entre amigos, porque no va a trascender, porque no tiene importancia... Incluso en un ambiente relajado donde en teoría dejas ver lo "peorcito" de ti porque no debes tener miedo, hay quienes ese punto gamberro no lo tienen. Sencillamente, son buenos siempre. Son buenos porque sí. En cualquier circunstancia y momento.

Recuerdo que pensé: jo, soy una bruja. Bueno, de hecho lo dije en voz alta. Los demás se rieron, pero yo creo que todos se sintieron así: avergonzados de sí mismos.

Vale, no es justo que hable / escriba por ellos, así que lo haré por mí.

Yo sí que me comparé con esa persona y llegué a la conclusión, no ya que no tengo tan buen fondo, sino que nunca más podré estar en su punto: una auténtica ausencia de maldad. Por mucho más que haga, viva, sienta... Cuando pasas la línea ya no puedes volver atrás. Podré fingir, podré controlarte, podré no expresarlo. Pero lo tendré dentro. Y cuando me encuentre cara a cara con alguien así... Voy a decir: con alguien puro, sabré que es mejor que yo, sin remedio. Esa persona lo mostará porque es así. Y yo me sentiré avergonzada de mí misma, porque me gustaría tener esa ausencia de maldad que perdí hace mucho tiempo...