Me salta una ventanita emergente cinco minutos después de encender el ordenador. De buena mañana, vamos. Antes siquiera de estar mentalizada de que no, no estoy en la cama, y sí, ya estoy en el trabajo, durante ocho largas horas.
Nuevo mensaje a tiempo real, de SúperJefa.
- ¿Qué pasa con el Informe Ninja?
Bueno, pues que yo sepa no pasa nada porque se lo mandé el Miércoles pasado. Así que le contesto también por mensajería instantánea.
- Te lo mandé el Miércoles pasado.
Espero un poco. No responde.
- ¿Te lo vuelvo a mandar?
Ni sí ni no ni todo lo contrario, porque no contesta.
- ¿O te refieres a otro informe que haya pendiente?
Le pregunto un poco a la desesperada, no sea que no le esté entendiendo lo que me dice. Porque SúperJefa SIEMPRE se explica bien, si acaso yo tengo problemas de entendimiento.
La cosa ha quedado ahí durante horas y horas: no me ha vuelto a decir nada por mensajería instantánea, ni me ha llamado, ni me ha escrito un correo, ni he recibido un burofax, ni he visto señales de humo. Por eso, doy el tema por solucionado por arte de magia. A lo mejor ya lo ha encontrado (me aseguré de que no soñé que se lo había enviado: lo hice), o ya no le hace falta, o a saber.
A la hora de comer recibo un mensaje de texto desde el móvil de SúperJefa.
- ¿Qué pasa con el Informe Ninja?
Esto es como vivir lo mismo en varios Universos desfasados, o algo así. La misma frase. ¿Será que la tiene el un portapapeles universal y la pega en cualquier lado? Al menos, eso parece...
El caso es que paso de indagar más: le reenvío el correo para que tenga el Informe Ninja y de paso vea que de verdad se lo mandé. Le contesto que lo tiene otra vez en su correo.
Y cuando ya estoy tranquila en casa -una vez acabada mi jornada laboral, cabe matizar-, me suena el teléfono.
- Oye, ¿el dato este que me pones en el párrafo octavo de dónde sale?
- Pues no me lo sé de memoria, tendría que mirarlo. ¿Te hace mucha falta?
- Teniendo en cuenta estoy a punto de entrar en una reunión y que llevo toda la semana pidiéndotelo...
Claro que sí, la culpa es mía.
Hay que joderse...
Nuevo mensaje a tiempo real, de SúperJefa.
- ¿Qué pasa con el Informe Ninja?
Bueno, pues que yo sepa no pasa nada porque se lo mandé el Miércoles pasado. Así que le contesto también por mensajería instantánea.
- Te lo mandé el Miércoles pasado.
Espero un poco. No responde.
- ¿Te lo vuelvo a mandar?
Ni sí ni no ni todo lo contrario, porque no contesta.
- ¿O te refieres a otro informe que haya pendiente?
Le pregunto un poco a la desesperada, no sea que no le esté entendiendo lo que me dice. Porque SúperJefa SIEMPRE se explica bien, si acaso yo tengo problemas de entendimiento.
La cosa ha quedado ahí durante horas y horas: no me ha vuelto a decir nada por mensajería instantánea, ni me ha llamado, ni me ha escrito un correo, ni he recibido un burofax, ni he visto señales de humo. Por eso, doy el tema por solucionado por arte de magia. A lo mejor ya lo ha encontrado (me aseguré de que no soñé que se lo había enviado: lo hice), o ya no le hace falta, o a saber.
A la hora de comer recibo un mensaje de texto desde el móvil de SúperJefa.
- ¿Qué pasa con el Informe Ninja?
Esto es como vivir lo mismo en varios Universos desfasados, o algo así. La misma frase. ¿Será que la tiene el un portapapeles universal y la pega en cualquier lado? Al menos, eso parece...
El caso es que paso de indagar más: le reenvío el correo para que tenga el Informe Ninja y de paso vea que de verdad se lo mandé. Le contesto que lo tiene otra vez en su correo.
Y cuando ya estoy tranquila en casa -una vez acabada mi jornada laboral, cabe matizar-, me suena el teléfono.
- Oye, ¿el dato este que me pones en el párrafo octavo de dónde sale?
- Pues no me lo sé de memoria, tendría que mirarlo. ¿Te hace mucha falta?
- Teniendo en cuenta estoy a punto de entrar en una reunión y que llevo toda la semana pidiéndotelo...
Claro que sí, la culpa es mía.
Hay que joderse...



