29 julio 2010

Maybe-Name

Yo me iba a llamar Natalia.

No sé qué se torció para que mis padres dejaran de lado ese nombre y yo acabara llamándome como me llamo, pero a veces, cuando pienso en eso, me descubro diciendo en voz alta mi no-nombre con mis apellidos.

No suena mal, la verdad.

Pero es raro.

La pregunta es: ¿yo sería la misma con otro nombre?

Pues no lo sé. He leído a veces eso del significado de los nombres, pero no creo que por llamarte de una forma u otra seas más o menos simpática, introvertida, maniática, celosa, activa... ¿O sí? ¿Qué creéis? ¿Vosotros os ibais a llamar de alguna otra forma? ¿Os gusta más o menos vuestro maybe-name que vuestro nombre final?

27 julio 2010

eReaders

El otro día, leí (y participé en) un estupendo post sobre los e-readers.

No me resisto a desarrollar el tema...

En primer lugar, ¿soy una gran consumidora de libros?

Bueno, ya lo dije, pero me encanta leer. Desde pequeña. La verdad es que recuerdo vagamente la progresión de mis lecturas: de los cuentos infantiles con castillos que se construían cuando pasabas de página, pasé a los libros de El Barco De Vapor. Creo que ya han desaparecido, pero me parecía una fantástica idea segmentar los libros por edad. Mis primeros libros fueron naranjas, y me emocioné cuando pasé a los libros rojos, los de los mayores.

Después de eso, pasé a resolver misterios. Muchos misterios. De mano de Los Cinco, Los Hollister, El Club de Los Siete Secretos, Los Jaguares, Serie Secreto, Los Tres Investigadores... Cuando me cansé de resolver misterios (o mejor dicho: cuando ya se me acabaron esos libros de la biblioteca), quise ir a un internado. Como el de Torres de Malory o Santa Clara. Pero el mejor fue el pensionado de Egeborg.

Todos esos libros los sacaba de la biblioteca y prácticamente los devoraba. Disfrutaba muchísimo con su lectura. De vez en cuando recibía alguno como regalo, cosa que me encantaba.

Cuando mi poder adquisitivo me lo ha permitido, mi paso por las bibliotecas se ha reducido hasta casi desaparecer. Ahora tengo una completa y colorida colección de libros que me alegra las estanterías. Cuando veo un título que me llama, me lo compro. Me gustan los libros de bolsillo, pero para algunos lanzamientos que espero con gusto, en cuanto salen se vienen a casa. Es uno de mis caprichos.

No obstante, ahora leo menos (por falta de tiempo). Y siempre leo por placer. Me gusta mucho el género chick-lit, me atrae mucho. Y a pesar de que otros lectores me miran por encima de sus portadas de sesusdos libros (en sentido figurado) porque según algunos gafapastas lo que leo no es literatura, yo disfruto. Que creo que es lo realmente importante, ¿no?

¿Tengo un e-reader, o al menos, intención de comprarlo?

Pues no, la verdad.

Y no se trata del tema tecnológico, porque nadie me puede acusar de tecnófoba: móvil táctil, BlackBerry, iPod, TomTom, portátil en dos versiones (17 y 10 pulgadas), Nintendo DS, PSP, PS3... Un e-reader se sentiría como en familia.

No es por eso, está claro. Es porque el e-reader me privaría de otros placeres de la lectura...

No entraría igual en las megalibrerías como a mí me gusta. No deambularía entre estanterías atestadas de libros de brillantes encuadernaciones. No pasaría el dedo por los lomos de los nuevos lanzamientos, fascinada. No evaluaría por las portadas si me gustaría la historia de dentro. No abriría los libros nuevos para olerlos. No arrugaría la nariz ante las contraportadas. No podría criticar la clasificación de los libros de la FNAC.

No decidiría mentalmente dónde colocar el nuevo libro, no tendría que pensar si clasificarlos por editorial, por autor, por tamaño... No me quedaría mirando mis estanterías de libros pensando cuál será el siguiente.

Tampoco escogería un papel de regalo bonito para forrar los libros, que no se estropeen cuando los llevo en el bolso. No andaría escogiendo marcapáginas cucos (no compro ninguno, pero busco cosillas que me sirvan).

No me quedaría dormida en el sofá con un libro sobre la tripa (me doy la vuelta dormida, se cae el e-reader y se rompe: me daría un limón). No me complacería ver el marcador de lectura avanzando poco a poco por el grosor del libro. Las últimas hojas de los libros no me harían cosquillas en los dedos cuando estoy a punto de acabar una historia. No abriría una página al azar para leer un párrafo cualquiera para crearme más emoción.

Claro que no digo de este agua no beberé, o mejor aún: este cura no es mi padre. Pero de momento, me quedo con los libros en papel de siempre. Se nota que me gustan, ¿verdad?

24 julio 2010

La mente en blanco...

Soy consciente de que soy una persona a la que le resulta difícil relajarse y desconectar.

Me cuesta mucho dejar de pensar, dejar de preocuparme, dejar de estar vinculada a todos los aspectos de mi vida. No quiero decir con esto que no duerma bien, por ejemplo (nada más lejos de la realidad, porque duermo del tirón todas las noches), pero sí que es verdad que hace mucho tiempo que no puedo decir que he estado completa y absolutamente relajada.

La última vez fue el 15 de Agosto de 2009.

Lo recuerdo perfectamente.

Ese fin de semana fuimos de despedida de soltera de una amiga. Yo estaba un poco enfurruñada porque por votación popular habíamos aterrizado en una ciudad costera calurosa a más no poder: cuando bajamos del coche, un calor húmedo horroroso hizo que mi ropa se pegara a mi piel sin remedio, me faltara el aire y me agobiara al instante. Claro que lo disimulé muy bien (o al menos eso creo).

Después de comer, subimos al apartamento a ponernos el bañador y bajar a la playa. Al final cambiamos el plan y en lugar de eso nos quedamos en la piscina del hotel. Buscamos un rincón tranquilo en el césped, nos hicimos con un par de tumbonas de aspecto un poco disgusting (la mía la cubrí completamente con una toalla que sólo usé para eso) y nos quedamos allí un rato. Estábamos tres amigas, todas tiradas en su correspondiente tumbona, ellas tomando el sol como posesas y yo bajo la bondadosa sombra de una palmera, con mis gafas de sol y mis ojos entrecerrados.

Y entonces, ENTONCES, me relajé absolutamente.

Recuerdo con toda claridad que en ese momento dejé de tener calor y una brisilla muy tenue me acariciaba la piel. Oía el parloteo de mis amigas sin participar mucho en la conversación, además de los chillidos de los niños y los chapuzones de la gente en la piscina. Olía a cloro y a protector solar. Y tenía, por primera vez en mi vida, la mente en blanco. No pensaba en nada, sólo en lo feliz que estaba en ese momento.

Digo que fue un momento porque enseguida lo jodí estropeé.

Cuando me dí cuenta de LO QUE ESTABA PASANDO, empecé a analizar: ¿qué pasa? ¿Qué circunstancias se han dado para semejante relajación? ¿Es la temperatura? ¿De qué estamos hablando? ¿Es el sitio, estar lejos de casa? ¿Cómo puedo reproducir el entorno para que me vuelva a pasar? ¿Cómo lo he hecho?

Debió de ser una inusual alineación de planetas que sólo la NASA podría concretar, porque ya va a hacer un año, y no me he sentido igual ni una sola vez. Y eso que lo he intentado con todas mis fuerzas. Pero no he vuelto a tener la mente en blanco. Sí he estado tranquila, sí he estado feliz... pero con mi cabecita siempre en marcha. En ese momento se detuvo.

Y no he conseguido pararla de nuevo...

23 julio 2010

¿Y yo, qué leo? (XLIV)

Me he acabado en tiempo récord este libro, PARA SIEMPRE JAMÁS, de Lucy Dawson (es la primera vez que me tropiezo con algún libro suyo de manera consciente).

Ha sido una inesperada sorpresa. Lo cierto es que no esperaba mucho de este escasito libro de bolsillo que no parece tener excesivas pretensiones. Pero me ha atrapado desde la primera página, y me ha tenido enganchada, de tal forma que no he parado hasta poner fin a la historia.
Si sospecharas que tu pareja te es infiel, ¿te rendirías o sacarías las garras?

La pasión, el entusiasmo y la espontaneidad que definen el comienzo de una relación se desvanecen con el paso del tiempo. Pero a Mia no le preocupa, porque sabe que el amor que siente por Pete será duradero. La experiencia le dicta que las relaciones requieren de un esfuerzo y un cuidado diario; este es el secreto para que una relación adulta funcione.

Pero una noche, de camino al baño, encuentra el teléfono de Pete y lee un mensaje de texto que le deja la sangre helada: todo apunta a que tiene una amante. Mia tendrá que ponerse seria y sacar todas sus armas de mujer, incluso algunas que ni tan siquiera sabía que tenía.

Después de todo, su felicidad está en juego, ¿no?
La historia es sencilla y cotidiana: Mia y Pete son pareja desde hace tiempo. Viven juntos en una casa cerca de Londres, y son felices tal como están. No hay planes de boda inminentes, pero no importa porque simplemente están bien así. Pero un día, Mia descubre que Pete se ve con otra chica más joven que ella, y el cómodo mundo de Mia desaparece de repente, aunque por fuera todo parece igual. Mia se derrumba y no sabe qué debe hacer: ¿enfrentarse a Pete? ¿Decirle que lo sabe todo? ¿Ignorarlo? ¿Fingir que todo sigue como siempre? ¿Ser discreta? ¿Montar un espectáculo? ¿Luchar?

No quiero decir nada más de la trama porque realmente me ha gustado mucho y no quiero desvelar nada de lo que pasa, por lo que no daré más detalles...

Supongo que todo el mundo se ha preguntado alguna vez cómo actuaría en una situación así llegado el caso. Yo lo que creo es que es fácil decir yo haría esto o lo otro, teorizando. Pero hasta que no te llega, hasta que la situación no es real, hasta que no estás inmerso en la pesadilla... no sabes qué vas a hacer. Quizá reaccionemos como creemos, pero también es posible que hagamos justo lo contrario. Hablar por hablar es muy fácil, pero una vez ESTÁ PASANDO, ¿qué?

En mi círculo de amigos muchas veces hemos comentado esto. Tengo una amiga que es sumamente radical y siempre dice que todo se acabaría. En teoría, eso haríamos todos, ¿no? Pero, francamente: no sé lo que haría. Y misteriosamente, eso me hace sentir más humana, en lugar de más insegura, y no sé por qué...

Desvarío.

Que sí, que el libro me ha gustado.

Pero te arriesgas a mirar después a tu pareja con los ojos entrecerrados y ponerte de los nervios cada vez que suena su móvil...

22 julio 2010

Hacienda Returns

Resulta que Hacienda contraataca.

No podían dejarme tranquila, no... TENÍAN que hacerlo.

Bueno, no contraataca en el sentido estricto de la palabra.

No.

Más bien Hacienda pasa olímpicamente de mi escrito y me pide dinero.

Por supuesto, me hirvió la sangre en el mismo momento que mi chico me leyó por teléfono la carta de Hacienda.

Encima no tienen decencia: la mandan a horas que saben que NO estoy en casa, pero mira por donde ese día mi chico sí estaba, claro que si llego a ser yo...

Después de soltar unos cuantros insultos a nadie en general y a Hacienda en particular, hablamos con el asesor para que nos dijera qué hacer. Y el hombre, contra todo pronóstico y para mi gran indignación, aconsejó que pagase, porque luego si prospera mi apelación, me devuelven el dinero.

Qué poco espíritu de lucha, la verdad.

Esta táctica no me gusta.

Y no me parece ni medianamente aceptable.

En primer lugar, porque es una cantidad importante. Que la tengo, sí, vale, aunque perfectamente podía no tenerla. Pero ése NO ES EL TEMA.

¿Que cuál es?

Pues el tema es que vale, que sí, ellos piden dinero, yo recurro, y ellos, en lugar de tener en cuenta mi versión de los hechos, me exigen el dinero y luego ya veremos.

No lo veo justo, francamente.

No veo justo que Hacienda sea la única que ponga plazos. Tengo hasta tal día para ingresarles lo que ellos estiman que debo pagar (y si no, va subiendo la deuda, y pueden embargarme bienes). Pero yo hace más de mes y medio que les mandé mi escrito. ¿Para eso no hay plazos o qué? ¿Que no han tenido tiempo de verlo y estudiarlo? Pues no es mi problema. Yo soy una y ellos muchos (se supone que Hacienda Somos Todos, ¡ya son unos cuantos!). Que se organicen mejor. ¿Por qué tengo que pagar primero y luego me lo devuelven -con intereses, espero-? En general, los contribuyentes vamos pagando todos los meses y luego regularizan la situación...

Claro que he pagado, con todo el dolor de mi corazón, para que luego no digan que no soy una ciudadana modelo.

Porque lo soy, por si alguien lo dudaba.

Y ahora estoy aquí, con la vista fija en el buzón, a ver cuál va a ser el próximo movimiento.

Esto es una partida de ajedrez, y quiero ser yo la que grite ¡jaque mate!

Y luego: muhahahahahahahaha...

Qué gran satisfacción sería...

Ay...

21 julio 2010

Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...

Por fin he entregado mis vacaciones, y -dedos cruzados-, parece que no hay ningún problema.

¡¡Yujuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!

Estoy tan contenta que no voy a incidir en el hecho de que por circunstancias de la vida me las tenga que coger en Agosto, cosa que no me gusta nada (pero NADA de NADA). Pero en fin. Voy a pasar por alto que es la primera vez en mi vida laboral que me las cojo en Agosto. Voy a ignorar el hecho de que hace muuuuuuuucha calor y me da taaaaaaaanta pereza salir y disfrutar de mi tiempo libre...

Pero en cualquier caso, quedan 16 días para mis vacaciones...

I'm happy!

17 julio 2010

A bride in a WAR! -> El Vestido (II)

Como yo no era todo lo resolutiva que a mi madre le hubiera gustado en ese tema, ya se encargó ella de concertar un par de citas para un Sábado (de hecho: me preparó una agenda tan apretada que ni un ministro). Mi parte durante la semana anterior consistió en echar un vistazo a los catálogos on-line de esas tiendas, más que nada para hacerme una idea de lo que me iba a encontrar.

Pero ni aunque me hubiera tirado la semana entera (con sus días y sus noches) navegando por las páginas web, habría estado preparada para lo que se me venía encima.

En cuanto entramos por la puerta de la primera tienda, a las 10:00 en punto, una horda de orcos dependientas salieron a abrazarnos.

Sí, salieron a abrazarnos.

Todavía estoy noqueada.

Y nos abrazaron, claro, más que nada porque estaba tan paralizada por la sorpresa que no fui capaz de escabullirme. Automáticamente me convertí en cariño, bonita o dulzura, según la chica que se dirijiera a mí. Todas nos daban la enhorabuena lo más efusivamente que podían (aquello incluso parecía un concurso), y daba la sensación que nada les había emocionado más en toda su vida que una completa desconocida -o sea yo- se fuera a casar.

Azúcar a granel era aquello...

Francamente: me llegó a marear. Ellas ni siquiera sabían cómo me llamaba, y parecían mis mejores amigas. Allá donde miraba, veía a las dependientas de caras tan maquilladas como sonrientes que me llamaban cariño y que daban saltitos de alegría al enterarse de la fecha de la boda.

Pasado el histerismo inicial (y sobre todo: una vez se percataron de mi cara de pocos amigos), parece que todos nos tranquilizamos un poco y volvimos a nuestros sitios, y la cosa ya se pareció algo más a lo que era: una elección de vestido de novia.

Así que el consejo que yo doy a quien se vaya a encontrar en mi misma situación es: cuando vayas a comprarte un vestido de novia, llévate una dosis de insulina: la vas a necesitar.

14 julio 2010

¿Y yo, qué leo? (XLIII)

Estas horrorosas tardes de calor invitan a estar inmóvil debajo de un buen chorro de aire acondicionado leyendo un libro. Esta vez el que tocaba es PERSIGUIENDO UN DIAMANTE, de Lauren Weisberger.

La verdad es que llevaba "persiguiendo" este libro bastante. Desde que leí El Diablo Viste de Prada le seguí la pista a esta autora, y su página web anunció este libro hace mucho tiempo (en versión original, claro). Así que me he esperado a que lo tradujeran para hacerme con él.
Tres amigas del alma.
Dos objetivos.
Un año para conseguirlos.

Emmy vuelve a ser
single. Sus planes de boda de siempre se han convertido en una ración individual de comida para llevar.

Adriana está a punto de cumplir los treinta. ¿Están llegando a su fin sus días de fiestera?

Leigh tiene un novio maravilloso y un trabajo de ensueño. Entonces, ¿por qué su vida perfecta no la hace feliz?

Una noche las tres sellan un pacto con mojitos de frambuesa: éste es el año en el que todo va a cambiar. Emmy va a encontrar a un hombre en cada continente para divertirse sin ataduras. Adriana promete que acabará el año con un diamante de cinco quilates en su dedo anular. Y Leigh no sabe muy bien qué es lo que tiene que cambiar... hasta que Jesse Chapman, un chico malo de novela, aparece en su vida.

Empieza el juego.
En primer lugar, tengo que reconocer que quizá mi actual estado de ánimo haya influenciado negativamente en mi opinión sobre el libro. Me ha costado bastante cogerlo, pero no por el libro en sí, sino por mí misma.

Pero aún así, he de decir que la narración no es aburrida (no eres tú, soy yo). Esta autora no es de las que se andan por las ramas para rellenar un libro: escribe lo que hay que escribir, como hay que hacerlo. Por tanto, es raro que haya trozos donde te apetezca leer en diagonal. Lo que sí detecto son saltos en el tiempo de buenas a primeras que cuesta seguir, pero si queremos meter un año en un libro, algo hay que hacer, aunque seguramente se pueda hacer más elegantemente.

En cuanto a la historia, nada que no se deduzca de la contraportada: Emmy es una virginal chica que lleva saliendo con su novio un montón de tiempo, y que está convencida de que él es el hombre de su vida. Hasta que el hombre de su vida la deja por la entrenadora personal de su vida. Emmy cree que ha perdido el tiempo y que lo que debería hacer es acostarse con todo aquel que tenga pantalones para recuperar lo que no ha vivido en sus años de monógama relación.

Adriana es la típica tía buenorra y rica, engreída a más no poder, cuya única preocupación es que se acerca el momento en el que los hombres no la harán caso y no podrá tener un compañero de cama distinto cada noche. Pensando en su futuro, decide comenzar la búsqueda de un marido -y por ende, un diamante en su dedo-, dejando al lado su vida polígama. Un poco de esta protagonista viene el título original (Chasing Harry Winston).

Finalmente está Leigh, una obsesiva mujer que sale un codiciado joven de Manhattan que sí que le pone un diamante en el dedo. El problema es que ella realmente no está enamorada de él, pero no es capaz de decírselo porque aún espera que ocurra el milagro. Y el milagro no sólo no ocurre, sino que aparece en escena alguien que hace que el milagro sea incluso más inalcanzable.

Está claro qué pasa en todo el libro: cada una busca cambiar aquello que no la hace feliz. Pero, ¿en realidad se puede? ¿Alguien que quiere la estabilidad sobre todas las cosas podría ir de flor en flor de repente? ¿Y quien tiene un hombre distinto cada noche, es capaz de dejar de mirar a otros y fijarse sólo en el que tiene delante?

Pues para averiguarlo habrá que leerlo. Esta vez no soy capaz de dar mi opinión rotunda porque no sería justa como ya he dicho antes. Pero desde luego, seguro que no es para tirarlo a la basura (que ya es algo).

12 julio 2010

At Veridian Dynamics...

Francamente, a veces creo que trabajo en una sucursal de Veridian Dynamics, por lo absurdo de las cosas.
Al menos, yo no las entiendo. Lo mismo es todo perfectamente normal y yo soy la rara... Llegados a este punto, todo podría ser.

Hay días que crees que te faltan horas para firmar tu despido, que ya estás calculando mentalmente cuántos meses de hipoteca te cubriría el finiquito, para al día siguiente estar en la élite y todo el mundo estar contentísimo contigo, sin hacer nada ni mejor ni peor.

Hay días que crees que te va a caer la de Dior por los bajos resultados, pero nadie le da importancia porque encuentran razonable la situación. Otros días estás relativamente tranquila porque los datos son muy positivos, has logrado recortar los costes, el margen de beneficios se ha ampliado... y resulta que esta vez sí te cae la de Dior porque podrías haberlo hecho mejor.

Hay días que crees que tu jefe no te puede ni ver, y otros que te parece que incluso de adoptaría como hija.

Así que vivo en un completo sinvivir (¿paradójico, eh?) porque no sé qué me voy a encontrar cada mañana, porque las composiones de lugar que hago no tienen validez. Por eso a veces me la soplan las cosas importantes, y otras veces estoy obsesionada con detalles nimios.

Insano total, ya lo sé, pero de momento, esa es mi realidad laboral.

Ay...

No me extraña que luego digan que estoy un poco bipolar, claro.

11 julio 2010

I just want to...

El Jueves -pero no este pasado, sino el anterior- llamé a MoviStar para dar de baja una línea de datos que tenemos para cuando nos vamos de viaje. Es un USB con la tarifa mínima, pero que no usarmos, así que decidimos quitarnos un gasto y dar de baja la línea.

Como digo, llamé a MoviStar. En la primera llamada hablé con cuatro operadores durante 20 minutos en total, hasta que el último estimó oportuno colgarme el teléfono porque le estaba dando mucho trabajo (supongo, vamos). En la segunda llamada -porque sí, hubo una SEGUNDA llamada- también empezaron a marearme: primero con un comercial, luego me pasaron con otro, luego con un tercero...

La verdad es que la musiquita era pegadiza, y yo estaba de buen humor, y tenía el portátil delante, así que mientras esperaba a que me pasaran de un lado para otro, iba escribiendo un post divertido para contar la anécdota de aquella vez que me tuvieron media hora al teléfono para darme de baja un contrato que di de alta en cinco minutos.

Peeeeeeeeeeeeeeeeeeero ha pasado más de una semana, lo intento todos los días sin éxito, y la situación no tiene NADA de gracia. No pienso escribir un post divertido, tomándome las cosas con humor, porque la mala milk me sale por las orejas.

No sé ni cuántas veces habré llamado al 1004, al 609, al 1485, a cualquier número que se me ocurría. Y el resultado era exactamente el mismo: me atendía un operador de acento sudamericano hablando a toda pastilla, me pedía los datos, lo sentía mucho, señora, pero le tengo que pasar...

Musiquilla.

I just want to be ok, be ok, be ok.
I just want to be ok today!
I just want to be ok, be ok, be ok.
I just want to be ok today!

I just want to feel today, feel today, feel today.
I just want to feel something today!
I just want to feel today, feel today, feel today.
I just want to feel something today!

El siguiente operador me hacía lo mismo: me hablaba rapidísimo, ni yo me enteraba ni él/ella tampoco, también me tenía que pasar, señora, mil disculpas por la espera, le atiende mi compañero...

Musiquilla.

I just want to be ok, be ok, be ok.
I just want to be ok today!
I just want to be ok, be ok, be ok.
I just want to be ok today!

I just want to feel today, feel today, feel today.
I just want to feel something today!
I just want to feel today, feel today, feel today.
I just want to feel something today!

El tercer operador... Bah, paso de escribirlo: la misma historia.

Musiquilla.

I just want to be ok, be ok, be ok.
I just want to be ok today!
I just want to be ok, be ok, be ok.
I just want to be ok today!

I just want to feel today, feel today, feel today.
I just want to feel something today!
I just want to feel today, feel today, feel today.
I just want to feel something today!

Y ya el cuarto era el último, porque misteriosamente no hay un quinto nivel al que pasar, debe ser para jugadores expertos... O había agotado mi tiempo máximo de llamada (no quiero ni pensar en todo el tiempo perdido, porque todas me han durado entre 20 y 30 minutos, no menos, y eso que no he oído a nadie hablar tan rápido como ellos, asombroso a la par que espeluznante).

Llegados a este punto, los casos han sido varios:

- Tenemos incidencia con las aplicaciones, señora.
- No me responde el sistema, señora.
- Los fines de semana no damos de baja, señora.
- Usted es una empresa (¿?), señora, aquí no podemos atenderla, señora.
- Vuelva a llamar en unos minutos, señora.
- Tu-tu-tu-tuuuuuuuuuuu.

En definitiva, está claro que la canción buenrollística ES NECESARIA, aunque claramente insuficiente, porque en este caso la música no ha amansado a la fiera.

Ah, y el contrato sigue facturando...

08 julio 2010

Veranooooooooooaaaarghhhh...

Soy consciente de que mucha gente espera el Verano con ansia. Yo no.

El Verano para mí se asocia exclusivamente a CALOR.

No lo asocio a vacaciones, a desconectar... porque desde que llevo trabajando, nunca me cojo vacaciones en Verano a no ser que sea por fuerza mayor (como el año pasado). Por eso pensar en el Verano no me evoca una tiempo especialmente despreocupado y feliz.

Así que aquí esto, muerta de calor.

Y malhumorada.

Y completamente apática, aplatanada, o cualquier adjetivo similar.

No duermo bien por el calor (no, el aire acondicionado no lo soluciona porque no puedo dormir en una habitación con aire acondicionado), cuando me despierto ya tengo calor, voy a trabajar y el asfalto ya está caliente (tan temprano), en el trabajo tengo un respiro (qué ironía), cuando salgo del trabajo me meto en un coche negro que ha estado mínimo ocho horas bajo un Sol abrasador (no hace falta decir nada más, ¿verdad?), llego a casa y me recibe un bofetón de calor porque la casa ya está recalentada haga lo que haga, me quito la ropa (mejor dicho: la despego de mi cuerpo sudoroso) y me doy una ducha para refrescarme, sensación que me dura escasa media hora, y como no puedo vivir debajo de un chorro de agua por más que me gustaría, me recluyo en el salón que sí tiene aire acondicionado, vestida (es un decir) de manera poco decorosa, saliendo de allí lo imprescindible, hasta que me meto en la cama y vuelta a empezar.

En resumen: aquí estoy, hecha un guiñapo irreconocible, siendo un aburrimiento de persona completamente desganada y deseando que se acabe el calor...

03 julio 2010

Lo último en relajación...

Aprovechando la liquidación de la tienda de mi chico, fue la oportunidad de hacernos con unos cuantos cacharrines a menos precio, como por ejemplo un disco duro de 500 gigas, que el de 300 está a puntito de entregar la cuchara (me encanta esa expresión).

Así que un día llegué a casa y mi chico ya había traído todo lo que nos íbamos a quedar, y entre otras cosas había una fantástica minitele muy cuca. Táctil, cómoda, con una antenita que sale de la nada...

Pero lo que a mí me mantuvo relajada a la par que entretenida toda la tarde no fue eso, no.

No fue un chisme de alta tecnología.

Ni de tamaño reducido.

Ni era táctil.

Fue un aparatito que nos hacía tanta falta como la minitele portátil (o sea: NINGUNA falta), y que costaba una décima parte de la tele, pero que yo me había empeñado en traerme de la tienda. Total, por 7 euros, quién no tiene una...

DESTRUCTORA DE DOCUMENTOS

Me encanta.

No puedo evitarlo.

Es meter un folio en la ranura, ver cómo la destructora lo hace trizas en segundos y relajarme al instante.

Vale, es un poco... inquietante que me relaje una destructora. Incluso preocupante. Es posible que me esté conviertiendo en una psicópata. Vale. Pero si haciendo tiras de 6 milímetros con todo papel inútil que me encuentro (incluyendo tickets de supermercado y post-it) me siento relajada, ¿por qué no hacerlo? Cosas peores se han visto, digo yo...

01 julio 2010

El libro que estabas esperando...

A mí me relaja mucho ir a las librerías. Me encanta. Sobre todo si son una gran tienda donde puedes curiosear a tus anchas...

Y así estaba yo el otro día, relajada y curiosa, churreteando entre mesas con libros expuestos, las novedades, los más vendidos... Tomando un libro... Abriendo una página al azar y leyendo un párrafo... Alucinando de lo prolija que es una tal Nora Roberts... (En serio, ¿cómo puede escribir tanto?)

Hasta que me topé con EL HORROR hecho libro.

Sí. Una tal Susan West (muy conocida en su casa a la hora de comer) se ha sumado al fenómeno CREPÚSCULO / AMANECER / ECLIPSE / ERUPCIONES SOLARES or whatever y ha decidido escribir un manual que cuesta 14,50 € para, según sus palabras, "cazar a tu vampiro favorito". Y no es un manual corriente, ojo. No. Es LA GUÍA DEFINITIVA.

Dejando de lado que la portada me parece HORROROSA de verdad, porque el actor en sí no me llama la atención y han venido a escoger una foto francamente poco favorecedora del muchacho, me deja a cuadros escoceses que de la nada pueda surgir una supuesta guía para adolescentes (entiendo) que te enseñe a ligarte a un personaje que no existe.

Porque abrí el libro por la mitad, y leí un párrafo -que no reproduzco porque no tengo tan buena memoria y no caí en hacerle una foto, la verdad- que venía a decir que al chico había que ignorarlo como hacía Bella, para tenerlo intrigado y que volviera una y otra vez para toda la eternidad.

Tremendo.

Qué suerte tienen las adolescentes de hoy en día, que un personaje de libro/película les cuenta cómo hay que tratar a un vampiro inexistente para que esté loco por ti. No sé cómo he llevado mi vida sin tener a Bella como referencia.

Así que la próxima vez que necesite relajarme, igual me pienso dos veces entrar en una librería, porque menudos sustos me pego...