Es verdad que ha tenido mucha suerte, y yo por eso me alegro. La verdad es que en la situación en la que estamos, no es fácil cambiar de trabajo, y menos si es para mejor. Pero así ha sido: ahora tiene un puesto mejor, más reconocimiento, igual sueldo pero otras ventajas que antes no tenía...
Está contento, y yo también lo estoy.
Aunque eso no quita que se me hagan muy cuesta arriba los días que no está, las noches que duermo sola, y las veces que me tengo que consolar con una llamada de teléfono. Él me dice que antes me gustaba estar sola. No es del todo exacto. También ahora me gusta estar sola, pero no cuando la situación me viene impuesta. Además (y esto es un secreto), ya no necesito estar sola. Las cosas cambian...
Y sí, pienso en toooooooodo lo que puedo hacer aprovechando que no está. ¡Comer atún! ¡Tener toda la cama para mí! ¡No pelearme por la tele! ¡Estirarme en el sofá! Pero al final lo único que hago es echarle de menos. No me apetece comer atún, me sigo quedando en mi rinconcito de cama, sólo veo la tele un rato sin apenas enterarme de lo que estoy viendo, y me encojo en el sofá debajo de la mantita respetando su hueco.
También he de confesar que a veces suena el móvil y no se lo cojo. Me cuesta un mundo, la verdad. Pero no puedo descolgar, ser consciente de la distancia, de que va a dormir en otro sitio, de que no voy a oir la llave en la cerradura, de que voy a seguir estando sola hasta que el trabajo le deje libre y pueda volver a casa. Le devuelvo la llamada cuando me siento con fuerzas para charlar con él sin que me note triste. ¿Está mal eso? Es posible. Pero no puedo hacer otra cosa...
...aparte de echarte de menos cada minuto que no estás a mi lado.
Está contento, y yo también lo estoy.
Aunque eso no quita que se me hagan muy cuesta arriba los días que no está, las noches que duermo sola, y las veces que me tengo que consolar con una llamada de teléfono. Él me dice que antes me gustaba estar sola. No es del todo exacto. También ahora me gusta estar sola, pero no cuando la situación me viene impuesta. Además (y esto es un secreto), ya no necesito estar sola. Las cosas cambian...
Y sí, pienso en toooooooodo lo que puedo hacer aprovechando que no está. ¡Comer atún! ¡Tener toda la cama para mí! ¡No pelearme por la tele! ¡Estirarme en el sofá! Pero al final lo único que hago es echarle de menos. No me apetece comer atún, me sigo quedando en mi rinconcito de cama, sólo veo la tele un rato sin apenas enterarme de lo que estoy viendo, y me encojo en el sofá debajo de la mantita respetando su hueco.
También he de confesar que a veces suena el móvil y no se lo cojo. Me cuesta un mundo, la verdad. Pero no puedo descolgar, ser consciente de la distancia, de que va a dormir en otro sitio, de que no voy a oir la llave en la cerradura, de que voy a seguir estando sola hasta que el trabajo le deje libre y pueda volver a casa. Le devuelvo la llamada cuando me siento con fuerzas para charlar con él sin que me note triste. ¿Está mal eso? Es posible. Pero no puedo hacer otra cosa...
...aparte de echarte de menos cada minuto que no estás a mi lado.









