27 enero 2012

Las avellanas de la culpabilidad...

Pues sí: justo al día siguiente de cumplir 33 años, mi chico salió huyendo. Hizo maleta y puso tierra de por medio. Más de 700 kilómetros de tierra, casi nada.

No me sentó muy bien, la verdad.

Pero bueno, le saqué partido a mi soltería: pude aprovechar para comer atún en mi casa tranquilamente, hacerme ensaladas y locuras de ese estilo. Un despiporre total.

Y ahí estaba yo un Jueves por la noche, con un PLANAZO:

* Sola.
* Con un pijama arrugado y dado de sí.
* Sola.
* Sin haber salido de casa más que para ir a trabajar y comprar atún.
* Sola.
* Con una tostada para cenar.
* Sola.
* Con frío porque puse la calefacción al llegar (dos horas antes).
* Sola.
* Sin haber hablado con mi chico en todo el día.
* Sola.

Y bueno, puede que debiera señalar que me sentía un poco SOLA, porque estaba SOLA, igual que toooooooooooooooooda la semana post-cumpleaños.

Entonces sonó el teléfono y era EL FUGITIVO, que por fin se acordaba de su solitaria y un poco resquemorosa pero hermosa esposa.

Sonó insultantemente alegre.

- ¡Hola! ¿Qué haces?

- Pues nada, aquí, sola, cenando.

- Ah, pues yo ahora iba a salir a cenar con Fulanito.

- ¿Sí?

- Sí, al sitio ese de las patatas bravas, ¿te acuerdas?

Miré mi tostada con infinita tristeza y casi me pareció oler las patatas bravas, una de las cosas que nos zampamos la vez que estuvimos en ese sitio nosotros dos, que no era el sofá de casa, y yo no llevaba un pijama horrible, hacía calorcillo, y en fin, en conjunto era una situación mucho más positiva.

- Sí que me acuerdo. ¿Cuándo vas a venir?

- El Domingo.

- ¿Y no te podías venir el Viernes?

- Jo, ya lo hablamos, me quedo por aquí, pero no te preocupes: ¡te llevaré avellanas!

Ahhhhhhhhhhh, bueno, vaaaaaaaaaaaaaaale. Haberlo dicho antes, hombre. ¡Me vas a traer unas avellanas, entonces está todo bien, SOY FELIZ, avellanas, yupiiiiiiiiiiii!

Grrrrrrrrrrrrrr...


______________

NOTA ACLARATORIA: Cuando mi chico va a su tierra, asalta la tienda de su barrio y se trae kilos y kilos de pipas que se zampa viendo deportes, y como sabía que iba a ir, dos días antes le pedí que me comprara unas poquitas avellanas sueltas para hacer un experimento culinario. De ahí lo de las avellanas.

3 comentarios:

  1. jajaja todo se salva gracias a las avellanas. Eres como un ardillo, que se le va a hacer xDDD.

    Aiii mi pobriña, que está solica. Muchos besitos desde aquí (en mi soledad permanente, que eeeej mú triiiijte!!) y achuchones!! :****

    ResponderSuprimir
    Respuestas
    1. Oh, las ardillas son monas. :) Aunque tienen muy mala leche, como yo. :D

      Gracias por los achuchones, guapa. ¡¡MUACKS!!

      Suprimir
  2. Espero que por lo menos te trajera un saco de avellanas xD

    ResponderSuprimir